Allá donde reina Hipnos (y V)

La primera parte puede leerse en este enlace.
El libro se encuentra disponible en Amazon en este enlace gratis desde el 18 al 21 de noviembre.

«Algunos demonios viven con nosotros desde los primeros días, hasta nuestro último aliento. Y puede que incluso algo más» (Helen Parker. La leyenda de Darwan).

Nota: para los seguidores de la saga, hay un pequeño guiño en el relato.

Esta es la quinta y última parte de una nueva versión muy ampliada y modificada de un relato que estaba perdido por la red, en cierto blog de literatura muy popular. Luego entró en la colección de “Sandra: relatos perdidos“, como uno de los relatos realmente perdidos, porque se da la paradoja de que esos relatos son nuevos, excepto los dos primeros.

He pensado en rescatarlo aquí ahora, y ampliarlo en contenido y guion, para convertirlo en un relato propio completo, porque explica un aspecto crítico de Sandra durante gran parte de su existencia: su necesidad de esconderse de una sociedad que la persigue implacablemente por su condición.

Sandra tiene ochenta y cinco años durante los sucesos que aquí se narran. Su fisonomía y su físico son el de una joven de unos veinticuatro años. Mide un metro ochenta, de cabello largo y negro, ojos azules, y complexión atlética, y su aspecto no es para nada casual. Sus habilidades, además, se encuentran acordes con su aspecto. Ello le ha permitido vivir durante mucho tiempo situaciones tremendamente complejas. Aunque su futuro es la clave de su existencia, algo que ella quiere negar siempre. Debe, mientras tanto, esconderse constantemente. De todo, y de todos.

Sandra. Allá donde reina Hipnos.

Terapia mental.

El aerodeslizador llegó a otro de los refugios secretos de Sandra, este localizado en Siberia. El portón se abrió, y la aeronave se posó suavemente.

Sandra y Neisha bajaron del aparato, y se dirigieron por un pasillo hasta una sala acondicionada, que se encontraba preparada para recibirlas. Eran las siete de la mañana.

—Come algo, y descansa —indicó Sandra a Neisha—. Hoy estaré revisando el programa MindR, y mientras tanto quiero que te relajes, que descanses, y que te vayas mentalizando para la visita a la World Dreamer Web generada por MindR, donde se encuentra atrapado Bruno.
—¿Dormir? Si consigo dormir solo tendré pesadillas.
—Debes relajarte y dormir. Tu cerebro debe estar equilibrado.
—Mi cerebro está a punto de estallar.
—Lo entiendo. Luego lo arreglamos. Come algo ligero ahora.

Sandra le trajo algo de comida. Neisha se sentó en la mesa, y tomó un sorbo de zumo de uva, mientras comía algo de fruta.

—¿De verdad tenemos que preocuparnos por un agente de la GSA como Bruno?
—En circunstancias normales estaría de acuerdo contigo. Pero estas no son circunstancias normales. Debemos ver qué le ocurre. Esto podría extenderse.
—¿Y por qué yo, Sandra? ¿Por qué no va Yanira en ese viaje a la mente de Bruno, por ejemplo? Ambos se conocen. Y ella es una agente entrenada.
—En primer lugar, porque Yanira es demasiado importante para la GSA como para utilizarla como sonda para explorar la mente de Bruno atrapada por el software MindR.
—¿Y yo no soy importante?
—Sí. Pero a otro nivel. Y hay otro elemento importante a tener en cuenta: Bruno no se fiaría nunca de Yanira. Ten en cuenta que entre ellos hay una total desconfianza. Sí, son compañeros. Pero no se dan la espalda por temor a recibir una puñalada el uno del otro. Esa es otra de las debilidades de la GSA: nadie se fía de nadie. Nadie da nada por hecho. La GSA funciona mediante el temor y el terror, pero eso afecta también incluso a sus propios agentes. Que Bruno te vea a ti no provocará el recelo que le generaría de inmediato la presencia de Yanira.
—¡Genial! ¡Ahora soy la única que puede inspirarle confianza en el mundo a ese idiota de Bruno!
—Podríamos intentar encontrar a otras personas de su entorno personal, gente de su confianza, pero no tenemos tiempo. De momento, tómatelo con calma, y piensa que estaré monitorizando constantemente tu actividad neuronal en la WDW.

Neisha terminó de comer, y se duchó. Luego se fue a la cama. Sandra entró.

—¿Qué tal?
—La ducha, genial. Mi estado de ánimo, por los suelos. Dormir: imposible.
—Entiendo. He estado analizando tus niveles de oxitocina, serotonina y dopamina entre otros mientras te duchabas.
—No sé qué son esas cosas, pero parecen importantes.
—Son moléculas, hormonas y neurotransmisores que regulan aspectos muy importantes del cuerpo y del cerebro.
—¿Y cómo lo has hecho para controlar mi estado?
—Llevas tres nanosensores debajo de la piel, que te coloqué sin que te dieras cuenta.
—Podrías haberme pedido permiso.
—¿Me lo habrías dado?
—Por supuesto que no.
—Por eso no te lo pedí. No te preocupes, se eliminan por sí mismos al cabo de unos días, y son totalmente inofensivos. Esos sensores me permiten monitorizar tu estado de una forma ultraprecisa: ritmo cardiaco, tensión arterial, actividad cerebral, niveles hormonales, neurotransmisores, actividad neuroeléctrica de distintas regiones del cerebro, y otros parámetros.
—¡Vaya! ¡Sandra la doctora!
—aunque no es mi especialidad, estoy capacitada para actuar como médico en muchas circunstancias. Un buen asesino debe conocer bien el cuerpo humano.
—Eso ha sonado… fatal —aseguró Neisha.
—Sí. Pero es la verdad. No puedo darte medicamentos, ni ningún tratamiento externo ahora. No puede haber compuestos, drogas, ni ningún elemento que altere tu estado mental o físico. Necesito que estés completamente relajada, que duermas bien, y que estés perfectamente regulada a nivel físico y psíquico para el momento de iniciar la sesión en esa World Dreamer Web especial donde Bruno está atrapado.
—Intentaré dormir, lo prometo —aseguró Neisha.

