Júpiter y su eterna lucha a favor de la humanidad

“La Tierra es nuestro hogar. Y es un lugar maravilloso. ¿Para qué buscar otros mundos, si tenemos este? Cuidemos la Tierra, y olvidemos esos viajes sin sentido a otros planetas”.

Al día siguiente, un asteroide destruyó toda forma de vida, exceptuando algunas bacterias y organismos en las fosas oceánicas.

Fin.

Efectivamente, este es un relato de lo que podría ocurrir mañana. ¿No me cree? Permítame que le muestre un ejemplo de una foto que solo tiene unos días.

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Editoriales y el concepto de triunfo

Seguimos con la ronda de reflexiones para publicar un libro en unas condiciones adecuadas, y para hablar de esa cosa que se llama “triunfar”. Lo que se debe hacer se resume en un solo concepto: perseverar.

No es ninguna broma. La perseverancia es la que te puede llevar a triunfar, en cualquier aspecto de la vida. Por supuesto, también hay que aprender a retirarse a tiempo. Pero no debe uno dar media vuelta cuando hay señales que indican que el trabajo está dando sus frutos, incluso si son aparentemente escasos, cuando escalas peldaños, aunque sean muy pequeños. ¿Un nuevo lector? ¿Una nueva descarga? Son motivos suficientes para perseverar. Pueden llegar con cuentagotas, pero aunque una gota no llena un mar, te acerca al océano un poco más.

De todas formas, perseverar debe ser algo que tiene un límite por supuesto. Cuando se ve que las oportunidades y las sensaciones de que lo que hacemos ni tiene un espacio, ni lo va a tener, y eso es recurrente en el tiempo, lo mejor es dejarlo. El problema es que eso es fácil decirlo, muy difícil hacerlo. Van Gogh pintó toda su vida, y triunfó al final. Eso sí, tuvo que morirse. Algo que ocurre con demasiada frecuencia. La gente suele admirar a artistas anónimos, con poca o nula fama, pero esa misma gente no suele comentar ni apoyar a ese artista hasta que este se muere. La frase “qué gran artista ERA” se escucha en demasiadas ocasiones. Pero en fin, ese tema lo trataremos otro día.

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Fragmento de “Promakhos”

Verano del año 480 a.C. Atenas ha sido arrasada por los persas. Robert ha sido capturado por las tropas de Jerjes I, emperador del Imperio Aqueménida, y ha sido condenado a muerte. Pero la reina Artemisia de Caria, que lucha al lado de los persas, ha convencido a Jerjes para que le mantenga con vida, por si es de utilidad en el futuro. 

Robert se encuentra prisionero en una tienda, cuando la reina Artemisia va a verle. Este es un fragmento de la conversación que mantienen ambos.

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Artemisia de Caria, reina de Halicarnaso, durante la batalla de Salamina

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El demonio que vive en las letras

Una amiga se ha dirigido a mí recientemente, sorprendida y extrañada. Se supone que soy una persona tranquila, pacífica, relajada (se supone, la procesión va por dentro como suele decirse). Amante de los animales y de los niños, y abogando siempre por un mundo en paz y mejor para todos. ¿Cómo puede alguien así explicar la vida de un asesino psicópata que es, además, pagado por el gobierno de turno, para realizar operaciones de búsqueda y eliminación de individuos y de sus familias de forma cruel y sin compasión? ¿Cómo puede una persona normal explicar las monstruosidades de las que es capaz un ser humano, sin estar realmente perturbado y enfermo?

La paradoja entre escritor y su literatura es muy concurrente, y la veo en demasiadas ocasiones, no es la primera vez que me pasa que alguien me conoce y se sorprende de esa dualidad. O, al revés, leen la novela, y al conocerme quedan descolocados. La explicación: no somos lo que parecemos. Y la segunda explicación: somos muchas más cosas de las que aparentamos, muchas de ellas horribles; demonios que viven en nuestro interior. Cómo gestionar esos demonios es el tema a tratar aquí.

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Tus demonios son tus enemigos, pero puedes negociar con ellos un acuerdo

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Manual para llenar de cultura a un pueblo

Cuando era joven, hablamos de poco después de la formación del Sol, la vida cultural en mi ciudad era, cuando menos, vibrante. Ya por la mañana, llegábamos al instituto, donde, junto con las necesarias y siempre fundamentales ciencias, teníamos una ración bien completa de humanidades: literatura, lengua, latín, griego, filosofía, historia de la filosofía, e historia del arte eran mis predilectas. Luego el ayuntamiento patrocinaba y apoyaba todo tipo de actividades culturales, e incluso un famoso festival anual de jazz, que atraía a músicos de alto nivel de todo el mundo. Algunos de esos conciertos eran gratuitos, en la calle. También había bares con conciertos todas las semanas, reuniones en bibliotecas para hablar de literatura, talleres de pintura y escultura por todas partes, y una sensación de que la cultura era parte integral de nuestras vidas.

