Extracto de “Yggdrasil”

Extracto de lo que será el Libro XIII. Han pasado mil millones de años desde el fin de la “Operación Folkvangr”. Un grupo de seres humanos ha sobrevivido almacenados en cristales, no ellos, sino sus datos de ADN, ARN, y engramas de memoria. Y han sido regenerados por una especie muy avanzada: los Xarwen. Ahora, estos y la humanidad libran una lucha desesperada contra otra especie, los LauKlars. Pero Vasyl guarda una vana y remota esperanza en su corazón: encontrar a la que consideró una vez su propia hija…

Irina entró en el bar. Pavlov tomaba un trago de algo que remotamente podría tener un cierto gusto parecido al whisky de Kentucky que tanto le gustaba, y que podría haberse confundido con una mezcla de gasolina y ácido binario. Ella se sentó al lado, y el camarero le preguntó:

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—¿Qué desea, almirante?
—Tomaré lo mismo que el capitán. -El camarero le puso la copa. Pavlov acariciaba suavemente el borde de su vaso. Comentó:
—Creí que este tipo de contactos estaban cerrados, Jenny.
—Soy Irina. Irina Musilova.
—Eres Jenny.
—No. Fui Jenny. En un pasado remoto. Al final, vistas las circunstancias, siempre seré Irina. Creo que no podré deshacerme de ese personaje en mi vida. -Pavlov insistió:
—Para mí siempre serás Jenny.
-Qué pesado eres. Y para mí serás siempre una pesadilla. Pero no te entusiasmes, no he venido por ti. -Pavlov alzó las cejas.
—¿Ah, no?
—No. Y siento herir tu orgullo de macho alfa. Tendrás que lamerte las heridas tú solo. El caso es que, me remordía la conciencia. No quería decírtelo. Porque supuse que te haría daño. Pero lo prometí.
—Déjate de historias, Irina. ¿De qué hablas? ¿Qué prometiste?
—Hablo de Sandra, por supuesto. -Pavlov dio un salto en la silla. Incluso Irina se sorprendió. Era evidente que el asunto era más importante incluso de lo que había imaginado.
—¿Qué ocurre con Sandra? ¿Sabes algo de ella? ¿La viste en la Tierra?
—Por supuesto. La vi. Antes de que todo acabara. La vi varias veces. Vino a verme. Algunas veces para charlar. En una ocasión, me pidió ayuda en un asunto con una tal Alice Bossard. -Pavlov asintió levemente.
—Sí. La hija del almirante Pierre Bossard. Supuse que iba a complicarse la vida, como se la complicó su padre.
—Así fue. El caso es que Sandra y yo hablamos bastante de ti. Ambas te queríamos, y ambas te habíamos perdido. Ella se sentía como una hija. Como parte de ti.
—Lo sé. Y fue lo más parecido a una hija que tuve. ¿Te dijo algo?
—Me dio un mensaje. Un mensaje que ha tardado mil millones de años en llegar a su destino.
—¿Un mensaje? ¿Qué mensaje? ¿Cómo es posible?
—Ella conocía la operación Fólkvangr, por supuesto, eso ya lo sabes. Supuso que podrías sobrevivir en un cristal enviado a las estrellas con el resto, y yo también lo supuse. Luego me vi implicada hasta el punto de que acabé aquí, como tú, en otro cristal.
—Entiendo… ¿Cuál era ese mensaje?
—Lo memoricé. Me dijo, literalmente:

“Vasyl, si estás escuchando esto, estás delante de Irina, y ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Siglos, quizás milenios… Pero sigues ahí. La operación Fólkvangr, de alguna manera, ha tenido éxito, y os han recreado… Yo sé que me pediste que hiciera lo que tenía que hacer. Lo hice. Tuve que hacerlo. Era necesario, es cierto. Pero aquello se ha convertido en una pesadilla para mí. Intenté odiarte por ello, pero me fue inútil”.

“Ahora espero traerte de vuelta algún día. He conseguido una copia de tu cristal de datos y engramas de memoria de la Operación Fólkvangr. No fue fácil, te lo aseguro, hubo algunas sorpresas. Pero la copia principal de ti está viajando en este momento en un navío estelar junto a otros hombres y mujeres. Sé que pueden pasar miles de años hasta que consiga una tecnología que me permita duplicarte, no clonarte. Pero ya sabes que tengo mucha paciencia. Algo de lo que tú no puedes presumir. Algún día te traeré de vuelta a la Tierra. Y me ayudarás con todo el lío que tenemos aquí. Y eso es todo. Cuídate, por favor. Y cuida de Irina. Ella te quiere. Aunque le cueste reconocerlo. No te hagas el duro con ella. Y déjate querer. Al menos, por una vez en tu vida, déjate querer. Un beso. Te quiere: Sandra”.

