Cuatro Dos Negro (V)

Primera parte en este enlace.
Segunda parte en este enlace.
Tercera parte en este enlace.
Cuarta parte en este enlace.
Sexta parte en este enlace.

Nos acercamos al final de esta historia. Esta es la quinta parte de “Cuatro Dos Negro”, relato que explica la segunda misión operativa de Sandra, personaje de la saga Aesir-Vanir. El relato está llegando a su fin, y dispondrá de una parte más (VI) y un epílogo (VII).

“Cuatro Dos Negro” quiere cerrar algunos aspectos que quedaron abiertos en “Trece almas”, e investigar un poco más en el desarrollo emocional primario de Sandra, algo en lo que llevo trabajando cinco años y nueve libros. Pero quedaba explicar el origen, el inicio fundamental. De ahí que me haya animado a escribir “Trece almas” y ahora este relato.

Este texto seguirá el mismo procedimiento que “Trece almas”. Se publicará en varias partes, y luego se convertirá en libro en Amazon, estando también disponible de forma gratuita aquí, en el blog. Ambas partes además se publicarán en un libro conjunto cuyo título final será “Sandra. Orígenes”. Cada cual podrá escoger la opción que estime más conveniente de lectura. Muchas gracias.

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La leyenda de Darwan I: Ragnarok gratis

Durante los días 6 a 8 de junio inclusive, el primer libro de la trilogía de “La leyenda de Darwan” estará disponible en Amazon y en formato digital completamente gratis. La trilogía tiene un estilo narrativo y una historia muy distintas a las historias de Sandra. Y es el origen de todo además. Un origen que comienza en el futuro. Esas son las paradojas del tiempo.

A continuación les dejo con la banda sonora original de la trilogía, compuesta específicamente para esta obra. La composición se titula “Himno de la victoria” y es una pieza que se escucha al inicio del tercer libro en una de las escenas y para conmemorar una situación concreta.

Actualmente sigue en marcha la cuarta parte de la obra, que unirá las dos ramas de la humanidad, siendo la otra rama la conocida en los dos libros de “La insurrección de los Einherjar”. Para más información sobre la saga, puede pulsar este enlace.  Muchas gracias.

María Ostiz y un sueño de libertad

En este primer miércoles musical del año me gustaría reivindicar la figura de María Ostiz, cantante española que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta. Esta mujer, con una voz muy personal y maravillosa, ganó el festival de la OTI de 1976 en Acapulco, México, con su tema “Canta cigarra”.

En muchas ocasiones trato de traer a este blog música, y músicos, que han quedado relegados en el olvido, por las razones que sean. Evidentemente hay artistas que perduran más en la memoria, pero otros parece que son propensos a ser olvidados por la marea del tiempo.

A mí personalmente esta canción me recuerda a aquellos años difíciles en Latinoamérica y en España de los setenta. Años de sueños de libertad, de esperanza, de un futuro mejor, donde pudiésemos expresarnos sin miedos, sin cortapisas, sin amenazas constantes. Como todo sueño, no fue perfecto. Como todo sueño, despertamos a la realidad. Pero lo importante es que era otra realidad. Y era mejor que lo que dejábamos atrás. Sin ninguna duda.

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Una vela por los desterrados del amor

Ahora que se acaba el año, me gustaría encender una vela. Poner un poco de luz en todos aquellos hombres y mujeres, y también en todos los seres vivos en general, que por distintas razones han sufrido o sufren maltrato físico o psicológico, y por todos aquellos seres que han dejado este mundo este año por causa de la violencia, la maldad, la injusticia, el hambre, o la guerra.

Y por cualquier causa que haya provocado que la ilusión y el sueño de una vida se haya visto truncado por la maldad y la avaricia de una especie que presume de ser inteligente, pero que destruye el mundo, a sus semejantes, y la vida en general, por razones económicas, políticas, sociales, culturales, religiosas, o por el simple placer de hacer daño.

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Mi país es el infinito

Mi país es el infinito. Y mi momento es ahora. No porto banderas ni estandartes. No creo en dioses que ocultan el miedo del ser humano al futuro y a su confianza en sí mismo.

Mi único compromiso es con la verdad y el conocimiento. Mi único enemigo, la ignorancia y la arrogancia. Y mi camino es un océano infinito donde no existen las fronteras.  Puedo caminar junto a miles, o puedo caminar solo. Pero nadie adoctrinará mis pensamientos, ni mis ideas.

Cuando marches, no andes el camino; sé tú mismo el camino. Abre nuevas rutas por ti mismo, y verás cosas que nadie ha visto. Ese es mi sueño. Esa es mi meta.

Mi frontera es simple: romper fronteras.

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Cuando el dolor alcanza a los más inocentes

