María Ostiz y un sueño de libertad

En este primer miércoles musical del año me gustaría reivindicar la figura de María Ostiz, cantante española que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta. Esta mujer, con una voz muy personal y maravillosa, ganó el festival de la OTI de 1976 en Acapulco, México, con su tema “Canta cigarra”.

En muchas ocasiones trato de traer a este blog música, y músicos, que han quedado relegados en el olvido, por las razones que sean. Evidentemente hay artistas que perduran más en la memoria, pero otros parece que son propensos a ser olvidados por la marea del tiempo.

A mí personalmente esta canción me recuerda a aquellos años difíciles en Latinoamérica y en España de los setenta. Años de sueños de libertad, de esperanza, de un futuro mejor, donde pudiésemos expresarnos sin miedos, sin cortapisas, sin amenazas constantes. Como todo sueño, no fue perfecto. Como todo sueño, despertamos a la realidad. Pero lo importante es que era otra realidad. Y era mejor que lo que dejábamos atrás. Sin ninguna duda.

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Una vela por los desterrados del amor

Ahora que se acaba el año, me gustaría encender una vela. Poner un poco de luz en todos aquellos hombres y mujeres, y también en todos los seres vivos en general, que por distintas razones han sufrido o sufren maltrato físico o psicológico, y por todos aquellos seres que han dejado este mundo este año por causa de la violencia, la maldad, la injusticia, el hambre, o la guerra.

Y por cualquier causa que haya provocado que la ilusión y el sueño de una vida se haya visto truncado por la maldad y la avaricia de una especie que presume de ser inteligente, pero que destruye el mundo, a sus semejantes, y la vida en general, por razones económicas, políticas, sociales, culturales, religiosas, o por el simple placer de hacer daño.

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Mi país es el infinito

Mi país es el infinito. Y mi momento es ahora. No porto banderas ni estandartes. No creo en dioses que ocultan el miedo del ser humano al futuro y a su confianza en sí mismo.

Mi único compromiso es con la verdad y el conocimiento. Mi único enemigo, la ignorancia y la arrogancia. Y mi camino es un océano infinito donde no existen las fronteras.  Puedo caminar junto a miles, o puedo caminar solo. Pero nadie adoctrinará mis pensamientos, ni mis ideas.

Cuando marches, no andes el camino; sé tú mismo el camino. Abre nuevas rutas por ti mismo, y verás cosas que nadie ha visto. Ese es mi sueño. Esa es mi meta.

Mi frontera es simple: romper fronteras.

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Cuando el dolor alcanza a los más inocentes

Estoy harto. Harto de tanto odio, de tanta guerra, de tanta injusticia, y de tanto enfrentamiento constante. En mi país, y fuera de mi país. En todo el mundo, mires donde mires, la barbarie y el odio copan los espacios públicos. Muchos se arrogan el derecho a decidir sobre la vida y la muerte de los demás, sentados en sus cómodas butacas, fumando un cigarro, y viendo el partido. Y me entran ganas de vomitar ante tanto desprecio por la vida. Por la vida de tantos y tantos inocentes.
Mi padre decía: “nada como una buena guerra para aprender lo que es el dolor y la muerte, y para recibir la más importante lección de vida”. No, por supuesto que no promocionaba la guerra. Su mensaje era por supuesto el contrario. Mi padre huyó de la guerra civil a Bélgica, y cuando ya estaba instalado allí, entraron los nazis, y tuvo que huir de nuevo. Vivió dos guerras. Sabía de lo que hablaba.
Precisamente el haber vivido entre algodones lleva a muchos a comportarse de forma absurda y grotesca, hablando de nazis, de enemigos, y de luchas sin saber en absoluto de qué hablan.
Cada vez tengo menos amigos, pero no lo eran, porque gente que apoya cualquier tipo de violencia no tendrá nunca un lugar a mi lado. Nunca. Aunque me quede solo, nadie que apoye cualquier atisbo de violencia tendrá de mí más que desprecio y olvido.
Es divertido, porque tengo fama de raro y difícil, y me lo dice gente que apoya la masacre de gente inocente por motivos políticos. Me encanta entonces ser raro y difícil, y espero no dejar de serlo nunca. He visto demasiado miedo, demasiado odio, demasiado dolor, demasiada sangre en esta vida como para no conmoverme con el sufrimiento de inocentes. Ni un alma más en pena. Ni un solo ser inocente atormentado. Ni uno más. Nunca. Jamás.
Perdone el lector mis palabras si son duras o ásperas. Pero digo lo que siento, y siento lo que digo. Y el dolor ajeno me conmueve y me hace hervir la sangre de rabia ante tanta intransigencia y tanto desprecio por la vida. Tendré mejores días. Pero siempre llevaré en mi corazón a cada alma inocente que sufra una injusticia. Siempre.
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La paz es el camino. Fragmento de “La leyenda de Darwan”

