“Las entrañas de Nidavellir”: “Es solo un empleo” (fragmento)

Sandra debe viajar a la luna Titán de Saturno desde la Tierra, camuflada como personal administrativo, para investigar un descubrimiento llevado a cabo por la Titan Deep Space Company. Pero las plazas están muy solicitadas. Sandra examina entonces el perfil psicológico del entrevistador. Es el tipo perfecto de hombre al que sus diseñadores habían asignado para sus cualidades como androide de infiltración y combate, pero también, de un modo fundamental, en su componente sexual, el cual había sido decisivo y de primer orden muchas veces en sus éxitos durante las operaciones en las que había participado. No muy adecuado éticamente, quizás moralmente reprobable, y por supuesto denigrante para la condición de mujer. Pero ella no es una mujer, sino una máquina, y no dispone por tanto de esos problemas morales y éticos. Y la efectividad es la premisa básica en su diseño y construcción, lo cual incluye el sexo como un parámetro primario para obtener información utilizando cualquier técnica que sea precisa llevar a cabo…

Sandra respondió a la oferta, mandó una foto estimulante, y consiguió al momento una entrevista. Se dirigió al edificio central de Titán Deep Space en San Francisco, y entró en el despacho. El responsable de personal tragó saliva cuando la vio. Nervioso, le señaló la silla mientras examinaba unos papeles.

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—Soy Baxter. Terry Baxter. Pero puede llamarme Terry. —Sandra sonrió levemente. Baxter añadió:
—Siéntese señorita, por favor —solicitó cortésmente.
—Muchas gracias… ¡Qué alucinante, usa papeles todavía! —exclamó Sandra sonriente, mientras se sentaba en la cómoda silla. La corta falda abierta dejaba insinuar unas medias negras de media altura y unas ligas. Después de cien años, esa prenda seguía siendo una herramienta de primer orden para ella. La tecnología podría cambiar. Pero algunas técnicas se mantenían inmóviles e igual de efectivas década tras década. Baxter carraspeó.
—Sí, bien… Vamos allá… ¿Nombre completo?
—Sandra Alice Kimmel.
—¿Edad?
—veinticinco años.
—Ajá. ¿Profesión anterior y empresa?
—Administrativa financiera y contable, en Wikom Company.
—¡Ah sí! ¡La de “¡No viva en una colonia! ¡Viva en Wikom Colonias, una nueva Tierra en Ganimedes!”.
—Así es —respondió Sandra sonriente.
—Me encanta esa publicidad. Es agresiva. Es… Dura y directa… En fin, sigamos… ¿Por qué quiere cambiar de trabajo?
—Perdí el trabajo que tenía. Hubo reducción de personal. Y me tocó. —Sandra procuró poner su cara de desamparo más efectiva, que pedía a gritos que fuese abrazada y consolada.
—Ya veo… —Baxter tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos para evitar que sus ojos se deslizaran hacia abajo desde la mirada azul de Sandra, que añadió:
—No tengo ningún seguro de trabajo ni nada similar. Se me acaba el dinero. Y, la verdad… Necesito trabajar urgentemente. —Baxter asintió levemente.
—¿Por qué quiere trabajar en la división contable y financiera de la compañía minera Titán Deep Space?
—Porque creo que es una oportunidad excelente para mí. Se valora mucho el trabajo en las explotaciones mineras, especialmente las de Titán. Aunque no vaya a trabajar en la mina sino como administrativa, el solo hecho de estar allá, en unas condiciones bastante duras, demostrará que estoy dispuesta a cualquier cosa por incrementar mi puntuación profesional y valoración de mi currículum.
—Pero aquello es muy duro, señorita Sandra… Y usted es…
—Disculpe, pero no le he dado permiso para dirigirse a mí por mi nombre de pila. ¿Por quién me ha tomado? —Baxter tragó saliva.
—Es cierto, disculpe, señorita Kimmel.
