El problema ético de la obediencia debida

Tenía bastante claro que la llegada del Sr. Trump al poder iba a traer de vuelta muchos de los viejos fantasmas que vivimos en los años 30 del siglo XX. Uno de ellos es el de obediencia debida. Trump ha expulsado a la Fiscal General de los Estados Unidos, porque se ha negado a seguir sus instrucciones para perseguir a seres humanos en función de su origen, nacionalidad o creencias religiosas. Pero ¿qué es la obediencia debida? ¿Y cuáles son sus límites?

Se han cometido muchas agresiones en la historia de la humanidad por el argumento de la obediencia debida. La frase “yo solo seguía órdenes” ha sido usada para razonar acciones que superan claramente los argumentos. Pero el tema no es tan sencillo. A veces se deben dar órdenes que son difíciles de llevar a cabo, pero que requieren ser seguidas por un bien común mayor. ¿Cómo solucionar este problema?

La respuesta está en realidad en el párrafo anterior. El bien común. Esa es la clave en la que podemos apoyarnos para tomar una decisión para seguir o no una orden de un superior. No podemos, como subordinados, actuar ciegamente. Si somos conscientes de que nuestras acciones, promovidas por órdenes superiores, atentan contra el bien común, contra la mayoría, y, especialmente, contra los derechos humanos, debemos sin duda negarnos a obedecer las órdenes.

Decirlo es mucho más fácil que hacerlo, no cabe ninguna duda. Pero por eso es importante que sepamos, en todo momento, qué estamos haciendo y por qué. No podemos lanzarnos a ejecutar una orden si sospechamos que es contraria a cualquier principio fundamental para el respeto y los derechos de las personas. No podemos confundir obediencia debida con la ejecución de órdenes que son un ataque a un grupo determinado de seres humanos.

Es en estos momentos de incertidumbre y de dolor ante hechos tan terribles, cuando tenemos que retrotraernos a aquellos documentos y principios que explican, y enseñan, las cualidades básicas fundamentales que se deben seguir en el derecho internacional. Unas normas que deben ser tenidas en cuenta por todos los pueblos de la Tierra, so pena de volver a situaciones que deberíamos haber superado hace tiempo.

Para mí, los derechos humanos, establecidos en 1948, son una prueba fundamental de que un pueblo que superó una terrible guerra escribió un documento que estamos olvidando a toda velocidad. Creo que las actuales generaciones están olvidando en muchos casos el dolor y el sufrimiento que supone olvidar esos principios. Creo que es nuestro deber enseñarles por qué no debemos olvidar aquel horror. Porque, si olvidamos, volveremos a cometer aquellos errores.

Trump es un aviso. Pero no será el último. Debemos actuar, y actuar ya. O perderemos lo que durante tantos años costó tanto conseguir.

declaracion_derechos_humanos

Nadie nos quitará nuestra libertad

La frase de la semana va sobre la libertad. En estos días se habla mucho de libertad. Si han de ser libres unos, y no otros, en función del lugar en el que han nacido, la religión que profesan, o el color de su piel. Algunos individuos han decidido quién debe ser libre, y quién debe ser sometido a vigilancia, recluido, e incluso torturado, en nombre de una falsa seguridad que, en el mejor de los casos, es contraproducente. Y en el peor, lleva a los estados, y a los seres humanos, a perder todavía más libertad.

¿Qué nos queda frente a estas personas que nos dicen cuándo y cómo debemos ser libres y por qué? Pocas opciones, la verdad. Cuando un sistema policial se organiza para controlar a todo individuo sin excepción, debemos aprender nosotros mismos a ser libres, sin que nada, ni nadie, nos lo impida.

Pueden encadenarnos. Pueden detenernos. Pueden torturarnos. Y pueden condenarnos. Pero no podrán evitar que sigamos siendo libres. Y eso es lo que realmente temen. Ellos quieren ciudadanos callados, ciudadanos sometidos, ciudadanos temerosos. En definitiva, ciudadanos que teman perder su libertad, cuando hace tiempo que no la disfrutan.