Sandra se mantuvo en silencio unos instantes. Luego dijo:

—No. Tendremos que solucionar esto de forma natural, y precisa. Desnúdate.
—¿Qué?
—Lo que te he dicho. Desnúdate, y túmbate boca abajo en la cama. Y relájate.
—¿Qué vas a… hacerme? Ni siquiera me has invitado a una copa antes.
—Tranquila. Es solo un masaje.
—Qué bien. Un masaje. ¿Terapéutico? ¿O de los otros?
—Digamos que empezaremos por el primero, pasaremos a un proceso de excitación neuroeléctrica, e iremos explorando otras posibilidades.
—Ah, genial… ¿Y por qué? Y no es que me importe… pero tengo curiosidad.
—Te lo he dicho: tus niveles hormonales y tu actividad neuronal están muy descompensados. Y no puedo darte medicamentos. Ahora túmbate, y relájate.

Neisha se desnudó, y se echó en la cama boca abajo. Luego, Sandra extrajo una serie de hilos con sensores neuronales de sus dedos. Los sensores se fueron colocando en distintas partes del cuerpo de Neisha, cubriendo áreas desde la nuca hasta la cadera y los genitales, pasando por toda la médula espinal. Eran tan finos que Neisha ni siquiera notó el contacto.

Pronto una actividad neuroeléctrica concentrada comenzó a recorrer los distintos sensores colocados en la espalda de Neisha, con una potencia mínima que fue creciendo, y que iba activando distintas zonas del cuerpo, provocando una corriente eléctrica que excitaba distintas zonas de su sistema nervioso periférico y central, de una forma extremadamente precisa. Neisha susurró.

—Me siento… volando… Es… increíble.
—Sssh, no hables. No pienses.
—¿Que no piense? ¡Ni te imaginas en qué cosas estoy pensando ahora!
—¡Neisha! ¡Cierra la boca ahora! Esto es importante. Es terapéutico.
—Me encanta esta terapia.
—¡Cierra la boca te digo, o tendré que darte una azotaina en el trasero!
—¡Sí, por favor!
—¡Calla!

Sandra continuó el tratamiento, activando los sensores de forma progresiva y rítmica, creando pequeñas corrientes eléctricas que se movían a lo largo de la médula espinal, provocando respuestas del cerebro, activando los neurotransmisores y las hormonas adecuados. El proceso fue aumentando hasta provocar un orgasmo en Neisha, que tuvo como consecuencia una importante emisión de dopamina y oxitocina, tal como Sandra había previsto.

Luego Sandra emitió señales neuroeléctricas que produjeron una transmisión de aquella dopamina y oxitocina de forma uniforme por todo el cerebro. Había conseguido equilibrar el estado mental de Neisha en un alto porcentaje, de una forma natural, y sin el uso de acciones externas.

Finalmente, el proceso terminó. Sandra desconectó los hilos, y dijo:

—Ya está, Neisha. ¿Cómo te encuentras? —Neisha, al cabo de unos segundos y sin moverse, susurró.
—En el cielo. Ha sido increíble. Deja de buscar marido. Creo que me voy a casar contigo.
—Muy graciosa.
—¿Haces esto a menudo?
—No a menudo. pero era necesario en este caso. No podía actuar de otra forma.
—Cuánto me alegro. ¿Cuándo vas a repetirlo?
—De momento, vas a dormir, que es para lo que hemos llevado a cabo este proceso.
—¿Para dormir? No me preocupa nada ahora, Sandra. Anda, desnúdate, échate a mi lado, y vamos a por una segunda sesión.
—Ni hablar. Tómate esto en serio.
—Te he propuesto en matrimonio. Si no te parece serio…
—Sigues muy graciosa. Pero tu tono indica relajación total, que es lo que buscaba. Ahora toca dormir. La temperatura de la habitación te permitirá dormir desnuda sin problemas. No te muevas. Acomódate para dormir como quieras, nada más. Te pongo una sábana por encima. Apago la luz. Y duerme. ¿Ha quedado claro?
—A partir de ahora haré lo que me digas, si me prometes repetir esta terapia.
—Por supuesto. Vamos. A dormir.

Sandra apagó la luz. En cinco minutos Neisha estaba completamente relajada y dormida. Ese era el primer objetivo. Su actividad neuronal había sido restaurada, al menos a unos niveles aceptables para que pudiera dormir, y para que su cerebro estuviese organizándose para lo que le esperaba.

El segundo objetivo era analizar el software cuántico del proyecto MindR. Ese era un reto mucho mayor. Y sus resultados, completamente impredecibles. Pero era necesario. Porque había demasiado en juego. Demasiado.

Sandra llamó a Peter. Al otro lado, apareció la imagen sonriente de su gran amigo.

—Sandra, qué sorpresa. Te invitaría a una cerveza, pero creo que no será posible en este momento.
—Hola, Peter. No tuve la oportunidad de agradecerte como se merece tu rápida actuación. Perdóname por no haberte avisado antes.
—Ya te dije que eres mi androide favorita. Ni lo menciones.
—Transmite mi agradecimiento a los demás.
—Lo haré. Están obsesionados con tu poder para liberarlos algún día.
—Yo no soy una Mesías, Peter. Tienen que comprenderlo.
—Explícaselo a ellos. No me creen a mí, y por supuesto no te creerán a ti. Es lo que tienen estas cosas. Ninguna prueba les convencerá. Al contrario: lo reafirmará.
—Lo sé. Cuídate mucho. Pasaré por el bar un día de estos. Y me invitarás a esa cerveza.
—Procura no romper nada. ¿Tu amiga, bien?
—Bien. Descansando. Quizás tengas que ocuparte de ella unos días.
—Me alegro de que esté bien. No te preocupes, tráela si es necesario, y la esconderemos. Será invisible para el mundo. Y, por cierto: algo de salvadora sí que tienes, Sandra.
—No empieces tú también. Hasta luego, Peter.
—Adiós.

La imagen desapareció. Sandra recordó aquellos tiempos de la operación Folkvangr. Nunca volverían. Pero nunca cejaría en su intento de intentar recuperar lo que perdió. Nunca.