—Sin embargo, le diré que no tengo ningún inconveniente en que me llame Sandra, Terry… —añadió Sandra, pronunciando “Terry” con una voz cálida, acompañada de una mirada profunda, y sonriendo levemente, mientras dejaba que en el escote se abriese la posibilidad de advertir una leve intención de lo que guardaba en su interior. Sandra notó claramente cómo el corazón de Baxter se aceleraba, y la tensión arterial se disparaba.
—Le decía que es usted muy…
—¿Muy?
—Muy joven… Para este puesto… Y con las condiciones que allí existen…
—¿Qué condiciones? —Baxter movía nerviosamente sus papeles sobre la mesa.
—Papeles… —Susurró Baxter para romper la tensión del momento—. Uso papeles todavía. Qué tonto soy, ¿verdad?
—No lo crea, Terry, nunca se sabe lo que va a pasar con las computadoras, a lo mejor un día explotan —Sandra rió con su tono más absurdo e infantil. Él rió con ella con el mismo tono, y luego rieron los dos con sus risas más ridículas. Baxter sudaba tras la mirada fija de aquellos ojos azules. Al cabo de unos segundos continuó hablando.
—Sandra, tendrá que comprender que allá arriba las condiciones son duras. Extremadamente duras. Hay muchos mineros trabajando en condiciones muy difíciles, con un gran stress y agotamiento físico, a pesar de toda la tecnología de que disponen, y de sus modificaciones genéticas tipo M2, además de los robots y androides. Y la política de esparcimiento que tienen es…
—¿Sí?
—La política de entretenimientos autorizados es…
—¿Liberal? —Baxter volvió a tragar saliva. Sandra se había inclinado de nuevo levemente hacia Baxter, mientras éste evitaba de nuevo posar los ojos sobre el escote de ella. Tenía la boca seca. Finalmente, consiguió decir:
—Digamos que la compañía está patrocinada por lobbies industriales muy conservadores, que mantienen una disciplina férrea sobre asuntos mundanos, y no consienten…
—¿Sí?
—No consienten… Ciertas actitudes… —Sandra frunció el ceño.
—Lo siento, pero no le comprendo, Terry…—mintió.
—Verá, Sandra; no están permitidas ciertas actitudes y… actividades relacionadas con ciertos placeres, fuera de las áreas previamente establecidas para ellos. Y usted es…
—Soy… Terry, me encantaría que consiguiese usted acabar una frase. Inténtelo.
—Digamos que es usted una joven bella y saludable. Y eso puede provocar ciertos comportamientos… Usted ya me entiende. —Sandra sonrió:
—¡Ah, claro! ¡Se refiere usted a relaciones sexuales! ¡Desde luego! Ya me lo imagino; cientos de hombres en una mina de un oscuro y aburrido satélite de un planeta oscuro y frío, trabajando en las profundidades, y moviéndose en una fracción de la gravedad terrestre, con maquinaria pesada y los trajes espaciales. Y sin ninguna otra diversión, en las horas de descanso, que ver la tele, conectarse a la WDW, o mirar por la ventana…
—Algo así… Ellos tienen sus diversiones, no lo dude. Esas diversiones incluyen… Actividades de todo tipo, ya me entiende. Tenemos un grupo de mujeres dedicadas expresamente para ello en zonas reservadas y controladas. Pero el personal administrativo, si hubiese un escándalo que saliese a la luz… Algunos accionistas pondrían el grito en el cielo.
—Entiendo. Los mineros pueden divertirse, pero con las mujeres y áreas previamente establecidas. En un entorno “sexualmente controlado”.
—Veo que lo comprende.
—Perfectamente.
—Este grupo de señoritas… Las conocerá usted. Pero le aconsejo no trate mucho con ellas. Son…
—¿Prostitutas?
—Sí, exacto. Y claro, ya me entiende usted…
—¡Sin duda! No deberían confundirme con una de ellas, una seria y responsable administrativa de la compañía. Daría una imagen terrible de la empresa a esos accionistas, y a la opinión pública.
