Sentido y necesidad de la ciencia ficción

Hoy quiero traer a este pequeño blog una pequeña reflexión sobre el sentido y la necesidad de la ciencia ficción. En un mundo moderno y lleno de noticias sobre tecnología, ¿sigue siendo necesaria la ciencia ficción? La respuesta es un rotundo sí. ¿Por qué? Porque no debemos confundirnos: la naturaleza final de la ciencia ficción no es hablar de tecnologías, ni de progreso científico. La naturaleza final de la ciencia ficción es hablar del ser humano, de su naturaleza, de su condición, y de su proyección al futuro.

Ese es el motivo que me ha llevado a escribir este texto. Y aquí explicaré por qué la ciencia ficción sigue siendo una materia de primer orden para el ser humano.

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“2001” no habla de un viaje a Júpiter (Saturno en el libro), sino de un viaje de la humanidad hacia un nuevo estadio de realidad cósmica.

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Dónde están los héroes y los sueños del siglo XX

Hace muchos, muchos años, y esto no es un cuento, escribí una canción con mi guitarra que se titulaba “Trovador de siglo XX”. Aún anda la partitura por algún lado. El caso es que es cierto. Ahora, escuchando el disco “I Robot” (Yo Robot) de Alan Parsons, inspirado en el libro del mismo nombre del Maestro Isaac Asimov, me pregunto: ¿dónde ha quedado mi época? ¿Qué hago en este siglo XXI que ni entiendo ni puedo asimilar?

El siglo XX pasó, y las nuevas generaciones no conocen aquellos tiempos. Hablando hace poco con un chico que ahora acaba de cumplir 26 años, me daba cuenta de que le hablaba de grupos, de escritores, de sucesos, que ni conoce, ni probablemente le importan en su mayor parte.

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Imposibles ficticios. Hoy: El fin de la eternidad

El tiempo es aquello que es infinito cuando somos jóvenes, y demasiado escaso cuando nos hacemos viejos. Entre un instante y el siguiente, todas las decisiones que hayamos tomado quedarán escritas en la historia del universo para siempre. Los errores, los fallos, esa palabra mal puesta, ese gesto erróneo, en el momento más inoportuno, que hizo que perdiésemos un trabajo, un amor, un amigo, para siempre. ¿Y si pudiésemos volver atrás? O mejor aún, ¿y si pudiésemos controlar el tiempo, y crear un mundo perfecto para la humanidad?

Corría el año 1955, y el bioquímico de origen ruso, afincado con sus padres en Nueva York, Isaac Asimov, era ya un renombrado y conocido escritor de ciencia ficción. Tanto era así que dejó su plaza en la universidad para dedicarse a escribir en exclusiva, algo que le permitió crear toda la serie de obras increíbles, tanto de ficción como divulgativas, que podemos disfrutar hoy día. Recordemos que Asimov es el escritor más prolífico de la historia, junto a Lope de Vega. Más de quinientas obras llevan su sello.

Asimov había escrito su trilogía de “La Fundación” poco antes, publicada por capítulos en una revista, algo muy habitual en aquella época. Había terminado un relato de 25.000 palabras sobre una idea relacionada con los viajes en el tiempo que fue rechazada, pero posteriormente, convertida en novela, fue aceptada para ser publicada.

Así nació una de las obras que considero más grandes de Isaac Asimov: “El fin de la eternidad”, junto a la mencionada trilogía de la Fundación, y a “Yo robot”.

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La mejor trilogía de ciencia ficción para estas navidades

Con la Navidad llega un tiempo que podemos aprovechar para descansar, visitar la familia, y discutir con el cuñado si su móvil último modelo es capaz de teletransportarlo a Marte. Ojalá fuese así, y lo perderíamos de vista para siempre.

Pero bueno, hablando en serio, cualquier momento es bueno para leer. Pero, si en Nochebuena o Navidad, o quizás en Año Nuevo, usted llega cansado de esa cena eterna, y le apetece leer un ratito antes de dormir, yo le aconsejo una lectura altamente recomendable:

La trilogía de La Fundación de Isaac Asimov.

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El orden es Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación

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Las Tres Leyes no funcionan, y nunca lo harán

He hablado recientemente de la falacia de la robótica, y de la inteligencia artificial, como argumentos que se pretende usar para un futuro de máquinas inteligentes y autosuficientes, capaces de tomar decisiones, y, por lo tanto, moralmente responsables de sus actos. Un argumento que, como ya expliqué en esos dos textos, carece de valor.

Pero sigo encontrándome textos fantásticos y llenos de argumentos, explicando las presuntas responsabilidades que los robots tendrán cuando sean autónomos. Que, de hecho, ya lo son, en muchos sentidos, no en el principal: el de disponer de conciencia, y de una moral y ética que les permita poder responsabilizarse de sus propios actos.

Mientras ese momento no llegue, tendremos que entender que los robots, por muy sofisticados que sean, seguirán siendo máquinas, instrumentos, y responsabilidad de la humanidad.

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Isaac Asimov, creador de las Tres Leyes de la Robótica

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Sigo adelante, a pesar de todo

Advertencia para el lector: esta es una nota de reflexión personal, sin contenido más allá de mis pensamientos e ideas sobre el blog y sobre la vida.

Falta poco para que este blog llegue a los seiscientos artículos, y a las 30.000 visitas. También puedo constatar que el número de visitantes ha ido creciendo paulatinamente, y de hecho a finales de julio había tenido tantas visitas como todo el año 2016.

