Montserrat, y el reencuentro con los antiguos dioses

El pasado 1 de noviembre, día de todos los santos, estuve acompañando a un familiar en una visita a la abadía de Montserrat para recordar a un familiar cercano recientemente desaparecido. Como mucha gente sabrá, la abadía se encuentra inmersa dentro de una montaña muy característica, de diez kilómetros de largo y cinco de ancho, y que se desarrolló en el fondo de un lago mediante sedimentación. Luego el lago se secó y la montaña fue emergiendo a causa de los efectos de la presión lateral de las capas subterráneas de la zona. Por eso la montaña contrasta en su aspecto y características muy fuertemente con el resto del entorno, y por eso pueden verse restos de animales marinos, conchas etc, en su estructura.

Lo primero que he de decir es que la montaña, y la abadía, son lugares maravillosos, casi mágicos. Digo casi porque no soy creyente ni tengo nada que ver con la magia. Eso no significa que no sea sensible a los lugares, a las formas, y a los momentos. Lo soy, pero mi mente es fría y analítica, no puedo creer ni he creído nunca en seres místicos y mágicos. Pero puedo emocionarme frente a una montaña que es portentosa, y que merece verse al menos una vez en la vida. Si vienen por Cataluña, no dejen de visitar la montaña de Montserrat, sean creyentes o no, pienso que les va a gustar. En la imagen adjunta he dejado una foto de esta visita.

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Imagen de mi visita a Montserrat

Estando por allá paseando, en medio de una miriada de turistas, curiosos, y feligreses, incluidos muchos japoneses por supuesto, estuve pensando en las campanadas que llamaban a misa, y el espectáculo increíble que se organiza en estos lugares. Me refiero a Montserrat, pero también a Lourdes y otros sitios similares. ¿Por qué tienen tanto éxito? Y muy importante: ¿cómo pueden ser tan rentables económicamente? La respuesta es evidente: porque la fe mueve montañas; montañas de dinero, sin duda.

La fe es un sentimiento muy respetable. Al contrario que otros no creyentes, que suelen atacar la fe, yo defiendo que la gente tiene derecho a sentir lo que estime oportuno, incluyendo naturalmente la fe. Si sienten que hay un dios eterno que está ahí para cuidarlos y protegerlos, a ellos y sus familias, ¿quién soy yo para negarles esa fe? Que sientan y que piensen lo que estimen oportuno. Mientras no se hagan daño a sí mismos, y mientras esa fe no se convierta en un pensamiento radical que haya de ser impuesto a los demás, siempre respetaré cualquier creencia. Pero insisto: siempre que se respeten mis valores y creencias, y mi derecho a negar la existencia de dioses de cualquier tipo. Eso es fundamental.

Precisamente se está dando, especialmente desde 1998, un fenómeno de resurgimiento de religiones de las llamadas “paganas”, que tienen como dioses a seres que parecían ya enterrados en el tiempo, como Zeus y Odín. Notariamente en Grecia, también en Estados Unidos, el neopaganismo que trae de nuevo a los antiguos dioses griegos ha escandalizado a la iglesia ortodoxa griega, que tiene un gran poder, y que ha solicitado reiteradamente la prohibición de cualquier culto pagano. El gobierno griego había aceptado esa prohibición hasta 2007, fecha en la que se permitió que la libertad de culto incluya el neopaganismo.

Desde ese momento, se celebran ritos religiosos similares a los que acontecían en la antigua Grecia en la época clásica. Lugares antiguamente sagrados, como el templo de Partenón, dedicado a la diosa Atenea, vuelven a ser lugares de culto, y los turistas curiosos se mezclan con los devotos seguidores de la diosa de los ojos claros.

Este culto y esta devoción no son nuevos de todas formas. En los años cincuenta del siglo XX, durante unas obras en Atenas, apareció una antigua estatua enterrada de la diosa Atenea, y ello llevó a miles de personas a reclamar a la diosa como propia, para venerarla como se hizo hace veinticinco siglos en aquella misma tierra. Luego, algunas religiones antiguas no han desaparecido en realidad; se han mantenido ocultas por la persecución a la que han sido sometidas.

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Otra imagen de mi visita a Montserrat

Recordemos también a los seguidores del zoroastrismo, que se encuentran en las antiguas tierras de Babilonia, y que son perseguidos actualmente. Son los seguidores de los antiguos dioses que veneraban los hombres y mujeres del Imperio Aqueménida, precisamente el imperio persa contra el que lucharon los griegos en las guerras médicas. Cultos antiguos, cultos del presente.

¿Mi personal punto de vista? Respeto a todos ellos, a todos esos cultos, siempre que ellos me respeten, es decir, sigo siempre el mismo criterio. ¿Son sus dioses mejores o peores que los de otras religiones? Claro que no; son dioses, son adorados por miles de personas devotas, y se merecen tanto respeto en sus creencias como los que adoran al dios cristiano, al judío, o al musulmán. O a cualquier otro.

Porque, en esencia, la necesidad básica de muchos seres humanos está en la de adorar a una figura superior. Esa necesidad espiritual es una propiedad humana, y no se ha visto de ninguna forma en otras especies de animales. Se cree que los neardenthales podrían haber tenido también ciertas expresiones artísticas, culturales y místicas, pero especialmente en este caso el desconocimiento es todavía muy alto.

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Ceremonia neopagana helénica reciente en Grecia de culto a los dioses Zeus y Atenea

En resumen, la visita a la montaña de Montserrat provoca sensaciones encontradas en mí, y no era el único, alguien durante el descenso en el teleférico lo comentaba también: el negocio de la fe mueve millones de euros. Un negocio que se nutre de la buena voluntad de millones de seres humanos, que buscan en los templos la salvación de sus almas y la de sus seres queridos. Encuentran la salvación, por un módico precio. La iglesia pobre que postulaba Jesucristo tiene mucho de evangelización y muy poco de pobre. Pero otros cultos se abren paso con fuerza.

Llegan nuevos cultos modernos, o que son antiguos pero que nacen con un nuevo signo de los tiempos actuales. Y sus dioses son tan inmortales como aquellos a los que sustituyen. Cuando un dios deja de ser adorado, y recordado, muere en el olvido. Lo cual nos deja una conclusión muy clara: todo dios es inmortal mientras es venerado. Luego llega la oscuridad y la muerte de ese dios. Y el devenir de los tiempos dirá si los dioses  monoteístas actuales tienen un horizonte asegurado, o los antiguos dioses del pasado reclaman un nuevo trono en los cielos.


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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

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