Entreescritores: la fábrica de ilusiones

Bueno, vamos a ver. Pongámonos en situación. Es importante centrar la acción, el escenario, y los personajes, de tal forma que el amable lector se sienta cómodo con la lectura. Al menos, es lo que yo creo. Los rodeos florales me han parecido siempre innecesarios. Pueden ayudar, y una decoración adecuada sin duda ayuda a mejorar la imagen. Pero intentar escribir la Odisea o la Eneida puede convertirse en un juego extremadamente peligroso, si no se controlan correctamente las herramientas…

Entreescritores
Entreescritores

¿Por dónde iba?… ¿Lo ves? Ya me he perdido. Decía, que tenemos a un simpático y agradable ser humano, del género que sea y edad que sea, que acaba de terminar (o eso cree él o ella) su primer libro. ¿Qué hacer a continuación con esa obra maestra que será la nueva pieza literaria cumbre del siglo XXI?

Hace no muchos años, cuando no existía Internet, ni el whatsapp, ni el Facebook, y los teléfonos se usaban para llamar por teléfono, el intrépido escritor (o escritora, que hay que estar con los tiempos) llevaba su manuscrito (o, si habías hecho el curso de mecanografía del cole) el original mecanografiado, a un editor (o editora). De hecho, mandabas el paquete con tu ladrillo, y al cabo de unas semanas, o unos meses, podía (podía) llegarte un correo de vuelta, que abrías con la ilusión de un político que acaba de recibir su primer sobre en metálico. Y el texto, con el libro incluido, decía algo así:

Estimado Juan / María etc:

Muchas gracias por mandarnos su novela (novela). Lamentamos informarle de que se ha desestimado su publicación, debido a (aquí expresar factores de toda índole, que pasan entre la no relación de la novela con los objetivos editoriales, problemas con los personajes / escenas / desarrollo / trama, hasta los clásicos “ya tenemos cubierto el cupo actual”). Normalmente te animaban a seguir escribiendo y a mandar nuevas obras, en cuyo caso mandarían a un par de matones a tu casa para asegurarse de que no fuese así.

Y el escritor/escritora se quedaba triste y desolado, y su magnífica novela, obra cumbre universal y digna del premio Planeta, quedaba en un cajón, donde lo leía la mamá, la pareja, y si fuese menester, los niños, aunque, no nos engañemos, en general la lectura era rápida y sin detalles, si es que alguien llegaba a leerlos.

La llegada de Internet.

Hoy, todo eso ha cambiado. Con Internet, cualquiera puede acercar su obra a los demás. “Yo soy un escritor fantástico, y lo voy a demostrar al mundo”. Claro que sí. ¿Cómo hacerlo? Fácil. Tienes 240 amigos en el Facebook, o eso crees tú, que viven sus vidas tranquilas y felices, ignorantes de lo que se les avecina (pobres). No saben que, en su próxima conexión, les espera un terror inimaginable, peor que ver en serie todos los especiales de nochevieja de Telecinco. Me refiero, naturalmente a: TU LIBRO.

Y empieza el bombardeo, bien desde tu propio muro, o bien desde una página que has abierto en el Facebook. No olvides el Twitter y otros canales que pueda haber a mano.

En los siguientes siete días, tus amigos serán cruelmente bombardeados, sin piedad y sin posibilidad de retirada, por tu magnífico libro. Es importante que no dejes más de media hora entre entrada y entrada hablando de cualquier aspecto del libro, y, por supuesto, dejando claro que, si no lo leen, no sólo son retrasados mentales, además les vas a borrar del Facebook en microsegundos. Por supuesto, no sólo deben poner “me gusta” compulsivamente. Además, deben compartirlo hasta con las novias y novios que tuvieron en tercero de primaria, hace setenta años.

