Una vela por los desterrados del amor

Ahora que se acaba el año, me gustaría encender una vela. Poner un poco de luz en todos aquellos hombres y mujeres, y también en todos los seres vivos en general, que por distintas razones han sufrido o sufren maltrato físico o psicológico, y por todos aquellos seres que han dejado este mundo este año por causa de la violencia, la maldad, la injusticia, el hambre, o la guerra.

Y por cualquier causa que haya provocado que la ilusión y el sueño de una vida se haya visto truncado por la maldad y la avaricia de una especie que presume de ser inteligente, pero que destruye el mundo, a sus semejantes, y la vida en general, por razones económicas, políticas, sociales, culturales, religiosas, o por el simple placer de hacer daño.

vela

He visto, a lo largo de mi vida, mucho dolor y mucho sufrimiento, demasiado sufrimiento, a mi alrededor. Llega un momento en el que el corazón se convierte en una espiral de dolor inagotable, y el alma en un llanto que nunca cesa. ¿Qué hacer en esas situaciones? Es difícil de explicar, mucho más de lograr.

Fortaleza, ánimo, determinación, lucha, deseo de superación de aquel dolor del pasado. Intentar sacar de la mente esos rostros de sufrimiento, esos llantos desgarradores, esos gritos de miedo y terror. Pero es casi imposible. Uno termina aprendiendo a vivir y a convivir con ello. Los gritos nunca cesan. Se pueden silenciar brevemente, pero, por las noches, vuelven de nuevo.

Son los gritos de seres humanos pidiendo justicia. Son el llanto de inocentes incapaces de defenderse. Son los aullidos de los animales perseguidos, destrozados, apaleados, y convertidos en almas oscuras que vagan por las tinieblas de una noche eterna. Son esos seres los que están a mi alrededor, clamando justicia. Clamando ser oídos. Clamando una oportunidad de volver a la vida. Algo que es imposible. Algo que nunca sucederá.

Yo siento terminar el año con un mensaje duro, difícil, terrible. Pero ante tanta falsa imagen que nos quieren vender de un mundo fantástico, lleno de regalos y de felicidad, está el dolor de millones de inocentes que no son escuchados, que son vilipendiados y olvidados, y lanzados al vacío de la nada. Hombres y mujeres que viven un terror eterno, vidas que se van cuando estaban empezando a vivir.

La humanidad no puede presumir de nada. No debe presumir de nada. Mientras un solo ser vivo sufra tratos degradantes y humillantes, mientras una sola voz tiemble ante el miedo y el sufrimiento, no habrá paz en la Tierra, ni habrá futuro para la humanidad. Mientras esta especie, mal llamada inteligente, no aplique una justicia equitativa, mientras no se enseñen los valores del amor, la concordia, la paz, y el espíritu de crear un mundo mejor, menos competitivo y más colaborativo, donde todos tengan cabida, mientras eso no ocurra, no habrá paz en la Tierra. Ni en ningún lugar donde el ser humano se halle, dentro o fuera del planeta.

Se han conseguido logros, es indudable. Hemos progresado en muchos aspectos, no tengo la menor duda. Pero todo eso no sirve de nada si seguimos permitiendo que tres de cada cuatro niños en el mundo pasen hambre, sed, maltrato, y todo tipo de vejaciones. Hemos de dejar de hablar de construir muros, y empezar a hablar de construir puentes. Hemos de romper con todo lo que hemos creado en el pasado que nos esclaviza a ese pasado, y crear nuevas sociedades, justas, equitativas, igualitarias, donde nadie esté por encima de nadie por motivo alguno.

No habrá una verdadera Navidad en la Tierra mientras un solo ser vivo sufra en este mundo. La Navidad real llegará con las sonrisas y la alegría de millones de corazones jubilosos de tener, al menos, lo mínimo para ser tratados dignamente. Ese día sí será Navidad. Y ese día lo celebraré con júbilo. Mientras tanto, seguiré denunciando los hechos implacables de un mundo cruel y sin piedad, sea en este pequeño blog, sea a través de mis relatos, que tratan, al fin y al cabo, de la humanidad. No puedo hacer más, es cierto; pero cada cual contribuye con lo que puede, y con lo que tiene. Yo tengo la palabra en mi mano. La usaré para luchar contra el mal. Sé que es poco, pero un mucho de poco es mucho. Y todos unidos podemos cambiar el mundo, que nadie lo dude. Juntos, unidos, lo podremos lograr. Ese es mi deseo para 2018. Y para el resto de los días que me quedan de vida en este mundo.

Feliz año para todos. Para todo ser vivo en este mundo. Ojalá, todos aquellos que sufrís la persecución de un mundo que os acecha y os golpea, ojalá, el año que viene, encontréis la paz. Ese es mi deseo. Ojalá algún día sea, por fin, una realidad.

Gracias a todos por estar ahí. Y que el 2018 sea el mejor. Aunque solo sea porque es el nuevo año. Solo por eso, merecerá la pena vivirlo.

 

Anuncios

2 comentarios en “Una vela por los desterrados del amor”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s