Inyección de ilusión para diciembre y toda la vida

Me llega, en este último día de noviembre, un mensaje de una lectora, a cuya nieta le he dedicado el último relato que he preparado, “Somos los Hijos de la Tierra“. Y la verdad es que me ha emocionado, por sus palabras llenas de cariño y de entusiasmo. Desde aquí quiero agradecerle a ella sus palabras, y desearle lo mejor a ella y a su nieta, y a toda su familia, para que sigan adelante con ese entusiasmo y ese amor que siempre portan consigo. Y a la pequeña de la casa por supuesto, que es solo verla y contagia entusiasmo y alegría en el corazón de este quien escribe estas líneas.

La vida son momentos, y esos momentos debemos vivirlos con ilusión. Los malos, superarlos con pasión y con fuerza, y los buenos, disfrutarlos en toda su extensión, y llevarlos siempre en el alma. Y mirar siempre adelante. Siempre adelante. El pasado no debemos olvidarlo, pero no debemos vivir de los recuerdos que llenan nuestra mente, sino de las ilusiones y los sueños de un futuro mejor para nosotros y nuestros seres queridos. Esa es la clave de la vida. No es fácil por supuesto, pero debemos buscar ese camino cada día. Muchas gracias por sus palabras, y les deseo lo mejor. Este ha sido su comentario.

“GRACIAS por el tierno y maravilloso relato, no tengo palabras.
Me hizo llorar, sobretodo, por la ternura y sabiduría que encierra.
Una gran y buena reflexión, que el ser humano, tendría que prestar atención, para mantener a valorar cuánto el universo nos ofrece.

Muchísimas GRACIAS.

paz

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Sigo adelante, a pesar de todo

Advertencia para el lector: esta es una nota de reflexión personal, sin contenido más allá de mis pensamientos e ideas sobre el blog y sobre la vida.

Falta poco para que este blog llegue a los seiscientos artículos, y a las 30.000 visitas. También puedo constatar que el número de visitantes ha ido creciendo paulatinamente, y de hecho a finales de julio había tenido tantas visitas como todo el año 2016.

Muchos de los que vienen son turistas ocasionales, navegantes de Internet que visitan la página para una sola lectura, y ya no vuelven. Pero otros muchos, cada vez más, veo que se animan a leer otros artículos relacionados con el tema que les interesa. Otros son lectores habituales, que gustan de pasarse por aquí de vez en cuando. Todos ellos contribuyen a que la existencia de este blog merezca la pena, y me animan a seguir escribiendo. Por todo ello, y a todos ellos, solo puedo decir dos palabras: muchas gracias.

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“Nunca interrumpas a alguien que está haciendo lo que dijiste no era posible” Amelia Earhart.

Soy consciente también de que la variedad de temas puedan confundir a unos, porque tan pronto hablo de cómo escribir una novela como de física cuántica. Esta dualidad sobre temas no la he adquirido yo, por supuesto. Se la debo a alguien. Concretamente, a mi padre espiritual y mi guía como ser humano. Ese alguien es Isaac Asimov, un hombre que gustaba de tocar todo tipo de temas, y que tiene varios miles de artículos de todo tipo. Por no hablar de sus impresionantes logros como escritor de ciencia ficción.

Yo no le llego ni a la suela del zapato, pero eso no significa que no me esmere en seguir su camino, su senda, sus enseñanzas, su estilo. Creando mi modelo, por supuesto, pero inspirándome siempre en mi gran maestro, en el hombre que hizo que dejara un mundo perdido en la nada, y me llevara por el camino del aprendizaje, y del conocimiento.

Porque yo era, como se dice popularmente, un “bala perdida” de joven. Sin destino, sin metas, fui al ejército como voluntario, firmé unos papeles para una unidad especial en la que me dijeron que me convertiría en un héroe y que viviría grandes aventuras, y yo me lo creí, porque no tenía criterio para reflexionar ni para pensar. Aquello me llevó a sucesos que marcaron mi vida, y salí de allí, también como se dice popularmente, “escaldado” y salvándome de tener problemas muy graves “por los pelos”.

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Este blog, y estos libros que he escrito, y esta saga que espero terminar, son mi vida. Sí, tengo un trabajo, incluso un proyecto personal dentro de mi terreno, la informática, que es de lo que vivo. Pero este blog, estos escritos, estos libros, y estos lectores, son mi vida. A ellos me debo, y ellos son el motivo último de mi existencia. Por eso, porque están ahí esos lectores, yo me siento realizado, como escritor, y como persona.

He estado a punto de perder la vida tres veces, por circunstancias completamente distintas en cada caso. Sin embargo, parece que en ninguno de esos casos era mi hora. Algunos me dicen que es por decisión divina, que yo me iré cuando me toque. Yo no tengo esa fe, pero tampoco me voy a quejar de seguir en este mundo. Espero poder terminar los cuatro libros que me quedan, y dejar la saga completada y terminada. Ese es mi sueño, que espero poder completar.

Otro elemento fundamental de mi vida es la aviación. No soy piloto, pero sí vuelo en simuladores de vuelo avanzados, y he tenido el honor de poder enseñar a algunos pilotos a aprender a amar la aviación. Pero ese tiempo pasó, y ahora la aviación sigue siendo mi pasión, pero de un modo más tranquilo y personal. Eso sí, una vez pude probar las mieles de lo que es volar en un reactor, pero eso es algo que explicaré otro día si a alguien le puede interesar. No es algo de lo que me guste hablar, no por el hecho en sí, sino por las circunstancias que rodeaban aquellos tiempos difíciles, en los que dejé una parte importante de mi vida, y perdí lo que daba sentido a esa vida. En aquellos tiempos me pusieron un mote curioso, que luego usé durante unos años, pero que prefiero no recordar ahora.

Por lo demás, se acercan las navidades, y tengo una pequeña broma pensada para el 28 de diciembre, precisamente relacionada con la aviación. Algo inocente y divertido, y que esconderá una crítica a ciertas ideas de ciertas personas que quieren ver conspiraciones en todas partes. Algo relacionado con los “chemtrails”. Espero que sirva para sacar una sonrisa al lector.

Y por cierto, aunque les felicitaré la navidad como se merecen, ya de entrada espero que este 2018 sea un gran año para todos. Para mí lo ha sido este 2017. Sobre todo porque sigo vivo. Y cuando la vida es lo que te queda por perder, uno aprende a valorarla como se merece.

Viva. Vivamos. Seamos conscientes de que estamos vivos. Y vivamos esa vida plenamente. Ese es el motivo que debe movernos hoy, mañana, en 2018, y durante toda nuestra vida. Luego podemos buscar otros argumentos. Pero no olvidemos ese primero. Merece la pena. Se lo aseguro.

Muchas gracias a todos, y un abrazo.