Dos turistas perdidos en la Luna

Elon Musk, presidente de la compañía espacial SpaceX, acaba de anunciar que piensa enviar a dos turistas al otro lado de la Luna (y hacerlos volver) para 2018. Si no sé contar mal, 2018 es el año que viene. Los dos turistas ya han pagado una considerable cantidad de dinero, e irán solos, sin tripulación. Nada de viajes suborbitales, nada de órbitas bajas. Directamente a la Luna, sin tripulación, y dentro de un año y medio como máximo. Claro que sí.

Reconozco que tenía mis dudas con Elon Musk, el presidente de SpaceX. El gran alabado, ejemplo de emprendedor, y capaz de romper todas las barreras del progreso. Sus ideas y comentarios, cada vez más absurdos, comenzaban a hacerme dudar de su capacidad de distinguir lo que son sueños de proyectos reales. Porque, no lo olvidemos: los proyectos se construyen a partir de sueños, pero son los segundos los que deben prevalecer en el mundo real, o entraremos en una peligrosa vorágine de megalomanía y frases grandilocuentes, anuncios de imposibles, y palabras que terminan por pasar factura a la realidad.

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Fuimos inmortales; y fue un gran fracaso

Una de las constantes que se suele escuchar en el mundo de la ciencia ficción, y cada vez más en el de la ciencia, es el de la inmortalidad. Queremos ser inmortales. No queremos morir, queremos sobrevivir a los tiempos presentes y futuros. Una pastilla, un sorbo del cáliz de Cristo, o un extraño fenómeno cualquiera, que nos convierta en inmortales. Ese es el sueño dorado de la humanidad. Pero ¿qué precio tendría eso?

Si los seres humanos fuésemos inmortales, en pocas décadas no cabríamos en la Tierra. Es más, nuestra supervivencia se vería seriamente amenazada. De hecho, la esperanza de vida junto con la baja natalidad están provocando en muchos países una crisis enorme. Si esa natalidad subiera, pero no los fallecimientos, el colapso sería rápido y total. Todos queremos ser inmortales. Pero el precio de la inmortalidad es la muerte segura, y además, en las peores condiciones.

Pero no tenemos que escribir ciencia ficción para hablar de inmortalidad. Las estrellas de mar, si se rompen en pedazos, regeneran cada uno de ellos una nueva estrella de mar. Claro que cada pedazo es un nuevo vástago. De hecho, la naturaleza “inventó” la muerte por dos razones:

  1. Porque era evidente que una especie inmortal acabaría con los recursos en poco tiempo.
  2. Porque la vida se adapta al medio ambiente a través de nuevas generaciones modificadas con respecto a las anteriores. Un ser que no muere no puede adaptarse.

Mares llenos de moléculas autorreplicantes fueron probablemente el inicio de la vida. Aquellas moléculas, todavía no realmente seres vivos, solo sabían hacer una cosa: replicarse, probablemente mediante una enzima que generaba infinitas copias de cada molécula. El mar se llenó de esas moléculas, que eran por supuesto inmortales, hasta que los recursos para la autorreplicación cesaron. Algunas de esas moléculas se fueron modificando y adaptando al medio ambiente. ¿Cuáles? Las que eran destruidas. Veámoslo:

  1. Nacen moléculas inmortales. Estas prosperan e invaden los mares. Son todas iguales. Cuando se acaban los recursos, o cuando cambian las condiciones, no pueden adaptarse al nuevo entorno, y mueren finalmente. Son inmortales, pero mientras las condiciones sean las originales de cuando fueron creadas.
  2. Algunas de esas moléculas se desarrollan con un mecanismo de replicación, pero también desarrollan la cualidad de destruirse al cabo de un tiempo. Esto provoca que dejen sitio, y materia prima, para que otras moléculas se desarrollen. Algunas de esas moléculas nuevas replicadas son distintas; sufren modificaciones que las hacen mejor adaptadas al medio ambiente. Se adaptan. Evolucionan. Las moléculas capaces de desaparecer tras un tiempo, dejan sus restos a otras nuevas, y permiten que la evolución funcione gracias a nuevas adaptaciones. Esas son las que finalmente prosperan.