Una vez ha pasado esa semana, y tu muro parece un recital de la Biblioteca de Alejandría de un solo volumen repetido hasta el infinito y más allá, empiezas a mandar compulsivamente mensajes privados a tus amigos para que den su sincera opinión sobre el libro. Naturalmente, nadie lo ha leído, excepto un incauto que te dice “no está mal, me ha gustado…”

Y es entonces, amigos y amigas, cuando llega el gran momento de todo escritor: la depresión post-libro, que es como la post-parto pero sin leche materna, aunque con mucha mala leche. Esa depresión que se da cuando terminas un libro, y a alguien, maldito y repulsivo mortal que se le ha ocurrido opinar de tu libro, se le ocurre decir algo así como que no es “magnífica”, “obra maestra”, “ o “el próximo Nobel de literatura está delante de mí”. ¡No! ¡Ha dicho “no está mal, me ha gustado”! ¿Pero cómo se atreve ese gusano…?

Miras la portada del libro, y la odias. Te miras en el espejo, y te odias. Miras a todos esos malditos lectores que no leen tu magnífico libro, y los odias. Miras al universo, y lo odias. Y, finalmente, miras tu futuro como escritor, y sólo ves un camino de barro seco con un arbusto mugriento pasando de derecha a izquierda, balanceado por el suave viento de la tarde, mientras una fina lluvia de tristeza humedece tus ojos y tu alma. Es el momento de reconocer la verdad: eres un fracasado (o fracasada). Qué digo; eres un puto fracasado (o puta fracasada).

¿Una luz en el camino?

Pero atención, no está todo perdido todavía. Gracias a Internet empiezan a aparecer páginas que, en vez de ofrecerte un crédito de 10.000 euros en 10 minutos y sin papeleo, te ofrecen ser un escritor famoso en diez días y por un módico precio. Son los oportunistas que pretenden hacerte creer que eso que has escrito, independientemente de su calidad, será la nueva obra que desbanque a El Señor de los Anillos o Harry Potter. Y tú vas, y subes tu libro, previo pago, mientras aparecen mensajes del tipo “tranquilo, nuestros editores leerán tu magnífica obra y sentirás un placer extremo propio de los dioses, y el mundo, por fin, tendrá que reconocer tu valía, y todo gracias a nosotros. ¡Aleluya hermanos!”

Naturalmente, mientras subes tu libro, otros tres millones de escritores, en tu misma situación, están haciendo lo mismo, mientras reciben los mismos mensajes celestiales. Mandas diez mil correos a los amigos con el enlace al libro, y vuelves a bombardear a los amigos del Facebook con la obra subida a esa editorial que te ofrece una autopista para que la gente te compare con Shakespeare o Cervantes.

Pero pasan los días, y más días… Y el libro sigue ahí. No hay movimiento, no hay ventas, no hay publicidad. Tu libro estuvo en la portada cinco días, y luego se hunde entre millones de otros libros publicados por otros ilusos (o ilusas) que, como tú, han querido probar el maná del éxito a base de gastar unos euros en una promesa que está más vacía que la cuenta corriente de un español medio.

Es entonces cuando tus amigos (y amigas) del Facebook te han borrado, no sin antes mandarte varias amenazas de llamar al ejército por acoso. Estás solo. Solo y abandonado.

¿Qué te queda? ¿O es que no queda nada?

Bueno, te queda una última oportunidad. Se llama: Entreescritores.

Cuando entras en la página por primera vez, las cosas son distintas. Aquí no te prometen nada. Sólo te aconsejan. También te hablan de posibilidades, de metas, y de que las cosas no son sencillas, pero tampoco imposibles.

Pero no. No es eso lo que te atrae de la página. Lo que te atrae es otra cosa. Es el estilo. El hecho de que cualquiera pueda subir un libro, eso no es la novedad, ni la clave. El hecho de que haya que pagar diez euros no es porque te prometen ser el nuevo puto amo (o ama) del universo. Simplemente, es porque la página no se mantiene sola, y porque, no lo neguemos, sirve de filtro para que no se suba cualquier cosa.

Una vez subido el libro, aquel que espere que el éxito llueva del cielo está terriblemente equivocado (o equivocada). Tendrá que trabajar duro para que, eso que se ha dado en llamar autopublicación, tenga la más remota posibilidad de éxito.

Pero ¿qué diferencia entonces a Entreescritores de otras plataformas? Básicamente, el concepto clave es el triángulo que se establece entre el escritor, el lector, y las editoriales. Dicho de otro modo, en este triángulo, a diferencia del otro que todos tenemos en mente, todos ganan, o, por lo menos, no pierden.

