Segundo regalo navideño: Ángeles de Helheim

Seguimos con las ofertas y regalos de Navidad. Ni sorteos, ni premios especiales, que disfrute de la lectura los que quieran y se atrevan a leer el libro. El libro en esta ocasión es “Ángeles de Helheim“.

Vasyl Sergei Pavlov es un antiguo piloto de combate que tuvo que dejar de volar por una lesión. Debido a su preparación física y aptitudes de combate el gobierno le ofrece trabajar en una serie de operaciones especiales contra el narcotráfico en Centroamérica y Sudamérica. El sueldo es alto y la oportunidad parece única.

Pavlov recibe una llamada de su mujer donde le informa de que tiene algo importante que decirle. Pero esperará a que vuelva para decírselo. Será la última vez que hablen. Pavlov quedará destrozado, abatido y hundido, y se recluirá seis meses en un lugar perdido. Cuando vuelva, el antiguo Pavlov habrá desaparecido para siempre…

Ese es el argumento de “Ángeles de Helheim”, sin duda la novela más autobiográfica de toda la saga en ciertos aspectos y detalles. Una historia de dolor y venganza, que se irá complicando cuando la corrupción y el caos se adueñen de la vida de Pavlov. El libro se encontrará gratis por unos días en Amazon en su versión Kindle. Si lo leen, espero que les guste. Muchas gracias.

Les dejo ahora con un fragmento del libro: Irina y Vasyl han llegado a un acuerdo mínimo de colaboración en una investigación de la policía federal de Buenos Aires, donde ambos tienen intereses compartidos. Irina, como policía federal, quiere investigar unos asesinatos que se están dando en la ciudad y en otros puntos del país. Vasyl tiene datos sobre esos asesinatos, y quiere información sobre ciertas autoridades del gobierno argentino que puedan servir para su propia investigación. Ambos se ven en la tesitura de obtener un beneficio si intercambian algo de su información para un beneficio mutuo.

Nota: este libro habla sobre actividades de narcotráfico y operaciones encubiertas y contiene escenas y situaciones que pueden herir la sensibilidad de menores o de algunos adultos.

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Irina y Pavlov subieron al coche de ella. Ella ordenó a la computadora de viaje el destino. El coche se activó, y salió automáticamente del aparcamiento, dirigiéndose a su casa. Durante un par de minutos, ninguno de los dos dijo nada. Luego ella pidió a la computadora un té. Cuando se lo hubo servido, habló:
—Bueno, si no te importa que te tutee, quería preguntarte, ¿de qué va esto?
—No me importa que me tutees, de hecho lo prefiero. Y esto va de acabar con los malos —respondió Pavlov lacónicamente.
—¿Malos? ¿Y qué sois vosotros, ángeles de la guarda?
—¿Ángeles? Supongo que se nos podría denominar así. Pero no cantamos alabanzas a Dios en un coro precisamente.
—Qué teatral te ha quedado eso, casi tiemblo de la emoción.
—No importa. Lo importante es que sepan que voy por ellos.
—¿Has dicho “voy”? Te tomas esto de forma muy personal. ¿Por qué? ¿Qué es todo este asunto? ¿Qué razones te empujan a algo así?
—Tengo mis razones.
—Ya. De todas formas, mientes muy mal, Vasyl. Te hicieron daño. Y has montado este circo. ¿No es así? El numerito de la G.S.A., la búsqueda de esos criminales, es todo por un tema personal, es evidente. —Pavlov resopló.
—Yo estaba en una unidad especial de operaciones. Seguíamos a un grupo de narcos extremadamente peligrosos, especialistas en el ZLN-31. Al parecer, nuestro objetivo principal tuvo un soplo, y los narcos desaparecieron. Pero me dejaron un regalo. Lo prepararon esas Escuadras de Helheim. Fueron a mi casa, y secuestraron a mi mujer. La violaron durante veinticuatro horas, la apalearon, y la cortaron en pedazos. Lo grabaron todo en un vídeo, y me lo mandaron, junto a sus pedazos. Ella murió. Y yo con ella. Ahora mi objetivo son los responsables directos de su muerte principalmente, y, de forma secundaria, su organización.
—Lo siento mucho —susurró Irina—. Y te agradezco que hayas sido sincero conmigo. Pero el camino de la venganza no es el modo de proceder.
—No espero que comprendas mis motivaciones. Pero, como te dije, puedo ayudarte, si tú me ayudas.

