Montserrat, y el reencuentro con los antiguos dioses

El pasado 1 de noviembre, día de todos los santos, estuve acompañando a un familiar en una visita a la abadía de Montserrat para recordar a un familiar cercano recientemente desaparecido. Como mucha gente sabrá, la abadía se encuentra inmersa dentro de una montaña muy característica, de diez kilómetros de largo y cinco de ancho, y que se desarrolló en el fondo de un lago mediante sedimentación. Luego el lago se secó y la montaña fue emergiendo a causa de los efectos de la presión lateral de las capas subterráneas de la zona. Por eso la montaña contrasta en su aspecto y características muy fuertemente con el resto del entorno, y por eso pueden verse restos de animales marinos, conchas etc, en su estructura.

Lo primero que he de decir es que la montaña, y la abadía, son lugares maravillosos, casi mágicos. Digo casi porque no soy creyente ni tengo nada que ver con la magia. Eso no significa que no sea sensible a los lugares, a las formas, y a los momentos. Lo soy, pero mi mente es fría y analítica, no puedo creer ni he creído nunca en seres místicos y mágicos. Pero puedo emocionarme frente a una montaña que es portentosa, y que merece verse al menos una vez en la vida. Si vienen por Cataluña, no dejen de visitar la montaña de Montserrat, sean creyentes o no, pienso que les va a gustar. En la imagen adjunta he dejado una foto de esta visita.

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Imagen de mi visita a Montserrat

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