—Exacto… ¡Exacto! Veo que capta la situación muy bien. Hay que ser, digamos, discretos.
—¡Por favor! ¡De verdad que no puedo creerlo! —Exclamó Sandra con los ojos bien abiertos—. ¿De verdad ocurren estas cosas? ¡Nunca me lo hubiera imaginado!
—Naturalmente, es usted una señorita joven, seria y decente. Estas cosas pueden sorprenderle. Pero ya le he advertido que la vida allá arriba es dura.
—¡Naturalmente! Pero me adaptaré, se lo prometo —aseguró Sandra.
—Yo no es que esté de acuerdo por supuesto, estas cosas me parecen terribles. ¿A dónde vamos a llegar? ¡Ya no hay moral en el mundo!
—¡Por supuesto! —confirmó Sandra—. Si se le ve en los ojos, y en su mirada, su total honradez, e inquebrantable actitud respetuosa hacia estas cosas sagradas!
—Así es. Veo que capta muy bien la esencia de todo esto, siendo tan joven… Yo comprendo que esto le incomode. Pero es importante que sepa qué se va a encontrar allá arriba. —Sandra mostró su rostro más triste y melancólico.
—Y, sin embargo, yo necesito el trabajo, Terry. Y, si usted me ayudara, yo le estaría muy agradecida. —Sandra miró a Baxter. Sus ojos brillaban. Parecía a punto de llorar.
—¿Sí?
—Muy, muy agradecida. Extremadamente agradecida… Y… Yo nunca olvidaría que usted evitó que acabase tirada en la calle, sin trabajo, sin dinero, sin medios para subsistir… Quizás teniendo que hacer cosas de las que luego me arrepentiría como ser humano, y como mujer…
—Eso sería, terrible, señorita Sandra. Yo no podría… Verla así. Es usted tan…
—¿Tan? Sigue usted sin poder acabar una frase.
—Joven. E inocente. —Sandra sonrió y puso sus manos sobre la de Baxter.
—Es usted tan noble y tan bueno, Terry… Casi no me conoce, y hay que ver cómo se preocupa por mí.
—Es… Un placer ayudarla, Sandra.
—Usted viajará a Titán de vez en cuando. ¿No es así?
—Eh… Sí. Para el control de personal, y gestión de documentos de empleados.
—Pues… Podríamos conocernos mejor allá… No sé; tomar una copa. Allí me voy a sentir muy sola, Terry. Lo que me cuenta del ambiente allá es terrible, y yo siempre he vivido en un ambiente tranquilo y seguro hasta ahora. Necesitaría alguien en quien apoyarme… Alguien en quien confiar. Y usted es tan amable conmigo… —Sandra sonrió a Baxter con su cara más sensual, mientras éste golpeaba la mesa con el pie automáticamente.
—Sí, esto… Voy dentro de dos semanas, para estar allá dos meses. Podríamos hablar de cómo le van las cosas allá. Si tiene alguna queja. Si su apartamento es lo suficientemente cómodo para usted… —Sandra abrió los ojos y sonrió.
—¡Qué bueno es usted, Terry!
—Forma parte de mi trabajo preocuparme de mis empleados…
—Muchas gracias. ¡Me está usted salvando la vida! ¡No lo olvidaré!
—¡Oh! ¡No será tanto, Sandra!… —respondió Baxter con falsa modestia.
—Por supuesto que lo es. ¿Puedo contarle algo personal, en confianza?
—Esto… Claro que sí, cómo no…

Sandra se levantó de la silla, y dio la vuelta a la mesa, sentándose sobre la misma, al lado de Baxter. Se colocó con las piernas cruzadas, que mostraban claramente el conjunto del liguero y las medias. Baxter tuvo que agarrarse a la silla para evitar caerse, mientras su mente luchaba tenazmente contra sus ojos.
