ARNm en Covid-19: los planos de la Estrella de la Muerte

Vamos ahora en este pequeño blog perdido de la galaxia bloguera a explicar un hecho muy relevante del año 2020: la aplicación de las primeras vacunas, la de las empresas Modernas y Pfizer, a la población, empezando por el Reino Unido. Pero estas vacunas son revolucionarias por su metodología y forma de actuar sobre el organismo.

Y no, no se preocupe; no modificará su ADN, ni le convertirá en un reptiliano ansioso por seguir ciegamente a Bill Gates para invadir la Tierra. El tema es mucho más interesante que esas ridículas paranoias, propias de una novela barata de ciencia ficción. Ni siquiera yo sería capaz de escribir un guión tan pésimo.

El SARS-CoV-2 se ha convertido sin duda en el verdadero y casi único protagonista de 2020, y en el primer semestre de 2021 lo seguirá siendo, por mucha vacuna que llegue pronto a la población. Pero, sin duda, cuanto antes se apliquen las vacunas, antes comenzaremos a ver una salida a la situación en la que nos encontramos en este diciembre de 2020. Y las vacunas de tipo ARNm, donde “m” es “mensajero”, son un paso revolucionario. ¿Cómo actúan? Vamos a verlo.

Los planos de la Estrella de la Muerte.

Luke Skywalker pudo destruir la Estrella de la Muerte porque los planos de la estación tenían un punto débil. De eso trata, precisamente, el famoso ARNm de las vacunas de Moderna y Pfizer: son los planos para destruir el SARS-CoV-2. ¿Cómo actúan?

Los planos (el ARNm) se encierran en una burbuja de lípidos. Concretamente, diez planos por burbuja. Esas burbujas se cuentan por millones, y por millones esos planos en forma de ARNm. Cuando se inyecta la vacuna al paciente, esas burbujas se disuelven, soltando los planos para destruir el virus.

¿Qué ocurre entonces? Los planos entran en las células humanas. Las células tienen unas máquinas llamadas ribosomas. Esas máquinas son fábricas de proteínas. Admiten cualquier ARNm, lo analizan, y dicen:

“Vaya, un plano de una proteína. Voy a construir lo que sea que se construya con este plano”. Es algo muy parecido a tener los planos de un coche, y construir una copia completa del mismo.

El ribosoma se pone a trabajar. Toma el plano, y construye una molécula, una proteína, que es el resultado de lo que se indica en el plano. Esa proteína, ¿qué es? Pues mire usted: esa proteína es la puntita esa tan llamativa que tiene los coronavirus. Todos hemos visto esas crestas salientes del virus. A esas crestas se les llama “spike”, o “proteína spike”, que significa “pincho”, “espiga”, “punta”, “púa”, tome usted el que quiera.

Esa proteína en el virus SARS-CoV-2 es la que le sirve para introducir su ARN en las células, creando réplicas del virus. También es el elemento principal que usa el organismo, y concretamente los linfocitos, para detectar el virus y atacarlo.

Bien, llegado a este punto, tenemos millones de planos de esa “punta”, ese “spike” siendo replicados en millones de células por millones de ribosomas. Esos “spikes”, salen de la célula. ¿Qué hacen una vez han salido? Nada. Son simples trozos sueltos de una parte del virus SARS-CoV-2. No hacen nada. Flotan y flotan para aquí y para allá.

Pero esos “spike” ponen en alerta al sistema inmunitario. “Atchung! Alarm!” Hay intrusos. El sistema inmunitario comienza a construir millones de unos elementos que destruyen esos “spikes”. Son los famosos anticuerpos. Estos anticuerpos”se pegan” al “spike”, dejándola inoperativa. Pero recordemos algo fundamental: esos “spike” no son el virus, son solo las puntas de los virus.

De acuerdo. Tenemos antígenos en el cuerpo como para parar un tren (es decir, la proteína “spike” del virus, y solo el “spike”). Días después somos infectados por el SARS-CoV-2. Este entra en el cuerpo, y dice: “¡Vamos a invadir!”.

Y es entonces cuando el virus se lleva una desagradable sorpresa: millones de anticuerpos, que fueron generados por la vacuna, se acoplan también a sus “spike”, a sus puntas. “¿Qué demonios?” grita el virus desesperado. Mientras tanto, los anticuerpos dejan inutilizado al virus al tapar sus puntas, sus “spike”, y un linfocito que pasaba por ahí le dice: “vaya sorpresa, ¿eh amigo? Pues ahora me vas a servir de cena”.

Conclusión.

La conclusión es que la vacuna no tiene un virus atenuado. Solo tiene planos. Esos planos no entran en el núcleo de las células. No pueden. Sí son usados por los ribosomas parar crear los “spikes” y estimular al sistema inmunitario. No ha habido daños. No ha habido bajas. Solo ribosomas trabajando duro, creando los “spike”, y activando el sistema inmunitario para crear los antígenos.

Y esta es la historia. Realmente revolucionaria. Piénselo: si cambiamos los planos, podemos atacar a otros virus. Por muchas estrellas de la Muerte que se construyan, siempre podremos crear los planos de esa Estrella de la Muerte para destruirla. Y sin dañar al organismo. Solo usando sus propias defensas, a través de los ribosomas de las células.

Así que, cuando llegue la vacuna, póngasela. Es segura. Además ha sido testada y verificada. Antes se tardaba años, es verdad. Pero la ciencia avanza. También antes tardábamos 80 días en dar la vuelta a la Tierra.

Estas vacunas prometen ser un futuro gigantesco, no solo para virus, también para otras enfermedades. ¿Qué tal crear planos para destruir células cancerígenas, por ejemplo?

Sin duda una revolución de la ciencia. Vamos a aprovecharlo. Nuestras vidas pueden depender de ello.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

Un comentario en “ARNm en Covid-19: los planos de la Estrella de la Muerte”

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