Challenger: el vuelo final, una lección de vida

La vida a veces nos trae sorpresas agradables. Y esta semana he tenido una relacionada con mi gran pasión: la astronáutica. Se trata de una serie absolutamente brillante, que me ha impresionado como pocas recuerdo en mi vida: “Challenger: el Vuelo Final” (Challenger: the Final Flight), que está disponible en Netflix.

Voy a hablar de esta serie, que además he visto tras visualizar la serie de ficción “Away”, también de Netflix, sobre el viaje a Marte, y de la que hablé en esta entrada. Y eso ha tenido un poderoso efecto en mí, como explicaré a continuación.

Estuve viendo los diez capítulos de “Away” con mucho interés, una serie sobre un posible viaje a Marte. Allí comenté un aspecto que me pareció crítico: los viajes espaciales, como toda gran aventura de la humanidad, dependen, en última instancia, no tanto de la tecnología, que también, como del ser humano, verdadero elemento crítico y crucial para el éxito de cualquier misión.

Dicho esto, la siguiente serie que me pareció muy interesante para ver fue “Challenger: el Viaje Final”, recién estrenada. Se trata de un documental basado en el terrible desastre del transbordador Challenger, que el 28 de enero de 1986 despegó con siete tripulantes, incluida una profesora de primaria, para explotar setenta segundos después del despegue por un fallo en una junta de uno de los cohetes auxiliares.

A lo largo de cuatro episodios la serie nos lleva atrás en el tiempo, ofreciéndonos una introducción a la vida y aspectos principales, personales y profesionales, de cada uno de los tripulantes del Challenger de aquel vuelo.

Especialmente llamativa era la figura de Christa McAuliffe, una profesora de primaria, que iba a dar dos clases a todo el país, y por extensión a todo el planeta, desde el transbordador espacial.

Christa McAuliffe, profesora de primaria estadounidense, fallecida durante el despegue del Challenger.

De Christa McAuliffe hablé ya en esta entrada, y fue una mujer increíble, con una sencillez fantástica, y un amor por su profesión que se transmitía a todos sus alumnos. Una mujer especial, con una misión especial: explicar a las nuevas generaciones por qué es importante la ciencia, la investigación, y la exploración del espacio.

“Challenger: el vuelo final” nos muestra momentos que, inmediatamente, me recordaron a la serie de ficción “Away”. Las actitudes de los familiares y amigos con sus seres queridos que van al espacio, el miedo a perderlos, y los propios miedos y preocupaciones de los tripulantes, que saben que deben mostrar su mejor cara hacia el público, pero que saben también que volar en un transbordador espacial no es, como decía entonces la NASA, “volar con la misma seguridad con la que se vuela en un vuelo comercial”.

No. La NASA pecó de arrogante, apretó demasiado el programa espacial, y quería demostrar al mundo que podía realizar dieciséis vuelos al año con el transbordador, cuando el año anterior solo había podido llevar a cabo nueve, y eso a costa de un enorme coste y sacrificio.

Las razones de la explosión se intentaron ocultar al principio, qué sorpresa, pero un equipo de investigadores muy audaz, con la ayuda de algunos ingenieros, que sabían que eso podía pasar, llevaron la verdad a la luz. Incluido un miembro del equipo, el famoso premio Nobel Richard Feynman, que demostró allí mismo que la causa de la explosión fue la que denunciaban los ingenieros desde hacía tiempo: una junta que daba problemas siempre en los cohetes auxiliares de combustible sólido.

En memoria de los tripulantes del Challenger. Descansen en paz.

Tras el accidente hubo una gran transformación en la NASA, y se buscaron responsables, que fueron expulsados. Pero, como bien se aclara, en realidad las responsabilidades eran mucho más variadas y complejas, porque muchos especialistas trabajaban con unos programas y fechas muy apretados, imposibles de llevar a cabo si no se hacían concesiones a la seguridad.

Y así fue que aquel lunes, donde se dejó claro por parte de ingenieros muy conocedores del tema que no se debía despegar, se despegó, con la consecuencia de la pérdida de la nave y de la tripulación.