Muchos de los que vienen son turistas ocasionales, navegantes de Internet que visitan la página para una sola lectura, y ya no vuelven. Pero otros muchos, cada vez más, veo que se animan a leer otros artículos relacionados con el tema que les interesa. Otros son lectores habituales, que gustan de pasarse por aquí de vez en cuando. Todos ellos contribuyen a que la existencia de este blog merezca la pena, y me animan a seguir escribiendo. Por todo ello, y a todos ellos, solo puedo decir dos palabras: muchas gracias.

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“Nunca interrumpas a alguien que está haciendo lo que dijiste no era posible” Amelia Earhart.

Soy consciente también de que la variedad de temas puedan confundir a unos, porque tan pronto hablo de cómo escribir una novela como de física cuántica. Esta dualidad sobre temas no la he adquirido yo, por supuesto. Se la debo a alguien. Concretamente, a mi padre espiritual y mi guía como ser humano. Ese alguien es Isaac Asimov, un hombre que gustaba de tocar todo tipo de temas, y que tiene varios miles de artículos de todo tipo. Por no hablar de sus impresionantes logros como escritor de ciencia ficción.

Yo no le llego ni a la suela del zapato, pero eso no significa que no me esmere en seguir su camino, su senda, sus enseñanzas, su estilo. Creando mi modelo, por supuesto, pero inspirándome siempre en mi gran maestro, en el hombre que hizo que dejara un mundo perdido en la nada, y me llevara por el camino del aprendizaje, y del conocimiento.

Porque yo era, como se dice popularmente, un “bala perdida” de joven. Sin destino, sin metas, fui al ejército como voluntario, firmé unos papeles para una unidad especial en la que me dijeron que me convertiría en un héroe y que viviría grandes aventuras, y yo me lo creí, porque no tenía criterio para reflexionar ni para pensar. Aquello me llevó a sucesos que marcaron mi vida, y salí de allí, también como se dice popularmente, “escaldado” y salvándome de tener problemas muy graves “por los pelos”.

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Este blog, y estos libros que he escrito, y esta saga que espero terminar, son mi vida. Sí, tengo un trabajo, incluso un proyecto personal dentro de mi terreno, la informática, que es de lo que vivo. Pero este blog, estos escritos, estos libros, y estos lectores, son mi vida. A ellos me debo, y ellos son el motivo último de mi existencia. Por eso, porque están ahí esos lectores, yo me siento realizado, como escritor, y como persona.

He estado a punto de perder la vida tres veces, por circunstancias completamente distintas en cada caso. Sin embargo, parece que en ninguno de esos casos era mi hora. Algunos me dicen que es por decisión divina, que yo me iré cuando me toque. Yo no tengo esa fe, pero tampoco me voy a quejar de seguir en este mundo. Espero poder terminar los cuatro libros que me quedan, y dejar la saga completada y terminada. Ese es mi sueño, que espero poder completar.

Otro elemento fundamental de mi vida es la aviación. No soy piloto, pero sí vuelo en simuladores de vuelo avanzados, y he tenido el honor de poder enseñar a algunos pilotos a aprender a amar la aviación. Pero ese tiempo pasó, y ahora la aviación sigue siendo mi pasión, pero de un modo más tranquilo y personal. Eso sí, una vez pude probar las mieles de lo que es volar en un reactor, pero eso es algo que explicaré otro día si a alguien le puede interesar. No es algo de lo que me guste hablar, no por el hecho en sí, sino por las circunstancias que rodeaban aquellos tiempos difíciles, en los que dejé una parte importante de mi vida, y perdí lo que daba sentido a esa vida. En aquellos tiempos me pusieron un mote curioso, que luego usé durante unos años, pero que prefiero no recordar ahora.

Por lo demás, se acercan las navidades, y tengo una pequeña broma pensada para el 28 de diciembre, precisamente relacionada con la aviación. Algo inocente y divertido, y que esconderá una crítica a ciertas ideas de ciertas personas que quieren ver conspiraciones en todas partes. Algo relacionado con los “chemtrails”. Espero que sirva para sacar una sonrisa al lector.

Y por cierto, aunque les felicitaré la navidad como se merecen, ya de entrada espero que este 2018 sea un gran año para todos. Para mí lo ha sido este 2017. Sobre todo porque sigo vivo. Y cuando la vida es lo que te queda por perder, uno aprende a valorarla como se merece.

Viva. Vivamos. Seamos conscientes de que estamos vivos. Y vivamos esa vida plenamente. Ese es el motivo que debe movernos hoy, mañana, en 2018, y durante toda nuestra vida. Luego podemos buscar otros argumentos. Pero no olvidemos ese primero. Merece la pena. Se lo aseguro.

Muchas gracias a todos, y un abrazo.

 

Asimov y la democracia

La frase de la semana nos la trae Isaac Asimov. El gran escritor, humanista y científico ya había visto en el siglo XX el problema que supone que la democracia esté gestionada por gente ignorante y sumisa a cualquier regalo que le dé cualquiera que le diga lo que quiere oír.

Los griegos, inventores de la democracia, solo permitían votar a aquellos que eran cultos, formados, y conocedores de lo que elegían. ¿Significa eso que hemos de erradicar la democracia como forma de gobierno? Al contrario: significa que debemos formar hombres y mujeres con los conocimientos, la cultura, y la capacidad crítica para votar en las mejores condiciones. La ignorancia no vota por sí misma; su mano es guiada por aquellos que saben manipular a quienes no han tenido la oportunidad de disponer de una formación.

Democracia sí, siempre. Pero ignorancia no; nunca. Esa es la idea que Asimov transmitió durante toda su vida. Y el viejo sabio sabía muy bien lo que decía.

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