El ataque de las editoriales 3: la venganza

Vuelvo a hablar de editoriales. Alguien podría pensar que tengo alguna fijación, pero lamentablemente solemos comentar las cosas malas, no las buenas. Yo aquí para compensar contaré una empresa editorial con la que he tenido un hecho negativo, pero también una empresa de promoción con la que el trato ha sido y es excelente. Porque hay muchas empresas y personas honradas, afortunadamente.

Hace poco hablaba de los tres tipos de editoriales que hay, pero no comenté que existen empresas que, sencillamente, se dedicar a aprovecharse del trabajo ajeno para su propio beneficio, y a las que ni siquiera se les puede otorgar la categoría de editoriales. Es un caso reciente, tan reciente como que, cuando escribo esto, ha ocurrido hace menos de 24 horas.

Bien, no voy a redactar una historia completa porque no quiero aburrir al lector, pero tengo todos los datos, detalles, y pruebas, en mi poder. Vamos a verlo brevemente.

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Pongámonos en situación. Cuando comienzo, por segunda vez, en este mundo de las letras, llego a un acuerdo con una web altamente seria y profesional, llamada Entreescritores. Esta web promociona libros y los presenta a editoriales. Sí, se paga un dinero, pero ellos realizan una tarea, por lo que entiendo que esa promoción conlleva un coste. No prometen nada, solo que la gente podrá votar y comentar los libros, y podrán ser valorados por editoriales. Perfecto. Subo ahí la trilogía de La leyenda de Darwan, y en unos meses los tres libros están número 1 en categoría absoluta. Libros de ciencia ficción de corte político y social en lo alto de la lista de todas las categorías, quién lo diría.

Es entonces cuando Entreescritores llega a un acuerdo con otra web de características similares, pero sita en Estados Unidos, con un apartado en inglés y otro en español. No pondré el nombre, porque no se trata de hacer sangre, solo de dar testimonio de cómo funcionan las cosas. Si alguien desea saberlo, puede preguntarme por privado.

El caso es que poner los libros ahí los promocionaría también. Genial, les digo que sí, y que pondré algunos de los libros, no todos. Y esos libros en poco tiempo adquieren un buen grupo de comentarios y valoraciones. Todo fantástico.

Todo esto debe entenderse como un sistema de promoción. Algunos de los libros los ofrezco a coste cero para que otros, que solo están en tiendas, sean comprados por aquellos lectores interesados. Parece un trato justo. Le dejo al lector leer algunos libros completos, y si le gustan, pues compra el resto en Amazon, por ejemplo.

De acuerdo. Es entonces cuando esta gente de Estados Unidos (con delegaciones en todo el continente americano) me hacen a través del tiempo no una, sino tres propuestas de vender los libros a través de sus canales y librerías en papel. Estas tres ofertas ocurren en diferentes momentos de los últimos tres años. En las tres ocasiones, ni me dicen cómo se van a repartir los dividendos, ni me ofrecen un contrato escrito, ni me explican cómo van a tributar los libros, ni el control que voy a tener de ellos y de las ventas.

En las tres ocasiones, ante mi solicitud de información legal, se produce el silencio. En la tercera ocasión, ocurrida esta semana, se avienen a “vamos a ganar un dinero todos” Así, sin más. Así que, una vez más, les pregunto sobre los aspectos legales y tributarios del acuerdo. Respuesta: silencio.

Es entonces cuando, recopilando antiguos correos, me encuentro unas ofertas que están realizando. En estas ofertas, presentan a los lectores un “pen”, un típico lápiz USB, cargado de “magníficos libros” de todos los géneros. Se me ocurre mirar esos magníficos libros, y compruebo que están vendiendo uno de mis libros en esa colección. Sin permisos, sin contrato, sin explicaciones. Han tomado uno de mis libros, uno de los que más éxito ha tenido en su web de descargas, y lo han puesto a la venta.

Naturalmente, compruebo que siguen aquella máxima que dice: “si no nos das tu permiso, lo tomamos”. Inmediatamente me pongo en contacto con ellos, y les advierto de la ilegalidad que están llevando a cabo. También les advierto de que, de no acceder a mi solicitud de que eliminen el libro, tendré que tomar medidas legales. De momento, no hay contestación. Han borrado mis libros, pero nada más, nada sobre el “lápiz usb” que es precisamente de donde sacan más dinero. Voy a esperar hasta el lunes para ver si responden, porque ellos mismos advierten de que tienen muchas peticiones de escritores. No me extraña. Ya veremos.

Hasta aquí, los hechos. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? Parece evidente. Los libros funcionan. Los libros interesan. Posteriores libros en Entreescritores han llegado a estar entre las cinco primeras posiciones, y la primera parte de “Las entrañas de Nidavellir” ha estado número 1 en categoría absoluta. Los comentarios de los lectores están ahí, para quien quiera verlos, no son cuñados o primos, no tengo tanta familia.

Lo que podemos concluir de todo esto es lo siguiente: la literatura de un escritor desconocido y anónimo puede funcionar, y se organizarán todos los entramados necesarios y factibles para que sucedan dos cosas:

1.- Convencerle de que su trabajo no es apto para la venta.
2.- Usar su material para ganar dinero.

No es la primera vez que tengo que reclamar a una web que retire mis libros, que vende ilegalmente. Pero sí es la primera vez que el abuso de confianza llega a unos extremos inimaginables. Ellos juegan con “como tiene descargas, no actuará contra nosotros, porque eso le reporta ser conocido”. No, mire usted. A mí no me importa ni me interesa ser conocido, ni famoso. Ya sé que no voy a serlo en la vida, no es necesario que usted me quiera llenar la cabeza de tonterías, que ya tengo unas edades.

Lo que aquí ocurre es que se está aprovechando usted del trabajo ajeno, del mío y probablemente del de otros, para llenarse el bolsillo. Si un libro tiene interés y al autor no lo conocen ni en su casa, ha llegado el momento de aprovechar la situación.

Lo más divertido es que ayer me preguntaban de forma amable por qué estaba tan enojado, si no había ningún problema. Es esa clásica maniobra de “yo me hago el loco, a ver lo que pasa”. Puede funcionar con otros. No conmigo.

Y esto ocurre justo después de que, dos semanas antes, me ofrecieran “ganar un buen dinero” con las ventas de los libros, sin explicar qué, ni cómo, ni nada.

Puede parecer increíble, pero tengo todos los datos, pruebas, correos. No me invento absolutamente nada. Es evidente que, como ya he comentado en otras ocasiones, este mundo de la literatura se ha pervertido a niveles inimaginables. Los oportunistas y los aprovechados se mueven por doquier por las redes sin que nadie los pare. Constantemente caen nuevos escritores en estas redes, y se usa su trabajo para beneficio propio, sin que el escritor vea un euro, o un dólar.

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Por cierto, no quiero terminar este texto de forma negativa. Quiero aprovechar para mandar un saludo al gran y profesional equipo de Entreescritores, porque ellos fueron el elemento fundamental para que pasase de ser escritor de familia a algo más. Gracias a ellos he podido ver si mi trabajo interesa y a qué nivel, y eso siempre se lo agradeceré. Ellos sí son y han actuado siempre de una manera altamente profesional, aparte de ser extremadamente amables y respetuosos con el trabajo de los demás. Así sí se hacen las cosas. Lástima que eso se vea muy poco.

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