Probando otras lenguas (literarias)

¿Le ha parecido llamativo el título? ¿Quizás un poquito provocativo? De eso se trata: de buscar títulos llamativos. No se quede con el primer título clásico que se le ocurra para su obra. Intente que llame la atención, que suene especial. Siempre acorde al tema que va a tratar, pero intentando atraer la atención, sin ser exagerado, y sin necesidad de complicarlo demasiado. Y, por cierto, ¿cómo se podría traducir este texto al inglés para que funcione en el mundo anglosajón? No es tan sencillo. Quizás lo que funciona para un mercado no lo haga para otro. Las culturas cambian. La respuesta emocional a los títulos también. Y al contenido, por supuesto. ¿Cómo tratar todo eso? Vamos a verlo a continuación, en esta entrada sobre traducciones y las complejidades que conllevan.

Ya hemos hablado de cómo estructurar un libro,  de cómo montarlo, de cómo promocionarlo, y de cómo hacernos famosos y hasta guapos, hasta el punto de que nuestras decisiones importantes y críticas en la vida pasen por elegir el color del Ferrari, o si comer en Roma o cenar en San Francisco, o si el jet privado debe ser de dos motores o de tres. Decisiones importantes de todo escritor, especialmente de los de ciencia ficción. Bueno, quizás esté exagerando un poco. Pero ahora vamos a asaltar el mercado anglosajón. Pónganse los cinturones, porque el mundo va a cambiar en un instante.

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Las lenguas muertas están muy vivas

Dentro de las habituales preguntas del tipo «esto para qué sirve», «por qué se estudian los planetas», «para qué analizar colisiones de partículas» o a veces «la ciencia no sirve para nada», hoy quisiera presentar una nueva pregunta:

«¿Para qué perder el tiempo estudiando lenguas muertas?»

En España, donde vivo hay cuatro lenguas, y existe gente que dice que eso es perder el tiempo aprendiendo lenguas inútiles. Que es mejor un solo idioma, así nos entendemos todos. Yo suelo contestar: «es cierto, vamos todos a hablar el mismo idioma: el inglés. Es la lengua más popular en todo el mundo». Si hemos de ser prácticos, seámoslo hasta sus últimas consecuencias.

Por lo tanto, si ya hablar una lengua minoritaria actual parece una pérdida de tiempo (cuidado porque alguna de esas lenguas tiene más hablantes que el holandés por ejemplo), ¿qué podemos decir de hablar latín, o griego clásico, que son lenguas muertas?

El hombre, o la mujer, práctico, dirá: «aprende griego moderno al menos». ¿Por qué hay gente que se pasa parte de su vida estudiando una carrera donde se aprenden lenguas que ya no habla nadie? ¡Qué pérdida de tiempo!
Bueno, pues, como ocurre a menudo, tiene una explicación. Conocer lenguas como el latín o griego clásicos tiene muchas utilidades. Algunas muy prácticas, como traducir textos antiguos en esas lenguas. Tengo una amiga que trabaja traduciendo textos griegos de la época clásica, y en alguna ocasión he departido alguna tarde con ella viendo y disfrutando esos textos y las historias que cuentan. Ser el primero en traducir un texto es algo mágico: es como entrar en la mente de alguien que vivió hace dos mil quinientos años, y que no ha vuelto a hablar desde entonces.

Yo mismo aprendí griego clásico en mis tiempos, y gracias a eso accedí a un mundo maravilloso de hombres y mujeres que fueron el origen de nuestra civilización. Y fue una experiencia maravillosa. No digo que tenga que gustar a todo el mundo por supuesto, pero a mí me llenó de vida, y me llevó a explorar mundos ya desaparecidos.

Pero hay algo muy importante en conocer lenguas muertas. Y ese algo importante es que nos enseñan cómo eran aquellos pueblos. Nos dan información sobre sus costumbres, su historia, sus orígenes. Estudiar y comparar lenguas antiguas nos permite crear árboles de desarrollo de las lenguas, su historia, su evolución.
Y otra cosa muy importante: nuestras lenguas actuales romances (tratándose por ejemplo del caso español, francés, italiano, portugués, etc) derivan del latín, y conocer el latín nos permite conocer cómo evolucionaron nuestras lenguas romances actuales. Eso nos permite entender nuestra lengua, nos ayuda a comprender su evolución, y permite explicar muchos de sus aspectos, estructura, y naturaleza. De dónde vienen las palabras, de dónde vienen muchas expresiones, y muy importante, por qué las lenguas son como son. Porque las lenguas son como seres vivos: nacen, evolucionan, y mueren, no sin antes dejar otras lenguas como descendientes.

Todo eso conforma un enorme matriz de cultura, de conocimiento, y de historia de los pueblos. Una información enorme que nos ayuda a entender nuestros orígenes, nuestras costumbres, y por qué somos como somos. Estudiar lenguas muertas nos abre las puertas de las civilizaciones que nos precedieron, y con eso abrimos el conocimiento de la humanidad. Por eso, conocer lenguas muertas es tan importante. Por mucho que algunos insistan en que es perder el tiempo. La ignorancia. Eso sí es perder el tiempo.

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