Este es un fragmento de “La leyenda de Darwan III: los dientes de Fenrir”. En el mismo, el Presidente, el líder de una sociedad increíblemente avanzada, habla con Helen, proclamada líder de un grupo de seres humanos, que luchan en una guerra casi eterna y desesperada. Ambos mantienen una conversación sobre las causas de la guerra, y sobre todo, sobre las consecuencias.

— No estoy bromeando – prosiguió el Presidente. — Pero hay una diferencia importante: tú eres una líder innata. Y un ser razonable.
— ¿Un ser razonable? Ahora es cuando empiezo a preocuparme de verdad, Presidente. Si dices eso de mí, es que estás realmente desesperado. – El Presidente se mantuvo en silencio unos instantes, mirando fijamente a Helen, que sintió una fuerza enorme, pero que no venía ni tenía nada que ver con poderes mentales.
— Sal de esa coraza, Helen – dijo finalmente el Presidente. – Sal ya de esa coraza. Tú quieres la paz tanto como nosotros. – Helen se quedó fría.
— ¿La paz? ¿La paz has dicho? – gritó Helen. – ¡Naturalmente que quiero la paz! ¡Y unas vacaciones en las Islas Maldivas! ¡La paz! ¿Eres capaz de entender, con esos dos maravillosos cerebros que tienes, que llevo tres mil millones de años viviendo en una situación de guerra constante? Perseguida, acosada, torturada por tu gente… ¿Recuerdas que me trajeron a este universo desde la tumba para combatir contra tus antepasados? ¿Crees que estamos satisfechos, o contentos, o que somos felices, con todo esto? —gritó Helen. La sala quedó completamente muda. Ni siquiera el resto de LauKlars se atrevieron a comentar nada mentalmente. Karl miraba asombrado a Helen.
— Lo sé – respondió al cabo de unos instantes el Presidente tranquilamente. – Sé todo eso. Sé lo que quieres decir.
— ¿Estás seguro? ¿Completamente? – preguntó Helen con ira.
— Completamente. Por eso, por ti, y por tu gente, y por todo lo que habéis pasado, vas a tener que dar un paso adelante. Por ti, y por tu pueblo. Vas a tener que aceptar la paz con los LauKlars, y con el resto de especies de la Galaxia. Debes saber que, habiendo creado el caos y traído el dolor a mi especie como nunca lo hubiera imaginado, mi primer impulso sería llevar la guerra a la especie humana hasta sus últimas consecuencias. Y es entonces, cuando pienso en las últimas consecuencias, cuando veo, y entiendo, que es necesario terminar con todo esto. Porque las últimas consecuencias son tan horribles, tan horrendas, que la conclusión lógica es esta: solo la paz puede ser menos dolorosa que continuar una guerra que terminaría con cualquier esperanza para toda la Galaxia.

