Dos almas en el infierno (I)

Nota error: el libro completo es “Sandra. Orígenes”. Ya se ha corregido.

Este es un nuevo relato en tres partes que formará parte de “Sandra. Orígenes”, libro que explica el origen de Sandra y su condicionamiento moral y ético inicial. El libro se compone de dos partes ya publicadas que son de lectura gratuita: “Trece almas” y “Cuatro Dos Negro“.

El motivo de esta tercera parte se basa en una conversación reciente con un lector sobre estos relatos, al cual le agradezco sus comentarios, y lo que se busca es cerrar algunos puntos que quedaron abiertos en los dos anteriores relatos, que permiten una mejor transición de la historia de Sandra hacia el libro posterior: “Operación Folkvangr“. Muchas gracias.

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Cómo evitar el seguimiento de los móviles

Esta es una entrada rápida para informar de que, a partir de hoy, Como muchos sabrán, el INE (Instituto Nacional de Estadística) comienza el seguimiento de los móviles.

Básicamente lo que se busca es información sobre la movilidad. Para ello, las compañías telefónicas pasarán al INE los datos de las antenas que se han activado durante los trayectos de los dueños de los móviles.

¿Cómo evitarlo? Si es de otra compañía distinta a Movistar se puede solicitar. Movistar no permite no entrar en el rastreo. Hay dos soluciones. Una incómoda pero vengativa, otra más cómoda pero menos dañina. Yo estoy usando una mezcla de las dos.

  • Solución vengativa: vaya a trabajar durante los días de rastreo por rutas distintas a las habituales. O, mejor aún, vaya cada día por una ruta distinta. Puede ser un poco pesado, pero disfrutará pensando que las estadísticas del INE van a ser un galimatías sin sentido. ¿Hoy va por A, mañana por B, pasado por C? ¿Es que está loco este usuario?
  • Solución cómoda: ponga el móvil en modo avión, o apáguelo, solo durante el trayecto. Usted estaba en su casa, y luego estaba en su oficina o colegio o donde sea que vaya, y luego de pronto estaba en su oficina o donde sea que vaya, y luego en casa. No hay rastreo de movimiento. No hay datos estadísticos que seguir.

Usar una combinación de ambas es lo más divertido. Es lo que yo estoy haciendo. Las estadísticas del INE serán absurdas y sin sentido. Y usted habrá colaborado a que se tomen más en serio nuestra privacidad.

Porque, no lo dude: los datos NO son privados. Puede usted estar completamente seguro de eso. Es un pastel demasiado delicioso para ignorarlo. Felices estadísticas.

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Últimas palabras

Alemania. Febrero de 1945.

El coche oficial se detuvo delante de la vieja casa, que apenas se sostenía, y que antiguamente guardaba lo que había sido una familia. Una de tantas familias que, más o menos felices, luchaban por vivir. En aquel barrio conocido como Altstadt, que disfrutaba de una maravillosa historia de cultura y desarrollo, generación tras generación había visto pasar guerra tras guerra, como la que en 1813 enfrentó a Napoleón a las tropas aliadas de Austria, Prusia, y Rusia.

Napoleón había tomado como base de operaciones a aquella vieja ciudad de Sajonia, ahora incluida en Alemania, que era Dresde. Pero ahora, ese trece de febrero de 1945, Dresde se había convertido en lugar de peregrinación de miles y miles de refugiados que huían del horror de los bombarderos ingleses y americanos.

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Literatura: dejando una obra inacabada

Vamos con otro de esos temas tan recurrentes entre las preguntas que se hacen los escritores, y que tiene que ver con la realización de una obra literaria, y, más concretamente, con la finalización de una obra literaria. La pregunta a hacerse es:

¿Cuándo debemos dejar de escribir, y por tanto dejar inacabada, una obra literaria que estamos confeccionando? ¿Qué mecanismos mentales y físicos nos dicen que es mejor dejar una obra de lado? Un tema complejo, que no tiene soluciones fáciles, y que requiere de algo muy básico: sinceridad y honestidad para con uno mismo. Vamos a verlo.

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“Mensajero del Nastrond” se quedará para siempre inacabada y sin su segunda parte. Su papel lo tomó en cierto modo “Sandra. Orígenes”.

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Fragmento de “Sandra: relatos perdidos”

Este es un fragmento de “Sandra: relatos perdidos. Tras los sucesos de “Las entrañas de Nidavellir” las cosas solo han seguido complicándose para Sandra, que debe huir y esconderse constantemente. En ese viaje sin final llega a Lyon, Francia, donde es recibida y acogida por la familia de su amiga Yvette Fontenot.

En ese hogar, oculta en el taller de carpintería de la familia, pasa su primera noche, cuando es invitada por el hijo del matrimonio y su pareja para una sesión de jazz. Sandra acepta, con cierta preocupación, pero debe dar una imagen de normalidad, y de que es una simple refugiada que trata de rehacer su vida…

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Le Péristyle, jazz en estado puro

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No; el lenguaje no es sexista; nosotros sí

Hoy vengo con otro tema polémico, que quizás me acarree algún que otro disgusto. Pero, una vez más, en La leyenda de Darwan se comentan temas y asuntos de todo tipo, sin miedo y sin preocupación por el que dirán.

Me refiero, por supuesto, al absurdo y agotador uso del “ellos/ellas”, que tanto gusta a los políticos y grupos sociales para darse un aire de modernidad, sin saber que ellos, constantemente, están incumpliendo su propia normativa.

Porque la lengua no es sexista; y, mucho más importante: porque, cuando decimos “los gatos saltaban de la mesa”, sí sí, los gatos, no estamos siendo sexistas con los gatos. Y cuando decimos “los niños jugaban en el campo” no estamos siendo sexistas. Cualquiera que haya estudiado los elementos básicos de lingüística lo sabe. ¿Lo sé yo? Después de ocho años casado con una filóloga puedo decir que, al menos, obtuve una buena cantidad de conocimientos sobre estos temas. Y puedo dar fe de ello. Vamos pues a hablar de este tema, y a demostrar que el sexismo no está en el lenguaje, sino en las personas.

Nota: aquí hablo del género y me centro en ese aspecto.

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Palabras de aliento que abren nuevos mundos

¿Son las palabras más fuertes que el mayor huracán del universo? ¿Puede una palabra, un comentario, una sonrisa, cambiar el mundo de una persona para siempre?

Puede. Y de esas experiencias nacen las letras. Las palabras, y los libros. Y un mar inmenso de sueños.

Recientemente recibí un correo de alguien del pasado. Unas palabras amables, unos cuantos recuerdos de los tiempos que fueron, y un comentario sobre el blog de La leyenda de Darwan. Con un detalle: una pequeña felicitación sobre uno de los relatos, en concreto el que publiqué recientemente sobre Alexa. Con unas palabras: “felicidades. Veo que sigues conservando tu estilo. No lo cambies nunca”.

Y eso me llevó a una reflexión. Por un lado, a cómo pueden aparecer a veces voces del pasado, y esas voces traer a su vez un millón de sentimientos, de recuerdos, de emociones que fueron. Que se escondieron entre los recovecos de la mente, pero no desaparecieron. Al contrario, se camuflaron, preparadas para contraatacar de nuevo, a la menor oportunidad.

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