La única conclusión lógica es una, y solo una: nos sentiremos libres porque somos libres. Porque queremos serlo. Y porque lo somos. Podrán dictar leyes, podrán perseguirnos. Pero no nos podrán quitar nuestra libertad. Es libre quien se siente libre. Y eso nadie lo cambiará. Nunca.

El lector sabe perfectamente a qué me refiero, por supuesto. Y ellos saben que no nos doblarán. Ni nos someterán. Jamás.

scott_nidavellir

El mito del conocimiento absoluto

Uno de los objetivos básicos de la ciencia es el conocimiento. La ciencia básica es aquella parte de la misma que busca conocer el universo y su naturaleza, sin otra finalidad que obtener ese conocimiento. Luego otros, si cabe, ya aplicarán ese conocimiento en soluciones de todo tipo. Mucha gente dice “¿para qué sirve conocer esto, qué utilidad tiene?” La respuesta es simple: es mejor conocer algo aparentemente inútil que seguir en una ignorancia que nunca tendrá aplicación alguna.

La ciencia es mucho más que conocimiento por supuesto. Es una herramienta para mejorar la vida de todos los seres humanos de la Tierra y para comprendernos mejor a nosotros mismos. También se puede aplicar en todos los órdenes de magnitud de la vida, desde problemas cotidianos como si es mejor desayunar esto o aquello, hasta el diseño de naves interestelares. Como herramienta, se puede usar bien o mal. Pero bien usada su poder es enorme. Ahora bien, en esa búsqueda de conocimiento, ¿existen límites? Y si es así, ¿cuáles son esos límites?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Atenea representaba la sabiduría en la Grecia clásica. Hoy se usa su nombre para muchos eventos de carácter científico y cultural

Leer más “El mito del conocimiento absoluto”

Un poco de humor con la tormenta que viene

Qué haríamos en el mundo sin un poco de humor. Si tenemos un circo montado en la política internacional, podemos procurar sonreír por un momento. No reír, porque hay muchas vidas en juego, y el futuro de muchos seres humanos. Pero es importante no perder el sentido del humor, y pensar que, con un poco de suerte, esta pesadilla pasará pronto. Yo no creo que acabe la legislatura, y por supuesto creo menos aún que gane otras elecciones. El problema es el daño que puede hacer mientras tanto.

Después de un día bastante agitado, me he sentado un momento y se me ha ocurrido esta tontería. Pero la tontería es ver cómo un hombre gestiona el país más poderoso del mundo como un niño caprichoso y consentido. Un niño al que le han dado un poder inmenso. Y lo peor: está dispuesto a usarlo a cualquier precio. Tanto que aprecian a Dios los republicanos, espero que recen para que paren esta locura. Eso espero.

Un abrazo a mis hermanos mexicanos. Ellos son grandes y maravillosos por sí mismos, y nadie les va a a amurallar su futuro. Ni el de ellos, ni el de ningún pueblo de la Tierra.

captura-de-pantalla-2017-01-26-a-las-19-36-24

Derribando los muros interiores

Existen dos tipos de muros: los de piedra, cemento o madera, y los que construyen los seres humanos en su interior. Ambos son difíciles de superar, pero los primeros pueden ser derribados por las ideas de solidaridad y humanismo. Los segundos, esos son mucho más difíciles de derribar, porque están construidos con el odio y el resentimiento hacia lo que es distinto de lo que hemos conocido y entendido como nuestro.

Hemos de dejar de creer que en la Tierra no hay sitio para todos. Quienes dicen eso sospechosamente no suelen incluirse en la lista de “sobrantes”. Hemos de dejar de creer que hay seres humanos que deben tener oportunidades frente a otros a los que se les debe negar. Y hemos de hacerlo porque, un día, alguien puede decidir que somos nosotros los que no nos merecemos esa oportunidad.

