El rincón de las letras puras

Hace poco me di de alta en Bloguers.net, una web donde los blogueros podemos subir nuestros artículos, para que sean leídos por lectores diversos. Este servicio gratuito tiene la ventaja de ofrecer una ventana abierta a todos los que nos dedicamos a esto de escribir en blogs, sea para hablar de física cuántica, de literatura, de actualidad, o de recetas de cocina.

Me he fijado que muchas de esas entradas tienen relación a cómo monetizar el blog. Es decir, cómo ganar dinero. No hay nada malo en eso, por supuesto. Pero, cuando entro en muchas páginas que, en principio, se notan que son páginas personales, me veo rodeado de páginas que se abren, invitándome a darme de alta en su blog, a seguirlo, a poner me gusta, a compartir sus textos, y a entrar en algún concurso para ganar no sé qué oferta maravillosa.

Yo entiendo y comprendo que la gente quiere ganar dinero, pero creo que se está yendo un poco lejos, y uno se siente acosado ante tanta ventana y tanta oferta maravillosa y que no puedes dejar de aprovechar. Yo también quiero ganar dinero, y tengo un blog de empresa que gestiono para ese fin. Pero aquí, en el blog que es mi hobby, lo único económico que tengo son los libros, que la gente puede comprar si quiere, pero sin ventanas emergentes que inviten a ello, ni ofertas fantásticas que no puedes dejar escapar.

Plumas-Estilograficas

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Piano man, el alma que buscaba soñar

Siempre me han gustado los ambientes decadentes. Y los mundos decadentes. Las vidas de las almas perdidas, de aquellos que buscaron el amor y la fortuna, y solo encontraron ignorancia y soledad, rechazo y olvido.

Los ambientes oscuros, cargados de olor a alcohol y a tabaco, y a lágrimas que lo envuelven todo, y que se pueden tocar manando de la pared. En un oscuro bar, de una ciudad oscura, un grupo de almas oscuras buscan refugio al calor de una noche, en la que pueden compartir sexo y abrazos, en una sucia cama donde olvidar, por un instante, que son mortales expulsados de un paraíso que no encontrarán jamás.

De eso trata este tema musical de 1973 que acompaña a esta entrada. “Piano man”, de Billy Joel, nos cuenta la historia de un grupo de almas en pena, con un pianista que vive los sueños de gran concertista que nunca llegarán, ahogado en su piano y en su cerveza, y rodeado de seres a los que alimenta con un sonido lento y monótono, pero lleno de vida. Una interpretación magistral, que tuvo una versión en español por parte de Ana Belén, que personalmente me parece de un nivel netamente inferior a la pieza original.

De algún modo, yo en una época pasada visitaba un lugar así, en mi antigua ciudad. El pianista era real, el inagotable Cristóbal, siempre vestido al estilo victoriano, y no exagero, con su cabello en cola, su larga gabardina, y su reloj de bolsillo. Era un pianista impresionante, profesor de piano, y un gran maestro. Nos deleitaba con piezas clásicas compuestas por él mismo, y yo me preguntaba dónde diablos habían huido los dioses, para dejar escapar tanto talento como rezumaba aquel hombre. También había conciertos de vez en cuando, y un ambiente en el que todos sabíamos que la revolución estaba cerca, y el mundo caería en pos de una sociedad mejor y más justa, donde se reconocieran nuestros sueños, y podríamos hacer realidad nuestros anhelos.

Luego abrimos la puerta, y la realidad lo inundó todo, ahogándonos para siempre en la desidia y el tedio.

Pero fueron buenos tiempos. Y pasé buenos momentos allá. Son esos recuerdos los que merecen la pena. Los grandes recuerdos de victorias que no fueron, y de almas perdidas que no volverán. Señoras y señores, con ustedes, Piano man. El hombre del piano.

