Notre Dame se ha perdido, el futuro nunca lo hará

Bueno, basta que hablase de religión recientemente, para que tenga que volver a hacerlo, en unas circunstancias muy tristes. Probablemente muchos ya lo hayan visto: la maravillosa catedral de Notre Dame ha ardido, y los motivos, las razones, las explicaciones, serán las que sean. Eso es ahora secundario. Importante sin duda, pero secundario, respecto al hecho en sí de haber perdido una de las joyas del gótico, una maravilla arquitectónica llena de historia, tanto en sentido figurado como real.

Se hablará mucho de esta pérdida, de las razones, etc. Yo, sin embargo, hace poco decía que soy ateo, pero que respeto las creencias religiosas. Y, además, respeto las catedrales como monumentos majestuosos a la belleza arquitectónica de arquitectos, pintores, escultores, y artistas en general, que dotaron a esas catedrales de piezas realmente irreemplazables.

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Notre Dame se ha perdido; pero el futuro no se perderá nunca

Decía también hace poco que los dioses del pasado dieron paso a los del presente, y los del presente darán paso a los del futuro. Con sus mitos, sus ritos, y por supuesto sus monumentos, pasa algo parecido. Yo soy un gran amante de la cultura helénica, y aquí he hablado de ello varias veces. ¿Y qué siento cuando veo los restos del Partenón, en Atenas? Veo los restos de un templo maravilloso, que fue lugar de culto y de reflexión, como lo era hasta ahora la catedral de Notre-Dame.

Ambas son estructuras, o mejor, fueron estructuras, que representaban los anhelos y la fe de sus creyentes. Pero eran también ejemplos de arquitecturas de una belleza y un nivel increíbles. Notre Dame, y el Partenón, son, desde ahora, los restos de dos creencias religiosas que han ardido y se han destruido, por una sencilla razón: porque nada es eterno; ni siquiera la fe en un dios u otro.

Cuando veo que algunos pretenden vivir como si todo fuese eterno, siempre imagino a los hombres y mujeres de la antigua Grecia, que vivían en el arraigo a sus dioses particulares. ¿Qué ocurriría si algunos de esos hombres y mujeres fueran transportados en el tiempo, y viesen las religiones actuales? Depende de cada caso, lógicamente. Pero muchos podrían abogar por invocar su fe como la verdadera, y pedirían levantar templos para adorar a Zeus, a Atenea, a Artemisa, a Apolo, a Afrodita, o a Poseidón.

¿Se les podría negar su fe? ¿Deberían ocultarse ante las nuevas religiones? Por supuesto que deberían poder practicar su fe. Y esto es lo que está pasando actualmente con el neopaganismo, y, más concretamente, con movimientos modernos que tienen como finalidad retornar a los dioses griegos clásicos, de ahí el término “neopaganismo”.

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Rito neopagano griego actual, que por fin han sido autorizados por el gobierno griego pese a la resistencia de la religión ortodoxa griega

Y, cuando digo que hay que respetar todas las religiones, me refiero a todas. No vale el “respeto todas las religiones, mientras sea la mía”. Lo siento, pero, o permitimos que cada cual crea en lo que quiera creer, o no permitimos que nadie crea en nada, lo cual tampoco sirve de nada, porque el ser humano es un ser necesitado de fe. Y la fe puede tener tantas expresiones como seres humanos hay en la Tierra. Siempre bajo el amparo de los derechos humanos, por supuesto. Pero ese es límite.

¿Qué tiene esto que ver con el incendio de Notre Dame? Aparentemente, no mucho. Pero, mientras contemplaba las ruinas de la catedral, pensaba en otras ruinas también muy importantes: las del Partenón, y otros templos griegos. Todo lo que amamos y adoramos termina convertido en cenizas. Todo lo que fue sagrado queda enterrado en el tiempo. Todo lo que brilló y fue luz termina apagándose. Y toda obra eterna está condenada a desaparecer para siempre.

Esa es la sensación que tenía cuando veía Notre Dame ardiendo. Entonces, si todo es perecedero, si todo terminará acabando, si nada es eterno, ¿qué nos queda?

