Escritores: vamos a dejar de ser políticamente correctos

Hoy me he encontrado con otra de esas noticias que me dejan claro cómo se ha perdido el norte cuando de “ser buenos” se trata. Esa obsesión por querer convertir la literatura y el arte en becerros callados y respetuosos con todas las ideas, que se han de presentar en una nube de luz y amor y paz. Pero el arte no es eso. La literatura no es eso.

Cuando llegan noticias como la de este enlace, donde se acusa a una escritora (de principios del siglo XX) de ser racista por los comentarios que vierten algunos de sus personajes, me echo a temblar. Si vamos a empezar a criticar a autores de siglos pasados por los parámetros actuales, tendremos un problema grave con la inmensa mayoría de artistas desde los tiempos del Imperio sumerio. Juzgar a un ser humano del pasado debe hacerse según los valores, parámetros y modelos de la sociedad en la que vivió ese ser humano.

Claro que los que vivimos ahora estamos siendo perseguidos de forma sistemática. Tenemos que ser buenos, y escribir historias preciosas llenas de buenos que son además políticamente correctos. Contar la verdad en una novela explicando los horrores de la sociedad actual, paradójicamente sirve para que te acusen de formar parte de ese horror, cuando lo que se hace es denunciarlo, tarea que siempre ha tenido el arte y la literatura.

Autocensura-2

Pues no. Me niego en redondo a ser bueno, a ser condescendiente, a crear personajes planos cuyo electroencefalograma es más plano que la tabla de planchar de mi madre. Me niego a colaborar en la creación de obras literarias donde los buenos ganan y los malos pierden. Me niego a someterme al criterio de una sociedad que me dice qué he de escribir, cuándo, cómo, y por qué.

¿Qué pensaría esa sociedad de mí, si en lugar de ser yo un escritor anónimo y desconocido, fuese popular? Afortunadamente no lo soy, y por ello no tengo que enfrentarme a esta situación, y puedo escribir lo que me apetezca sin interferencias ni críticas. Porque Richard Tsakalidis, un personaje de la saga Aesir-Vanir, suele hablar de los individuos de piel negra con calificativos no muy edificantes. Y la sociedad imaginaria que he creado, “El Gobierno del Norte”, persigue y fusila sistemáticamente a cualquier persona de piel negra, mientras que los LGTBQ son llevados a campos de concentración, donde trabajan treinta años en trabajos forzados. Por no hablar de sus ideas, algo que se describe en “Las entrañas de Nidavellir”:

richard_tsakalidis_las_entranas_de_nidavellir

¿Alguien, en su sano juicio, va a derivar que lo que aquí dice el personaje es lo que yo pienso? Si así es, tiene un problema muy importante para entender lo que es la literatura.

Visto lo visto, es evidente que soy un ser humano deplorable y monstruoso, según estos parámetros actuales. La realidad es que se ha perdido el norte con estos temas. El revisionismo histórico que estamos viviendo está llegando a extremos insospechados. ¿Vamos a juzgar ahora a las sociedades pasadas según nuestros parámetros? ¿Vamos a analizar a los escritores, a los artistas, por lo que dicen sus personajes?

Ya hablé en su momento de la autocensura literaria a la que muchos quieren que nos sometamos. Y yo digo que no. Que en mis libros, dependiendo de la situación, puede haber racismo, xenofobia, maltrato, asesinatos crueles, odio racial, violencia de clase, persecución de otras razas y religiones, y cualquier otra forma de odio creado por el ser humano a lo largo de la historia. Introduciré esos elementos cuándo, cómo, y donde sea necesario y sin ningún tipo de censura.

¿Por qué tengo que hacer que un gay y una lesbiana triunfen en mis libros? Pues no; los dos son apaleados y fusilados, claro que sí. Y sus familias llevadas a Siberia si hace falta. ¿Alguien se lleva las manos a la cabeza? Lo siento. Se llama literatura. Y la literatura es un instrumento para hablar de la realidad, y de la crueldad de la especie humana. ¿Cómo voy a hablar del problema de gays y lesbianas si viven como reyes en mis novelas? Si alguien quiere un ejemplo, en el Libro XII, “Sandra: relatos perdidos” hay un capítulo doble que trata este tema en detalle, titulado “Pecado capital”. Si alguien cree que yo comparto la idea de lo que les sucede a las dos mujeres lesbianas de ese relato, es que no ha entendido nada.

Tendré que hacer que sufran para poder transmitir un mensaje claro de cambio. Tendré que introducir seres monstruosos que apalean a los gays y lesbianas si tengo que reflejar esta sociedad. Si alguien cree que yo soy Richard Tsakalidis o el responsable de los campos de concentración de mis novelas, sinceramente y con todos mis respetos le diré que está completamente equivocado. Porque mi lucha por la libertad y los derechos humanos puede ser modesta y anónima, pero es auténtica. Y uso mis libros para intentar explicar esa lucha, e intentar colaborar en la construcción de mejores sociedades, más justas y más modernas a todos los niveles.

El arte refleja la realidad, pero la real, no la que nos quieren mostrar. El mundo actual es claramente machista, misógino, y perverso. La literatura en particular, y el arte en general, reflejan esa naturaleza, porque es misión del arte reflejar los aspectos más crueles de las sociedades humanas. Y sus autores no son los responsables de esa situación, sino aquellos que, teniendo el poder, se inhiben de su responsabilidad de crear un mundo mejor y más justo. No culpen al mensajero, sino al que emite el mensaje.

Juzgar sociedades anteriores por los valores actuales es como llegar a un planeta extraterrestre y decirles cómo deben vivir, y censurarles cualquier tipo de actitud que no sea acorde con nuestros valores. Cada sociedad pasada tuvo sus pecados, pero nosotros no estamos eximidos de los nuestros. Y nuestro pecado es la vanidad de creer que podemos juzgar otras sociedades, como si la nuestra fuese mejor que aquellas.