—Usted es un gran hombre —le dijo Sandra a Baxter mientras colocaba su mano derecha en el hombro de él, un gesto que ella sabía provocaría una respuesta inmediata en él. — Y, ciertamente, le agradezco que usted se preocupe por mi seguridad y mi bienestar. Me veía pidiendo por la calle. O algo peor.
—Eso sería terrible. Y es… Mi deber ayudar a quien lo necesita.
—Naturalmente. Pero Terry, hágame un favor.
—¿Sí?
—Sí. Es usted muy bueno. Pero no tema por mí —le dijo mientras le mostraba su mejor sonrisa—. Déjeme a mí preocuparme de mi propia seguridad, y no valore el entrar o no en el puesto de administrativa en función de mi aspecto. Yo quiero que me valore por mis atributos…
—¿Sí?…
—Por mis atributos profesionales, que deben ser siempre el elemento primordial de cualquier entrevista de trabajo.
—No, si sus atributos… profesionales … son perfectos… Mejor que perfectos… Pero entiéndame. Usted, allá arriba, con su ropa ajustada… —Sandra saltó de la mesa, y se puso de pie, justo delante de Baxter.
—¿Le gusta mi conjuntito? —preguntó ella sonriente girando lentamente sobre sí misma—. Esta falda es de un material especialmente resistente y superdelgado, con un tejido muy fino, y es muy cálida —dijo mientras se giraba y le mostraba la parte trasera de la misma, que dibujaba sus formas anatómicas perfectamente—. Además, realza mi figura ¿no le parece? Es un compuesto orgánico de grafeno, muy resistente. —Baxter tosió.
—Sí, sí, desde luego… Es fantástico —gimió Baxter como pudo. Sandra se giró de nuevo, y con cara de súplica, preguntó:
—Entonces, me va a dar el puesto, ¿verdad? Le aseguro que me portaré bien, y no me moveré de mi cuarto. Al menos hasta que llegue —sonrió mientras le guiñaba un ojo.
—Mis jefes me matarían si la ven a usted rondando así por las áreas por las que se mueven los mineros.
—Está bien, iré un poco más tapadita si tengo que salir por algún motivo cuando esté allí, qué manía —sopló Sandra—. Supongo que es lo que quieren sus jefes.
—Sí, pero no se preocupe, yo estaré allá en breve, si es necesario adelantaré el viaje… Y podremos hablar de cómo le va.
—¿De verdad va a adelantar el viaje por mí? ¡Qué encanto! ¡Me siento tan honrada! —respondió Sandra mientras se ajustaba la falda y la blusa. Luego midió los parámetros de Baxter de nuevo. Estaba a punto de explotar. Baxter pudo pronunciar una pregunta mientras Sandra jugaba con la falda.
—¿Lo … promete, Sandra? ¿Se portará bien allá arriba? —Sandra le agarró de la corbata, le guiñó por segunda vez un ojo, y acercó su rostro al de Baxter.
—¡Por supuesto, Terry! ¡Y le espero, no lo olvide! ¡Es usted muy bueno! ¡Gracias! —exclamó mientras le daba un sonoro beso en la mejilla.
—Está bien —dijo Baxter mientras Sandra le soltaba, y Baxter se echaba literalmente sobre su mesa y silla. Sandra puso la mano sobre un sensor de reconocimiento biométrico, y la candidatura quedó inmediatamente rellenada con su ficha.
—Ya está, Sandra. El puesto es suyo.
—¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¡No lo olvidaré! ¡Y recuerde que le estaré esperando! —exclamó Sandra mientras se movía hacia la puerta del despacho y le mandaba un beso con la mano. Luego añadió:
—¡Nos vemos en Titán! ¡Chao! —Baxter se quedó helado mientras Sandra salía del despacho. Tras unos instantes, llamó a su secretaria.
—Señorita.
—Diga, señor Baxter.
—Cancele el resto de entrevistas. Me ha surgido un asunto personal. Me voy a tomar el resto de la tarde libre…

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