Estoy harto. Harto de tanto odio, de tanta guerra, de tanta injusticia, y de tanto enfrentamiento constante. En mi país, y fuera de mi país. En todo el mundo, mires donde mires, la barbarie y el odio copan los espacios públicos. Muchos se arrogan el derecho a decidir sobre la vida y la muerte de los demás, sentados en sus cómodas butacas, fumando un cigarro, y viendo el partido. Y me entran ganas de vomitar ante tanto desprecio por la vida. Por la vida de tantos y tantos inocentes.
Mi padre decía: “nada como una buena guerra para aprender lo que es el dolor y la muerte, y para recibir la más importante lección de vida”. No, por supuesto que no promocionaba la guerra. Su mensaje era por supuesto el contrario. Mi padre huyó de la guerra civil a Bélgica, y cuando ya estaba instalado allí, entraron los nazis, y tuvo que huir de nuevo. Vivió dos guerras. Sabía de lo que hablaba.
Precisamente el haber vivido entre algodones lleva a muchos a comportarse de forma absurda y grotesca, hablando de nazis, de enemigos, y de luchas sin saber en absoluto de qué hablan.
Cada vez tengo menos amigos, pero no lo eran, porque gente que apoya cualquier tipo de violencia no tendrá nunca un lugar a mi lado. Nunca. Aunque me quede solo, nadie que apoye cualquier atisbo de violencia tendrá de mí más que desprecio y olvido.
Es divertido, porque tengo fama de raro y difícil, y me lo dice gente que apoya la masacre de gente inocente por motivos políticos. Me encanta entonces ser raro y difícil, y espero no dejar de serlo nunca. He visto demasiado miedo, demasiado odio, demasiado dolor, demasiada sangre en esta vida como para no conmoverme con el sufrimiento de inocentes. Ni un alma más en pena. Ni un solo ser inocente atormentado. Ni uno más. Nunca. Jamás.
Perdone el lector mis palabras si son duras o ásperas. Pero digo lo que siento, y siento lo que digo. Y el dolor ajeno me conmueve y me hace hervir la sangre de rabia ante tanta intransigencia y tanto desprecio por la vida. Tendré mejores días. Pero siempre llevaré en mi corazón a cada alma inocente que sufra una injusticia. Siempre.
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La paz es el camino. Fragmento de “La leyenda de Darwan”

Este es un fragmento de “La leyenda de Darwan III: los dientes de Fenrir”. En el mismo, el Presidente, el líder de una sociedad increíblemente avanzada, habla con Helen, proclamada líder de un grupo de seres humanos, que luchan en una guerra casi eterna y desesperada. Ambos mantienen una conversación sobre las causas de la guerra, y sobre todo, sobre las consecuencias.

— No estoy bromeando – prosiguió el Presidente. — Pero hay una diferencia importante: tú eres una líder innata. Y un ser razonable.
— ¿Un ser razonable? Ahora es cuando empiezo a preocuparme de verdad, Presidente. Si dices eso de mí, es que estás realmente desesperado. – El Presidente se mantuvo en silencio unos instantes, mirando fijamente a Helen, que sintió una fuerza enorme, pero que no venía ni tenía nada que ver con poderes mentales.
— Sal de esa coraza, Helen – dijo finalmente el Presidente. – Sal ya de esa coraza. Tú quieres la paz tanto como nosotros. – Helen se quedó fría.
— ¿La paz? ¿La paz has dicho? – gritó Helen. – ¡Naturalmente que quiero la paz! ¡Y unas vacaciones en las Islas Maldivas! ¡La paz! ¿Eres capaz de entender, con esos dos maravillosos cerebros que tienes, que llevo tres mil millones de años viviendo en una situación de guerra constante? Perseguida, acosada, torturada por tu gente… ¿Recuerdas que me trajeron a este universo desde la tumba para combatir contra tus antepasados? ¿Crees que estamos satisfechos, o contentos, o que somos felices, con todo esto? —gritó Helen. La sala quedó completamente muda. Ni siquiera el resto de LauKlars se atrevieron a comentar nada mentalmente. Karl miraba asombrado a Helen.
— Lo sé – respondió al cabo de unos instantes el Presidente tranquilamente. – Sé todo eso. Sé lo que quieres decir.
— ¿Estás seguro? ¿Completamente? – preguntó Helen con ira.
— Completamente. Por eso, por ti, y por tu gente, y por todo lo que habéis pasado, vas a tener que dar un paso adelante. Por ti, y por tu pueblo. Vas a tener que aceptar la paz con los LauKlars, y con el resto de especies de la Galaxia. Debes saber que, habiendo creado el caos y traído el dolor a mi especie como nunca lo hubiera imaginado, mi primer impulso sería llevar la guerra a la especie humana hasta sus últimas consecuencias. Y es entonces, cuando pienso en las últimas consecuencias, cuando veo, y entiendo, que es necesario terminar con todo esto. Porque las últimas consecuencias son tan horribles, tan horrendas, que la conclusión lógica es esta: solo la paz puede ser menos dolorosa que continuar una guerra que terminaría con cualquier esperanza para toda la Galaxia.

Helen suspiró. Y luego, al cabo de un momento, susurró una frase: “no hay un camino para la paz; la paz es el camino”.
— ¿Qué decías, Helen? – preguntó el Presidente.
— Nada, recordaba una frase de un antiguo líder humano de la Tierra en lo que llamamos el siglo XX.
— Debes escuchar a esa voz.
— ¿Escuchaste la frase?
— Naturalmente, Helen, podemos leer vuestros pensamientos formados. ¿Acaso lo has olvidado?
— No. No lo he olvidado.
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿Quién me va a convencer de algo así, Presidente? ¿Quién me va a convencer de que un hipotético camino a la paz es mejor que la guerra, especialmente cuando Deblar tiene en este momento el triunfo tan cerca?
— Yo lo voy a hacer. Y además, tú lo vas a aceptar, y vas a luchar por ello, con todas tus fuerzas y todas tus energías. Deblar no tiene tan cerca su triunfo. No estamos en una posición fácil. Pero tenemos opciones.
— ¿Qué opciones?
— ¿No lo ves, Helen? Que estemos aquí, hablando, es lo peor que le puede pasar a Deblar. Esa es ya una opción. Pero hay más.

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La leyenda de Darwan III: los dientes de Fenrir