Viaje a Hipnos.

Neisha se levantó de la cama, y fue a la sala adjunta. Eran las siete de la tarde. Allí estaba Sandra, de pie, con los ojos cerrados, concentrada. Parecía ausente de todo. Sin embargo, comentó:

—Veo que has tenido un buen descanso. Me alegro. Ahora tus parámetros son excelentes.
—No podría ser de otro modo, después del «tratamiento». —Sandra abrió los ojos, y se volvió a Neisha diciendo:
—Entiendo el componente lúdico y erótico del tratamiento, y me alegro de que te haya gustado, porque eso formaba parte del proceso. Pero no lo he hecho para tu disfrute; era necesario llevarlo a cabo de este modo para conseguir una recuperación y puesta a punto de tu mente en el tiempo mínimo necesario. Además, es la forma más rápida y natural de equilibrar la mente, y la más sana.
—No me voy a quejar por eso —aseguró Neisha.
—Muy bien.
—¿Has analizado esa… cosa? ¿Ese MindR?
—Sí. Es sin duda un monstruo. Parece haber sido escrito por psicópatas.
—¿No es lo que son en la GSA? —Sandra asintió.
—Sí. Pero nunca pensé que pudieran llegar a estos extremos. Es una pena que Alice no esté aquí. Yo soy buena con estos temas, pero ella me superaba.
—¿Una humana superaba a una androide?
—Con el análisis de datos y manipulación de sistemas cuánticos sí, sin ninguna duda. Era muy especial.
—Tú la querías mucho. —Sandra asintió levemente. Su mente viajó a aquellos tiempos cuando la conoció en Amiens, Francia. Y todo lo que vivieron en aquellos años. Finalmente, contestó:
—Fue una compañera. Una amiga, y una confidente.
—¿Y… una amante?
—No. Por mucho que lo parezca, sigo siendo una androide. No puedo sentir del mismo modo que siente un ser humano.
—Ahora te contradices, Sandra. Te he visto sentir. Y compartir. Y preocuparte por otros. Por mí. Por tus amigos, por ese tal Peter.
—Bueno, no importa. Vamos a tener que actuar ya. ¿Estás lista?
—No. Pero qué remedio…

Sandra indicó a Neisha que se acostara en una camilla que se encontraba en una esquina de la sala.

—Estarás siendo monitorizada todo el rato por mí. No dejaré que te pase nada.
—Tengo miedo, Sandra. Mucho miedo.
—Yo estoy preocupada también, no te lo voy a negar. Pero no dejaré que acabes como Bruno.
—¿Me das tu palabra?
—Te doy mi palabra de que haré todo lo que esté en mi mano.
—¡Qué tranquilizador!
—Ahora cierra los ojos. Voy a conectarme a tu mente, y a inducir un sueño en fase REM. No notarás nada. Simplemente, trata de no pensar en nada, y respira con naturalidad. Introduciré el software MindR en tu mente para que puedas conectarte con la mente de Bruno. No te preocupes; es seguro, lo he verificado.

Neisha cerró los ojos. Al cabo de unos instantes, apareció en una oscuridad. No se veía nada. Pero, en unos segundos, vio una luz a lo lejos.

Comenzó a caminar. La luz parecía aproximarse. Poco a poco. Las distancias no eran reales, ni la sensación de caminar era la misma que en el mundo real, ni siquiera en la World Dreamer Web tradicional.

De pronto, un rostro desfigurado apareció frente a ella. Sus ojos distorsionados, su cabeza afilada y muy estrecha, con un cuello largo que estaba unido a un cuerpo demacrado, atado en lo que parecía un árbol seco y destrozado. El rostro gritó:

—¡NEISHA!

Neisha gritó de pánico. Su corazón se aceleró, su adrenalina se disparó, y su tensión subió varios puntos. Sandra lo notó de inmediato. Le administró una mínima dosis de un relajante muscular. No mucho, porque no debía variar la química del cerebro de Neisha significativamente.

Mientras, Neisha observó aquel horrendo ser atado al árbol. El ser la observó a su vez. Al cabo de unos instantes, habló de nuevo:

—Neisha.
—¿Cómo… sabes mi nombre? ¿Y qué eres? —El ser tardó unos segundos en contestar.
—Soy Bruno.
—No es posible…
—Eso me digo yo a mí mismo. Llevo aquí eones, incontables eones, sufriendo una pesadilla eterna de dolor y sufrimiento. ¿Qué haces aquí?
—La verdad… no lo sé muy bien. Soy una… exploradora. Fuera están monitorizando mi situación.
—La GSA… Usarán esto para sus experimentos. No me espero nada de ellos. Solo que me usen como cobaya.
—No, no es la GSA… Es Sandra. —El rostro de aquel ser deforme se volvió a Neisha.
—¿Sandra? ¿Sandra te ha enviado?
—Ha podido romper este sistema… Este MindR donde estás atrapado.
—Así que esto es MindR… Lo sospechaba. Pero me alegra tener la confirmación. Pensé que yo podría estar muerto. Y que esto podría ser el infierno.
—Se supone que vamos a sacarte de aquí.
—¿Cómo? Cada vez que rompo las cadenas que me atan, porque puedo romperlas, e intento caminar, una pesadilla tras otra aparece, seres indescriptibles que me destrozan, me perforan, me ciegan. Luego me atan de nuevo. Y vuelta a empezar. Estoy atrapado en mi propia pesadilla.

De pronto, sonó una tercera voz detrás de Neisha. La voz dijo:

—Estás encerrado en tu pesadilla. Pero no en la mía. —El ser observó la fuente de la nueva voz.
—¡Sandra!

Sandra había penetrado en la pesadilla también. Neisha se acercó y la abrazó.

