El experimento telepático que nunca existió

Bueno bueno, llevaba varios días sin una noticia absurda, con titular distorsionado y cuyo objetivo es el de conseguir llamar la atención, con un contenido posterior que poco o nada tiene que ver con lo que realmente se quiere dar a entender.

Considero importante, no, importante no, fundamental, desmentir las medias verdades, o las falsedades increíbles, que revistas y webs importantes ofrecen a sus lectores. Y estas entradas tienen ese objetivo. Porque la verdad no es absoluta, pero la mentira sí puede llegar a serlo.

En este caso, el fabuloso, sorprendente, y distorsionado artículo nos viene de la sección de ciencia de Europa Press, y el titular dice lo siguiente. Atención, porque se van a sorprender ante la gran maravilla:

La telepatía ya es posible con una nueva neurointerfaz.

telepatia
No; no ha habido telepatía en este experimento, desde ningún punto de vista

¿Qué he pensado al leer el titular? Que ya tenía nuevo material para el blog sobre una falsedad evidente. ¿Por qué? Porque sabía, desde el primer instante, que el titular era falso. Completamente falso. ¿Por qué lo sabía? Porque soy viejo ya, y se me puede engañar, claro, como a todo el mundo, pero no es tan fácil, hay que trabajarlo un poco más.

El objetivo del titular tiene una sola misión: atraer lectores. Nada más. También tiene otra misión: engañar al lector, haciéndole creer que, de una forma u otra, la comunicación mental entre personas es ya posible.

Luego, se lee el experimento, y aparece la verdad. ¿En qué consiste el experimento? Lo voy a explicar con un símil informático. Al fin y al cabo soy programador de software, y ese conocimiento me va a ser útil ahora.

Antiguamente, los ordenadores solo tenían una CPU (unidad central de proceso). Al menos, los ordenadores corrientes, los Spectrum, los IBM PC, los Mac, etc. Aquellos ordenadores, llegado el momento, podían ejecutar más de una tarea a la vez. ¿Verdad? ¡No! Falso. Eso es lo que nos decían los fabricantes de ordenadores. Recordemos: una CPU, una tarea a la vez. Y ahí está la clave: a la vez.

Lo que hacían aquellos ordenadores era ejecutar dos, tres, cuatro tareas, pero no a la vez. El procesador se ocupaba de una tarea, luego pasaba a la otra, luego a la tercera, luego a la cuarta, y luego volvía a la primera, y se repetía el proceso. ¿Por qué parecía que estaba haciendo varias cosas a la vez? Porque pasaba de una tarea a la otra a tal velocidad, que daba la impresión de estar haciendo varias cosas a la vez. Es como si alguien barriese y fregase los platos alternando las tareas a gran velocidad. Parecería que hace dos cosas a la vez, pero no es así. Deja una para hacer la otra.

Más adelante, los fabricantes de ordenadores, concretamente de las CPU, la famosa Intel, también otros como AMD, o los fabricantes de chips tipo ARM, comenzaron a colocar en la CPU varios “cores” (núcleos). ¿Qué era esto? Algo muy sencillo: si hasta entonces un ordenador solo llevaba una CPU, ahora se le colocaban dos, conectadas entre sí. ¿Qué ventaja tiene esto?

Una ventaja muy evidente. Si un ordenador tiene dos “cores”, dos núcleos, puede hacer dos cosas a la vez, pero esta vez, de verdad. Cada “core” se dedica a una cosa. Por ejemplo, un core se usa para el procesador de textos, y el otro para ver vídeos de gatitos. Realmente el ordenador está haciendo dos cosas a la vez. Tiene dos “cerebros”.

Esto se puede ampliar. ¿Y si en lugar de dos cores ponemos cuatro? Podremos hacer cuatro cosas a la vez. ¿Y si ponemos seis, u ocho? La idea es la misma. Cuantos más “cores” más cosas puede hacer el ordenador a la vez. En el ordenador que escribo esto hay cuatro “cores”, que es un valor muy normal hoy en día.

Hay otro detalle importante, y aquí conectamos, nunca mejor dicho, con el artículo del que estamos hablando. El sistema operativo, sea Windows, MacOs, Unix, Linux, u otros similares, no reparten las tareas a esos “cores” de forma igual. Si un “core” está muy saturado, buscará otro que esté menos saturado, idealmente que esté libre de tareas. Cuando lo encuentra, le da la tarea a ese core. De este modo, el sistema operativo es como un director de orquesta: reparte la carga de trabajo según cómo se encuentre cada core del ordenador. De este modo se consigue una eficiencia mucho mejor que repartiendo siempre de forma equilibrada solo por el número de cores disponibles. Es algo parecido al peaje: vamos al que tiene menos coches en espera.

x-men
Patrick Stewart en el papel de Charles Xavier, el profesor X, poderoso telépata y un personaje muy carismático; hoy por hoy sigue siendo pura fantasía

Precisamente eso es lo que se ha hecho con este experimento, que nada tiene que ver con “telepatía”. Lo que se ha hecho es ver, con electroencefalogramas, cuál era la carga de un grupo de cerebros humanos, y según la carga de cada uno, se repartían las tareas más complejas a aquellos individuos cuyas mentes estaban más capacitadas, menos saturadas. Y los individuos que tenían la mente más saturada recibían las tareas menos complejas.

El sistema, como si de un sistema operativo de ordenador se tratase, procesa y distribuye las cargas de resolución de problemas entre los individuos según su estado de concentración y fatiga. ¿Qué se consigue con esto? Que cada persona rinda en cada momento según su estado, para resolver problemas de la forma más eficiente posible.

Y ya está, no hay ningún misterio. Es el clásico “oye, si estás cansado ya lo hago yo” pero con un sistema intermedio que efectivamente reparte la carga de trabajo en función del estado mental de cada individuo.

¿Interesante? Sí, lo es. ¿Telepatía? Absolutamente no. Por supuesto que no. No hay telepatía, ni transmisión de ninguna información de nadie a nadie. No hay comunicación entre individuos, ni siquiera nadie es consciente del estado de nadie, a no ser que consulte los electroencefalogramas de cada individuo.

El problema es que, cuando acudimos a la fuente, la Universidad Politécnica de Madrid, donde podríamos y deberíamos esperar un titular más serio y riguroso, nos encontramos con el mismo titular. ¿Por qué? Porque las universidades también quieren su trozo del pastel de la gran mentira que se lleva a cabo con cada nueva noticia, para darle una imagen de logro muy superior al real. De este modo pretenden ocultar que el experimento, siendo como es interesante, nada tiene que ver con lo que se anuncia. Y ahí es donde comienza el problema; no en el experimento, sino en cómo se quiere presentar a la opinión pública.

Otro engaño más de un estilo de periodismo que actualmente se nutre de falsedades, de retorcer la verdad, y de contar lo que no es, todo para conseguir llamar la atención de los lectores. Una práctica que debemos denunciar y reprochar. Muchas gracias.


 

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

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