Notre Dame se ha perdido, el futuro nunca lo hará

Bueno, basta que hablase de religión recientemente, para que tenga que volver a hacerlo, en unas circunstancias muy tristes. Probablemente muchos ya lo hayan visto: la maravillosa catedral de Notre Dame ha ardido, y los motivos, las razones, las explicaciones, serán las que sean. Eso es ahora secundario. Importante sin duda, pero secundario, respecto al hecho en sí de haber perdido una de las joyas del gótico, una maravilla arquitectónica llena de historia, tanto en sentido figurado como real.

Se hablará mucho de esta pérdida, de las razones, etc. Yo, sin embargo, hace poco decía que soy ateo, pero que respeto las creencias religiosas. Y, además, respeto las catedrales como monumentos majestuosos a la belleza arquitectónica de arquitectos, pintores, escultores, y artistas en general, que dotaron a esas catedrales de piezas realmente irreemplazables.

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Notre Dame se ha perdido; pero el futuro no se perderá nunca

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Montserrat, y el reencuentro con los antiguos dioses

El pasado 1 de noviembre, día de todos los santos, estuve acompañando a un familiar en una visita a la abadía de Montserrat para recordar a un familiar cercano recientemente desaparecido. Como mucha gente sabrá, la abadía se encuentra inmersa dentro de una montaña muy característica, de diez kilómetros de largo y cinco de ancho, y que se desarrolló en el fondo de un lago mediante sedimentación. Luego el lago se secó y la montaña fue emergiendo a causa de los efectos de la presión lateral de las capas subterráneas de la zona. Por eso la montaña contrasta en su aspecto y características muy fuertemente con el resto del entorno, y por eso pueden verse restos de animales marinos, conchas etc, en su estructura.

Lo primero que he de decir es que la montaña, y la abadía, son lugares maravillosos, casi mágicos. Digo casi porque no soy creyente ni tengo nada que ver con la magia. Eso no significa que no sea sensible a los lugares, a las formas, y a los momentos. Lo soy, pero mi mente es fría y analítica, no puedo creer ni he creído nunca en seres místicos y mágicos. Pero puedo emocionarme frente a una montaña que es portentosa, y que merece verse al menos una vez en la vida. Si vienen por Cataluña, no dejen de visitar la montaña de Montserrat, sean creyentes o no, pienso que les va a gustar. En la imagen adjunta he dejado una foto de esta visita.

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Imagen de mi visita a Montserrat

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Configurando los distintos rostros de Dios

Hablar de religión es un tema siempre controvertido. Aquellos que no creemos en fuerzas externas, en dioses, ni en religiones, solemos ser acusados de fríos, de no tener sensibilidad ni espiritualidad. No es cierto. Yo tengo una espiritualidad, pero no es de naturaleza divina, ni teológica, ni metafísica, sino basada en la razón y la ciencia. No se debe generalizar cuando se habla de religión, dicen.

Tal como los religiosos reclaman que no se generalice cuando se trata de juzgar las religiones, yo pido que no se generalice cuando se trata de juzgar a aquellos que hemos optado por explicar el origen del universo, y la naturaleza humana, sin acudir a la religión. Respeto para todos. También para aquellos que queremos encontrar otros caminos filosóficos y espirituales para el ser humano.

Yo me declaro humanista. Y creo que la humanidad tiene una misión, que no es encontrar a Dios, sino encontrarse a sí misma. Dar razón y sentido a una existencia que no la tiene, porque solo dando sentido a la existencia esta se convierte en un camino. “El viento nunca sopla de forma favorable para quien no sabe a qué puerto dirigirse” dijo alguien. Y tenía mucha razón.

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