Historia de un amor que no fue

Aviso: confesión lacrimógena de mi juventud. Léalo bajo su propio riesgo. Hoy tocaba recordar el pasado y ponerse nostálgico.

Una de las consecuencias de hacerse mayor es que el baúl de los recuerdos del pasado se hace más y más grande. A veces, tan grande que parece ocupar todo el espacio de la mente, absorbiendo nuestro presente, y negando nuestro futuro.

Pero eso no significa que no sea bueno recordar, porque son los recuerdos los que nos hacen humanos, y son los que conforman nuestra personalidad. De eso hablaba recientemente con mi hermana, mientras me ofrecía una de sus madalenas caseras, las cuales son imposibles de rechazar.

Mi recuerdo se fue a una antigua amiga, Ana (nombre inventado, no es necesario dar detalles).

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Inesperado regalo: una niña de 15 años

Que los seres humanos solemos ir de duros y fuertes es una constante universal. Que, por dentro, la mayoría nos deshacemos ante los recuerdos, los sentimientos, y las vivencias vividas, es una constante aún mayor.

Ayer estaba con una amiga a la que no veía desde hace tiempo. Le pregunté cómo está su hija, que ya debe estar mayorcita. Me respondió:

“Tiene quince años, y si quieres, te la regalo”.

Me hizo gracia el comentario. Denota una clara desesperación de una madre ante una edad muy, muy difícil, como es la pubertad de los jóvenes. Lo he visto en varias ocasiones, y lo entiendo.

Obviamente el comentario es una figura, pero no lo fue el hecho de plantearme la situación: yo con una niña de quince años en casa. Eso, por supuesto, disparó de inmediato mis recuerdos.

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El amor no tiene orgullo, ni vanidad

¿Cuántas veces hemos perdido lo más querido, aquel ser que era nuestro faro, nuestro camino, nuestra vida, por orgullo? ¿Cuántas veces hemos gritado en silencio el nombre de ese ser que es nuestra vida, pero que nos obligamos a enterrar entre miedos, vergüenza, y arrepentimiento, con tal de no sacarlo a la luz?

¿Cuántas oportunidades de pedir perdón hemos dejado pasar, porque dábamos por sentado que alguien debe ganar, y alguien debe perder, cuando el amor se ha roto por un odio que encierra el más grande de los amores?

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Doña Sonrisa

La vida es un cúmulo de detalles, de pequeños gestos. De sonrisas. Y aquellos que han vivido una larga vida suelen tomar dos caminos: uno es el de la sonrisa, otros optan por la añoranza. Muchos se balancean entre ambos extremos. Pero es, sin duda, la sonrisa, la que abre las puertas a la esperanza.

Y eso es lo que veo cuando voy a comprar al supermercado, cerca de mi casa. Suelo bajar con el portátil para escribir unas líneas en la cafetería, cada vez menos, es cierto. Pero todavía con la esperanza, precisamente, de sonreír ante mi último texto. Luego puedo ir al super. Siempre hace falta algo para la nevera. Y cuando veo que Doña Sonrisa aparece, me pregunto qué derecho tengo a destruir mis sueños, cuando los sueños son los que nos sostiene al mundo, y nos hace sentir vivos.

Eso es lo que veo cuando la veo entrar en ese pequeño supermercado.

Llega sonriente, como siempre. Sus espaldas cuentan algunos más de ochenta años. Yo la llamo Doña Sonrisa, porque siempre tiene un gesto amable, una sonrisa dulce, una mirada de cariño. Arrastra el carrito mientras entra en el supermercado, con cuidado, no sea que tropiece con algo. Lo deja en su sitio, y toma una cesta de plástico.

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Once de abril de 1983

Once de abril de 1983. Era un lunes. Sobre las nueve y media de la noche. Estábamos sentados, hablando de sueños, y de esperanzas. De miedos, y temores. De futuros prometedores que conquistaríamos con nuestros corazones. De ser los dos guerreros perfectamente preparados para luchar contra las peores inclemencias, contra nuestros miedos, y contra nuestras frustraciones.

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El fin de las redes y el Día de la Desconexión

Sigo con mi particular “desescalada” de todas las redes sociales. Solo quedan las que uso para temas de trabajo, que son para eso, y nada más. Y de momento una pequeña cuenta personal muy reciente en Twitter para algunos temas mínimos con una actividad muy esporádica.

Pero todo lo que tenía en Facebook, Twitter, e Instagram, está borrado. También he subido a Bloguers.net mi última entrada. Bloguers.net es, para quienes no lo sepan, una web fantástica donde los blogueros suben sus enlaces. Si la gente los vota van a portada. Además se pueden intercambiar enlaces en las redes sociales, y otras funciones interesantes.