Helen suspiró. Y luego, al cabo de un momento, susurró una frase: “no hay un camino para la paz; la paz es el camino”.
— ¿Qué decías, Helen? – preguntó el Presidente.
— Nada, recordaba una frase de un antiguo líder humano de la Tierra en lo que llamamos el siglo XX.
— Debes escuchar a esa voz.
— ¿Escuchaste la frase?
— Naturalmente, Helen, podemos leer vuestros pensamientos formados. ¿Acaso lo has olvidado?
— No. No lo he olvidado.
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿Quién me va a convencer de algo así, Presidente? ¿Quién me va a convencer de que un hipotético camino a la paz es mejor que la guerra, especialmente cuando Deblar tiene en este momento el triunfo tan cerca?
— Yo lo voy a hacer. Y además, tú lo vas a aceptar, y vas a luchar por ello, con todas tus fuerzas y todas tus energías. Deblar no tiene tan cerca su triunfo. No estamos en una posición fácil. Pero tenemos opciones.
— ¿Qué opciones?
— ¿No lo ves, Helen? Que estemos aquí, hablando, es lo peor que le puede pasar a Deblar. Esa es ya una opción. Pero hay más.

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La leyenda de Darwan III: los dientes de Fenrir

 

“Las entrañas de Nidavellir I” gratis en Amazon

Desde este sábado 30 de septiembre y durante tres días, la primera parte de “Las entrañas de Nidavellir” estará disponible de forma gratuita para todos los lectores interesados de la obra. Los no interesados deberán pagar 250 euros (es broma, basta con que no lo descarguen).

“Las entrañas de Nidavellir” trata básicamente de poder. De un poder establecido, que legitima un tipo de organización de pueblos y sociedades basados en una jerarquía y unas leyes concretas, y de cómo una parte de esos pueblos y esas sociedades se rebelan contra ese poder, y establecen una rebelión para cambiar las normas que durante incontables siglos han mantenido en lo más alto a una jerarquía basada en parámetros que la rebelión no considera ni justa, ni coherente. Por ello proclaman una lucha por la libertad completa y real de los pueblos, y se enfrentan a las fuerzas que durante generaciones han mantenido el poder.

En medio de esta situación, Sandra será llamada por el ser que más odia, Philip, más conocido como Deblar, para investigar un extraño descubrimiento en la luna Titán de Saturno, por parte de la empresa Titan Deep Space Company. Pero Sandra se verá arrastrada a encontrarse frente a la rebelión, y a tomar una decisión: ¿luchará al lado de esa rebelión, que le promete libertad para todos los pueblos, incluida en la Tierra? ¿O se pondrá al frente del poder establecido, que ha asegurado la paz durante siglos?

La libertad, el poder, y el sentido de la justicia son la base de “Las entrañas de Nidavellir”, y el momento en el que Sandra debe aceptar que no puede escapar a su destino. Un destino que la atrapa y la lleva a entender que ciertas decisiones aparentemente morales pueden a veces llevar acarreadas consecuencias que van mucho más allá de la justicia y la verdad. Ella tendrá que diferenciar entre sentido de la libertad y los intereses personales de cada parte implicada.

Esa es la esencia de “Las entrañas de Nidavellir”. Si lo leen, espero que lo disfruten. Yo, como escritor, no puedo pedirle más a la vida que tener lectores satisfechos. Si lo consigo, el objetivo será pleno. Muchas gracias.

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Cuando todo lo que queda son extremos

El mundo pasa por ciclos, eso es algo que la historia ha demostrado cientos de veces. Entre periodos de una cierta cordura y sensatez, se desarrollan épocas, alentadas por las crisis recurrentes, que llevan a personas, sociedades, naciones y pueblos a posturas extremistas y antagonistas. Es algo parecido a lo que hace el cuerpo humano cuando se siente amenazado: ataca los cuerpos que siente extraños, incluso si son beneficiosos para la salud. Un problema de enfermedad autoinmune de carácter social y político. Un lupus que se asienta sobre sociedades que viven en los extremos de la sinrazón y la ignorancia.

El pasado 24 de septiembre, las elecciones en Alemania han llevado al parlamento alemán, el Bundestag (y no el el Reichstag como mucha gente lo llama, por error o a conciencia), a 88 miembros de un partido de extrema derecha. Mucha gente los llama nazis, o neonazis. También en mi país, España, y en otros países, unos se llaman a otros nazis, sea la izquierda a la derecha, o la derecha a la izquierda, aunque en este caso el término “comunista amigo de Stalin” es muy común también.

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