Hemos de dejar de hablar de refugiados. Todos somos refugiados. Mientras un solo ser humano esté desamparado, el problema es de todos. Eso se llama solidaridad. ¿Vamos a construir mejores sociedades plantando enormes muros? ¿Vamos a ser mejores anteponiendo nuestros intereses a los de los demás, en lugar de negociar lo que es el interés general de todos los pueblos de la Tierra?

No soy tan tonto como para no creer que hay que defenderse de ciertas fuerzas y poderes que intentan socavar lo conseguido. Apoyo disponer de sistemas de defensa y de seguridad bien equipados y preparados para cualquier eventualidad. Pero no podemos, repito, no podemos convertir en objetivos a pueblos enteros, en base a su lugar de origen o sus creencias. Hemos de perseguir a quienes intentan dañar la libertad, y a nadie más. No podemos convertir a millones de seres humanos en sospechosos. Como dijo Benjamin Franklin, no podemos cambiar libertad por seguridad, porque perderemos ambas.

Nos llamamos seres libres. No es verdad. No lo somos. No mientras consideremos que debemos coartar la libertad de otros. Seremos libres de verdad cuando consideremos una obligación moral y ética, como personas y como pueblos, el que todo ser humano tenga derecho.a la misma libertad que nosotros disfrutamos. Seremos libres cuando tendamos una mano amiga a quien la necesita.

Luego alguien podría reírse de mí, y llamarme soñador y utópico. Pero los sueños de libertad y de un futuro mejor para la humanidad se consiguieron con utopías de hombres que soñaron con un mundo mejor y más justo. Ese es mi camino. Y creo, honradamente, que es el camino. El único camino para un mundo mejor y de mayor libertad.

Derribemos todos los muros. Construyamos un mundo de oportunidades para todos los pueblos sin excepciones. Y veremos cómo no necesitan huir millones de refugiados de sus casas. Hoy son ellos. Mañana podríamos ser nosotros. Es una lección que la historia ha explicado mil veces. Hora es de aprender esa lección ya.

nelson-mandela

Cuando la ciencia sabe a pseudociencia

La física teórica actual es, en muchos aspectos, la frontera última del conocimiento de la humanidad. Se enfrenta a unos retos de enorme complejidad, y sin duda sus preceptos son tales que intimidan incluso a muchos científicos.

Sin embargo, el mundo del conocimiento y la capacidad de progreso no han de verse mermados por esas razones. La teoría de cuerdas, de la que ya he hablado en alguna ocasión, es un galimatías matemático de enorme complejidad, pero eso no es lo preocupante; lo realmente preocupante es que, hoy por hoy, no es falsable. Es decir, no podemos verificar su autenticidad. No digo que sea falsa, no digo que no sea cierta. Digo que  nadie lo sabe. Que ha de verificarse si lo es, lo cual no es posible, porque juega con distancias y tamaños de la distancia y longitud de Planck, muy por debajo de lo medible.

Si no podemos verificarla, debemos desarrollar teorías cuyos datos puedan medirse y contrastarse. Debemos buscar nuevas teorías que apunten en las mismas direcciones si es preciso, pero que nos permitan verificar los hechos predichos por esas nuevas teorías. En última instancia, debemos hacer ciencia, es decir, verificar ideas con hechos.

header_image

Leer más “Cuando la ciencia sabe a pseudociencia”

El proyecto soviético para ir a la Luna

Partiendo de la base de que el ser humano sí llegó a la Luna, y dentro de la enorme cantidad de vídeos inútiles sobre el tema que hay en Youtube, he encontrado uno muy interesante explicando aspectos técnicos, de ingeniería y de carácter político por el que los rusos no llegaron a la Luna en los años sesenta. No entraré a valorar los aspectos políticos, pero sí diré que tuvieron evidentemente consecuencias en los desarrollos de ingeniería necesarios para un proyecto de esa envergadura.

Como anécdota, leer los siempre curiosos, divertidos, e hilarantes comentarios consagratorios de algunos de los comentarios del vídeo. Por lo demás, un vídeo ilustrativo y que en pocos minutos da un repaso general por el mundo de la astronáutica soviética de los sesenta.