Cataluña, el día después

Bueno, más o menos supongo que todos sabrán de lo que hablo. El “tema Cataluña” lo ha invadido todo en España, es evidente que toda España hierve con este tema. Probablemente hayan llegado noticias a los lectores de Sudamérica.

En todo caso, este es un tema, desde el punto de vista político, apasionante. Como analista político aficionado de tercera regional que soy, me encantan estos temas. Atención, no hablo de que me divierta o me guste ver que hay problemas; me refiero a que el estudio de lo que ocurre es tremendamente interesante. Pero, por supuesto, serán los años, y las décadas, las que den la perspectiva correcta a esta situación.

barcelona

Yo voy a exponer mi punto de vista, que pretende ser de consenso, porque no hay otro camino para resolver esto. que el consenso y el diálogo. Soy de Bilbao, vasco de nacimiento, y quiero a Euskadi. Mis orígenes son asturianos, mi abuelo marchó de allá para vivir en Euskadi. Viví dos años en Cádiz, y qué les voy a decir, ciudad maravillosa con una gente encantadora. También he pasado pequeños periodos de tiempo en otras zonas de España y del mundo. En Madrid tengo grandes amigos, también en otras zonas de España. Hablo catalán, y no solo en la intimidad, sino que lo uso con frecuencia. Prefiero conocer un idioma a ignorarlo, independientemente del idioma. Hablo inglés con cierta fluidez por mi trabajo. Me siento vasco, me siento catalán, me siento español, me siento europeo, y mi casa está allá donde voy, mi hogar es el lugar donde duermo, y mis gentes son las que me rodean en cada momento.

Ese soy yo, básicamente. No sé si estará usted de acuerdo, pero yo no le voy a mentir, le digo lo que siento y los que soy. He aprendido a disfrutar de cada lugar, de cada momento, y de cada pueblo, y de que mi bandera sea la de los pueblos unidos en un camino por crear un mundo mejor. Suena utópico, pero verá, es el camino que creo debe seguirse. Cuidar las diferencias hasta el infinito, incluidas la historia, la cultura, y la lengua de los pueblos, porque cada lengua es una fuente infinita de cultura. Pero, a la vez, unidos en construir un mañana mejor para todos. Creo que Star Trek representa muy bien esa idea. Insisto: utópica, pero necesaria.

También creo que los políticos, de ambas partes, deberían dejar de cometer torpezas y sentarse a dialogar. Entiendo que Cataluña quiera dialogar, también entiendo que España quiera que se cumplan las leyes. Pero, hay algo que está por encima de leyes, tratados, acuerdos, o negociaciones: el deseo expreso de solucionar las cosas. Atendiendo solamente a las leyes no podemos solucionar los problemas. Porque las leyes son el principio del entendimiento, no el final. Dicho de otro modo: por mucha ley, por mucho juez, y por mucha sentencia que se ponga en la mesa, las cosas al final se solucionarán con diálogo. Y es obligación de los políticos arreglar las cosas, no enfrentar a los pueblos.

Dicho esto, creo que mi postura está clara: diálogo hasta el infinito. Dice un viejo dicho que, en diplomacia, nunca hay una última palabra. Siempre hay una oportunidad para seguir discutiendo y llegar a acuerdos. No estoy, por supuesto, a favor de incumplir las leyes. Tampoco estoy a favor de un inmovilismo que tenga a una parte de la población en una reivindicación eterna y sin ser atendida. Creo que se pueden buscar soluciones negociadas que puedan dar fin a esta crisis, y a todo tipo de crisis.

Creo que se puede buscar un consenso, un término medio. En última instancia, al final, vamos a tener que entendernos todos, porque vivimos en un mundo globalizado donde todos dependemos de todos, y empezar con guerras económicas y comerciales hace daño a unos, pero también a otros. Y no lo olvidemos: esas guerras económicas y políticas las terminan sufriendo familias y personas que no se merecen que sus políticos les configuren escenarios donde la inseguridad económica y su futuro estén en juego.

En todo este asunto, y entrando en la hipótesis de que Cataluña se declare independiente el día 2, las preguntas que se colocan sobre la mesa son muchas, y los propios dirigentes catalanes no saben, o no pueden, contestarlas. Y son preguntas importantes. El gobierno catalán parte de hipótesis de hechos consumados, donde todo el mundo aceptará, de un modo u otro, la independencia. Pero ¿es así?

Verán, el problema no es el frente Cataluña-España. Les diré lo que, en mi humilde opinión, es el verdadero problema: el verdadero problema es la Unión Europea. Si imaginamos un escenario donde Cataluña se separa de España, ¿qué hará la UE?

Los dirigentes catalanes esperan que el statu quo se mantenga. Pero ¿puede la UE mantener a Cataluña dentro de la UE? No puede. Les diré por qué: porque eso animaría y empujaría a otras zonas de Europa con reivindicaciones similares a tomar medidas unilaterales. Más allá de eso, mostraría que en la UE se puede entrar y salir sin pasar por los duros filtros que la entrada en la UE supone.

Veamos el caso del Brexit. Si un país como Reino Unido, que quiere irse, se ve abocado a una situación tremendamente compleja, siendo como es un país muy poderoso, ¿qué ocurriría con Cataluña? Sería un escenario muy duro. La UE pondría en marcha el proceso de entrada de Cataluña en la UE, y no olvidemos que los países de la UE tienen derecho a veto, incluyendo a España. Pero imaginemos que España no veta la entrada. Aún así pasarían años hasta la entrada.