Ambos se mantuvieron callados unos instantes. Luego, Pavlov añadió:
—Te contaré algo más: yo iba a hacer esto solo. Pero Rachel y Guillermo tienen sus propias motivaciones en este asunto. Rachel era la hermana de Kathryn. Ella es básicamente una psicópata vengadora. Guillermo, bueno, simplemente quiere acabar con esa gente con su fusil de precisión, y cubre mi flanco. Y yo no puedo negarme, porque es cierto que su papel es fundamental. Los drones son fantásticos, pero son objetivos sencillos para los métodos de rastreo y las armas anti-dron. Rachel es una experta en gestión y organización, y está obsesionada con este asunto hasta el punto de la paranoia. Y, además, es mi cuñada. Tiene derecho a participar en toda esta basura.
—Ahora entiendo su ira —comentó Irina.
—Como te he dicho es una psicópata, pero quién no lo es con todo lo que está sucediendo…
—Yo. Por ejemplo —aseguró Irina—. Hay que mantener la calma. Siempre.
—Ya, claro, sin duda. En cuanto a Guillermo, aparte de cubrirme, es un romántico que quiere impartir justicia donde sea y como sea, siempre que pueda ser a través de la mira de su fusil de precisión. Y tiene razón cuando dice que me ha salvado más de una vez, aunque hoy no era necesario. Pero es de gatillo fácil.
—Sois, en definitiva, un grupo de vengadores.
—Yo no soy un vengador. Ellos, los que le hicieron esto a Kathryn, ya están muertos. Yo solo voy a hacer que sus familias, las que sobrevivan, cobren el seguro de vida antes de lo habitual.
—Te mueve la venganza. No la justicia. No sé qué hago mezclada en este asunto.
—Estás mezclada en este asunto porque quieres acabar con esa gente.
—Por supuesto, Vasyl. Por supuesto. Pero quiero hacerlo como debe hacerse. No quiero convertirme en una de ellos. —Pavlov ignoró el comentario, y prosiguió:
—Ahora ya sabes de qué va esto. Rachel ha hecho un análisis psicoafectivo y mental de ti, y dice que colaborarás, porque considera que ,como policía, tienes las manos atadas.
—Vaya, os habéis tomado muchas molestias conmigo.
—Las que sean necesarias para que este asunto termine como esperamos.
—Por mi parte, colaboraré porque esto que están haciendo las Escuadras de Helheim es una carnicería —afirmó Irina—. Pero me temo que tú y tu grupo no sois demasiado distintos.
—Mira, Irina, yo no hago estudios psicoafectivos de mis víctimas ni de ti, ni me importan, ni me interesan tus razones personales, y perdona que sea tan directo. Yo quiero dar caza a esa gente, arrancarles el corazón con las manos, y enviarlos al infierno. Luego ya me reuniré con ellos allá, pero quiero que ellos vayan primero. Y tú te llevarás la gloria y la fama por haber acabado con esa gente. Serás un ejemplo para tu ciudad, y tu país.
—No es mi país. Aunque actualmente es mi hogar, y lo siento como tal.
—Entiendo. En todo caso, ya te lo dije: necesitamos tu ayuda. Pero lo haríamos de todas formas sin ti.
—No me interesa la gloria. Me interesa acabar con ellos.
¬—Veo que nos vamos entendiendo. Eso es bueno. Créeme.

El vehículo llegó a casa de la teniente. Esta bajó, junto a Pavlov.

—¿Vives sola? —preguntó Pavlov.
—¿Y a ti que te importa? —le recriminó Irina.
—¿De verdad crees que lo pregunto por eso, con lo que te acabo de contar? —Irina suspiró.
—No. Supongo que no. Perdona.
—Acabamos de conocernos, hace solo veinticuatro horas. Pero te voy a decir algo muy personal, y no me preguntes por qué. Yo no creo que pueda amar a nadie más en mi vida. Pero ellos tampoco podrán.
—Comprendo lo que dices. Ese dolor lo conozco bien. Pero hay que continuar. No podemos detenernos. No debemos detenernos. Hay que buscar justicia, no venganza. Y hay que luchar por salir adelante. Aunque parezca imposible, puede hacerse. —Pavlov no pareció convencido.
—No, no comprendes. Yo quería tener una hija con mi mujer. Ella estaba loca por tener una hija. No quería decírmelo. Pero no era necesario. Ahora todo eso nunca ocurrirá. Yo estoy ya muerto. Soy historia. Pero esos cerdos dejarán el mundo mucho antes que yo.
—No alimentes tu futuro con odio. Tu mujer no querría eso.
—Es cierto. No querría eso. Pero ella ya no está aquí. Y yo tampoco. Viviré lo que tenga que vivir. Y haré lo que tengo que hacer. —Irina asintió levemente, y dijo:
—Es curioso; por un momento, me has parecido humano.
—Por un momento lo he sido. Pero es solo un reflejo del pasado.
—Muy bien. Nos vemos mañana.
—Nos vemos mañana —confirmó Pavlov mientras salía del vehículo con ella. Y añadió:
—Veo que hablas muy bien mi idioma. Aunque con acento británico. —Irina hizo caso omiso del comentario, y preguntó:
—¿Y te vas así? ¿Solo, y caminando? ¿A estas horas de la noche? Es extremadamente peligroso.
—Sí, pero no te preocupes. Los asesinos, violadores y ladrones estarán a salvo si no se acercan a menos de cien metros de mí. No temas por ellos, hoy tengo un día tranquilo.
—Eres un hombre muy raro. Pero tienes tu encanto, a pesar de todo. Y lo que te ha ocurrido marcaría a cualquiera.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por ver algo más en mí que a un monstruo sin sentimientos.
—Tampoco te entusiasmes demasiado, Vasyl. Sigues siendo un monstruo. Pero hasta un monstruo puede crear empatía de vez en cuando.
—Supongo que sí. Buenas noches.
—Buenas noches.



 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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