Recuerdo al profesor de filosofía, que parecía haber salido de la acrópolis griega en el siglo de Pericles. Recuerdo a la profesora de literatura, que tuvo más paciencia conmigo que la que le podré pagar toda la vida. Recuerdo al profesor de latín, entusiasmado con su doctorado, entonces en curso, sobre aspectos diversos de la vida de los ciudadanos de Roma. Y recuerdo a la profesora de griego clásico, una joven mujer amante sin fin de la historia de la grecia clásica. Recuerdo al profesor de historia del arte, que casi vibraba hablando de Egipto o de Miguel Angel.

Todos ellos marcaron mi juventud y muchos aspectos de mi carácter. Recuerdo mis discusiones con el profesor de filosofía sobre distintos conceptos sobre el alma, la mente, las ideas, y la razón. Recuerdo que incluso alguna vez llegué a sorprenderle con algún argumento sobre relatividad, algo que le servía para pincharme más aún, profundizando en los aspectos más profundos de la naturaleza humana y del universo. Puedo decir con orgullo que las pocas felicitaciones que he tenido en mi vida académica las he recibido por parte de un profesor de filosofía.

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Atenea, diosa de la Sabiduría, simboliza el conocimiento de las humanidades

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La maravillosa magia de las redes sociales

Que soy bastante enemigo de las redes sociales no es ningún secreto. Sin embargo, las uso profusamente para divulgar mi trabajo, tanto el de esta página como el de la “otra” página con contenidos en el polo opuesto a los de esta (ni siquiera el idioma es el mismo).

Me encanta leer a esos expertos que dan normas fabulosas del tipo “cómo sacar el mayor provecho de las redes sociales” o quizás del tipo “usa las redes sociales para mejorar tu profesión y tu vida”. Mire usted, perdone que le diga algo: yo reconozco que la presencia en las redes sociales es importante, sobre todo si se trata de temas profesionales, y estoy pensando en empresas, instituciones, etc. Esas páginas tendrán visitas porque los interesados en esas empresas e instituciones irán a buscar información. También los famosos, porque los fans acuden en masa a conocer lo último de su artista o deportista favorito. Y me parece bien, no tengo nada en contra de eso.

Pero, ¿los perdidos en el espacio-tiempo como yo? ¿Qué hacemos con las redes sociales? Pues lo que hace mucha gente: intentar dar a conocer nuestro trabajo con un enorme esfuerzo, solo para ver los parcos resultados que se obtienen en el 99% de los casos. Atención, es normal, no me quejo de ello. Sé que no aparezco en Gran Hermano ni en programas similares (gracias a Zeus). Y que los contenidos que escribo hacen huir al 99% de la población. Esto de hablar de filosofía o de política hace huir al más pintado, y lo comprendo, yo también huiría de uno de mis textos si me lo encontrara navegando por Internet.

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Aquí me tenéis, completamente entregado a la lucha por la justicia, la libertad, y la humanidad

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Luchamos para preservar la democracia, no para ejercerla

Nota: expongo aquí una serie de ideas y reflexiones personales sobre geopolítica y diplomacia internacionales. Son mis opiniones subjetivas, y no soy ningún experto en estos temas, por lo que estas reflexiones no deberían tener más valor que el de plantear algunas cuestiones de, sin duda, enorme complejidad. Muchas gracias.

La frase de este título, “luchamos para preservar la democracia, no para ejercerla”, la pronuncia un personaje de la película de Tony Scott “Marea roja”, de 1995, concretamente el capitán del submarino de tipo SSBN, el USS Alabama. Estos son submarinos estratégicos armados con misiles nucleares de alcance intercontinental, y forman una de las cuatro patas del sistema de disuasión de defensa de Estados Unidos. Los otros tres son la aviación estratégica, formada por los B-52, B-1B, y B-2, los propios misiles ICBM en Tierra, y los sistemas de combate y ataque situados en el espacio, que actualmente se hallan en fase de pruebas.