Dejad que el arte se exprese. Que nadie le ponga barreras o censuras al arte, porque entonces estaremos matando el más importante canal de comunicación del artista con la sociedad. Y con eso cortaremos cualquier forma de expresión, y, lo más importante, cortaremos la posibilidad de mostrarle al mundo cómo es realmente esta sociedad. Y la gente creerá que todo es bueno, y de color de rosa.

Nos quieren mostrar un mundo perfecto y justo, pero la verdad es que vivimos en un mundo de crueldad, desprecio por el ser humano y la vida, arrogancia y dolor. Es responsabilidad de los artistas denunciar todo eso, y es responsabilidad de la sociedad tomar conciencia de esa situación mediante el arte. No cortemos las alas del arte, o no podremos volar nunca más con la imaginación.


 

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12 comentarios en “Escritores: vamos a dejar de ser políticamente correctos”

  1. “El arte refleja la realidad, pero la real, no la que nos quieren mostrar” sabias palabras! justo estaba preparando una serie de entradas sobre el reflejo del arte: como espejo (de las épocas y valores) como edulcorante (un mundo rosa, empeñado en un Mr wonderful perfecto, paralelo y de evasión) y como advertencia (el caso de la ficción futurista como proyección de los caminos que estamos tomando) Este enfoque de la censura retrospectiva de hoy en día es muy fuerte y me huele a bases para una represión internalizada y autocensurada en donde se pretende que todo pase por el filtro de la víctima, todo ofende y a todos ofendo. Esa hipersensibilidad en pequeños gestos como los del artículo que nos muestras, aparentemente aislados y ajenos a lo cotidiano, en pequeños detalles, abren una puerta muy chunga a la desinformación, incultura y por lo tanto a la represión y control. ¿Tomaremos conciencia de que a partir de un punto se nos exigirá atravesar, por voluntad propia o resistiéndose, para cerrarla definitivamente detrás nuestras? Ciertamente ya filtramos mucho de lo que decimos/escribimos… Siento pánico…

    1. Creo que lo has definido muy bien Rosa. Tras la norma coercitiva y coactiva viene el castigo y el control. Nos quitaron la filosofía, nos quitaron la palabra, y ahora nos quieren quitar las ideas. Debemos luchar contra eso. Y debemos hacerlo con fuerza y con pasión. Un abrazo.

  2. Toda la verdad. Totalmente de acuerdo contigo. Es increíble que se tenga que escribir con estas palabras algo que debería caer por pesado.
    Pasa con la ficción histórica. No hay pecado mayor que mirar al pasado con un un dejo condescendiente y bajo el prisma actual. ¡Así no pues!
    Es lo liberador de escribir ficción, que te blinda para expresarte a través de tus personajes. Ellos no son yo. Sí hay un poco de mí en ellos en algunos casos pero eso no los convierte en extensiones mías. Es la diferencia entre la simpatía y la empatía, también. Simpatizar con alguien no es lo mismo que empatizar. Yo no haría lo que tú pero comprendo por qué lo haces. Y nada de eso ni sus juicios y opiniones tienen necesariamente que ser los mismos del escritor. ¿De veras hay que decirlo así de claro en la actualidad? ¿Es que debemos agregar “disclaimers” a nuestras historias?
    Tendré que compartir esta entrada para crear conciencia, pues parece hacer falta.
    ¡Saludos desde Alemania! 🙂

    1. Totalmente de acuerdo con tu descripción, somos nuestros personajes sí, pero no somos sus conciencias. Muchas gracias por tus palabras.

  3. Verdades como puños transmites. Llevo tiempo observando este fenómeno con bastante estupor. Hace unos meses fue con unas obras de un museo, que al ser censurado el cartel promocional, ese museo con sorna decía que tenía millones de años (eran estatuas prehistóricas si no recuerdo mal) pero que era ahora cuando ofendían.

    El arte en general (relatos, visual o en movimiento como es el teatro o cine) está en un serio peligro. No sólo el que todo el mundo nos quiere hacer ver por la tecnología, si no que el mayor es el que describes. La gente es incapaz de diferenciar entre persona y personaje. Creen que lo que escribimos / interpretamos es lo que somos y es un error.
    Pero cuando voy a un museo, leo o veo una obra no pienso en que esa persona defiende ese hecho. Porque… ¿cuantos actores han interpretado de buenos y en verdad eran unos monstruos? ¿O viceversa?

    Como muy bien indicas: si queremos que las cosas cambien o que esta sociedad sepa todos los sacrificios que se han pasado para tener estas comodidades, debemos enseñar los horrores del pasado. La historia debe ser contada y no olvidada para no caer en los mismos errores. Y qué mejor manera de acercarla que la ficción.

    Ojalá la situación cambie y vuelva la cordura. Porque lo que se va viendo en todos los ámbitos es preocupante.

    ¡Saludos!

    1. Sin duda es una tarea compleja, existen intereses muy poderosos por tapar el arte, la ciencia, y el pensamiento en general. Creo que tenemos un papel todos para evitarlo. Con nuestros blogs hacemos un trabajo modesto, pero todos los blogs juntos y unidos se convierten en una voz poderosa que podrá ser escuchada. Por eso creo que merece la pena que sigamos con nuestra labor. Muchas gracias por tus palabras y un abrazo.

    1. Hola, muchas gracias por tus palabras. Ciertamente es fundamental que el arte viva por y para sí mismo, sin que nadie le corte nunca las alas. Un abrazo y espero que disfrutes del blog.

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