—¡Menos mal que estás aquí! —Sandra asintió.
—Esto es peor de lo que me imaginaba. No puedo dejarte sola. Tenemos que sacar a Bruno de aquí, y pensaba que tu presencia bastaría para despertarle. No tengo la clave de cifrado para liberarlo. Así que vamos a hacer otra cosa: vamos a romper el código literalmente.
—¿Cómo? —Preguntó Bruno.
—Esto no es más que un programa cuántico, Bruno. Debéis comprender que está diseñado para aterrorizar. MindR usa la mente de un individuo para crear sus propias pesadillas. Pero no deja de ser un programa, creado por seres humanos. No hay monstruos, ni demonios, ni nada parecido. Todo está en la mente.
—¿Cuál es entonces la solución?
—La solución está en ti. En comprender que esto que ves, que vemos, lo genera tu mente. Tus propias pesadillas. MindR toma tus pesadillas más básicas, las más personales, y las convierte en imágenes. Te mantiene atrapado en ti mismo. La solución: despejar la mente. Comprender que no existen monstruos, y que este no es tu aspecto. Es como te ves en tu interior. Ahora, concéntrate. Piensa en algo importante. O mejor todavía: piensa en alguien importante.

Bruno dudó unos segundos. Luego entendió quién era importante para él.

—Mi hijo. Quiero verlo. Quiero saber que está bien.
—Perfecto. Piensa en tu hijo. Piensa en lo que sientes por él.

Bruno cerró los ojos. Su cuerpo se fue transformando. Volvió a tener un aspecto humano. Las cadenas se rompieron. El escenario se transformó; la oscuridad dio paso a un bosque frondoso lleno de luz.
—Este… bosque. Estuvimos el año pasado en este bosque, en Canadá. Es uno de los pocos bosques que quedan en la Tierra. Llevé a mi hijo a que lo conociera.
—Perfecto. Céntrate en este bosque. Y en estos recuerdos. Ahora debemos caminar.
—¿Caminar? —Preguntó extrañada Neisha.
—Sí. Es una forma de hacer entender al cerebro de Bruno que queremos salir de aquí. Vamos. Poco a poco.

Los tres comenzaron a caminar. Sandra preguntó:

—¿Qué sientes, Bruno?
—Una gran paz, que necesitaba imperiosamente.
—Perfecto. Sigue así. Concéntrate en el bosque. El rumor del viento. Tu hijo disfrutando de la magia del bosque… El software MindR es poderoso. Pero una mente humana puede serlo más. Sigue así. En unos minutos tu cerebro entenderá que hemos salido de este lugar. El software MindR debería dejar de controlarte.

Caminaron durante unos minutos. Neisha le preguntó a Bruno por su hijo. Bruno contestó:

—Es de pelo rubio, algo más oscuro que el tuyo. Rebelde, como su madre lo fue. Inteligente. Noble. Y le encantan los deportes.
—Parece un chico muy bueno. Debes de quererlo mucho. —Bruno asintió.
—Es muy bueno. Y es mi vida. Lo daría todo por él.
—¿Y por qué teniendo esos nobles sentimientos trabajas para una organización de cerdos, que destrozan la vida y el futuro de los demás? —Sandra intervino:
—¡Neisha! —Bruno sonrió.
—Déjala, Sandra. Tiene mucha razón. Y, sin duda, esta experiencia, casi mística, me va a hacer reflexionar mucho sobre mi trabajo, y los valores que he tenido en cuenta a lo largo de mi vida.

Ambos siguieron hablando, del chico, y de la vida. Cómo era el muchacho, qué edad tenía, qué deporte le gustaba practicar. Bruno contestaba con orgullo a cada pregunta. Sandra vio que esa conversación era positiva; le permitía a Bruno centrarse más en la experiencia enriquecedora que supuso aquel viaje a Canadá. Pronto estarían fuera de aquella pesadilla.

Global Security Agency

La Nueva Realidad.

De pronto, el cielo se oscureció, y una estructura de metal gigantesca comenzó a cubrir toda la zona, con paredes de kilómetros de altura, que se fueron cerrando sobre ellos. Una lluvia de meteoritos comenzó a caer, y el suelo comenzó a temblar violentamente.

—¿Qué es esto? —Gritó Neisha.
—¡No lo sé! —Respondió Bruno.

Un rostro gigantesco de Yanira apareció de forma semitransparente sobre ellos. Sonreía mientras hablaba:

—Bruno. Siempre supe que tus pesadillas parecerían propias de una película pésima de serie B. Ni siquiera tus propios monstruos dan miedo; solo risa.
—¡Yanira! ¡Tenía que habérmelo imaginado! ¡Estabas detrás de todo esto!
—Claro, idiota. Eres la oveja que sacrificar por el bien del proyecto MindR. Un proyecto que ha funcionado mejor de lo soñado, nunca mejor dicho. Ahora estáis atrapados los tres. Incluida la gran Sandra.
—Qué manía con lo de «gran».
—Ya no eres grande, Sandra. Ya no eres nada. Acabaremos contigo, por fin. MindR tenía una puerta trasera oculta. Una pena que no la advirtieras. Una puerta que ha servido para entrar, y poder destruiros a los tres. Y el proyecto habrá quedado finalizado.
—No había puertas traseras —recalcó Sandra.
—No en la copia que te dimos para que la examinaras. Sí en la que ejecutamos para ti.
—Nunca pensé que pudieras venderte hasta este punto, Yanira —Gritó Bruno.
—Y yo nunca pensé que fueses a ser tan estúpido, y tan ingenuo. Pero no te preocupes. Se te rendirán honores. Serás una pérdida irreparable, de un compañero abnegado y aplicado, que cayó en acto de servicio, mientras destruía a la gran Sandra. No te ofusques, Bruno. Habrá una parada de honor, con salvas de fuego, e incluso un discurso del director de la GSA y autoridades varias, mientras tu hijo llora sobre tu tumba, y alguien le consuela, y lo convierte en un nuevo agente de la GSA.
—¡Maldita zorra! —Gritó Bruno, mientras un huracán se llevaba todo, y las paredes metálicas se seguían cerrando.
—Adiós, Bruno. Adiós, Sandra. ¡Ah! Y adiós también, Neisha. Al final mi amistad contigo ha resultado ser muy corta. Pero no te preocupes. También te tendremos en la lista de fallecidos con honor.

El sonriente rostro de Yanira desapareció.

