Imposibles ficticios. Hoy: termodinámica obstinada

Volvemos con otra entrada de “Imposibles ficticios”, la serie donde traigo grandes obras de ciencia ficción, con detalles que no son posibles por uno u otro motivo. Grandes obras, que contienen algún elemento fuera, o casi fuera, de la ciencia conocida.

Esta vez traigo una reflexión para revisitar una novela, y posterior película, “La amenaza de Andrómeda”, del desaparecido Michael Crichton, que muchos conocerán y recordarán por la famosa película “Parque Jurásico”.

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Aunque, para ser rigurosos, la película se tendría que haber titulado “Parque Cretáceo”, ya que la inmensa mayoría de dinosaurios que aparecen, y otros que no lo son pero se tratan como tales, no son del Jurásico, ni del Triásico, sino del Cretáceo, la última etapa de lo que se conoce como la “Era Secundaria”. Pero en fin, no vamos a entrar en detalles, porque sonaba mejor Jurásico. Y ya sabemos cómo es Hollywood para estas cosas. Ni siquiera el Velocirraptor es realmente un velocirraptor… Me estoy desviando. Vamos a ver si consigo centrarme. Voy a por una cerveza, que siempre ayuda.

Hecho. Por cierto, uno de los textos anteriores de esta serie, concretamente “Imposibles ficticios: Psicosis cuántica” tiene un buen número de lecturas. Muchas gracias por su interés.

Pero vamos ya con Michael Crichton. Corrían los años finales de la década de los sesenta cuando un joven y brillante estudiante de la universidad de Harvard, graduado con honores en antropología y medicina, y conocido como Michael Crichton, publicaba su primera novela: “La amenaza de Andrómeda” (The Andromeda Strain, 1969), que enseguida fue un gran éxito de ventas.

Esta novela estaba inspirada en los hechos que se desarrollaban en aquella época: la carrera espacial, y en el temor de que un agente patógeno del espacio pudiera llegar a la Tierra a bordo de alguna sonda espacial enviada al espacio para recoger muestras contaminadas. En el caso concreto de la novela, se centra en algo parecido: en un asteroide que cae en un zona desolada de Estados Unidos, y que transporta un organismo patógeno extraterrestre extremadamente peligroso para la vida terrestre. Unos lugareños recogen muestras, y todo un pueblo aparece muerto, excepto un anciano y un bebé, que misteriosamente han superado la enfermedad, por alguna causa.

Puede parecer una locura que pueda existir vida en el espacio, pero no es así: la vida incluso se adapta al espacio, y en la Estación Espacial Internacional han visto proliferar ciertos tipos de bacterias en la parte exterior de las estructuras. Recordemos también ciertos tipos de organismos, los extremófilos, adaptados a entornos donde cualquier otro tipo de vida moriría al instante. La vida se adapta a todos los ecosistemas, y lo hace muy bien además.

Por eso, la novela de Crichton, y luego la película, nos manda un mensaje: un organismo desconocido en la Tierra, para el que no tenemos defensa, sería una pandemia como nunca antes se habría visto. Algo parecido a lo que ocurrió durante la conquista de América, donde las tribus americanas morían por bacterias que aquí no causaban sino daños menores.

Además. Crichton entiende que un organismo así no puede ser fácil de destruir, porque está adaptado a la vida en el espacio. En realidad, quizás una atmósfera, que nosotros necesitamos para vivir, sería mortal para un organismo adaptado al espacio. Aunque él juega con la idea de que el organismo funciona de este modo: tiene forma de cristal, y por ello puede vivir en el espacio. De este modo, cuando llega a la Tierra puede reaccionar con el organismo humano, y con otras especies, metabolizando la sangre.

Pero, por supuesto, como todo organismo, tiene una debilidad: solo puede prosperar en medios no demasiado alcalinos, o demasiado ácidos. Es decir, el PH le afecta, y mata al organismo. Ahora es cuando suelto la broma de que ese patógeno deberá tener cuidado con el PH del champú que use, porque puede matarlo si no es el adecuado, pero entonces estaría divagando, y aquí estoy tratando de escribir un texto serio.

Y a eso vamos. En esta sección siempre trato novelas y películas de ciencia ficción, tocando algún elemento que falla, que no cuadra, según la ciencia conocida. Y que difícilmente pueda encajar. Entonces, ¿dónde está entonces el problema de “La amenaza de Andrómeda?

