Historias de patos, peces, y gatos

Seguimos, una vez más, con una nueva entrada. Ahora que las lecturas del blog han caído un 85%, este vuelve a ser un blog más personal y cercano. El Dios Google me ha quitado su gracia. Pero yo sobrevivo, porque es lo que he venido haciendo toda mi vida. Y esto no es distinto. Así que vamos con la entrada.

Una verdad incuestionable.

Una verdad absoluta e incuestionable es que todos vamos a morir. Y siento ser tan directo, pero este blog pretende buscar y analizar al ser humano, no hablar del último desnudo de la actriz de moda, y no hay nada más humano que la muerte, excepto la vida. Y yo ya empiezo a ser el típico individuo que hace las cosas que se hacen cuando te das cuenta de que todo lo que se podía hacer ha quedado atrás. Al menos, todo lo que creía que podía tener un valor útil, para mí, o para los demás.

Por eso me he visto a mí mismo esta mañana dando de comer, una vez más, a los patos que hay cerca de mi casa. He puesto una foto de hace unos días. ¿A que son monos? Tengo que tener cuidado: si lanzo el pan en uno o dos trozos se pelean entre ellos. Yo les aviso y les exijo que dejen de perseguirse y picotearse, pero no me hacen caso. Les lanzo varios trozos de pan, y las peleas disminuyen. A mi lado, un par de palomas me piden si me queda algo. Y ahí está la clave: más recursos, menos peleas. Más recursos, más civilizados. Menos recursos, más salvajismo y lucha.

Por la tarde en el puerto les doy más pan a unos peces. Actúan igual: si solo lanzo un trozo de pan se producen peleas. Si lanzo varios trozos las peleas disminuyen. Y al lado de casa cometí el error de darle algo a un gato. Ahora no me saco el gato de encima ningún día hasta que le doy una latita de comida para gatos. Cuando llego me mira como diciendo: “espabila, que hoy vas tarde”.

Mis patos. No esperan a que el pan llegue al agua, si es necesario.
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