Luego, podemos concluir que, dada una especie mortal y otra inmortal, se da la paradoja de que la especie mortal es la que prospera, y la especie inmortal es la que muere y desaparece. Esa esa la razón por la que no hay organismos inmortales, y la razón de la existencia de la muerte. La muerte es un mecanismo evolutivo que asegura la adaptación y el no agotamiento de los recursos naturales de una especie.

Por ello, cuando la humanidad sueña con la inmortalidad, está deseando algo aparentemente muy atractivo. Pero guarda un secreto: una especie humana inmortal está condenada a desaparecer. Solo podría salvarse mediante la tecnología, usándola de forma artificial para adaptar su organismo a nuevos entornos. Entonces, sí, tendría una oportunidad.

Pero eso, como suele decirse, es otra historia. De momento, piense en esto: si usted muere, está haciéndole un favor a su especie. Quizás a usted no le preocupe. Pero a la especie, como entidad, le aseguro que sí le importa. Y mucho. Feliz descanso. Eterno.

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Trappist 1, sistema estelar con siete planetas tipo Tierra

La noticia del día, y del año, en cuanto a astronomía se refiere, y también en cuanto a ciencia en general, es el descubrimiento del sistema estelar Trappist 1, formado por siete planetas tipo Tierra, en el que tres de ellos serían potenciales candidatos para la vida, al encontrarse en la zona de habitabilidad de la estrella.

Aunque escribiré un artículo más completo sobre este tema, de momento he preparado un pequeño vídeo de presentación de este importantísimo hecho, que puede verse en el enlace adjunto.

Estados Unidos, año 2024: muros por doquier

La ciencia ficción tiene como uno de sus objetivos imaginar diferentes aspectos y formas del futuro de la humanidad. No trata tanto de intentar adivinar qué va a suceder, sino de las consecuencias que pueden darse de las acciones que se tomen en cada caso.

En Star Trek han acertado a veces, y otras no tanto. Pero ahora me gustaría recordar un capítulo de la temporada 3 de DS9 titulado “Past Tense”, que se podría traducir como “pasado tenso” aunque es un juego de palabras, ya que también es una forma verbal.

El episodio se emitió en enero de 1995, y el argumento de este episodio doble se desarrolla en el año 2024. Dicho argumento es el siguiente:

“La tripulación de la nave Defiant se desplaza atrás en el tiempo hasta 2024 en la Tierra. Los Estados Unidos de América han intentado resolver el problema del paro, la inmigración y los indocumentados levantando enormes muros que ellos mismos llaman “distritos santuarios” donde los refugiados, aquellos sin documentación, los desempleados y / o los enfermos mentales se colocan en guetos improvisados. Esas personas son allí prácticamente olvidadas, y mantenidas bajo estrecha vigilancia mediante una red policial represora y un sistema donde la supervivencia conlleva constantes conflictos. Finalmente, estalla una revolución que pone en jaque a todo el sistema estadounidense”.

Naturalmente, es solo ciencia ficción. Nadie, en su sano juicio, podría imaginar que algo así pudiera llegar a pasar de verdad. ¿Levantar muros? ¿Condenar a gente simplemente por ser indocumentados? ¿Abandonar a familias enteras a su suerte por haber perdido un trabajo? Ah, estos de Star Trek, cuánta imaginación tienen, cómo se les ocurre imaginar un mundo así…

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Escena del capítulo

Mi opinión sí importa, su valor, depende

Todos tenemos derecho a opinar. Todos podemos expresar nuestras ideas y puntos de vista sobre cualquier tema, y eso se llama libertad de expresión. La libertad de expresión nace de la idea de que cualquier individuo es libre de comunicar a los demás sus sentimientos, sus puntos de vista, su forma de ver el mundo.