Esos recuerdos que viven en el corazón

Ayer vendí mi viejo ordenador portátil. El pobre ya había superado todas las pruebas de resistencia y uso posibles en mis manos, no en vano no solo uso el ordenador para escribir. También lo necesito para mi actividad profesional, como tanta gente hoy día. Además, necesito que sea relativamente potente, precisamente porque mi trabajo requiere de equipos que estén equipados con procesadores potentes y buenas tarjetas gráficas, además de bastante memoria.

Todo eso se había quedado anticuado ya para mis requerimientos. El ordenador en realidad podría haber durado un par o tres de años más, pero no da la respuesta que necesito en mi trabajo. Así que, lamentándolo mucho, ayer lo perdí de vista. ¿Me da pena? Sí. ¿Por qué? Porque el 90% de los libros que he escrito de la saga Aesir-Vanir los he creado con ese portátil. ¿Una tontería? Puede, pero se le toma cariño a las cosas.

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Mi país, con razón o sin ella

Discutía hace poco, una vez más, con alguien de Estados Unidos, sobre su imperiosa necesidad, nunca mejor dicho, de seguir usando sistemas de medidas que están fuera del sistema internacional, como son las millas o las libras. Esta discusión venía en relación a que la NASA sigue dando la información en valores fuera del sistema internacional de medidas.

Esta persona me comentó que la NASA es americana y escribe para americanos. Yo le contesté que las entradas de la NASA son para ser leídas en todo el mundo, y, mucho más importante, la Estación Espacial Internacional es internacional, por lo que debería tenerse en cuenta el sistema de medidas internacional.

De hecho, una sonda enviada por la NASA a Marte se estrelló porque una parte de los cálculos estában hechos con el sistema métrico internacional, y otra parte con el sistema de medidas de millas americano, que son aproximadante 1,6 kilómetros. Cuando la computadora de la NASA recibió los datos, los esperaba en kilómetros, pero se le entregaron en millas. Resultado: la nave se estrelló contra el suelo de Marte, perdiendo todo el proyecto, además de una cantidad de dinero muy importante.

Pero no hay forma de convencer a muchos americanos de este asunto. América está primero. Su sistema de medidas debe ser comprendido por el resto del mundo. ¿Por qué? Porque es la nación más poderosa de la Tierra. Pueden imponer los sistemas que estimen necesarios y oportunos a las demás naciones. Y punto. No hay más razonamientos posibles.

Todo ello forma parte de un argumento muy simple, de una conocida frase muy popular. El argumento dice así:

“Mi país, con razón o sin ella” (My country, right or wrong).

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Carl Schurz (1829-1906) estadista estadounidense

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Pólvora: la droga de fuego

Estados Unidos lleva décadas inmersa en una eterna discusión sobre el control de las armas de fuego. Su segunda enmienda, escrita hace siglos, cuando los civiles debían defenderse ellos mismos porque no existían fuerzas del orden adecuadas para protegerlos, sirven hoy para pagar a un grupo de empresas, y a una organización, la NRA (Asociación Nacional del Rifle), que vive gracias a la sangre de miles de personas inocentes de su propio país, muchos de ellos niños.

Son esos inocentes, son esos niños, los que sostienen una industria sádica y cruel, sin que ni esas empresas, ni esa esa organización, sientan el más mínimo repudio por ello. Al fin y al cabo, ¿qué importan unas miles de muertes, cuando se puede obtener un estupendo beneficio con la vida de tus propios ciudadanos, de tus compatriotas, de esos que dices proteger?

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Fusil de asalto AR-15 calibre 5,56, versión civil del M16

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“Principios de física absurda” en abril 2018

Hace tres años publiqué un libro de ensayos sobre ciencia que denominé “Gotas de ciencia”. Luego publiqué un conjunto de ensayos sobre literatura (Escritores: 12 consejos a olvidar y tres historias desesperadas), y ahora vuelvo a la carga con un tercer libro de ensayos científicos:

“Principios de física absurda”.

