Starshot, disparados a las estrellas

Recientemente, el gran fisico Stephen Hawking ha presentado un proyecto financiado por el millonario Yuri Milner, con el fin de mandar un grupo de pequeñas sondas a Alfa Centauri, a una distancia de 4,3 años luz de la Tierra. Este proyecto, de una ambición gigantesca, es una llamada a conocer el universo, pero también guarda un mensaje: debemos buscar nuestro lugar entre las estrellas. Y debemos hacerlo pronto.

Stephen Hawking es un hombre obsesionado con la humanidad y su futuro. Y obsesionado con la supervivencia de la humanidad. ¿Por qué? En realidad es muy sencillo, no hace falta ser el gran genio que él es. Simplemente, se trata de una evidencia clara: la humanidad no sobrevivirá a la Tierra. Y la Tierra no sobrevivirá para siempre. Luego, si la humanidad ha de tener una posibilidad de un futuro, este ha de tener lugar en las estrellas.

La gente vive sus vidas de forma cotidiana, sin darse cuenta, en la mayoría de los casos, de la precariedad de esta sociedad, y de la propia vida. Es normal, nadie en su sano juicio debería estar pensando en el fin del mundo constantemente. Pero también es cierto que todos, en mayor o menor medida, deberíamos reflexionar sobre la importancia de buscar una salida para la humanidad.

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Desastres puede haber muchos, que comprometan la vida en la Tierra, ya comenté algunos hace un tiempo. Hace un tiempo también, se habló de que el Sol puede tener una descarga de materia en forma de explosión tarde o temprano, como la que ocurrió a mediados del siglo XIX (1859), que produzca un apagón gigantesco, sencillamente porque muchos aparatos eléctricos queden destruidos por culpa de las partículas de alta energía. Especialmente los ordenadores, teléfonos, tablets, etc. Un desastre que nos devolvería a mediados de los años cincuenta del siglo XX en el mejor de los casos.

El plan de Hawking y de Milner de mandar una sonda extremadamente pequeña a Alfa Centauri, la estrella más cercana al Sol dicen (en realidad se trata de la constelación, la estrella más cercana es Proxima Centauri), tiene como finalidad explorar nuevos mundos a donde la humanidad pueda viajar en el futuro. El sistema es cuando menos ingenioso: aplicar una enorme cantidad de energía a una vela que propulse a una pequeñísima sonda a una velocidad del 20% de la velocidad de la luz. La gente se pregunta por qué tan pequeña. Aquí, una vez más, Einstein viene a echarnos una mano. Recordemos que la masa es una forma concentrada de energía, y que, según la archifamosa ecuación E=mc2, cuando se aplica más energía a un cuerpo, su masa aumenta al cuadrado de la velocidad de la luz. Luego, si queremos acelerar un cuerpo a un 20% de la velocidad de la luz, su masa ha de ser muy pequeña, ya que, si fuese muy grande, la cantidad de energía necesaria para impulsarlo crecería en relación a dicha masa.

El sistema se basa en concentrar un enorme haz de rayos laser durante seis minutos en una vela, que impulsará a esta pequeña sonda. Pero se ha de concentrar el haz de docenas de cañones láser sobre un objeto que tendrá una dimensión relativa similar a la de un DVD desde la Luna, y continuar la emisión de esos haz láser durante los seis minutos sobre la vela, hasta conseguir el impulso final. ¿Imposible? No, pero se requiere una cantidad de energía absolutamente increíble, y proyectada de forma continua y totalmente precisa durante seis minutos. Insisto: como apuntar a un DVD en la Luna que además se mueve de forma acelerada. Un reto de ingeniería que deja al proyecto Apollo o el proyecto Orión, o cualquier otro proyecto, en un paseo por el campo.

Estos sistemas son interesantes, sin duda, y muestran el interés de Hawking por crear un puente entre nuestro Sol y las estrellas. Pero confío más en el desarrollo de nuevos descubrimientos en el marco de la física teórica, que permitan nuevos sistemas de ingeniería para viajar a las estrellas, como, por ejemplo, la, llamémosle “domesticación” de las ondas gravitatorias, recientemente detectadas, para el desarrollo de motores del tipo warp. Eso, o la fabricación de naves generacionales.

En todo caso, estos chips mandarían información sobre los planetas de Alfa Centauri, cuyos datos llegarían en 4,3 años, ya que viajarían a la velocidad de la luz. Eso nos da 25 años desde que se lance la sonda. Más todo lo que haya que invertir, porque esos 100 millones de dólares que se indican en las noticias son iniciales.

Saber que allí hay un planeta habitable es el primer paso. Si es que hay un planeta habitable. Ir allá es el segundo. Ahí es cuando este sistema de los láser se convierte en imposible, ya que tendría que propulsar a una nave que permitiera llevar a un grupo de humanos. Claro que esos humanos podrían ir en forma de datos bioinformáticos, y ser regenerados posteriormente en matrices artificiales. Es ciencia ficción hoy por hoy, pero entra dentro de lo plausible. Esos seres humanos llegarían en un instante desde su punto de vista, ya que no habría pasado el tiempo para ellos, mientras viajaban en forma de datos.

Pero volviendo a una realidad más cercana, hay que aplaudir a Stephen Hawking, una vez más, no solo por su defensa acérrima de la humanidad, sino por buscar formas de impulsar esa defensa con soluciones complejas, pero factibles.

Y, quien sabe, puede que esa idea dé lugar a otras. Unido a los avances en la ciencia del universo, quizás podamos viajar a las estrellas tarde o temprano. Y salvar a la humanidad y su legado, compartiendo las estrellas en paz. Esto de “en paz” es un decir claro. El futuro, en todo caso, promete ser revolucionario.

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