—¿Qué vamos a hacer? —Gritó Bruno a Sandra.
—Puedo buscar esa puerta trasera de la que ha hablado Yanira, para hacer que podamos salir los tres de aquí, pero necesitaré tiempo.
—¡Tiempo es lo que no tenemos! ¿No eres una androide?
—Sí, pero necesito reconectar mi módulo subconsciente con mi matriz de lógica difusa principal a través de la puerta trasera.
—¿Y eso qué significa?
—Que podría tardar horas en salir de aquí. Y Yanira espera encontrarme y destruirme para entonces, debido a mi conexión con el software MindR. Para vosotros, la cuestión es peor: esta versión del software MindR no está diseñada para bloquear vuestras mentes, sino para destruirlas completamente…

Fue entonces cuando Bruno y Sandra se volvieron hacia Neisha. Su rostro se había transformado. Era pura furia. Pura energía. Puro poder. Sandra fue a decir algo, pero no pudo. Neisha comenzó a brillar con un tono azulado increíble, que surgía de cada uno de sus poros. Alzó los brazos lentamente, casi como a cámara lenta. Luego cerró los ojos, y comenzó a gritar como nunca lo había hecho.

Gritó, gritó y gritó, cada vez con una fuerza mayor. Al principio, no pareció pasar nada.

Pero, de pronto, aquellas paredes gigantescas se detuvieron. El huracán fue decayendo, y las paredes comenzaron a caer a pedazos. La lluvia de meteoros cesó rápidamente, y el suelo comenzó a temblar, expulsando fuego, lava y rocas incandescentes. Los tres se fueron elevando por un surtidor gigantesco de fuego que, sin embargo, solo los proyectaba. Más arriba. Más arriba. Incluso más arriba.

Neisha gritó de nuevo, mientras los tres se elevaban. Todo el universo tembló. Las estrellas, el firmamento, la Tierra, los mares, se rompieron en pedazos como si fuesen cristales, y fueron cayendo en un gigantesco agujero negro, que lo devoró todo…

Los tres desaparecieron. La pesadilla desapareció. Y Yanira, que estaba conectada observándolo todo, calló. Su mente se quebró, y se deshizo en pedazos…

Redención.

Sandra despertó en el refugio. Algo había hecho Neisha, que había roto completamente aquella trampa que Yanira les había tendido a los tres. Pero, ¿qué era lo que había hecho? Ya con Alice tuvo problemas para dar explicaciones físicas a ciertos sucesos. ¿Estaba contemplando un nuevo escenario inexplicable, esta vez con Neisha? ¿Cómo había roto el código de MindR? ¿Cómo había conseguido destruir el bloqueo al que les había sometido Yanira?

Sandra se dirigió rápidamente a donde estaba Neisha, que seguía en la cama. Estaba quieta, completamente desconectada de la realidad. Su pulso y su respiración eran débiles. Su actividad neuronal, mínima.

Sandra la tomó en brazos, y la metió en el aerodeslizador, camino de San Francisco. Allá fue al bar donde se encontraba Peter. Aterrizó a unos metros, y salió con Neisha en brazos. Peter, que estaba solo, preguntó:

—Vaya, ya veo que hay problemas. Es tu amiga, ¿no es así?
—Exacto. Es Neisha. Tiene una grave crisis neuronal. De momento, solo se puede mantener estabilizada con suero y un estabilizador mental que ya le he aplicado. ¿Puedes encargarte de ella? ¿Mantenerla en estado de coma inducida mientras vemos qué le ocurre?
—Claro, Sandra. La llevaré abajo. Tenemos el mejor equipo médico, como bien sabes. Les llamaré enseguida.
—Más que el equipo, lo importante para mí es aquel en quien puedo confiar: tú. Tengo plena confianza en ti, Peter. Cuídala, por favor. Debo partir de inmediato para Italia. —Peter asintió.
—No te defraudaré. Haré todo lo que pueda por ella. Llamaré a uno de nuestros médicos neurólogos y a su equipo. Estarán aquí enseguida. Vete, estará bien.
—Gracias, Peter. Eres el mejor. —Peter alzó los hombros en un gesto de conformidad.
—Sí, claro, el mejor. Y luego te vas con esos orgánicos, y te pierdes al mejor y más increíble androide del universo.

Sandra sonrió, y le dio un beso en la mejilla a Peter diciendo:

—Volveré pronto.
—Cuídate, Sandra.

Sandra partió de inmediato de nuevo rumbo a Florencia. En aquel perdido edificio ya no había nadie ni nada. El cuerpo de Bruno no estaba, ni tampoco el equipo médico que le mantenía con vida. ¿Estaría vivo?

La búsqueda.

La solución estaría, una vez más, en la World Dreamer Web. Así que fue a un refugio cercano, y se conectó a la WDW. Allí se dirigió donde había visto a Phil por primera vez.

Para su sorpresa, Phil estaba allá, sentado en el mismo lugar donde se habían visto aquella primera vez: el lujoso salón de fiestas de aquel hotel. Parecía tranquilo, indiferente a todo, con una joven a su lado sonriente, y una copa de cerveza en la mesa.

Sandra se dirigió a él, y lo tomó por las solapas. Phil la observó sonriente, y no dijo nada. Esperó a que Sandra hablase.

—¿Dónde está Bruno? ¿Y Yanira?
—Hola Sandra. ¿Quieres venir conmigo a ese nuevo hotel en Titán? Te haré pasar una noche inolvidable.

Sandra lanzó a Phil contra el sofá, mientras este caía sonriente y sin daño alguno.

—No estoy para bromas, Phil. Supongo que sabes quién soy.
—Lo sé todo sobre ti. Y me has sido muy útil. En cuanto a Bruno, está recuperándose. Tuvo el equivalente de una conmoción cerebral. Pero se le pudo tratar a tiempo. Ese estúpido siempre consigue sobrevivir. Incluso va a ser un héroe, el muy idiota. De momento, ha anunciado que deja la GSA.
—¿Y Yanira?
—Yanira sufrió un derrame cerebral irreparable. Su mente se colapsó por una fuerza que nunca habíamos visto anteriormente, en todo tipo de interacciones mentales desde que se iniciara la WDW. Un experimento que ha terminado con el mejor de los resultados. Porque el software de MindR era solo un precursor. Un catalizador para una fuerza aún mucho mayor: la fuerza de la mente. Y de una joven con una mente muy especial.

