Cuando la tormenta del odio no entiende de fronteras

Estoy preocupado. Muy preocupado con lo que veo en Europa, y en el mundo. Con el resurgimiento del nazismo en el mundo me llama la atención la delicada respuesta que las fuerzas democráticas exponen sobre el renacimiento de fuerzas cuya finalidad es la destrucción sistemática de la democracia, el sometimiento del pueblo al pensamiento único, el suyo por supuesto, y la posibilidad de volver a un modelo de dictadura que deberíamos de haber superado hace décadas.

La gente no reacciona ante el retorno del nazismo. No es consciente de que los extremos usan la democracia a su antojo, para tomar el poder, y convertir sus ideales fascistas en nuevas formas de gobierno. Mediante el empleo del populismo, la mentira, la manipulación, la demagogia, el uso de proclamas sobre los peligros que acechan al país, y la demonización de todo lo que no sea su ideario político, el nazismo controla las mentes de millones de individuos, que oyen lo que quieren oír. Antes fueron los judíos. Ahora son los africanos. Antes eran los bárbaros. Ahora son los inmigrantes. Antes eran las culturas ajenas a la propia. Ahora hablan de la contaminación de la europa católica y social.

Maximilian
Maximilian Schell en su magnífico papel como abogado defensor

Ya hablé en otra ocasión de la magnífica película “Vencedores y vencidos”, donde se exponían los argumentos de un hombre que había colaborado con el nazismo como un mal menor para liberar al país del yugo de todo lo que lo sometía a los caprichos de las fuerzas externas.

Hoy traigo un discurso de culpabilidad. La culpabilidad de los pueblos y gobiernos en el ascenso de Hitler al poder. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de que Hitler convirtiese Europa en un infierno? ¿Qué responsabilidad tuvo IBM en la venta de sus máquinas de clasificación de fichas para el control de la población judía reclusa? ¿Qué hemos de decir de los británicos, que apoyaron a los alemanes con su propia tecnología para la construcción de aviones modernos? ¿Qué podemos pensar del pensamiento del propio Winston Churchill, que alabó a Hitler en 1938 como un gran estadista? ¿Qué podemos decir de Stalin, el otro gran psicópata asesino, que firmó el pacto de acero con Alemania y Japón, y permitió a Hitler la conquista de Europa?

Es fácil acusar a un hombre, y no ver que, en demasiadas ocasiones, la responsabilidad de que el nazismo nazca y crezca en las naciones y los pueblos tiene mucho que ver con el apoyo que se les da a los dictadores. Como el apoyo que tuvo Franco por parte de Estados Unidos. O la llegada de Pinochet a Chile gracias al apoyo de Estados Unidos. O el propio Donald Trump, un hombre que es un insulto para cualquier demócrata que respete la vida y los derechos humanos.

Hitler no llegó al poder por casualidad. Se alentó y se calló. Se hizo el silencio mientras llegaba al poder. Se hizo el silencio cuando llevó a cabo el juramento de fidelidad a Hitler en 1935. Se hizo el silencio cuando comenzó a construir un nuevo y moderno ejército. Se hizo el silencio cuando tomó Austria. Se hizo el silencio cuando tomó Checoslovaquia. Se hizo el silencio cuando se firmó el pacto Ribbentrop-Molotov. Y se hizo el silencio cuando los campos de concentración nazis comenzaron su monstruoso proceso de eliminación de millones de seres humanos.

Cuando el silencio se rompió, ya era demasiado tarde. La Bestia rondaba de nuevo sobre la Tierra. Y la Bestia se llevó la vida de millones de almas inocentes.

No lo permitamos. No permitamos que ocurra de nuevo. Ni en Europa, ni en el resto del mundo. No permitamos que nuevos demonios en forma de locos nazis controlen las mentes de millones de hombres y mujeres. No permitamos que la locura del pensamiento único se apodere de cada hombre y mujer de la Tierra. La libertad cuesta décadas ganar, y solo un pequeño momento perderla.

¿Quién es culpable de que fuerzas de extrema derecha, también por supuesto de extrema izquierda, lleguen al poder? Sin embargo, la extrema izquierda no es el peligro inmediato. No hay ahora países comunistas. Los que lo eran, se han ido al bando contrario, especialmente Rusia y China, dos gigantes que aplastan cualquier forma de pensamiento que no sea el oficial. Rusia elimina a sus disidentes. China los persigue y controla sistemáticamente. Otros países como Arabia Saudí eliminan a sus detractores mediante tortura, sin que nadie haga nada por evitarlo. Al contrario, se mira a otro lado por un interés económico.

¿Les suena? Todo eso ocurrió en los años 30 del siglo XX con Hitler. Ahora está ocurriendo con otros países y otros líderes. Y existe una máxima que se da siempre, y que dice:

“Quien mata a un ser humano es un asesino. Quien mata a diez, un psicópata. Y quien mata a un millón, es un líder político”.

No dejemos que esos líderes lleguen al poder. O todos sufriremos las consecuencias. Todos. Los vencedores. Y los vencidos.

 

 

 

 

 

 

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

2 comentarios en “Cuando la tormenta del odio no entiende de fronteras”

  1. Totalmente cierto. Mira por ejemplo el problema de Oriente Medio. Siempre han sido protegidos y creados por las élites (USA la primera) y luego a lamentarlo cuando dejan ese territorio y esos organismos adquieren una independencia.

    El otro factor que plasmas en el escrito es lo que Marvel manifiesta en la segunda película de Capitán América. El mal nunca se vence, quedan restos y se esconden esperando el momento perfecto en que la sociedad lo acepte de nuevo y permita ese crecimiento.

    Y esto sucede porque realmente no se construyen nuevas estructuras. Si no que mantienes las antiguas. Hecho que se demuestra porque las memorias históricas no se aplican como se deben y protegemos a esa parte que no se lo merece.

    ¡Saludos!

    1. Totalmente de acuerdo Vanessa, no se derriban muros, se derriban puentes para hacer nuevos muros. Y así no vamos a ningún lado. Un abrazo.

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