El escritor sube el libro, y Entreescritores realiza una labor de promocionarlo en distintas plataformas sociales. Evidentemente, el escritor también debe (o debería) preguntarse qué está haciendo por promocionar su obra. También debería revisar el texto, y entender que los correctores ortográficos no son seres interdimensionales que pueden matarte con la mirada, sino poderosas herramientas de trabajo.

Una vez el libro está en la plataforma, los lectores podrán leerlo. Siempre que seas un poco espabilado, y pongas, al menos, una portada interesante, una sinopsis como Dios manda, y un primer capítulo que atrape al lector. Muy importante es un booktrailer que pueda acompañar al libro. Si no sabes hacerlo, aprender es fácil, hay docenas de tutoriales, y merece la pena.

Otro aspecto muy importante de Entreescritores es el famoso karma. Se trata de un concepto simple pero poderoso: quien más participa en la plataforma, más karma tiene. Y quien más karma tiene, más puntúa en los libros. Este es un hecho diferenciador fundamental con otras plataformas, donde el fogueo de puntos siempre permite ganar a aquel que tiene más contactos, independientemente de la calidad de la obra. Obviamente el lector tiene que tener afinidad por tu tipo de obra, ya que están por lo general especializados.

Con todo esto, si el libro tiene el alcance y éxito adecuado entre los lectores, que puntúan y comentan el libro, podría darse el caso, y ahí está el punto, de que el libro se publique en una editorial. No es obligatorio ni se promete nada, porque, sencillamente, eso no está en manos de Entreescritores. Pero la posibilidad está ahí, y ya hay varios libros que han seguido este camino.

Mi caso concreto.

Yo empecé a escribir con quince años allá por la Alta Edad Media, y con diecisiete tenía mi primer libro que, como es natural, fue rechazado por una editorial. Luego seguí escribiendo sin más, hasta llegar a encontrar Entreescritores. Ahí he podido publicar mis libros, los cuales, para mi sorpresa, han tenido un éxito mayor del que esperaba. Y esto no es falsa modestia. Yo me conformaba con estar por arriba en el apartado de ciencia ficción, pero he conseguido poner los tres libros de mi trilogía entre los cinco primeros puestos, y dos de ellos han estado un tiempo en primer y segundo lugar.

De todas formas, eso es secundario por lo que se refiere a esta reflexión personal. Lo importante es que he podido llevar a cabo un sueño: poder ser leído por lectores de todo el mundo, que han valorado mis libros, y me han dado opiniones, a veces buenas, otras malas, pero opiniones, que es lo importante. Que te escriba un profesor desde el Perú para decirte que va a recomendar tu libro a sus alumnos es un sueño que no se paga con dinero. Y eso es así, se mire como se mire.

En mi caso concreto también, y ya he sido advertido por personas introducidas en el mundo de las editoriales, las posibilidades de editar mis libros son prácticamente nulas. No interesa este tipo de material, al menos que venga de Estados Unidos y te llames John Worthington III y hayas nacido en un perdido pueblecito de Iowa. Pero no me importa. Yo voy a seguir escribiendo, y a seguir subiendo los libros a entreescritores, y a seguir promocionándolos. Puede que los nuevos libros no tengan el éxito de los anteriores claro, pero, sinceramente, no me importa. Yo ya he cumplido mi objetivo. Sí, claro, me gustaría ver mis libros publicados por una editorial, pero tengo ya unas edades y soy consciente de que eso no es posible.

Mi recomendación.

A estas alturas, debería estar clara. Si tienes algo que publicar, hazlo en Entreescritores. Puede que vaya muy bien, o muy mal (y recuerda que depende de ti en muchos aspectos), pero, al menos, tendrás una oportunidad sincera de destacar. No es la panacea, ni vas a oír un coro de ángeles alabando tu trabajo. Pero lo que escuches, será sincero, y será verdad. Creo que, sólo con eso, ya merece la pena. Es mucho más de lo que muchos podremos soñar.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “Entreescritores: la fábrica de ilusiones”

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