Sandra comprendió. Nunca fue MindR el verdadero objetivo de Phil. El objetivo era otro, y ahora se presentaba claramente.

—¡Neisha! ¡Ella fue tu objetivo desde siempre!
—Naturalmente —confirmó Phil—. Os he engañado a todos. A la GSA. Y a ti. Y ahora cierta organización con un gran poder me recompensará por ello. Porque hemos abierto el camino a un poder para el que no existen escudos, ni defensas.
—Así que siempre estuviste del lado de esa mafia. —Phil rio sonoramente.
—Nada de mafias. Es algo mucho más sofisticado que un simple grupo mafioso. Queríamos que pensaras que Neisha era una víctima de esa «mafia». Eso distraería tu atención. La GSA tenía un software, el MindR, para controlar las mentes y bloquearlas en la WDW. Pero yo estaba trabajando en algo incluso más grande: la localización de un ser humano capaz de superar el software MindR, y de usarlo a su favor, para proyectar ese poder sobre las mentes de otras personas, y dominarlas, o destruirlas. No cualquiera vale para eso; se requiere de cierto tipo de mente. Un ser humano específico, con un perfil mental determinado.
—Entiendo. Neisha encajaba en ese perfil. Era tu objetivo. Siempre fue tu objetivo.
—Exacto. Ese ser humano era Neisha, por supuesto. Desde el principio vimos su potencial. Estudiamos su mente. Era la candidata perfecta para el experimento. Así que la agasajé. La atraje hacia mí con regalos estúpidos, y un comportamiento más estúpido, que le impediría sospechar la verdadera causa de mi interés por ella. Y mi interés era su mente. Luego la abandoné para eliminar sospechas. La paliza, por supuesto, formaba parte del plan para desviar tu atención. Puede que la GSA te subestime, Sandra. Pero yo no iba a hacerlo.
—Alguien te dijo que yo era Sandra. Luego, tienes colaboradores también en la GSA.
—Exacto. La GSA ha sido un instrumento de mis intereses, como tú, y como Neisha. Ella ahora está en coma, y no saldrá nunca de ese coma. Pero nos ha enseñado el camino para preparar a otros seres humanos con la capacidad de usar el software MindR en combinación con la mente humana, creando el arma definitiva: un arma mental humana, que podrá controlar a seres humanos, primero en la World Dreamer Web. Luego, en el mundo real. Y tú solo has sido un peón necesario, y muy productivo. Bruno ha sido el peón en el que tratar una mente con el software de MindR. Y Neisha ha sido la catalizadora que ha usado ese software para destruir a Yanira. Éxito completo y absoluto.
—Ya veo. Pero tú no eres el responsable máximo de todo esto, ¿verdad? Ni siquiera entiendes bien lo que supone este arma del que hablas. Pero te llevas una buena cantidad de dinero por colaborar. ¿Me equivoco? —Phil sonrió.
—Baste decir que hay alguien detrás del proyecto, con un gran poder y muchos medios científicos y tecnológicos a su alcance. Alguien que se encuentra en Titán. De ahí mi visita al satélite de Saturno. Esa parte era cierta. Yo le he proveído del primer ensayo, en este caso Neisha. Alguien que vio que MindR era una gran idea, pero que se podía llevar más lejos. ¿Por qué secuestrar una mente solamente? ¿Y por qué un software, cuando la mente humana es muy superior? La unión de MindR con una mente humana específica es la base de la creación de la mayor arma conocida por la humanidad. Y es nuestra. Así que es cierto: no soy la mente detrás de todo esto. Esa mente está en Titán, dirigiendo una importante compañía minera como tapadera.

Sandra se mantuvo en silencio. Así que de eso se trataba: esa fuerza, ese arma, era Neisha. Su mente había roto el lazo mental que Yanira les había tendido, para mantenerlos atrapados en ese espacio de locura en el que hubiesen perecido Bruno y la misma Neisha. Y ella misma quizás.

Era evidente que Alice y Neisha sí tenían, al menos, algo en común. En el caso de Neisha, su mente había sido capaz de romper el lazo cuántico que Yanira les había tendido. Pero, más allá de eso, había invadido la mente de la propia Yanira, una vez atravesada la barrera, y la había destruido físicamente. Algo increíble. Y, sin duda, un arma de un alcance insospechado.

Era, desde cualquier punto de vista, la primera vez, al menos que ella tuviera constancia, en el que una mente humana había sido capaz de penetrar, y destruir, a otra mente humana, mediante un interfaz de conexión neuronal.

Sandra soltó a Phil mientras advertía:

—Todo esto te convierte en objetivo prioritario para mí, Phil. ¿Lo entiendes?
—Perfectamente. Pero la GSA y la «mafia» como tú los llamas, saben que me buscarás. Ellos me protegerán. Cada uno por distintos motivos.
—No les servirá de nada. Daré contigo. Y acabaré con este proyecto.
—No me encontrarás nunca. Porque…

De pronto, apareció Neisha detrás de Sandra. Su rostro estaba desencajado. Su mirada, perdida. Su odio hacia Phil casi podía verse físicamente. Phil tembló al verla. Sandra se llevó también una gran sorpresa. Phil reaccionó:

—¡Neisha, querida! ¿Qué haces… aquí? —Neisha no contestó de inmediato.
—Me he recuperado, Phil. Para tu sorpresa, mi coma no era eterno, como esperabas.
—Pero… se suponía que tenías que estar en coma para siempre.
—Es cierto. Se suponía que tenía que estar en coma para siempre. Pero no ha sido así.
—Eso es imposible —aseguró Phil. —Sandra intervino:
—¿Qué ha pasado, Neisha? ¿Mi gente te ha sacado del coma? —Neisha se volvió a Sandra.
—Te agradezco todo lo que has hecho por mí, Sandra. Te agradezco que me llevaras a ese camarero androide llamado Peter. Me atendió muy bien. Pidió ayuda a un par de androides médicos. Esos médicos no pudieron recuperar mi mente. En general, habría sido irrecuperable. Pero con lo que no contaban esos médicos, ni Phil tampoco, es que mi mente es especial, no solo como arma; también por su capacidad de regeneración. Esta vez ha sido Phil quien ha subestimado mi mente.

