El discurso de Yvette (Fragmento de “Las entrañas de Nidavellir)

Yvette debe dar un discurso a toda la galaxia. Para ello, debe conectarse, en una sala especial de comunicaciones, a miles de millones de seres de toda la galaxia. La guerra continúa, y sus consecuencias destrozan millones de vidas. Ella ha sido elegida para demostrar que la humanidad no es ese monstruo que parece ser. Que la humanidad tiene también un lado positivo, una peculiaridad de bondad, de paz, de progreso.

Yvette está desesperada. Se suponía que ella iba a trabajar un año en Titán, en un proyecto de ingeniería muy bien pagado. Pero las cosas se habían complicado. Ahora debe mostrar su mente y su alma a toda la galaxia, y la galaxia hará lo mismo con ella…

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Cambiemos la ira y el odio por toneladas de amor

Cuando escribo estas líneas, han pasado unos días desde el terrible atentado del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y luego en Cambrils. Ambas poblaciones forman parte de mi hogar. Por Barcelona paso cada día por temas profesionales, y Cambrils conforma los recuerdos de muchos años de mi juventud en el camping, y por donde aún suelo ir a pasear por sus preciosas calles y paseo marítimo.

Naturalmente, todos los que tenemos algo de sensibilidad nos preguntamos por qué suceden estas cosas tan terribles. Cómo pueden realizarse crímenes a sangre fría de un modo tan brutal y monstruoso. Las respuestas son complejas, y yo no estoy capacitado para hacer un análisis pormenorizado de los motivos y parámetros que convierten a un ser humano en una especie de loco asesino adoctrinado.

Me basta con entender que debemos analizar cuidadosamente por qué se llega a estas situaciones, y cómo evitarlas, cómo evitar que se reproduzcan en el futuro. E insisto, no voy a dar lecciones de moral ni de ética, ni de conducta, ni voy a dar una clase magistral sobre humanidades, porque no soy quién. Solo diré que estoy con las víctimas, que estoy con el dolor de las familias, y que condeno de la forma más enérgica cualquier forma de violencia, siendo el terrorismo, junto con la guerra, las expresiones más oscuras del comportamiento humano.

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De libertad y seguridad

Se habla mucho de libertad. Y de falta de libertad. De la libertad con la que nacemos. Y de la libertad que nos dan por haber nacido en este o aquel lugar.

Pero el concepto de libertad es mucho más complejo. La libertad se usa como moneda de cambio de los gobiernos para ajustar el tono y entusiasmo de los pueblos. Un gobierno en elecciones o en minoría hablará de libertad. Uno con mayoría absoluta, o absolutamente seguro de no estar equivocado, hablará de seguridad. Lo más curioso es que un mismo gobierno puede transitar de uno a otro estado en función de sus intereses.

Nos venden libertad para dar una imagen amable de gobierno. Y nos venden seguridad para que nos sintamos protegidos, como el niño se siente cuidado en el regazo de la madre. Lo cierto es que estas dos monedas, libertad y seguridad, son solo las dos caras de una misma moneda. Cuanto más tienes de una, más se pierde la otra. El factor decisivo es buscar el equilibrio ideal. Pero eso es algo que raramente sucede.

Pero la libertad que nos ofrecen está adulterada por los intereses de gobiernos y leyes. La libertad del político sonriente esconde una sola verdad: la obtención de poder, el control de las masas, y el deseo de controlar todos los aspectos de la población. Usando para ello cualquier medio al alcance de ese gobierno. Actualmente, por supuesto, todas las tecnologías disponibles. Así, el control es total. Y la libertad es solo un escaparate lleno de figuras vacías sonrientes que no dicen nada más que lo que queremos escuchar.

¿Qué nos queda? Nuestra propia libertad. La que nos damos a nosotros mismos. La que hemos aprendido a conocer. La que nos dice cuándo alguien, sea una persona, una institución, quien sea, nos vende un sueño, o realmente nos ofrece una oportunidad. Ocurre, algunas veces, pero son pocas. Es tarea nuestra reconocer el momento en el que alguien nos ofrece verdadera libertad. Pero, para eso, deberemos ser libres primero.

El orden, la justicia, la libertad, la democracia, son solo palabras huecas. Si no se practican de verdad, son solo una imagen, una ilusión, una mentira gigantesca para ocultarnos la última verdad: que estamos en sus manos, y que no nos van a soltar.

Por eso, debemos aprender a ser libres. Por nosotros mismos. Sin interferencias. Sin ruidos externos. Solo nosotros y la verdad. Ese es camino para empezar a conocer la realidad. El único camino. De verdad.

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Democracia, o el sentido de la justicia social

Ayer se comentaba en una televisión local el hecho de que un individuo que ha ganado las elecciones democráticamente tiene derecho a legislar las leyes y aplicar las acciones que crea necesarias sin que tenga que ser criticado por ello. También se comentó que una mayoría que apoya a un individuo en sus acciones respalda automáticamente esas acciones.

Ante tales argumentos sorprendentes y propios de ideas que deberían de estar superadas hace tiempo, lo cierto es que esa idea es falsa. Completamente falsa. Se vota para hacer justicia. Se vota para conseguir nuevos logros para las sociedades de la Tierra. Se vota para conseguir algo más de libertad, un poco más de paz, y un futuro mejor para todos. No se vota para dar rienda suelta a cualquier idea, por absurda que sea, y por el simple hecho de que una mayoría las apoya. Porque un día esa mayoría puede decidir apoyar acciones que luego se conviertan en una pesadilla para las sociedades que las han promovido y vivido.

No. La democracia no es eso. La democracia no es el instrumento para ser usado con fines particulares. La democracia no se puede sostener bajo el argumento de la mayoría. Es importante. Pero cuando esa mayoría usa ese poder para mantener a una minoría, la democracia está fallando, porque democracia significa poder del pueblo.

Si el pueblo pierde el poder, la democracia no sirve de nada. Incluso si son los propios votantes los que ceden el poder de forma voluntaria, eso no es democracia. Eso tiene otro nombre. Y es un nombre que debemos enterrar para siempre. O nuevos fantasmas se levantarán de nuevo. Algo que debíamos de haber superado hace mucho, demasiado tiempo.

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