De libertad y seguridad

Se habla mucho de libertad. Y de falta de libertad. De la libertad con la que nacemos. Y de la libertad que nos dan por haber nacido en este o aquel lugar.

Pero el concepto de libertad es mucho más complejo. La libertad se usa como moneda de cambio de los gobiernos para ajustar el tono y entusiasmo de los pueblos. Un gobierno en elecciones o en minoría hablará de libertad. Uno con mayoría absoluta, o absolutamente seguro de no estar equivocado, hablará de seguridad. Lo más curioso es que un mismo gobierno puede transitar de uno a otro estado en función de sus intereses.

Nos venden libertad para dar una imagen amable de gobierno. Y nos venden seguridad para que nos sintamos protegidos, como el niño se siente cuidado en el regazo de la madre. Lo cierto es que estas dos monedas, libertad y seguridad, son solo las dos caras de una misma moneda. Cuanto más tienes de una, más se pierde la otra. El factor decisivo es buscar el equilibrio ideal. Pero eso es algo que raramente sucede.

Pero la libertad que nos ofrecen está adulterada por los intereses de gobiernos y leyes. La libertad del político sonriente esconde una sola verdad: la obtención de poder, el control de las masas, y el deseo de controlar todos los aspectos de la población. Usando para ello cualquier medio al alcance de ese gobierno. Actualmente, por supuesto, todas las tecnologías disponibles. Así, el control es total. Y la libertad es solo un escaparate lleno de figuras vacías sonrientes que no dicen nada más que lo que queremos escuchar.

¿Qué nos queda? Nuestra propia libertad. La que nos damos a nosotros mismos. La que hemos aprendido a conocer. La que nos dice cuándo alguien, sea una persona, una institución, quien sea, nos vende un sueño, o realmente nos ofrece una oportunidad. Ocurre, algunas veces, pero son pocas. Es tarea nuestra reconocer el momento en el que alguien nos ofrece verdadera libertad. Pero, para eso, deberemos ser libres primero.

El orden, la justicia, la libertad, la democracia, son solo palabras huecas. Si no se practican de verdad, son solo una imagen, una ilusión, una mentira gigantesca para ocultarnos la última verdad: que estamos en sus manos, y que no nos van a soltar.

Por eso, debemos aprender a ser libres. Por nosotros mismos. Sin interferencias. Sin ruidos externos. Solo nosotros y la verdad. Ese es camino para empezar a conocer la realidad. El único camino. De verdad.

scott_nidavellir

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Nadie nos quitará nuestra libertad

La frase de la semana va sobre la libertad. En estos días se habla mucho de libertad. Si han de ser libres unos, y no otros, en función del lugar en el que han nacido, la religión que profesan, o el color de su piel. Algunos individuos han decidido quién debe ser libre, y quién debe ser sometido a vigilancia, recluido, e incluso torturado, en nombre de una falsa seguridad que, en el mejor de los casos, es contraproducente. Y en el peor, lleva a los estados, y a los seres humanos, a perder todavía más libertad.

¿Qué nos queda frente a estas personas que nos dicen cuándo y cómo debemos ser libres y por qué? Pocas opciones, la verdad. Cuando un sistema policial se organiza para controlar a todo individuo sin excepción, debemos aprender nosotros mismos a ser libres, sin que nada, ni nadie, nos lo impida.

Pueden encadenarnos. Pueden detenernos. Pueden torturarnos. Y pueden condenarnos. Pero no podrán evitar que sigamos siendo libres. Y eso es lo que realmente temen. Ellos quieren ciudadanos callados, ciudadanos sometidos, ciudadanos temerosos. En definitiva, ciudadanos que teman perder su libertad, cuando hace tiempo que no la disfrutan.

La única conclusión lógica es una, y solo una: nos sentiremos libres porque somos libres. Porque queremos serlo. Y porque lo somos. Podrán dictar leyes, podrán perseguirnos. Pero no nos podrán quitar nuestra libertad. Es libre quien se siente libre. Y eso nadie lo cambiará. Nunca.

El lector sabe perfectamente a qué me refiero, por supuesto. Y ellos saben que no nos doblarán. Ni nos someterán. Jamás.

scott_nidavellir