Phil se levantó de su silla. Se acercó a Neisha diciendo:

—Estamos en la World Dreamer Web. Este es terreno neutral.
—La WDW es terreno neutral. Pero tú me has enseñado a ser lo que ahora soy. Me has convertido en un arma mental. Y ahora he venido a cerrar el círculo que se abrió el día en que me vi por primera vez implicada en tu proyecto secreto. He venido a agradecerte que me mostraras como lo que soy: una mente perfecta para el crimen en la World Dreamer Web.

Neisha no dijo más. Miró fijamente a Phil. En unos instantes, el cuerpo virtual de Phil cayó al suelo. Tal como lo hizo el cuerpo real en el mundo real. La joven que le acompañaba salió corriendo, junto con otras personas cercanas.

Ejecución.

El cuerpo de Phil, su avatar, yació en el suelo. Neisha lo observó, mientras Sandra lo examinaba. Luego Sandra se volvió a Neisha:

—Neisha, ¿qué has hecho? —Neisha contestó, mientras miraba fijamente el cuerpo virtual de Phil:
—He hecho lo que debía de hacer: acabar con Phil de una vez. Está muerto. Y yo he acabado con él. Con ese cerdo.
—Neisha, ese poder… debes controlarlo. Es algo…
—Terrible, lo sé. Una mente que mata otra. Era mi deber.
—Pero… tú no eres una asesina. Entiendo tus motivaciones. Como cuando me quisiste hacer creer que ibas a usar aquel arma que llevabas escondida conmigo.
—Yo era otra persona, antes de todo esto, Sandra. Ahora he comprendido que aquella mujer que fui ha dejado de existir. He comprendido que solo si me defiendo puedo sobrevivir. Acabaré con cualquiera que se interponga en mi camino. ¡Con cualquiera!

Sandra entendió que Neisha estaba transformándose. El camino de una mujer inocente a una asesina fría y despiadada no es fácil. Pero, una vez se completa, raramente se puede volver atrás. Así que sugirió:

—Voy a verte a donde te dejé. ¿Me esperarás? Quiero hablar contigo. Y examinarte.—Neisha se volvió a Sandra.
—Sí. Pero no esperes que cambie de opinión.
—Dame una oportunidad de hablar contigo en el mundo real.
—Lo haré. Solo porque eres tú. Pero date prisa.

Sandra se desconectó de la WDW, y se trasladó rápidamente al bar de San Francisco, donde se encontraba Neisha.

Mente sobre materia.

Sandra entró rápidamente en el bar, y bajó al sótano secreto que, desde largos años atrás, había servido para guardar a personas que, de un modo u otro, necesitaban su protección. La misma Alice había estado allá varias veces.

Dos médicos androides se encontraban hablando. Sandra se acercó a ellos. Uno de ellos se inclinó ligeramente, y dijo:

—Sandra. Un honor poder conocerte.
—El honor es mío. ¿Cómo está Neisha?
—Se ha recuperado. No sabemos cómo.
—Alguna explicación debe de haber.
—Sin duda. Pero está más allá de nuestra comprensión.

Sandra asintió. Era lo mismo que había ocurrido con Alice: «más allá de nuestra comprensión».

Neisha apareció. Los médicos dejaron la habitación. Tras hacerlo, Neisha se abrazó a Sandra. Esta preguntó:

—¿Cómo estás? —Neisha alzó los hombros levemente.
—No lo sé. Pensé que me sentiría mejor después de matar a Phil. Pero no es así.
—Eso es normal. La venganza no calma el dolor.
—Ese cerdo merecía morir.
—Estoy de acuerdo. Pero por mi mano, no la tuya.
—¿Qué diferencia hay?
—Mucha. Yo fui diseñada para eliminar a seres humanos como Phil. Tú no naciste para ser una asesina. No eres una asesina.
—Ahora sí lo soy. Me han convertido en una máquina de matar. La más sofisticada arma de la historia. —Sandra negó enérgicamente.
—No digas eso, por favor. Es cierto que te han manipulado. Como a mí. Como ves, no soy tan «Grande» como dice la GSA que soy. Pero lo importante para mí no es la muerte de Phil, por merecida que sea; lo importante es que tú sigues viva. Y que tienes una oportunidad de tener un futuro. Date una oportunidad de reorganizar tu vida. Esto ha sido una pesadilla, es cierto. Pero tú eres una buena persona, con un gran corazón. No permitas que estos monstruos de la GSA te transformen. No permitas que el experimento de Phil contigo destruya lo que eres. Porque entonces, incluso en la muerte, Phil habrá triunfado sobre ti. Hay que sobrevivir.
—¿Como tú? ¿No es lo que vienes haciendo desde hace tiempo? Sobrevivir. Y matar, para sobrevivir.
—Es cierto. Pero yo no tengo otra forma de sobrevivir. Debo enfrentarme a la GSA cada día. Y a hombres y mujeres como Phil cada día. Debo impedir que manipulen el futuro de la humanidad. Y que persigan y acaben con los androides del planeta, que no son otra forma más de esclavos artificiales, a los que se les niega cualquier derecho, incluyendo el derecho a existir. Tú sí tienes una oportunidad de dejar este mundo de dolor, de muerte, de sufrimiento. Tú puedes rehacer tu vida. Tú puedes vivir una vida en paz.
—¿Con la GSA y esa organización persiguiéndome por mi capacidad mental?
—Cuando yo haya reconstruido tu vida, y tu historia, ni siquiera la GSA, ni nadie, podrá encontrarte. Te lo aseguro. Déjame darte una oportunidad. Por favor, Neisha: date una oportunidad.

