Imposibles ficticios. Hoy: psicósis cuántica

Tenía muchas dudas, en este nuevo capítulo de “Imposibles ficticios”, sobre si abordar o no las problemáticas que aparecen en “2001: una odisea del espacio”. Recordemos que esta sección dentro del blog se dedica a analizar obras de ciencia ficción, y a desarrollar y analizar aquellos elementos que, por un motivo u otro, no son factibles de ser reales o posibles en un futuro a medio y largo plazo. Aspectos que quizás puedan ser reales un día, pero con una probabilidad muy baja.

“2001” es, por definición, una obra maestra, o al menos eso le parece a muchos, y a mí también. Claro que no es una película para todo el mundo, eso es evidente, y conozco gente que la aborrece, lo cual es perfectamente comprensible, dada su especial naturaleza.














El famoso ojo de HAL 9000

A mí la película me pareció impresionante cuando la vi por primera vez, tal como expliqué en este enlace. Y me lo sigue pareciendo hoy. La obsesión de su director, Stanley Kubrick, por el realismo tecnológico, llevó a la colaboración de la NASA y otras instituciones, para asesorar en la creación de una película que no deja detalle de lado en cuanto al espacio se refiere.

Las naves espaciales que aparecen son bocetos reales de algunos diseños que se barajaban en aquella época, 1968, y que, con mucho optimismo, se creía podrían estar disponibles, si no para 2001, sí para las dos primeras décadas del siglo XXI. Luego la realidad ha demostrado que las cosas no son tan sencillas. La exploración del espacio es una tarea titánica, tanto como lo fue en su momento aventurarse al mar a aquellos primeros hombres y mujeres que comenzaban a dibujar los vestigios de las primeras civilizaciones de la edad de bronce.

Así pues, ¿qué se puede criticar de la película? Yo personalmente creo que podríamos hablar horas y horas sobre decenas de detalles, y siempre veríamos que cada uno de ellos roza la perfección en muchos casos. Criticable sería la idea de crear gravedad mediante rotación, se sabe que la idea parece buena pero sus efectos no lo son. Pero me quiero centrar en algo que sobresale muy claramente sobre el resto, y en donde sí, existe un claro motivo para hablar de imposible científico.

Me estoy refiriendo, por supuesto, a la computadora: HAL 9000.

HAL es la computadora que controla la nave Discovery, la cual lleva a varios astronautas, algunos en hibernación, camino de Júpiter (en el libro en el que se basa la película, de Arthur C. Clarke, y que se escribió a la vez que se filmaba la película, el destino era Saturno).

HAL es una computadora que, se supone, tiene sensibilidad, y conciencia. Uno de los personajes dice que se ha programado así, “para que sea más fácil interactuar con la computadora”. Esto recuerda un poco a lo que se está haciendo actualmente con los asistentes personales, como Siri, Cortana, o Alexa. Estos programas, que algunos indican son la máxima revolución en sistemas de inteligencia artificial (IA), no solo responden, sino que contextualizan sus frases, y la voz tiene flexiones y un tono para que parezcan totalmente reales.

La idea en 2001 con HAL era precisamente esa. En aquellos años se creía que la IA alcanzaría a la humana, y la sobrepasaría, en unas decenas de años. Pero hoy sabemos que, por mucha IA que tengan las computadoras, son en definitiva un conjunto de algoritmos avanzados, y nada más. En el caso de HAL, la idea de la película era crear una computadora que sí tuviese conciencia de sí misma. O, al menos, que pareciese que la tiene.

El problema deviene en definir qué es conciencia, algo que ya comenté en su momento. Primero tendríamos que definir qué es la conciencia en el ser humano, pero desde un punto de vista cuantitativo, no cualitativo, y entonces sí, una vez definida esa propiedad, podríamos tratar de implantarla en una máquina. Sabemos que la conciencia es una propiedad emergente del cerebro, fruto de la interacción de miles de millones de neuronas trabajando armónicamente. Por ellas mismas no son prácticamente nada. Pero súmense todas ellas, y tendremos una conciencia humana.