Este libro estará disponible a mediados de abril de 2018.

Si el anterior libro trataba aspectos de ciencia actual y verificada, aquí ya pierdo completamente la cabeza y el sentido de la realidad, y me dedico a imaginar posibles escenarios de la física futura. Este libro, prohibido en todas las facultades de física de la Tierra, introduce las ideas que uso en los libros de ciencia ficción, explicando los detalles de los que hago uso para narrar aspectos científicos futuristas. Vida casi inmortal, almacenamiento de la vida, viajes hiperlumínicos, comunicaciones hiperlumínicas, armas avanzadas, robótica, inteligencia artificial, metaversos, y otras locuras diversas.

Por supuesto, este libro no ha de considerarse científico, ni siquiera ha de considerarse serio. Ni yo debo ser considerado en serio,  si a eso vamos. Este libro simplemente pretende imaginar escenarios futuristas, posibilidades prácticamente imposibles, y tecnologías que, quizás, algún día podrían ser reales, con ese “quizás” realmente remoto.

Pero se trata de imaginar. Se trata de soñar. Se trata de plantear futuros posibles. Se trata, en definitiva, de crear ideas, que no por absurdas puedan, algún día, ser reales de un modo u otro, probablemente muy distinto del aquí explicado.

Este libro existe porque ustedes, los lectores, se han interesado en estos temas, por lo que son ustedes los responsables de que este libro exista. Así que, si hay que buscar culpables, les diré a los jueces que fueron ustedes, y yo huiré a alguna isla desierta. O casi desierta, espero que tenga un bar al menos.

Muchas gracias por su apoyo, y por animarme a escribir estas locuras, que conforman este nuevo libro. Yo me divierto escribiendo, y espero que ustedes lo hagan leyéndolo.

En cualquier caso, este es un ejercicio de imaginación que pretende hacer pasar un rato divertido y agradable al lector, y no pretende sentar ninguna base de nada. Para eso está la ciencia real, y los científicos. Pero hay que divertirse imaginando futuros increíbles con la ciencia. Y de eso trata este libro. Muchas gracias.

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Mediados de abril 2018 en Amazon

Sheryl Crow y la salvación del amor

Hoy es miércoles, así que toca música. Aunque, a decir verdad, casi nunca pongo una entrada de música los miércoles. Pero eso es lo bonito de la vida: vivir en un caos absoluto. Solo hay que ver mi mesa. O mi vida.

¿Por qué considero “Love will save the day” el mejor corte del último disco de Sheryl Crow? Es un asunto muy personal. Cada persona tiene sus gustos, pero a mí este tema me parece fantástico por varias razones.

Primero, ese sonido a antiguo, como si una aguja estuviera pasando por el disco. Sheryl Crow nos está diciendo que es clásica, y que gusta de sonidos clásicos. En segundo lugar, por ese sonido directo que ella siempre introduce en sus temas, y especialmente en este último álbum. En tercer lugar, por ese juego de voces que trabaja a varias escalas y armónicos, y que crea un ambiente profundo y sutil. Cuarto, por la variación que introduce a mitad de la canción, con esa repetición, con esos coros y esas cuerdas que transforman la composición completamente, pero de forma grácil y natural, y que terminan de forma repentina, reintroduciendo el tema de forma impresionante.

Quinto, por toda la cadencia de la canción, que se arrastra, como si estuviésemos en un largo camino sin final, caminando por una angosta senda al amanecer. Sexto, por esa voz profunda de Sheryl, que dota al tema de una gran personalidad.

Séptimo, y final, porque la letra es una maravilla incontestable sobre sentimientos rotos y encontrados. Pura poesía.

Por todo eso, creo que este tema es el mejor del disco. No soy el único que lo opina. Pero, como siempre, para gustos, colores. Lo que está claro es que la pieza es una maestría de la armonía. De eso no cabe ninguna duda.