Que un país, de forma unilateral, tome decisiones al margen del resto de España, y atención, del resto de Europa, sin consecuencias, sería una señal de gran peligro para la propia UE, herida ya con el Brexit. Precisamente el Brexit ha servido para dejar claro a la UE que debe trabajar en bloque y con políticas duras sobre su entrada y salida, ahí está el caso turco, que nunca llegó a entrar, y el caso griego, que tantos problemas produjo, y que tanto dolor llevó al pueblo de Grecia.

Hay otro problema de fondo, tras la hipotética salida de Cataluña de España. El día siguiente hay que empezar a gobernar, y fíjese usted que los dos partidos principales que promueven la salida son políticamente polos contrarios. Unos son conservadores de derechas. Otros son antisistema y anticapitalistas. Se han unido en un frente común. Pero, una vez ese frente común se haya resuelto según sus ideas, ¿qué políticas de consenso y comunes van a aplicar dos partidos que están en los polos opuestos de la política? Preveo peleas muy duras en el parlamento catalán a la hora de aplicar soluciones económicas, políticas y sociales. Ya se vio con la aprobación de las leyes del referendum y de ese documento de seis meses hasta construir una constitución. Se pasaron por alto o se cambiaron normativas de forma express para poder actuar. No se dejó que el resto de grupos pudieran actuar, y se usó la mayoría absoluta. Es decir, se emplearon las mismas técnicas que se critican en el gobierno central.

Yo no voy a defender al PP ni al gobierno de Rajoy, que está actuando torpemente en muchos aspectos. De hecho, sus actos promueven el nacionalismo más que cualquier actuación de los partidos independentistas. Pero mi pregunta permanece: ¿qué plan tienen los partidos separatistas para el 2 de octubre si gana el sí?

Porque esa es otra. Podemos llenar palacios y teatros de gente enfervorecida con banderas, y dar discursos grandilocuentes y llenos de amor patriótico. Pero quienes tienen la llave de la economía no es solo Cataluña, sino su unión a España y la Unión Europea. Si en el Reino Unido muchas empresas estudian marchar y asentarse en países de la UE, ¿qué pasará en Cataluña?

Bill Clinton, en su famosa primera victoria como presidente, dijo una frase famosa: “Es la economía, estúpido”. Suena un poco fuerte, pero la dijo. Y el mensaje que quería transmitir era: al final, la gente lo que quiere es trabajo y comer. Una vez se guardan las banderas, se vacían los estadios, y se terminan los grandes discursos, ¿qué pasa al día siguiente?

Temas tan simples como el control del espacio aéreo, ¿quién y cómo lo va a gestionar? Temas como el ejército catalán, que ya divide al gobierno, unos queriendo tener un ejército, otros no. Pero eso es solo la punta de iceberg.

Quede claro, finalmente, que no se trata de tomar un bando u otro. Yo creo en la democracia, y creo que todo puede hablarse. Creo que el gobierno catalán está llevando a cabo una política de hechos consumados, donde confían que todo va a ocurrir exactamente como ellos quieren que ocurra, pero eso raramente pasa en política. Y, por otro lado, un gobierno español torpe y en ocasiones ridículo, tomando medidas que solo acrecientan el problema.

Si yo no veo una salida clara al tema catalán en su estado actual no es porque me ponga de un lado u otro; es, simple y llanamente, porque hago un análisis, donde no veo una salida que pueda tener una forma de continuidad para el pueblo catalán, que no lo olvidemos, tiene a mucha gente que quiere la independencia, pero también, a un grupo importante de gente que no la quiere, y que tienen algo que decir. De nuevo, el problema es que cada parte escuche a la otra, y llegue a acuerdos. ¿Difícil? Claro que sí. Ni yo ni nadie tiene una varita mágica para arreglar esto de un día para el otro.

Por eso, mi receta es: volver a las mesas de negociación, y volver a discutir. Porque Cataluña no es Reino Unido, y porque si los británicos van a sufrir, están sufriendo ya, muchos problemas derivados del Brexit, yo, como catalán de adopción, no quiero eso para Cataluña. Nunca lo querré, porque amo demasiado a esta tierra para ver tanta rabia, tanto dolor, y tanta ira. Comprensible quizás, no lo niego, y lo respeto. Pero con ira y con jueces no llegaremos a ninguna parte. Eso sí puedo garantizarlo al cien por cien.

Queda aquí mi análisis de la situación, uno más entre los millones que corren por Internet. Y una última palabra: demos a cada parte la posibilidad de hablar, y exijamos a los políticos de ambas partes que solucionen los problemas, que para eso están. Y, si no pueden, que dejen paso a otros que sí puedan encontrar soluciones. Eso también es democracia, y eso también debería ser tenido en cuenta.

Por cierto, un gran recuerdo a Bilbao, siempre en mi corazón. Y a Barcelona, donde tanto he disfrutado y he aprendido de libertad. Y a Madrid, donde tengo amigos que bromean con tener que venir a verme a Barcelona con visado. Ya les digo yo algo: seguro que, con un poco de suerte y de trabajo, no harán falta visados, sino solo el deseo de darnos un gran abrazo. Ese es mi deseo. Espero que se cumpla.

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