Soy un tipo con suerte

Se puede decir que soy un tipo con suerte. He estado cerca de morir tres veces, y en las tres me libré por poco. La última, la más reciente, es una que he superado, tras varios meses de preocupaciones y sufrimientos. Y es que esa mañana en que de pronto comencé a sudar a mares, a perder el control de las piernas, que no me sujetaban, y ese dolor en el pecho irradiado hacia el brazo izquierdo, no pronosticaban nada bueno.

Rápidamente fui a urgencias, donde sufrí un segundo infarto mientras era tratado con mucha profesionalidad por un equipo completo del personal sanitario, y luego la ambulancia, a toda velocidad hacia el hospital, donde un equipo de cirujanos, comandado por una increíble doctora, me arreglaron el corazón con una profesionalidad y maestría impresionantes. Podría hacer la broma de que, por primera vez en mi vida, una mujer me curaba el corazón, en lugar de destrozarlo.

Tras pasar veinticuatro horas, esa misma doctora me explicó con detalle lo sucedido. Era algo puntual. De hecho se sorprendieron de la calidad de mis venas y arterias, perfectamente limpias y en perfecto estado de revista. Soy muy joven para ser viejo. Pero había habido un problema puntual, solucionado con una tecnología muy poco invasiva, y sorprendentemente rápida y eficaz.

Sentimientos, y ningún túnel o película de la vida.

¿Qué se siente cuando ves que la vida se te va de entre las manos? Es difícil de explicar. Yo no soy creyente, y soy un firme convencido de que no hay vida tras la muerte. Mi preocupación en ese momento era mi familia, que es, al fin y al cabo, la que iba a sufrir más si yo dejaba este mundo. No tanto por el plano económico, para eso están los seguros de vida perfectamente preparados y firmados. Sí porque mi vida es, en muchos aspectos, cuidar de la vida de mi familia. Y no me puedo permitir el morirme en ese momento. Ni en ninguno.

Pero las cosas, en estos casos, no se dan como uno quiere, sino como se dan. Con mi experiencia de haber casi muerto dos veces más antes, parece que, esta tercera vez, ya le tenía tomado el truco a la muerte. La Muerte, una dama persuasiva y paciente, que siempre nos acaba ganando la partida. Pero que conmigo, de momento, ha tenido tres fracasos. Quizás pronto esperará agazapada en una esquina para volver a intentarlo. Quizás.

Afrontar la muerte: con naturalidad.

¿Cómo afrontar la muerte? Es difícil de decir. Es algo tremendamente personal. Lo que sí es cierto es que vivimos en una sociedad que da la espalda a la muerte. No ha sido así siempre. Muchas civilizaciones tenían a la muerte como una parte más de la vida. Este mundo acomodaticio e infantil que vivimos enseña a los jóvenes a no entender la muerte, a rechazarla, a ocultarla, incluso a ignorarla. Y, cuando por fin se presenta, sea a los noventa años, sea a los nueve, perdemos el control, y ese mundo de fantasía y unicornios que nos ha dibujado la sociedad se convierte en una pesadilla. Todo por querer ocultar una realidad: la muerte siempre está presente. Y debemos aprender a convivir con ella.

Los creyentes no lo tienen más fácil; a pesar de todas las promesas de vivir en el cielo, reencontrándose con sus seres queridos, y viviendo eternamente en una felicidad continua. Parece que, incluso así, se aferran desesperados a la vida. La razón es muy sencilla: por muy bien que nos pinten el más allá, no queremos perdernos en el hoy y ahora. Y, yo personalmente, les preguntaría: ¿de verdad crees que vas a vivir eternamente? Lo respeto, por supuesto. Pero no me pidan que lo comparta. Yo, como todo ser vivo de la Tierra, nazco, vivo, muero, y dejo este mundo para siempre. Sin almas, sin coros de ángeles. Solo el silencio de la muerte, que nos abraza para siempre.

La palabra es silencio. Exacto. Esa es la palabra que mejor define a la muerte.
Ver cómo la vida se escapa de entre los dedos es angustioso, y es duro. Y es terrible. Pero no es un monstruo terrible de siete cabezas. Es un paso más en la vida. Concretamente, el último paso.

Sociedades que muestren todos los lados de la vida.

Debemos construir sociedades que enseñen tanto a valorar la vida, como a entender la muerte, desde un punto de vista natural, humano, biológico, psicológico, y espiritual. O hacemos eso, o viviremos de espaldas a la muerte. Y, cuando la encontremos de frente, no sabremos qué hacer, ni mucho menos, cómo hacerle frente.

Nadie desea a la muerte. Pero ella nos espera a todos. Por lo que no debemos tenerle miedo. Sí respeto. Pero nunca miedo. Porque, al final, viviremos toda la vida atrapados en ese miedo. Y ella habrá vencido, incluso antes de haber llegado ante nosotros.

Vivamos la vida. Pero entendamos la muerte como parte de esa vida. No es fácil. Pero es necesario. Muy, muy necesario.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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