Cuando la tormenta del odio no entiende de fronteras

Estoy preocupado. Muy preocupado con lo que veo en Europa, y en el mundo. Con el resurgimiento del nazismo en el mundo me llama la atención la delicada respuesta que las fuerzas democráticas exponen sobre el renacimiento de fuerzas cuya finalidad es la destrucción sistemática de la democracia, el sometimiento del pueblo al pensamiento único, el suyo por supuesto, y la posibilidad de volver a un modelo de dictadura que deberíamos de haber superado hace décadas.

La gente no reacciona ante el retorno del nazismo. No es consciente de que los extremos usan la democracia a su antojo, para tomar el poder, y convertir sus ideales fascistas en nuevas formas de gobierno. Mediante el empleo del populismo, la mentira, la manipulación, la demagogia, el uso de proclamas sobre los peligros que acechan al país, y la demonización de todo lo que no sea su ideario político, el nazismo controla las mentes de millones de individuos, que oyen lo que quieren oír. Antes fueron los judíos. Ahora son los africanos. Antes eran los bárbaros. Ahora son los inmigrantes. Antes eran las culturas ajenas a la propia. Ahora hablan de la contaminación de la europa católica y social.

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Maximilian Schell en su magnífico papel como abogado defensor

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En memoria de las almas perdidas

Nota: una de las peculiaridades de los blogs es que los autores de los mismos no tenemos que tamizar las palabras, ni intentar quedar bien con nadie. Las palabras surgen espontáneas, y se vuelcan en el papel como se sienten. Y uno de mis objetivos es denunciar los hechos como yo los veo. Sin duda, habrá muchos matices que destacar. Pero cuando veo cómo crecen ciertas actitudes e ideas extremistas y represivas de nuevo en el mundo, me preocupo. Y me preocupo mucho. Porque la caja de Pandora puede abrirse fácilmente. Pero luego cerrarla cuesta muchos años, mucho dolor, vidas, y muerte.

Hoy quisiera dejar de lado el humor, la música, e incluso las letras. Y traer aquí una reflexión. Que no será fácil. Ni cómoda. Ni será trending topic en la redes. Pero que es importante no olvidar. Es importante recordar el pasado doloroso. Porque las risas del hoy serán el llanto del mañana si no hacemos algo pronto.

Vivimos tiempos difíciles. Los rumores de un nuevo fascismo recorren Europa y el mundo. Por todas partes de nuevo se alzan voces proclamando la supremacía de las razas superiores, destinadas a controlar el mundo frente a los pueblos inferiores, que deben ser sometidos, perseguidos, torturados, devueltos a sus países, para que sigan siendo bombardeados. El Ángel de la Muerte sonríe de nuevo. Y la humanidad se acerca de nuevo al abismo.

Toda civilización y toda era de luz tiene su némesis. Los abuelos y los padres que vivieron la guerra civil y la segunda guerra mundial han muerto, y las nuevas generaciones no conocen del dolor de la guerra, del hambre, del sufrimiento, y de la miseria. Los pueblos de occidente han vivido en los restos de la sangre que muchos hombres y mujeres tuvieron que derramar para conseguir una paz precaria, difícil, compleja. Pero real y tangible. Ahora esa precaria paz, ese complejo equilibrio, empieza de nuevo a resquebrajarse. Y observamos cómo las banderas orgullosas de antiguos poderes absolutos se alzan de nuevo, proclamando las mismas premisas que se gritaron y se cantaron en Nuremberg durante los años treinta del siglo XX.

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Nuremberg, Alemania. !934.

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Democracia, o el sentido de la justicia social

Ayer se comentaba en una televisión local el hecho de que un individuo que ha ganado las elecciones democráticamente tiene derecho a legislar las leyes y aplicar las acciones que crea necesarias sin que tenga que ser criticado por ello. También se comentó que una mayoría que apoya a un individuo en sus acciones respalda automáticamente esas acciones.

Ante tales argumentos sorprendentes y propios de ideas que deberían de estar superadas hace tiempo, lo cierto es que esa idea es falsa. Completamente falsa. Se vota para hacer justicia. Se vota para conseguir nuevos logros para las sociedades de la Tierra. Se vota para conseguir algo más de libertad, un poco más de paz, y un futuro mejor para todos. No se vota para dar rienda suelta a cualquier idea, por absurda que sea, y por el simple hecho de que una mayoría las apoya. Porque un día esa mayoría puede decidir apoyar acciones que luego se conviertan en una pesadilla para las sociedades que las han promovido y vivido.

No. La democracia no es eso. La democracia no es el instrumento para ser usado con fines particulares. La democracia no se puede sostener bajo el argumento de la mayoría. Es importante. Pero cuando esa mayoría usa ese poder para mantener a una minoría, la democracia está fallando, porque democracia significa poder del pueblo.

Si el pueblo pierde el poder, la democracia no sirve de nada. Incluso si son los propios votantes los que ceden el poder de forma voluntaria, eso no es democracia. Eso tiene otro nombre. Y es un nombre que debemos enterrar para siempre. O nuevos fantasmas se levantarán de nuevo. Algo que debíamos de haber superado hace mucho, demasiado tiempo.

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Asimov y la democracia

La frase de la semana nos la trae Isaac Asimov. El gran escritor, humanista y científico ya había visto en el siglo XX el problema que supone que la democracia esté gestionada por gente ignorante y sumisa a cualquier regalo que le dé cualquiera que le diga lo que quiere oír.

Los griegos, inventores de la democracia, solo permitían votar a aquellos que eran cultos, formados, y conocedores de lo que elegían. ¿Significa eso que hemos de erradicar la democracia como forma de gobierno? Al contrario: significa que debemos formar hombres y mujeres con los conocimientos, la cultura, y la capacidad crítica para votar en las mejores condiciones. La ignorancia no vota por sí misma; su mano es guiada por aquellos que saben manipular a quienes no han tenido la oportunidad de disponer de una formación.

Democracia sí, siempre. Pero ignorancia no; nunca. Esa es la idea que Asimov transmitió durante toda su vida. Y el viejo sabio sabía muy bien lo que decía.

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