Replicar algo así en una máquina es una tarea, cómo lo diría yo, titánica, en el mejor de los casos. Se calcula que el cerebro humano tiene unas ochenta y seis mil millones de neuronas interconectadas (según estudios actuales), y cada neurona dispone de varias dendritas, conexiones, que multiplican esa cifra, al menos por cuatro. Luego, podemos ver que el cerebro es una inmensa y gigantesca orquesta eléctrica de señales, de una complejidad asombrosa desde cualquier punto de vista.

¿Es posible replicar algo así en una computadora? Vamos a ver: desde el punto de vista de la tecnología actual, basada en el silicio, se torna casi imposible, y si se consiguiese, sería una máquina de gran tamaño, con un consumo de energía increíble. Porque, no lo olvidemos, cada neurona informática debería tener su energía y su actividad, que consume energía, y genera calor. Esa computadora sería un verdadero horno.

Pero, ¿para qué nos vamos a quedar en las premisas? Veámoslo. Un procesador actual Intel de seis núcleos de 2019 tiene mil ciento setenta millones de transistores. Son y están separados por distancias de 7 nanómetros aproximadamente.

  • Procesador Intel I7 de última generación: 1.170.000.000 transistores/conexiones en seis núcleos.
  • Cerebro humano: 86.000.000.000 millones de neuronas * 4 dendritas (como conexiones medias) = 344.000.000.000 transistores biológicos/conexiones.

Y si dividimos la cifra mayor por la menor, tenemos que:

294 conexiones/neuronas biológicas se establecen en el cerebro humano por cada transistor disponible en un procesador. Es decir, el cerebro está dotado de 294 conexiones posibles por cada transistor de una computadora.

Estos datos son en bruto por supuesto, y tendríamos que afinar una gran cantidad de aspectos. El primero es que comparar una neurona humana con un transistor de silicio es una locura. La razón es sencilla: una neurona, como célula que es, es más compleja que la mayor computadora existente en la Tierra. Pero con estos datos podemos hacernos una idea aproximada.

Resumiendo: necesitaríamos una computadora con 294 procesadores Intel conectados entre sí para crear las conexiones de un único cerebro humano. Y lo sería a nivel de conexiones. También sería un monstruo, en tamaño y en consumo. Y teniendo en cuenta que un transistor es tremendamente más sencillo que una neurona.

Pero, ¿tendría conciencia una máquina así? Claro que no; porque no se trata de conectar procesadores a lo loco y ver qué pasa; hace falta un software que emule la actividad neuronal. De hecho se pueden encontrar redes de ordenadores, y también ordenadores de tipo mainframe, los llamados “trituranúmeros”, que se emplean para cálculos complejos en astronomía, astrofísica, meteorología, medicina, biología, etc.

Pero son eso: trituradores de números. Nada más. Son capaces de resolver operaciones matemáticas en coma flotante de 32 y 64 bits a una velocidad inimaginable. Pero no saben hacer otra cosa. Porque nunca serán un cerebro humano.

¿Existen soluciones para poder crear algo similar a un cerebro humano? Sin duda, en el futuro podríamos solucionar la primera parte: la del tamaño y el calor. Lo haríamos con computadoras cuánticas. Estas computadoras pueden tener transistores en forma de función de onda donde los valores 1 y 0 se están dando a la vez, y tendrían tamaños de moléculas, átomos, o partículas. Por supuesto, el problema de mantener un sistema así de forma cuantizada es un reto por sí mismo insalvable hoy, y puede que para siempre. Precisamente se acaba de presentar el primer ordenador cuántico comercial, el IBM Q System, con 20 qubits. Se podrán construir computadoras complejas en el futuro, pero, ¿de la complejidad del cerebro? Eso requerirá de una tecnología que todavía ni soñamos.

He dejado lo más importante para el final. HAL se vuelve “esquizofrénico” en la película. Pero la esquizofrenia es una condición humana. Propia del cerebro. Si creásemos una computadora, podría tener muchos problemas seguramente. Pero, ¿esquizofrenia?

Con HAL se da el conocido problema del antropomorfismo, es decir, de dotar a las cosas y a los animales de cualidades humanas. No, HAL es una computadora. Puede ser muy compleja. Puede tener muchos problemas. Pero, ¿volverse loca? No. En absoluto.
