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Escena de la película, con aquellas computadoras que hoy día recuerdan a discotecas con luces de colores, pero que en aquella época nos impresionaban

De hecho, fue algo que noté cuando vi la película por primera vez, allá en los setenta. En un momento dado, cuando ven que el organismo se reproduce incluso en el vacío, uno de los personajes comenta que su metabolismo es perfecto; no excreta nada. Su proceso de absorción de nutrientes es tan sofisticado que no genera residuos. Las células humanas y de otros animales excretan diferentes compuestos, especialmente el dióxido de carbono, una vez procesado el oxígeno, que se usa para generar energía.

Pero este organismo ficticio no excreta nada. Aquello me hizo pensar. ¿Realmente es así? Cuando terminé de ver la película, salí del cine dándole vueltas a aquel asunto. ¿Puede existir un organismo así? Les pregunté a mis profesores, que me dijeron que no me preocupara, que eso era ciencia ficción, y no había que tomárselo en serio.

Pero esa respuesta no me convenció. Para mí la ciencia ficción era algo muy serio, y el motivo de que mi cerebro no dejase de hacerse preguntas. ¿Qué podía fallar con el argumento de Crichton? La respuesta estaba, como tantas veces, en la física básica. Y, más concretamente, en las leyes de la termodinámica. Benditas leyes que siempre fastidian las ideas fabulosas de muchos, pero sin las cuales el universo simplemente no funcionaría.

De hecho fue mi padre quien me dio la pista principal. Era ingeniero naval, y siempre me contaba cosas sobre su trabajo. Un día me dijo, con respecto al motor del coche con el que estábamos circulando:

“Hijo, nunca podrás conseguir que la energía generada por el motor de este coche, ni de ningún coche, se convierta en trabajo al cien por cien. Eso es imposible, lo impiden las leyes de la termodinámica. Un motor podrá generar un porcentaje de trabajo por unidad de energía máximo; el resto se perderá en forma de rozamiento y calor. Es física pura”.

Ahí estaba la respuesta. El organismo patógeno de Crichton es un organismo perfecto. Toda su bioquímica y su metabolismo se basan en un proceso bioquímico perfecto, donde no se da ningún tipo de pérdida en la metabolización de los componentes que absorbe. Cada átomo, cada molécula, y cada unidad de energía procesada se almacenan y dan forma al organismo, en un proceso perfecto, donde no se desecha nada.

El patógeno de Crichton es el motor perfecto del que me hablaba mi padre. Y, como mi padre sabía muy bien, y la física lo demuestra constantemente, no se puede crear un motor perfecto. El organismo de Crichton no tiene en consideración las leyes de la termodinámica. El organismo de Crichton es, por lo tanto, un organismo con una existencia físicamente imposible.

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Escena de la película, con los dos pacientes que misteriosamente han sobrevivido al patógeno, por alguna causa desconocida

Y ahí está el quid de la cuestión. Ese organismo es demasiado impresionante para ser real. Incluso con su forma de cristal, su bioquímica no puede situarse por encima de las leyes de la física. Y ese es el “imposible ficticio” que nos presenta “La amenaza de Andrómeda”.

¿Significa eso que la novela, y por extensión la película, sean malas? Ni mucho menos. La novela plantea una situación que hipotéticamente se podría dar algún día, y la trata con todo tipo de detalles. Teniendo en cuenta los conocimientos de la época claro, pero la física de 1969 es la misma de ahora y de la que será en un futuro lejano. Y ahí es donde nuestro patógeno falla. Crichton quiso diseñar algo perfecto. Pero la perfección no existe. Todo proceso físico y químico tiene que cumplir las normas de la física.

Sin duda, esto no resta ni un ápice de calidad a la gran obra que fue y es “La amenaza de Andrómeda”. Pero no olvidemos la lección: el camino a la perfección es eterno. Podremos acercarnos mucho. Pero nunca crear al ser perfecto.

Para terminar, he encontrado en Youtube un fragmento de la película con el doblaje al español de la época, donde los científicos que están investigando los hechos ven la estructura cristalina de Andrómeda por primera vez, y que se reproduce gracias precisamente al bombardeo de electrones que el microscopio electrónico suministra al organismo.

No tengan en cuenta los efectos especiales de aquella época por supuesto, sino la gran idea que supone imaginar un organismo que es básicamente una estructura cristalina viva. Un organismo perfecto, que solo puede existir en la ciencia ficción. Pero que nos dio una obra fantástica y realmente adelantada a su tiempo. Esta escena en concreto se clavó en mi mente, y ahí ha seguido hasta hoy. En definitiva, una obra maestra de la ciencia ficción.


Más información:

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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