Derribando los muros interiores

Existen dos tipos de muros: los de piedra, cemento o madera, y los que construyen los seres humanos en su interior. Ambos son difíciles de superar, pero los primeros pueden ser derribados por las ideas de solidaridad y humanismo. Los segundos, esos son mucho más difíciles de derribar, porque están construidos con el odio y el resentimiento hacia lo que es distinto de lo que hemos conocido y entendido como nuestro.

Hemos de dejar de creer que en la Tierra no hay sitio para todos. Quienes dicen eso sospechosamente no suelen incluirse en la lista de “sobrantes”. Hemos de dejar de creer que hay seres humanos que deben tener oportunidades frente a otros a los que se les debe negar. Y hemos de hacerlo porque, un día, alguien puede decidir que somos nosotros los que no nos merecemos esa oportunidad.

Hemos de dejar de hablar de refugiados. Todos somos refugiados. Mientras un solo ser humano esté desamparado, el problema es de todos. Eso se llama solidaridad. ¿Vamos a construir mejores sociedades plantando enormes muros? ¿Vamos a ser mejores anteponiendo nuestros intereses a los de los demás, en lugar de negociar lo que es el interés general de todos los pueblos de la Tierra?

No soy tan tonto como para no creer que hay que defenderse de ciertas fuerzas y poderes que intentan socavar lo conseguido. Apoyo disponer de sistemas de defensa y de seguridad bien equipados y preparados para cualquier eventualidad. Pero no podemos, repito, no podemos convertir en objetivos a pueblos enteros, en base a su lugar de origen o sus creencias. Hemos de perseguir a quienes intentan dañar la libertad, y a nadie más. No podemos convertir a millones de seres humanos en sospechosos. Como dijo Benjamin Franklin, no podemos cambiar libertad por seguridad, porque perderemos ambas.

Nos llamamos seres libres. No es verdad. No lo somos. No mientras consideremos que debemos coartar la libertad de otros. Seremos libres de verdad cuando consideremos una obligación moral y ética, como personas y como pueblos, el que todo ser humano tenga derecho.a la misma libertad que nosotros disfrutamos. Seremos libres cuando tendamos una mano amiga a quien la necesita.

Luego alguien podría reírse de mí, y llamarme soñador y utópico. Pero los sueños de libertad y de un futuro mejor para la humanidad se consiguieron con utopías de hombres que soñaron con un mundo mejor y más justo. Ese es mi camino. Y creo, honradamente, que es el camino. El único camino para un mundo mejor y de mayor libertad.

Derribemos todos los muros. Construyamos un mundo de oportunidades para todos los pueblos sin excepciones. Y veremos cómo no necesitan huir millones de refugiados de sus casas. Hoy son ellos. Mañana podríamos ser nosotros. Es una lección que la historia ha explicado mil veces. Hora es de aprender esa lección ya.

nelson-mandela