Sin embargo, la libertad de expresión, como todo, ha de usarse con criterio. En demasiadas ocasiones podemos ver a gente opinando sobre temas de los que desconoce gran parte o toda la metodología usada para obtener ese conocimiento, o directamente no tiene formación en ese tema. Entonces, puede criticar, por supuesto, pero sus argumentos no tendrán la solidez necesaria como para que sean creíbles.

Todo es criticable. Todo puede ser y debe ser juzgado. Pero deberíamos pensar en la imagen que damos a veces cuando realizamos aseveraciones y afirmaciones tajantes y absolutas del tipo “esto es una pérdida de tiempo”, “y esto para qué sirve”, o “están tirando el dinero cuando hay cosas más importantes”. ¿De verdad están tirando el dinero? ¿Hay cosas más importantes? ¿El qué, los niños del África?

¿Sabe usted que gran parte de los tratamientos que reciben los niños del África, y por extensión del mundo, son en muchos casos obtenidos por investigaciones llevadas a cabo por la física teórica, esa que supuestamente no sirve para nada? ¿Es usted consciente de que muchos de los aparatos usados en hospitales basan su funcionamiento en la mecánica cuántica, esa teoría que decían era un conglomerado de números absurdos e inútiles?

¿Se da usted cuenta de que muchos de los sistemas de obtención de energía renovables y medicamentos se han desarrollado gracias a la carrera espacial? ¿Sabe usted que su GPS funciona gracias a la teoría de la relatividad general de Einstein? ¿Es consciente de que un día, algunas personas dijeron que el teléfono era un invento inútil que jamás tendría un uso práctico? ¿Conoce usted que las bombillas eléctricas fueron criticadas por las empresas de iluminación de ciudades como Nueva York o Londres? ¿Se da usted cuenta de que está leyendo esto gracias a los desarrollos en informática distribuida y al proyecto Arpanet de los años sesenta y setenta, y que Internet fue tildado de un invento absurdo hecho para cuatro entusiastas hippies de las telecomunicaciones?

¿Sabe usted que estudiar la Tierra desde el espacio ha mejorado los sistemas de control y seguimiento de huracanes y tifones, salvando miles o cientos de miles de vidas? ¿Es consciente de que el estudio de otros planetas nos está dando información fundamental sobre cómo salvar el nuestro, por analogía y comparación de los mundos? ¿Sabe que algunos experimentos de nuevos medicamentos revolucionarios solo se pueden hacer en la Estación Espacial Internacional porque requieren de gravedad cero?

Podría seguir durante horas, pero creo que la idea está ya dibujada. Antes de criticar algo, intentemos ir más allá de lo básico, de lo fundamental. No nos quedemos en la superficie; ahondemos en la problemática, estudiemos el tema, analicemos con algo de detalle los distintos aspectos de algo, antes de empezar a criticarlo. Podremos aprender mucho en ese proceso. Y, muchas veces, dejar de lado un poco esa necesidad de arrasar con todo lo que no se comprende. Porque, suele decirse, lo que no se comprende se teme. Y decía Madame Curie, que las cosas no hay que temerlas, hay que entenderlas. Creo que es un buen consejo de una gran científica. Pongamos pues en práctica su idea. Será mejor para nosotros, y para la ciencia.

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GJ 1132 b, un nuevo hermanito para la Tierra

Nota 22-02-2017: se anuncia que en diez años podría encontrarse vida en otros mundos. La apuesta sigue en pie.

Dentro de la vorágine de nuevos exoplanetas detectados constantemente, llama la atención el denominado GJ 1132 b. con un 50% más de masa que la Tierra (que puede parecer mucho, pero es increíblemente pequeño comparado con muchos otros), este planeta, del que se habla en este enlace con detalle, es muy interesante porque parece disponer de una capa atmosférica formada por agua y metano. Ambos son elementos que eran comunes al principio de la historia de la Tierra.