Pavlov se mantuvo en silencio. Era evidente que sus ojos hablaban, mucho más que su gesto, siempre duro y seco. Fue Irina la que habló entonces:
—Fue genial conocerla. Era un androide. Pero era especial. Muy especial.
—Sí. Lo era. Y puede que lo siga siendo.
—¿Qué quieres decir?
—Que ella puede estar ahí fuera. En algún lugar.
—Eso es técnicamente imposible. La Tierra está arrasada y casi muerta, Vasyl. No hay rastro de la humanidad, excepto algunos restos muy dispersos.
—Puede que ella consiguiera salir del planeta. Con aquella tecnología, quizás consiguió huir a alguna estrella cercana. Antes de que te regeneraran, cuando tuve una oportunidad, robé una nave para ir a buscarla.
—Sí, lo sé. Helen casi te cuelga del palo mayor.
—Sí. Hasta que le expliqué el motivo. Luego ella misma me ayudó a buscarla. Decía que un androide tan avanzado le vendría bien a la flota. Pero en el fondo, ella quería ayudarme. Su actitud fue… lo más grande que he visto en un ser humano.
-Helen es el ser más grande de la galaxia -aseguró Irina.
—Lo es. No encontramos a Sandra, por supuesto. Ni rastro de ella. Pero tenía que buscarla. Tenía que intentarlo. Con ese gesto, a Helen le debo no solo mi vida, sino mi alma. Pero Sandra podría estar en alguna estrella… —Irina negó levemente.
-Vasyl, incluso si salió de la Tierra, de eso hace mil millones de años. Ni el más sofisticado androide podría sobrevivir tanto.
—Nosotros hemos sobrevivido.
—Nosotros solo somos unos locos actores que actuamos en una loca tragedia estelar que han creado otros, intentando sobrevivir día a día. Sandra era un androide, nunca hubiese ido a parar a un cristal de datos. E incluso si así hubiese sido, no hay rastro de alguien como ella. -Pavlov se frotó la cara lentamente. Tomó un trago largo, y pidió otro trago. Luego dijo:
—Ella era como una hija para mí. Pero tienes razón. Toda esperanza de encontrarla es una locura.
—Así es. Y lo siento. -Pavlov se volvió a Irina, le tomó la mano, y preguntó:
—No puedo comprometerme contigo. No pude en la Tierra, ni puedo ahora. No quiero que nadie más sufra por mí. Pero espero que podamos ser amigos. -Irina respondió:
—Soy tu amiga, Vasyl. Aquella relación absurda que tuve contigo en la Tierra casi me vuelve loca, pero fue una experiencia de supervivencia interesante, eso no voy a negarlo. Y ahora tengo una misión. Debo ir a ver a Helen. Tiene algo especial preparado para mí y mi nave.
—¿No te ha dicho qué es?
—Me ha dicho que no diga nada. Especialmente al irascible, cabezota, narcisista, tozudo, obstinado, y machista Vasyl Pavlov.
—Vaya, no tiene buena imagen de mí .—-Irina sonrió, y respondió:
—Siempre ciego. Es tu marca de fábrica.

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

2 comentarios en “Extracto de “Yggdrasil””

  1. ¡¿Sandra aparecerá en Yggdrasil?! Para mí sería genial que ocurra. Para mí ella tuvo más protagonismo que Helen. Para mí Helen tiene mucho que aprender de Sandra. Bueno, mi opinión está basada en parte al hecho que Sandra aparece en varios libros y se puede seguir su crecimiento como persona, se puede seguir más detalladamente la evolución del personaje. Llegué a conocer mucho más a Sandra que a Helén. Por eso cuando leí el último libro en el que aparece Sandra casi lloro en cambio cuando leí la última parte de la saga de la leyenda de Darwan símplemente dije: Chévere.

    1. Bueno dejaremos el misterio de Sandra y su posible aparición o no en Yggdrasil para el libro, no quisiera adelantar nada. Efectivamente Sandra aparece en 9 libros, y su personaje está por ello mucho más dibujado que el de Helen. Yggdrasil pretende añadir profundidad al personaje de Helen, algo que se remarcará más aún con la segunda trilogía, que pondrá fin a la saga. Ambas son en muchos aspectos complementarias en su forma de hacer frente a sus compromisos. Un abrazo.

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