La sala de memoria de HAL 9000 en la nave Discovery

Por supuesto, a nivel literario y para la película la situación es fantástica y dramática. Pero, en el mundo real, no podemos ni empezar a imaginar que una computadora se volviese “esquizofrénica” debido a que la obligan a mentir, ni aun aquellas que sean tremendamente sofisticadas, y basadas en sistemas cuánticos. Si le dan instrucciones, las cumplirá, y si la instrucción es mentir, mentirá. Y si tuviese un conflicto, se rompería, como pasa con Windows tan a menudo. Pero Windows no se vuelve “esquizofrénico”. En todo caso, nos vuelve esquizofrénicos a los que lo usamos. Pero ese es otro tema.

El antropomorfismo es, en definiva, un elemento del que se valen actualmente muchas empresas para vendernos sus sistemas con “IA”, haciéndonos creer que hay una verdadera inteligencia detrás. Pero todo ello no es más que un escaparate, que juega con nuestras mentes para hacernos sentir que las máquinas se están humanizando. No es así, y probablemente nunca ocurra.

Porque las máquinas, por muy sofisticadas que sean, siempre serán máquinas. Y actuarán como tales. De una forma muy sofisticada, pero como máquinas. Es como el antropomorfismo que los dueños de perros y gatos someten a sus animales. El perro seguirá siendo perro, y el gato, un gato. Y ellos tienen cerebros tremendamente más complejos que cualquier computadora, presente o de un futuro a largo plazo.

Más allá de estas observaciones, “2001: Una odisea del espacio” seguirá siendo esa gran película que me cautivó cuando la vi por primera vez. Un maravilloso e increíble viaje del ser humano, desde un pasado remoto a un futuro increíble. Esperemos que esa parte, la del futuro increíble, sea más factible que HAL. Merecerá la pena intentarlo.


Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

4 comentarios en “Imposibles ficticios. Hoy: psicósis cuántica”

  1. Me fascina el tema de la conciencia.
    Pero no puedo evitar pensar que nosotros mismos tendemos a sobrevalorar su complejidad, que su naturaleza “física” es mucho más sencilla de lo que nos gustaría. En cuyo caso, tampoco haría falta reunir toda la capacidad de un cerebro humano para imitarla!
    Un saludo.

    1. Sin duda es una posibilidad, que después de teorizar pudiéramos concluir que su naturaleza física ha sido sobrevalorada. En ese caso como bien comentas podríamos imaginar la construcción de un modelo artificial, basándonos en las reglas y propiedades para obtener una conciencia nueva. Luego tendríamos que valorar si esa conciencia está viva como entidad consciente que es, y derivar de ello si debe tratarse como objeto o como individuo, aunque no humano. Muchas gracias por tu comentario.

  2. Me gustó mucho tu post. La imposibilidad tecnológica en las películas y novelas de Ciencia Ficción es algo común, pero no nos impide soñar que algún día se hará realidad. El antropomorfismo que se usa para representar a las computadoras en los relatos es un recurso que yo mismo uso, y para la finalidad del mismo es muy útil. Pero coincido contigo, las máquinas serán máquinas y no personas mecánicas. Acabo de leer la novela Golem XIV, de Stanislaw Lem. Habla sobre una IA avanzada. ¿La leíste? Te la recomiendo muchísimo. Felicidades por tu blog.

    1. Efectivamente, como bien apuntaba el maestro Isaac Asimov, en el mundo real tenemos que ser complementarios con las máquinas. En la ficción, ahí por supuesto la imaginación lo es todo. He leído el Golem de Lem, aunque el tratamiento que le da Asimov al mundo de la robótica es sin duda mi base literaria, el Golem es sobre todo un libro sobre filosofía, tremendamente denso y que requiere de ir procesando lentamente. Por cierto “Solaris” de Lem me parece simplemente espectacular, si no lo has leído te lo recomiendo. Existe una película rusa del tema muy buena. Muchas gracias por tus palabras y mucha suerte en tu aventura literaria.

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