¿Por qué es interesante este planeta? En realidad, todos lo son, y todos nos enseñan muchas cosas de nuestro propio planeta. Comparar otros mundos con el nuestro nos enseña más cosas del nuestro. Si tenemos otros modelos, siempre podremos contrastar sus características con el nuestro. Esto es lo mismo que hacen los médicos con una persona que enferma de algo y otra no; estudian al sano para ver qué tiene que le hace inmune, y luego aplicarlo al enfermo. Del mismo modo, estudiar otros mundos nos enseña a conocer y comprender mejor el nuestro.

¿Qué tiene de especial esta atmósfera? Es primigenia, es decir, tal como comento en el párrafo anterior, es similar a la que tenía la Tierra. ¿Y esto que demostraría de ser verificado? Demostraría que esas bacterias que tiene usted en el intestino, y que desprenden metano, son originarias de planetas como la Tierra, pero también serían posibles en atmósferas como el GJ 1132 b. Dicho de otro modo: podemos conocer más sobre el origen de la Tierra estudiando el planeta GJ 1132 b.

¿Se podrían detectar trazas de vida en un planeta así? Es probable que sí, dado el tiempo y el desarrollo y mejora de los actuales instrumentos. ¿Cómo? Bueno, alguien dijo una vez que nunca sabríamos de qué estaba hecho el Sol. Luego llegó la espectrografía y se aprendió que podemos conocer la composición de los objetos lejanos por su firma en la luz. La espectrografía y otras técnicas avanzadas podrían permitirnos analizar una atmósfera planetaria con la precisión suficiente como para deducir si hay vida. Y eso es así porque la vida cambia la composición de la atmósfera.

Por ejemplo, la Tierra primigenia estaba basada en nitrógeno, metano y en otros gases, no había casi oxígeno, elemento que se fija a la superficie mediante oxidación con silicatos y metales. El oxígeno libre en la atmósfera, y el fundamental ozono de las capas altas (O3), llegó luego con el proceso de la fotosíntesis. Es este un elemento que se combina con muchos elementos, y queda atrapado en el suelo. El hecho de que haya tal cantidad de oxígeno en la atmósfera, 21%, indica claramente presencia de vida aeróbica. Del mismo modo, estudiar la atmósfera de GJ 1132 b nos puede indicar la presencia de vida anaeróbica, en un planeta que podría ser como la Tierra fue hace 3.500 millones de años.

En cualquier caso, estimo que no pasarán más de diez años hasta que se dé con un planeta con vida anaeróbica, demostrando que la vida, como tal, surge en los mundos donde es posible en cuanto hay ocasión. ¿Por qué digo esto? Porque, tal como comenté recientemente, la vida surgió en la Tierra tan pronto como fue posible. Y creo que es un fenómeno generalizado en el universo. Por supuesto, esa es mi opinión personal, y puedo estar completamente equivocado. Pero estoy dispuesto a jugarme una caja de cervezas con quien quiera a que, en 10 años, sabremos que no estamos solos en el universo. ¿Alguien se anima?

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Lee Smolin: Las dudas de la física en el siglo XXI

Hoy voy a traer una recomendación muy especial para mí. Un libro de ciencia divulgativa del genial Lee Smolin, con el título “las dudas de la física en el siglo XXI”. Y con un subtítulo muy sugerente: “¿es la teoría de cuerdas un callejón sin salida?”

Este libro tiene unos años, pero sigue siendo completamente actual. Además, no solo habla de la física teórica actual de forma brillante, sino de sociología de la ciencia, y de cómo el sistema científico actual adolece de cierto rigor para el análisis de sus propios métodos de trabajo. Por ello, Smolin considera que una teoría como la de cuerdas, que debería estar muy cuestionada, sin embargo sigue teniendo grandes apoyos.

Una obra brillante, inteligente, y propia del genio que es Lee Smolin, uno de los padres de la teoría de la gravedad cuántica de bucles, teoría que él sabe no es definitiva, pero que es más valiente y directa afrontando el problema de unir la relatividad general con la mecánica cuántica. Lectura muy recomendable para cualquier interesado en conocer el estado actual de las ciencias físicas.

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