El Challenger en su vuelo final antes de la explosión

Una última reflexión: para todos aquellos que van ahora jaleando a las masas sobre el viaje a Marte, ¿me oye usted, señor Musk?, llenando estadios con micrófonos, sonrientes y encantadores, diciendo que el mundo necesita aventuras y sacrificios para ir a Marte, a todos ellos les digo: por favor, vean ustedes esta serie. Vean ustedes las caras y las lágrimas de los familiares que perdieron a sus seres queridos. Vean cómo tiemblan incluso hoy recordando aquellos hechos. Y vean cómo, con arrogancia y altanería, jamás se conquistará el espacio.

El espacio se conquistará. Pero se hará a su tiempo. Fase a fase. Con todos los medios y precauciones posibles, y más. Incluso así puede haber desastres. Pero no serán consecuencia de orgullos patrios y ansias por llegar más lejos más rápido, y sin tomar todas las precauciones.

Por favor: cuando escuche las próximas “hazañas” de la humanidad por parte de esas personas, no olvidemos a los tripulantes del Challenger, y del Columbia, que también murieron por una negligencia.

El espacio es el futuro. Y es nuestro nuevo hogar. Y será un hogar maravilloso, infinito, y lleno de posibilidades. Pero con precaución. Y con total seguridad.

Hay un dicho en aviación: “Es mejor estar abajo deseando estar arriba, que estar arriba deseando estar abajo“. Ese dicho es sencillo, claro, y directo. Volemos al infinito, pero hagámoslo con la certeza de cuidar a nuestros seres queridos.

“Challenger: El Vuelo Final” es una gran obra, sobre todo los capítulos 3 y 4, que todo el mundo amante de la ciencia y el espacio debería ver. Y también todo amante de la verdad, y todos aquellos que cada día despiden a sus seres queridos esperando que vuelvan sanos y salvos.

Para todos ellos, “Challenger: El Vuelo Final” es, sobre todo, una lección de vida. No se la pierdan.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

6 comentarios en “Challenger: el vuelo final, una lección de vida”

  1. Me recuerda demasiado a la película de 2019 de Brad Pitt y te juro que nunca me acuerdo del título pero parece que todas llevan un lema por el que las lecciones de vida se están llevando a la televisión de forma masiva. No me desagrada puesto que vivimos en una sociedad que está despertando y no le deja levantarse, pero que curioso que cuando salió en 2019 todas aquellos films en los que había por decirlo así un ‘ikagi’ todos estuviéramos disconformes. Ahora, con la nueva normalidad, más que nunca hacen falta este tipo de películas. Un saludo y espero puedas pasarte por mi blog.

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    1. Hola, gracias por comentar. La película es “Ad Astra”, la comenté por aquí hace un tiempo, me gustó bastante, al menos intenta ir más allá de los convencionalismos. Sin duda lecciones de vida es lo que estamos recibiendo en estos tiempos, pero es que esa idea absurda de ir a Marte como si fuese un viaje de fin de curso del colegio es algo que me asusta. Si tuviesen la más mínima idea de lo que supone, y las vidas que se pueden perder, no bromearían tanto. Por supuesto me pasaré por tu página, siempre procuro explorar los trabajos de los lectores. Saludos.

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      1. A mi me gustó porque es reflexiva, y te hace quedarte con lo bueno de las situaciones aunque es un poco triste algunos planos. Viajar a Marte creo que no debería extrañarte cuando hay tanto afán en encontrar vida en otro planeta o al menos un planeta habitable.

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      2. No es que me extrañe, yo apoyo el viaje a Marte como todo trabajo de investigación. Lo que me extraña es que un hombre como Elon Musk se atreva a decir que va a mandar cien personas, y que deben entender que algunos van a morir. Ese es el espíritu que hay que evitar. Ni una sola muerte. Si se asume una sola, se podrán asumir luego diez, y luego mil. Y podremos justificar esas muertes diciendo que es por el bien de la humanidad. Esa es la filosofía contra la que lucho. Y por la que escribo contra Elon Musk. Saludos.

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