Probando otras lenguas (literarias)

¿Le ha parecido llamativo el título? ¿Quizás un poquito provocativo? De eso se trata: de buscar títulos llamativos. No se quede con el primer título clásico que se le ocurra para su obra. Intente que llame la atención, que suene especial. Siempre acorde al tema que va a tratar, pero intentando atraer la atención, sin ser exagerado, y sin necesidad de complicarlo demasiado. Y, por cierto, ¿cómo se podría traducir este texto al inglés para que funcione en el mundo anglosajón? No es tan sencillo. Quizás lo que funciona para un mercado no lo haga para otro. Las culturas cambian. La respuesta emocional a los títulos también. Y al contenido, por supuesto. ¿Cómo tratar todo eso? Vamos a verlo a continuación, en esta entrada sobre traducciones y las complejidades que conllevan.

Ya hemos hablado de cómo estructurar un libro,  de cómo montarlo, de cómo promocionarlo, y de cómo hacernos famosos y hasta guapos, hasta el punto de que nuestras decisiones importantes y críticas en la vida pasen por elegir el color del Ferrari, o si comer en Roma o cenar en San Francisco, o si el jet privado debe ser de dos motores o de tres. Decisiones importantes de todo escritor, especialmente de los de ciencia ficción. Bueno, quizás esté exagerando un poco. Pero ahora vamos a asaltar el mercado anglosajón. Pónganse los cinturones, porque el mundo va a cambiar en un instante.

TRADUCTORES

Todos queremos llegar lo más lejos posible con nuestras obras. Ahora vamos a ver un aspecto del que, personalmente, creo que se habla relativamente poco, pero que, atención, puede ser interesante para los escritores. Me refiero a la traducción de una obra a otro idioma. Cuando digo “otro idioma”, en general me referiré al inglés claro, pero no descartemos otras lenguas como el francés, alemán, o italiano, o cualquier otro. El inglés, sin embargo, tiene eso de que te da un aire internacional, y permite conquistar un enorme mercado. Mucha gente que no habla inglés lo lee bien o bastante bien.

El mercado inglés es distinto al del español, que nadie lo dude. He podido comprobarlo tanto en mi experiencia personal trabajando con ellos así como en cómo responden a los estímulos en Internet. De hecho, cualquier política empresarial que siga los mismos criterios para el hablante latino y el angloamericano está condenada al fracaso. Esto lo saben muy bien los publicistas y empresas de marketing, que crean anuncios adecuados a cada tipo de cultura.

Con los libros pasa lo mismo. ¿Qué ocurre si un libro que no funciona en español, tiene posibilidades de que pueda funcionar en el mercado inglés? Que es posible que merezca la pena probarlo. Quizás ese libro del que has vendido seis copias, cinco de ellas compradas por ti mismo para regalo, y la sexta de un señor de Burgos que se equivocó cuando hizo el pedido y luego ya le dio pena, pueda funcionar en el mercado inglés.

¿Qué hay que tener en cuenta para traducir un libro? De entrada, el traductor. Absolutamente fundamental.

  • Si no somos traductores profesionales, que es lo normal, debemos desestimar traducir el libro nosotros mismos.
  • Incluso un traductor profesional puede serlo “monodireccional”, es decir, puede trabajar traduciendo de inglés a español, o de español a inglés. ¿Por qué? Porque sabe que el sentido contrario reúne requerimientos que no puede satisfacer. Conozco casos concretos y tengo una amiga que, desde mi punto de vista, podría traducir al inglés perfectamente. Pero no lo hace, solo de inglés a español. Ella sabe que los ricos matices de una lengua deben conocerse perfectamente, y eso requiere un control del idioma que muchos traductores no poseen.
  • Usar un traductor automático simplemente convertirá nuestro texto en un amasijo de palabras inconexas. Pruébelo, aunque no sepa inglés. Tome un texto en inglés que no entiende, y tradúzcalo. Verá que el español resultante es tosco, a veces ininteligible. Lo mismo ocurrirá si lo pasa de español a inglés, el inglés resultante será de un nivel bajísimo y con importantes problemas. Los traductores automáticos van mejorando, pero están lejísimos de ser eficientes para traducir un libro, sirven solo para hacerse una idea de un texto o para salir de un apuro, nada más.
  • Buscar un traductor profesional que traduzca al idioma que queremos llevar nuestro libro es la solución. Vale dinero claro, pero el libro tendrá una buena traducción.
  • Así y todo, si el libro tiene un lenguaje técnico, habrá que informar de ello al traductor. Puede que el traductor no conozca esos términos, y eso supondrá un esfuerzo adicional, y dinero adicional.

Visto el punto anterior, queda claro que el trabajo de traducción es algo que debe tomarse muy en serio, y que debe hacerlo un profesional. Para un libro de 87 páginas, me han pedido 2.000 euros. Es un precio medio, ni barato ni caro. Atención: si alguien le pide 200 euros por la traducción, sospeche.

