Genómica, el poder de los genes

“La genómica es el arma del siglo XXI”. Esta es una frase que pronuncia Alice Bossard en 2063. Alice es un personaje de ficción en un conjunto de relatos que aparece por primera vez en la obra “Las cenizas de Sangetall”, siendo ella misma producto de un experimento genético. Y la frase, aunque dramática, tiene mucho de verdad. Naturalmente, eso es ciencia ficción, pero, atención, porque la parte de ficción se desvanece rápidamente, y detrás queda la ciencia, pura y dura.

El tema es muy complejo, y este artículo pretende dar una primera pincelada de lo que supone el desarrollo de la tecnología de la manipulación genética. De momento, los aspectos éticos y morales son, cuando menos, controvertidos, y, en ocasiones, hasta hilarantes, por decir algo. Vamos a verlo con un ejemplo.

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Punto 1. Dicen “no a los transgénicos”

De acuerdo, no a los transgénicos. El problema es que nadie se pone de acuerdo en qué es un transgénico. Y sí se sabe que modificar unas cuantas bases de una molécula de ADN de un organismo no conlleva, en absoluto, peligro alguno. Es más: se requiere continuar aumentando la producción de carnes, cereales y verduras, frutas, y pescado, para alimentar a una población cada vez mayor. La única forma de aumentar la producción es mediante más recursos, terreno, medios, etc, o bien, mediante productos que crezcan más rápido, como este salmón que se acaba de conocer, o que sea menos perecedero, o bien que su probabilidad de sufrir problemas como una plaga.

¿Alimentos ecológicos? ¿Es esa la solución? Veamos. Son alimentos creados “sin química” (una frase sin sentido, todo es química), lo cual normalmente supone no usar fertilizantes, ni productos de fumigación, ni por supuesto semillas transgénicas. Esto ha llevado, donde se ha aplicado, a una producción mucho menor de alimentos, donde aparecen plagas, y en los que los alimentos no pueden dar de comer a toda la población. Además, es mucho más cara. Esto no es trivial: la población quiere comida natural, pero también barata. ¿Cuántos pueden pagar esos alimentos más caros? ¿Quién se puede permitir consumir productos naturales, entendiendo como tal, alimentos producidos como se hacía hace 200 años, cuando la población era una quinta parte de la actual?

Punto 2: sí a los niños transgénicos

Un momento. ¿Niños transgénicos? Sí. No forma parte de la ciencia ficción, sino de ciencia pura. Recientemente, una niña enferma ha podido salvar la vida mediante manipulación genética de células inmunes, para hacer que sean receptivas a las células cancerígenas,,  una técnica experimental pero muy prometedora. Las células modificadas disponen de un mecanismo que se usa como diana de las células cancerígenas, que son eliminadas de este modo. Se le propuso a los padres esa solución, porque las soluciones clásicas no funcionaban. Los padres pensaron lo que es lógico: si la vamos a perder, vamos a intentar cualquier cosa que evite su muerte. La niña se ha recuperado, y ya no sufre cáncer.

¿No a los alimentos, sí a los niños?

¿Qué hacemos con la niña? Es parcialmente transgénica. Ha sido modificada genéticamente, no de forma directa por supuesto, pero sí se le ha añadido un vector al sistema inmunitario modificado. ¿Eso es bueno? Bueno, al menos, le ha salvado la vida. Creo que todos estaremos de acuerdo en que eso no es solo bueno, es genial. Algún día, no muy lejano, niños y niñas con potenciales enfermedades genéticas podrán ser modificados para evitar esas enfermedades, o para combatirlas, obteniendo directamente esas células modificadas. ¿Son hijos transgénicos? ¿Estaremos creando una nueva especie humana modificada?

Desde el punto de vista biológico, no hay diferencia entre un tomate transgénico, y un niño transgénico. Sí, sé que este comentario suena frío y propio de un ser sin sentimientos, pero desde el punto de vista de la ciencia no se trata de trabajar con sentimientos, sino con resultados. ¿Podríamos encontrar un padre que esté en contra de los alimentos transgénicos, pero a favor de tener un hijo transgénico para evitar su muerte? Y si es así, ¿qué argumentos va a dar para una actitud negativa por un lado, y una actitud positiva por el otro?

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La obra “Las cenizas de Sangetall” trata un caso de manipulación genética

La opción del futuro: salvar una vida, o perder millones

Es evidente que, salvo algún caso aislado que siempre puede haber, la inmensa mayoría de padres, ante la tesitura de la pérdida de un hijo, o de su recuperación si sufre una enfermedad genética importante, van a optar por cualquier solución que suponga salvar a su hijo, para que pueda disfrutar de una vida.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que la manipulación genética puede llegar a ser un arma temible. Podría crear nuevas especies de seres humanos modificados, y todos podemos recordar una magnífica obra precursora de este tema: “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley”. ¿Podrían crearse seres con capacidades mentales y físicas muy avanzadas, o simples esclavos sin mente para ser usados como mano de obra?

La cuestión no es baladí. Es evidente que la conquista del espacio conllevará el uso de androides y robots, pero también harán falta seres humanos. ¿Por qué no crear hombres y mujeres modificados para adaptarse a la gravedad y condiciones de Marte, o de Titán, una luna de Saturno? ¿Por qué no crear seres humanos que puedan trabajar en gravedad cero con pocas consecuencias? Y, si podemos crear seres humanos así, ¿cuánto tiempo tardaremos en verlos? Porque, no nos engañemos; por muchas leyes que se impongan, al final, el ser humano ha demostrado que, cuando puede hacer algo, lo hace.

No quiero ser dramático, pero hay una aplicación aún más temible: incorporar secuencias genéticas que se distribuyan por la población, y que solo afecten a ciertos tipos de individuos. Algo tan ridículo como “si el individuo que porta este gen tiene los ojos azules, será estéril” podría ser realidad un día.

¿Un arma? Sí. De destrucción masiva, pero completamente selectiva. Solo ataca a los individuos que queremos sean el objetivo de nuestro ataque. Se podrían crear subespecies de diferentes tipos, y no tendríamos ya una especie humana, sino docenas, o cientos. O miles, incluso incompatibles genéticamente entre sí.

Vamos a ser optimistas

Quisiera acabar este pequeño documento con una visión más optimista. Por mucho que el ser humano haya demostrado que es capaz de hacer mucho daño, la ciencia puede, y debe, ser usada para mejorar la especie. El problema es que “mejorar la especie” es un término muy vago, y hasta peligroso en ciertas mentes.

La genómica puede ser un arma, pero también puede darnos grandes soluciones a enormes problemas actuales. La responsabilidad, al final, no es tanto de la ciencia, sino del uso que se haga de ella. Y, como siempre, nosotros, como especie presuntamente inteligente, tendremos la última palabra.

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