Grandes películas de fantasía. Hoy: El cuervo

“No llueve eternamente” (The crow).

“El cuervo”, o “The crow” en inglés, es una película de 1994 basada en un comic del mismo nombre. En el mismo, se relata la historia de una joven pareja que, en la llamada “noche del fuego” es asesinada de forma brutal. Pero algo extraño y mágico sucede, justo un año después, que tendrá consecuencias para toda la ciudad, y para los protagonistas.

Eric Draven es el protagonista de la cinta, y su papel lo interpreta Brandon Lee, el hijo de Bruce Lee. Creo que hace un gran papel en este su último trabajo, ya que murió en trágicas circunstancias durante el rodaje, como veremos a continuación.

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Esta es una de esas películas de culto, que quizás no tuvo el éxito, ni el renombre, de otras, pero que, para los amantes del buen cine fantástico, tiene sin duda un valor especial. Más allá del guión, la fotografía, la música, y el montaje, todos ellos a mi parecer excelentes, esta película tiene un gusto especial por el mundo del más allá, en el que vemos las cosas desde el otro punto de vista, desde otra dimensión, como si viajásemos con el protagonista a lomos de ese cuervo que contiene el alma inmortal de quien lo porta.

Los sucesos, ocurridos en  Detroit, y que tienen como clave la vieja y siempre gustosa venganza (¿quién quiere justicia cuando puedes vengarte de alguien y hacer que explote en un mar de sangre?), los sucesos, decía, suceden casi siempre de noche, y no es casualidad, ya que la noche tiene su propio mensaje en todo el metraje. Aquí podemos apuntar algo interesante; tanto esta película como Robocop, de 1987, muestran a un Detroit en franca decadencia, sumida en su basura, en sus miedos, y controlada por mafias sin escrúpulos, y sin piedad. Y, efectivamente, la realidad muchas veces supera a la ficción. Hoy en día Detroit es una ciudad prácticamente muerta, debido a la crisis del automóvil de principios de este ya malogrado siglo.

Quizás lo que más me gusta de esta película, además de la fotografía y el guión en sí, es ese sabor decadente, en el que los personajes son todos sombras de sí mismos, incluyendo al propio policía que coprotagoniza la historia. La madre de la joven es un personaje especialmente sutil en ese mensaje de ser destruido por las circunstancias, y el propio paisaje, que huele a herrumbre y a muerte.

Los “malos” como hubiese dicho mi madre, en realidad son lo que son: personajes destruidos y que sólo saben obedecer a un oscuro personaje, y a su hermana, que son los que controlan la ciudad. Todo ello aderezado con música fuerte y estridente por supuesto, también decadente y con toques satánicos. Por cierto, la música es genial, especialmente si alguien quiere organizar un bonito aquelarre un fin de semana con los amigos. Pero recordad: no despertéis a los demonios del bosque, o podría tener consecuencias graves… Creo que me estoy desviando.

Seguimos. En todos estos personajes decadentes, solo hay una notable excepción: la joven niña, que sin duda es la única que sigue en el lado de la luz, si es que ese lado existe, o ha existido, alguna vez en este mundo.

Como detalle final se puede decir que, durante el rodaje,  Brandon Lee, debido a un fortuito disparo real, en un arma que solo debía llevar balas de fogueo, falleció, sin que esto detuviera la cámara, y de hecho en la película se muestra el momento en que muere (qué bien, morbo real en una película morbosa). Se decidió terminar la película, usando un doble para las escenas que faltaban. Ni qué decir tiene que eso da un triste colofón al recuerdo de esta cinta, algo que a mí me parece tan o más decadente que la propia obra. No es que quiera ponerme moralista, muchos actores han muerto durante un rodaje, pero no entiendo por qué en 1994 se seguían usando armas reales en las producciones de cine, habiendo imitaciones de excelente calidad. Si todo fue intencionado es el típico bulo que algunos quisieron levantar, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que se especuló sobre la muerte del padre.

Una película brutal, enorme, y redonda de principio a fin. A destacar el personaje de Eric Draven, el poli, y la madre de la niña, geniales en sus papeles. También genial el jefe de los “malos”, que es malo pero malo malo. Ambientación y fotografía de gran calidad, aderezada por una música también de primera. Eso sí, no apta para gente sensible. Es decir, especialmente apta para seres decadentes y sumidos en la oscuridad como el que suscribe estas líneas.

Por cierto, mejor verla en el idioma original, por supuesto, pero bueno, eso es algo que ocurre con el 99,9% de las películas. El doblaje es bueno, pero nada como las voces y el sonido original.

En resumen, una película de primera, que gustará a los amantes de lo oscuro y lo diabólico, y también a aquellos que analizan cada fotograma para disfrutar con la fotografía. Brandon Lee en su papel póstumo, y un mensaje: si has de vengarte de alguien, deja de lado cualquier aspecto moral o ético, y disfruta de un buen baño de sangre y muerte. ¿Qué más se puede pedir? Ya me estoy chupando los dedos. ¡A disfrutarla!

 

 

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