Los profesionales cualificados tienen la manía de ganarse la vida y querer comer con su trabajo, y piden un dinero en relación al trabajo que han de hacer. Si alguien pide 200 euros cuando el precio medio son 2000 euros, en general será un oportunista, a no ser que sea la oferta de la semana. Pero será rarísimo encontrar “la oferta de la semana” en el mundo de los traductores.

Es un trabajo duro, complejo, árido, y que debe generar un libro donde todos los matices del libro original se mantengan. Esto es mucho más complicado de lo que pueda parecer, debido a que muchos elementos de una lengua no se traducen automáticamente, y muchas frases tienen un contexto en una lengua, que no existe en otra lengua. Sin duda, ser traductor de libros, especialmente de ficción, es un tema muy serio y complejo.

¿Cuándo no traducir el libro? A veces es muy evidente, otras no tanto. Pero podemos descartar esa posibilidad cuando el libro está escrito en un contexto que se va a entender solamente en una zona geográfica. Si el relato se centra en modos, costumbres, y modelos de sociedad que son circunscritos a un estilo de una ciudad o región, probablemente no merezca la pena traducirlo. Claro que alguien podría decir que eso ocurre con muchas obras en lengua inglesa. ¿Por qué no funciona al revés? Porque no funciona. A no ser que el escritor, o por ejemplo el cinesasta si es cine, sea popular, el libro no va a tener una gran acogida.

No estoy diciendo que no se deba traducir, ni estoy diciendo que el libro no vaya a tener éxito, lo que estoy diciendo es que la mentalidad inglesa funciona de otra manera, y traerles una situación localizada en un contexto muy alejado de su mentalidad no va a funcionar en muchas ocasiones. El libro puede ser grandioso, pero, para mucha gente, si no está ambientado en Nueva York o Londres o París o Los Ángeles simplemente no les va a atraer. E insisto, se trata de una cuestión de modelos sociales y el tipo de problema que se trate. Si el libro sucede en España, o en Argentina, o en Venezuela, o en cualquier país de habla hispana, y trata un tema generalista, por supuesto puede tener una oportunidad. Pero si además trata con costumbres y problemas que son y están centrados en un contexto que solo conoce ese país, o incluso esa región, no hablemos ya si se usan modismos propios de la zona, la traducción va a ser compleja, y la aceptación, difícil.

A muchos escritores esto no les importa, porque nunca escribieron el libro con la intención de traducirlo. Naturalmente, en ese caso no hay mayor problema. Pero si usted tiene alguna idea de traducir un libro, debería tener esto en cuenta. El salto cultural según el tipo de libro puede ser muy grande, y eso impide que pueda ponerse a la venta en una librería online o papel de habla inglesa.

Insistir en un aspecto clave: aquellos elementos del libro que sean específicos de un lenguaje determinado, sea médico, informático, o de otro tipo, y sobre todo si contiene jerga propia de la zona o de una profesión concreta, requerirá de un esfuerzo adicional del traductor en muchos casos. Debería explicarle esto al traductor, y el traductor deberá revisar esos aspectos, para hacer una valoración correcta de la traducción del libro. Porque un traductor puede ser muy bueno quizás traduciendo términos de ingeniería o de física, pero nulo en temas médicos, que usted conoce bien precisamente porque es médico.

También los giros idiomáticos son especialmente delicados. Toda frase que sean modismos, dichos, o expresiones coloquiales propias de una región deberán ser traducidas con sumo cuidado, o directamente buscar alguna expresión equivalente en el nuevo idioma, si esta existe. Por ejemplo, si decimos “a buenas horas mangas verdes” la traducción deberá basarse en alguna expresión típica del país donde se va a traducir.

Para terminar, piense también en la portada y el título. Es adecuada a su contexto en español, pero ¿y al contexto del país de destino? Quizás sea interesante cambiar la portada, incluso retocar el título, para adecuarlo al país de destino. Esto a veces puede ser interesante hablarlo con alguien del país, incluso el traductor podría dar una idea, porque en general va a conocer la cultura y el contexto social de la sociedad a la que va destinado el libro.

Y con esto podremos tener un libro en condiciones para poner a la venta en el país de destino, y ya digo, generalmente va a ser inglés, pero no deben descartarse otros idiomas, que pueden recibir muy bien el libro también por supuesto. Todo es cuestión de valorar el coste/beneficio que se pueda esperar. Y arriesgar, porque al final es de lo que se trata, como casi todo en la vida. Pero una cosa está clara: habremos abierto nuestras fronteras a un mundo nuevo. Y un mundo nuevo por descubrir siempre es algo que merece la pena intentar.


Un interesante artículo sobre los problemas y dificultades de los traductores.

 

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