Nos quedan nuestros recuerdos. Nuestro futuro. Y nuestra vida. Que también tendrá un final. Pero muchas veces nos enterramos entre las cenizas del pasado, y nos dejamos llevar por los recuerdos de todo aquello que se fue. No nos damos cuenta de que, destrozados por esas cenizas que se mueven a nuestro alrededor, estamos evitando construir nuevos sueños. Nuevas metas. Nuevas esperanzas.

¿Qué haría yo, en el  caso de tener alguna responsabilidad sobre el futuro del espacio que ocupaba Notre Dame? Yo le digo lo que haría: crearía otra catedral de Notre Dame. Grande, fantástica, llena de luz y de color, como un homenaje a la antigua Notre Dame.

No intentaría crear una copia. Eso pertenece al pasado. Notre Dame hubo una. Yo crearía otra nueva catedral, que fuese digna de su predecesora. Un lugar donde todos puedan admirar el nuevo arte y la nueva belleza de los artistas del siglo XXI. Una obra que dignifique el pasado, y que sea un faro para el futuro. Si han sobrevivido restos de la catedral, procuraría conservarlos, pero no como base para una copia, sino para algo nuevo. Porque una copia nunca será Notre Dame. Pero una nueva catedral será una forma de dar luz donde antes hubo fuego.

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Notre Dame

Ese es el secreto de la vida: nosotros nos vamos. Pero llegarán otros. Es algo inevitable. Del mismo modo, unas obras maravillosas terminan yéndose. Pero otras pueden llegar, y crear nuevo asombro en las nuevas generaciones. Eso se llama regeneración. Y es la forma de rendir un homenaje al pasado; desde el presente, y hacia el futuro.

Notre Dame se ha ido. Para siempre. La llevaremos siempre en el corazón. Construyamos un nuevo futuro. Hagamos un homenaje a aquella obra de la mejor forma posible: con una nueva obra que sea hecha de luz.

Entonces no habremos recuperado Notre Dame. Pero habremos conseguido agrandar su historia. Y habrá merecido la pena crear una nueva obra para  toda la humanidad. Y eso es lo más grande que París, Francia, y el arte, podrán darnos. Porque la ceniza de una obra perdida debe ser la base para crear una obra aún más grande, aún más poderosa, aún más increíble.

No dejemos de construir belleza. Nunca. Porque, el día que cesemos, el día que dejemos de ser artistas, podremos parecer humanos. Pero solo seremos carne y hueso, seres sin fondo, sin espíritu. Sin fuerza. Sin sueños. No permitamos que ocurra eso. Nunca.


 

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Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

4 comentarios en “Notre Dame se ha perdido, el futuro nunca lo hará”

  1. Desde luego pone los pelos de punta leerte ( en un sentido positivo).
    Mira, tu texto me ha hecho pensar en algo que siempre pienso cuando veo estas hermosas catedrales; la vulnerabilidad del ser humano y la eternidad de los monumentos.
    Hoy perdimos Notre Dame, lugar emblemático de París, lugar visitado por muchos turistas cada año, yo misma estuve y visité su interior, y firmé en su libro haciendo un pedido… me ha causado tristeza saberlo porque mi mente se ha ido a unos recuerdos donde todo parecía eterno y hermoso. La reconstruirán, la levantarán de sus cenizas, no lo dudes, Notre Dame volverá a ponerse en pie.

    1. Sin duda, este suceso nos empequeñece ante el poder del tiempo. Pero también nos reta a superar las pérdidas por graves que sean, y nos invita a mejorar cada día. Y volveremos a tener una nueva Notre Dame. Ese es el reto. Muchas gracias por compartir tus pensamientos.

    1. Exacto, todo lo terrenal perece, es algo que aprendí hace años, mis únicas pertenencias son un reloj de Grecia y una estatua de Atenea, son lo único a lo que tengo cierto apego. Ah, y la guitarra. Lo demás, puedo prescindir de todo. Un saludo.

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