Radio: cuando la comunicación se hace íntima

Este miércoles musical hablaré de la radio. Un medio de comunicación denostado por muchos, y amado por muchos más, y que ha sido, es, y sin duda será, una forma de transmitir ideas, pensamientos, y por supuesto sentimientos, de una forma íntima, directa, y cercana. Me echará una mano Miguel Ríos, y una pieza musical maravillosa y única.

La radio ha acompañado a familias durante generaciones, desde aquellos inicios del siglo XX. Con las primeras transmisiones se entendió que era no solo una forma de transportar información de una forma rápida y eficaz. También se vio que podía convertirse en un transmisor de todo tipo de noticias, pero también de opinión, de ideas, y de historias. Las radionovelas, como la famosa “Lucecita” causaban furor entre los radioyentes. Fue probablemente la última de una era.

Por eso la radio ha sido, y es, una forma de obtener información ilegal en algunos países, en el pasado y en el presente. En zonas de guerra controladas por otro país, escuchar la radio era la única forma de obtener otro punto de vista sobre las informaciones oficiales, muchas veces sesgadas y distorsionadas.

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Radio de los años sesenta muy parecida a la que teníamos en casa

Muchos recordarán aquellas emisiones de la BBC en Francia durante la segunda guerra mundial, y el famoso poema de Paul Verlaine “hieren mi corazón con monótona languidez”, que era la señal para que la resistencia francesa supiese que en 24 horas comenzaría la invasión de Francia, a través de la Operación Overlord. Aquellas imágenes de Sofía Loren en la película “El día más largo” interpretando a una guerrillera de la resistencia son inolvidables.

Yo recuerdo de pequeño, como algo muy íntimo y personal, aquellas emisiones de Elena Francis, que mi madre escuchaba mientras atendía los asuntos de la casa. “Querida amiga Elena: carta de una desesperada. Me llamo María, y te escribo porque estoy muy preocupada. Últimamente mi marido llega tarde a casa, me golpea si le digo algo, y no sé que hacer….”. Respuesta: “querida María: si tu marido llega tarde a casa y te pega, y si busca algo en otra parte, es que algo mal estás haciendo, querida. Una mujer debe atender al marido en todas las circunstancias y situaciones, porque es su deber como madre y esposa…”.

Eran otros tiempos, sin duda. Yo llegaba a casa, lo tiraba todo por el suelo, y me iba directamente a merendar, mientras por la radio Franco hablaba de la grandeza de España, del peligro de los judíos y los masones, y de cómo España es una gran nación de españoles sacrificados que murieron por Dios y por España, que combatieron y dejaron su sangre en una guerra santa y sagrada contra las hordas comunistas.

Luego llegó la democracia, porque llegó, a pesar de que no fue un proceso perfecto ni mágico ni mucho menos. Y la radio se abrió y evolucionó. En dos años la radio se transformó completamente, y nacieron cientos de nuevos programas de todo tipo, y radios que podían hablar con total libertad y sin censuras.

Podían criticar al gobierno, y podían dar su opinión, tanto los profesionales de la radio como los invitados. Hoy parece algo sencillo y banal. Para los que lo vivimos, fue una puerta abierta que se llevó toda la inmundicia y el dolor de la guerra y de la dictadura. Es difícil de expresar lo que fue aquella bocanada de libertad, a pesar de los muchos problemas que hubo. Pero poder hablar con libertad, y sin miedo, es algo que no puede valorarse en toda su dimensión hasta que se pierde.

En los ochenta, aquellos programas de radio nocturnos en los que llamaba la gente para contar sus penas y tribulaciones eran, en muchos aspectos, extensiones del programa de Elena Francis, pero ya adaptados a la libertad y a la democracia. La radio era libertad, un canal de comunicación para hablar de arte, de ciencia, de progreso. Pero los sentimientos humanos eran los mismos. Y la necesidad de una voz amiga, que llegase a través de las ondas, era tan urgente como lo era en tiempos de la dictadura.

Hoy en día la radio sigue acompañándome constantemente. No me cierro a nada ni a nadie, porque quiero estar informado de todo lo que sucede, y la radio condensa la información como ningún otro medio puede. Luego extraeré mis propias conclusiones. Para ello, la radio es un medio fundamental, porque la gente se sincera ante un micrófono. La sensación de intimidad de la radio jamás podrá darla la televisión. La cercanía que da la radio nunca podrá darla la televisión. Es una conexión directa, de punto a punto, entre el locutor y el oyente. Es algo mágico, que nunca debería perderse.

Creo que Miguel Rios fue un mago cuando supo trasladar todas esas sensaciones a su canción. “No estás sola” refleja perfectamente aquellas noches metido entre sábanas, con la única luz del piloto de la radio y del dial, escuchando entre sueños las voces de la noche, y soñando con un futuro que nunca llegará.

Esa es la magia de la radio. Y esa magia nunca deberá desaparecer. Estará con nosotros siempre. Navegando entre las ondas de la noche.

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2 comentarios en “Radio: cuando la comunicación se hace íntima”

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