Monte Aoraki, Nueva Zelanda, escenario de “La insurrección de los Einherjar”
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Minas en el corazón: el dolor no es el final

Aviso: esta es una entrada introspectiva y personal sobre el mundo de los sentimientos y los recuerdos. Lea bajo su propia responsabilidad. Muchas gracias.

Los seres humanos tenemos una alta capacidad para sufrir. Creamos un mundo propio en nuestro interior que muchas veces parece más un campo de minas. Ese campo es el mundo de nuestros recuerdos, y cada recuerdo es una mina que pisamos cada vez que pasamos por esas vivencias del pasado.

Y, lo más increíble es que, a pesar de caer varias veces en la misma mina, en el mismo lugar, volvemos, tiempo después, a atravesar esa zona, para que la mina explote de nuevo, llevándose por delante una parte de nuestro corazón.

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Literatura: sin principio no hay historia

Nota: este texto (y vídeo) son una mirada introspectiva y personal a mi pasado. Y no fui nunca un superhéroe, así que no espere grandes emociones. Sí muchos recuerdos y sentimientos enterrados en el ayer. Muchas gracias.

Antes de nada, quiero dar las gracias a todos los lectores que se van sumando a La leyenda de Darwan, y a los que siguen por aquí pasando por el blog. A fecha de fin de junio de 2020 las lecturas ya son 3/4 del total de lo que fue todo 2019. Es realmente impresionante, con 35.000 visitas en lo que va de año. Muchas gracias.

Estaba hace poco trasteando en el infinito e inagotable manantial de cajas de libros y revistas que conservo, buscando este o aquel material que en ese momento había pasado por mi mente. Es increíble cómo podemos llegar a llenar tanto espacio con sueños en forma de papel.

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El imperfecto mundo perfecto tras el cristal

Hace tiempo que lo vengo notando. Que lo vengo sintiendo. Que siento esa vibración que me avisa de que algo se ha roto. Por fin. Esa cadena de acero que me ataba a la realidad. Se ha roto. Y, en mi locura, te he vuelto a encontrar. Ese era el secreto: volverme loco era el camino seguro y directo para volverte a amar.

Todo empezó cuando llegué y crecí en este mundo. Este mundo que ha cambiado. Y me ha cambiado. Se ha hecho mayor. Ha perdido originalidad. Y frescura. Un programa llamado autotuning afina la voz de los cantantes si desafinan. Un efecto de Photoshop borra todos los fallos de esa imagen o vídeo, creando hombres y mujeres perfectos.

Las empresas sonríen con puestos de trabajo asombrosos donde todos trabajan sanos y felices. Los coches ya  no contaminan, sino que son contenedores de cinco sonrisas perfectas que viajan en su interior, y que contribuyen al bienestar del mundo. Los amigos ya no necesitan discutir entre ellos, basta con bloquearlos, mientras enseñan esas fotos perfectas de sus familias perfectas. Y los viajes son paradisiacos, a sitios increíbles, donde ocurren cosas increíbles que vemos con nuestros hijos increíbles y nuestra pareja increíble. Todo metido en una pantalla rectangular de cristal. Todo el mundo se ha concentrado en una pantalla de cristal…

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Sueño contigo

Dejo mis sueños en mi camino,
y en polvo los torna el tiempo.

Dejo de soñar contigo,
y te vas yendo , flotando en el viento.

El viento de la noche me trajo tu mirada,
y me abracé a ella con todo mi ser,
y ahora que ha llegado la mañana,
quisiera que no volviese a amanecer.

Son tantas las estrellas condenadas,
a brillar mucho en pocos días,
y a transformarse luego en nadas.

Son tantas las batallas por ti ganadas,
pero fue aquello que más querías,
lo que jamás en verdad imaginabas.

El barro cubre hoy mi sangrienta senda,
y me lleva perdido a la noche fría,
y estoy solo en el vacío de tu ausencia,
por perder a la mujer que tanto y tanto quería.

El inmortal nombre que forjaste en tu alma,
es sólo un recuerdo de lo que fue antaño,
bañado en tu mirada que tanto me calma,
parezco perderme ayer, hoy, año tras año.

Y tú, que cubriste para siempre mi sueño,
de esperanza, amor, anhelo,
sé para siempre la voz, mi sendero.

Y tú, que diste fe a este mortal perecedero,
dame tu mano y llévame presto
a encontrar el sueño que fue nuestro amor eterno.

Fuimos dos, fuimos camino,
fuimos uno en la tierra y el cielo.

Camina ahora, búscame entre tus miedos,
entre tus esperanzas y sueños necios,
y llévame a casa, donde curar pueda,
el dolor que tanto sufro y siento.

Fuimos sólo un sueño.
Mas fuimos, en verdad, sueño eterno.

I. Campomanes. Diciembre 1986.

(Del libro “Círculo eterno y otros relatos cortos”. Portada diseñada por A.R. Cano).

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