En el mundo de la geoestrategia suelen enfrentarse dos países o bandos claramente definidos, a los cuales se adscriben otros, que son corrientes y afluentes de esos dos bandos principales. En la mente de todos podemos encontrarnos con los clásicos bandos americano y ruso, pero la historia de la humanidad está plagada de modelos de punto y contrapunto. Es decir, modelos donde un poder sostiene al otro, que sostiene al primero, en un equilibrio siempre precario, siempre a punto de ceder hacia un lado u otro.

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Ahora no parece tan absurdo volver a la Luna

Durante una entrevista a los astronautas del Apollo XIII, preguntaron al comandante de la misión, Jim Lowell, por qué había que volver a la Luna. Si ya habían llegado dos naves, ¿qué sentido tenía seguir explorando el satélite de la Tierra? Lowell contestó algo obvio:

“Imagine que los primeros exploradores de África no hubiesen salido del continente. Imagine que los fenicios no hubiesen llevado su cultura y su ciencia por el Mediterráneo. Imagine que Colón no hubiese vuelto a América. Hoy, la humanidad no existiría. Sería solo una cantidad de fósiles, haciendo compañía a los dinosaurios”.

Otra frase que me encanta es aquella que le preguntaron a un famoso escalador. Cuando le preguntaron “¿por qué escalar esa montaña”? Él respondió: “porque está ahí”.

Es una respuesta simple, sencilla, y directa. El ser humano es un explorador. Pero la exploración no solo sacia la curiosidad. También abre nuevos caminos, nuevas fronteras, nuevas oportunidades.

Pero, de todas formas, alguien podría insistir en que sí, que todo eso está bien. Pero ¿la Luna? ¿Tiene algo de interés ese trozo de roca?

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El vacío que deja un libro

Aviso: este es un texto de carácter personal e introspectivo. No hablaré aquí de ciencia o de humanidades, sino de algunas sensaciones personales que recorren mi alma estos días. Este escritor no se hace responsable del dolor de cabeza que pueda sufrir al leer estas líneas, pero puede ofrecerle un gelocatil con agua si lo desea. Muchas gracias.

Ayer terminé de escribir la segunda parte de “Las entrañas de Nidavellir”, después de la revisión final. Queda ahora el proceso de retoques y ajustes, que llevará tres o cuatro días máximo, pero el trabajo está hecho. Luego, publicar el libro, y listo. Son, en total, 281.000 palabras, entre la primera y la segunda partes. Además, con este libro concluye lo que he denominado como “subsaga de Sandra”, que es esa señorita morena que suele aparecer en la parte superior del blog. Son, en total, ocho libros que explican su historia, y su búsqueda para recuperar a su padre, a lo largo de 700 años de su vida. Los libros no están escritos cronológicamente, y en este ella tiene 104 años.

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A veces, el sueño del progreso produce monstruos

Este es el artículo quinientos (500) en La leyenda de Darwan. La verdad es que creí que el contador estaba mal, pero no. ¿Tanto tiempo pierdo escribiendo? Ahora entiendo por qué no tengo amigos, y las mujeres salen huyendo de mi lado.

Quinientos artículos en este perdido blog de la selva de Internet, pero donde ahí seguimos, fieles a la ciencia y a las humanidades, intentando explorar los conceptos más diversos sobre el ser humano, la vida, y el universo. He hecho de todo en esta vida, algunas de ellas inconfesables. Pero este blog es sin duda un proyecto que ha merecido la pena. No es perfecto por supuesto, ni será merecedor de mención o premio alguno ni así pasen mil años. Pero algo sí es seguro: es sincero. Y el mejor premio es el lector que pueda disfrutar con su lectura, y, sobre todo, y con un poco de suerte, terminar cualquier lectura de cualquiera de las entradas aquí expuestas, pensando que ha merecido la pena.

Ese es premio. El único premio en realidad. El resto, monumentos al ego que todos tenemos, yo también por supuesto. De hecho, es uno de mis mayores defectos. Pero, ¿cómo escribir si no se posee un gran ego? Tiene que ser grande, para que quepan todos los personajes de los universos que llevamos dentro, y que volcamos en el papel de nuestros sueños.

Para celebrarlo, vamos a hablar de Albert Einstein. Ese señor que aparece en las fotos con la lengua fuera, con el pelo blanco, y que es el paradigma del clásico científico algo loco, algo despistado, y que cada mañana descubría algún nuevo hecho científico digno del premio Nobel. Las cosas, por supuesto, nunca son tan sencillas. O casi nunca.

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