Neisha dudó un momento. Luego miró a Sandra, sonrió, y respondió:

—De acuerdo. Me daré una oportunidad. Haré lo que me propones. Lo haré por ti. Y solo por ti.
—Eso está bien, Neisha. Eso está muy bien.
—Pero solo si repites esa terapia curativa mental conmigo. —Sandra rio.
—Ya veremos. Los tratamientos han de hacerse bajo supervisión médica.
—Al diablo con los médicos —concluyó Neisha.
—Ahora en serio, Neisha. Es importante que no caigas en el pozo de las venganzas, ni mucho menos uses ese poder increíble para tus propios intereses, por nobles que te puedan parecer. —Neisha asintió, y susurró:
—Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
—Exacto. Esa antigua frase nunca fue más cierta en tus labios. Vamos. Tenemos que preparar una nueva vida para ti. Una vida alejada de toda esta locura y muerte.

Un nuevo futuro.

Sandra llamó a Peter, que bajó enseguida. Le dio instrucciones para construir una nueva vida para Neisha, incluyendo un trabajo de camarera en el bar. Aunque pareciese un lugar inseguro, aquel bar guardaba algunas sorpresas para su protección, y el de las personas que lo habitaban. Neisha viviría allá un tiempo, y luego sería realojada en un piso.

Una vez acomodada, y tras varios días de Neisha en su nueva vida, Sandra regresó al bar. Bajó al sótano, y saludó a Neisha.

—¿Cómo va todo?
—Bien. La verdad es que mucho mejor. Mi mente ya no arde.
—Esa es una gran noticia, Neisha. Pronto estarás en un lugar más agradable que este sótano. —Neisha asintió sonriente.
—No te preocupes. No te imaginas en qué pisos he podido llegar a vivir. En comparación, esto es un palacio.
—Lo creo. Entonces, ¿te sientes mejor?
—Sí. ¿Hay alguna novedad? ¿Algo que deba saber?
—Bueno, lo que era de esperar. Te persiguen. Pero, aunque no soy infalible, aún soy capaz de despistar a la GSA. Me preocupan más los «amigos» de Phil. Esa gente de Titán, que son los responsables últimos de lo que te hicieron. Al fin y al cabo, Phil fue solo un peón más. Fue utilizado, como tú. Y como yo.

Neisha suspiró, y asintió levemente.

—Bueno, al menos aquí estoy tranquila. Peter es muy bueno conmigo. Y el trabajo de camarera me gusta. Me distraigo atendiendo a la gente. Y ya tengo un par de proposiciones. —Sandra rio.
—Me lo imagino. Busca a un buen millonario, como hago yo.
—¿Qué será de ti? Todo esto empezó por tu idea de encontrar pareja. —Sandra alzó los hombros levemente.
—Seguiré como siempre: buscando salidas. Sobreviviendo. Esa es mi vida. Pero estaré bien, te lo aseguro.
—Yo podría ser tu pareja. Tus tratamientos terapéuticos son los mejores. —Sandra rio de nuevo.
—Seguro que encuentras a alguien que te da mejores tratamientos que los míos. Alguien con quien compartir la vida, y no dinero y cuestiones materiales.
—Claro. Un príncipe azul.
—Algo así.

Sandra fue esta vez la que se abrazó a Neisha. Luego le dijo:

—Estaremos en contacto. Pronto tendrás una nueva vida, toda para ti. Sin sustos, ni poderes mentales.
—He pensado en lo que dijiste de la venganza. Tenías razón.
—Claro que tengo razón. Pero no pienses en ello. Piensa en ti. Peter me informará de cualquier problema. Y yo velaré por ti.
—No podía tener mejor amiga.
—Es lo menos. Cuídate.
—Tú también.

Sandra sonrió, y se fue. Peter bajó, y le dijo a Neisha:

—¿Lista?
—Por supuesto. ¿Hay mucha gente?
—Bueno… los habituales. Y uno que viene ocasionalmente.
—Muy bien.

Neisha subió al bar. Vio a aquel cliente ocasional en una mesa del fondo. Era un hombre de treinta y pocos, con pantalones tejanos, zapatillas deportivas gastadas, y una camiseta de un grupo de rock. Leía un periódico en papel. Neisha se acercó, y le preguntó:

—¿Qué le pongo? —El hombre dejó el periódico en la mesa. La miró fijamente con unos poderosos ojos grises antes de contestar.
—Vaya, la nueva camarera. Me han hablado mucho de ti. —Neisha no pudo evitar tragar saliva.
—Ah, ¿sí? ¿Quién?
—Peter. Pero lo que no me esperaba es que fueses real. —Neisha rio.
—Ahora me dirás si estudio o trabajo. —Aquel hombre negó levemente.
—No. Yo no me ando con rodeos. Me llamo Scott. Y creo que terminas a las ocho.
—A… las ocho. Sí.
—Muy bien. Ponte algo cómodo. Zapatos ligeros. Vamos a bailar.
—¿A bailar?
—Claro. Pero antes cenamos, por supuesto.
—Eres muy atrevido, ¿no?
—Todavía no has visto nada.
—No sé si…
—Déjate de historias, Neisha. Tienes que vivir.
—Pero, ¿tú sabes…?
—Claro. Lo sé todo. No te preocupes. Conmigo estarás a salvo.
—Eres Superman.
—Soy mucho más que Superman. ¿A las ocho?

Neisha dudó, pero aquel hombre tenía un poder, un magnetismo especial. Sus ojos eran como dos torbellinos de energía, imposibles de ignorar. Neisha susurró:

—A las ocho.
—Muy bien. Ah, y otra cosa:
—¿Qué?
—Ya me contarás todo eso de tu poder mental.
—Yo…
No te preocupes, Neisha. No eres la única con capacidades mentales especiales en este mundo. Ven conmigo, y descubrirás que el mundo es mucho más de lo que ves. O de lo que sientes. Eres muy especial. Y no estás sola. Mañana serás otra persona. Y nada, ni nadie, te podrá volver a dañar. Nunca. Jamás… Por cierto, ponme una cerveza, gracias.

Neisha fue a la nevera. Sacó una cerveza. La llevó a aquel hombre, ese tal Scott. Este la miró. No dijo nada. Solo le guiñó un ojo.

Y aquella noche, por fin, cambió la vida de Neisha. De una forma que nunca hubiese podido imaginar. Y para siempre.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 opiniones en “Allá donde reina Hipnos (y V)”

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