Youtubers, los telepredicadores del siglo XXI

Dentro de la enorme y fantástica producción de Phil Collins podemos encontrar material muy diverso sobre denuncia social, centrando el foco en temas que nos preocupan como individuos y como ciudadanos de sociedades teóricamente modernas y civilizadas.

Hoy traigo un vídeo de Phil Collins y de la época final de Genesis, que está lleno de humor y sarcasmo, y que denuncia algo que me llamó la atención desde pequeño: esos individuos, llamados telepredicadores, que se dedican a obtener enormes beneficios económicos explicando a su comunidad de fieles seguidores que el único camino a Dios pasa obligatoriamente por su cartera, sus discursos, y su alcoba. Con todas las consecuencias que ello conlleva para millones de seres humanos, que buscando a Dios, se encuentran con un tinglado de mentiras y manipulaciones, desobedeciendo el segundo mandamiento.

Yo no tengo nada en absoluto en relación a la fe de cualquier persona, que siguen a su dios preferido, sea el cristiano, el musulmán, el judío, o cualquier otro. Yo mismo tengo una estatua de Atenea en casa, de la cual adjunto una foto que acabo de hacerle, y que pueden ver abajo. Pero no espero que Atenea me solucione los problemas diarios. Como mujer que es, si lo intentase probablemente ella me diría lo que me han dicho otras: “que te los solucione tu madre”.

La estatua de Atenea y el reloj, que están conmigo desde diciembre de 1988, cuando estuve a punto de morir en la isla griega de Hydra. Pero tuve suerte y no era mi día. La causa de que no me ocurriera nada es algo que todavía no he podido explicarme de una forma racional. Incluso yo sé reconocer que a veces se dan misterios en la vida.
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Demostración audio: El progreso no es lineal

Vamos hoy con una demostración: la línea que indica el progreso de la humanidad no es, como muchos creen, una línea ascendente continua. A pesar de toda la tecnología, muchas veces damos pasos atrás, con el fin de acomodarnos, de rebajar costes, o de ambas cosas. El problema de ese salto atrás es que estamos perdiendo calidad. Y perder calidad no es progresar.

Todas las sociedades de la historia han creído, con pocas excepciones, en la idea de que vivían en la cresta de la ola tecnológica y del conocimiento. Que su momento, que su generación, son la cumbre del desarrollo moral, ético, social, cultural, y político.

Esto, sin duda, no es así, y pruebas en la historia ha habido de forma clara y concisa. Por poner un ejemplo, este principio del siglo XXI carece de pensadores, filósofos, y en general hombres y mujeres que destaquen por encima del ruido general que siempre se vive en toda sociedad. Y que no se me malinterprete: no digo que no haya pensadores y filósofos; digo que son los que tienen que esconderse, mientras se esconde la cultura y el pensamiento, y mientras se da pávulo a una cultura de la superficialidad y la ignorancia.

Podemos discutir horas y horas sobre este asunto, que es realmente interesante y complejo. Sin embargo, hoy voy a poner sobre la mesa una demostración empírica, que nos permitirá ver cómo el llamado progreso lineal y ascendente es solo una ilusión. Y lo voy a hacer con algo tan popular y común como es el sonido. Y, más concretamente, con la música.

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No estás sola; alguien te ama en la ciudad

La pieza musical de esta semana viene de la mano, y la voz, de Miguel Ríos, uno de los cantantes y compositores más conocidos en las décadas de los sesenta a los noventa del siglo XX, y también la primera década del siglo XXI.

Miguel Ríos es alma pura del rock & roll en España, y sus conciertos, sobre todo en las décadas de los ochenta y noventa, fueron realmente espectaculares. No olvidemos su álbum doble en directo “Rock & Ríos” que se convirtió en un superventas, con clásicos irrepetibles. Yo lo escuché hasta romper la aguja y rayar los discos de vinilo.

Pero hoy traigo una pieza de estudio que me parece maravillosa: “No estás sola”, del álbum “El rock de una noche de verano”. Esta pieza nos introduce al calor de una radio nocturna, donde la gente llamaba y explicaba sus miedos, sus temores, sus sueños.

Lo recuerdo muy bien: con la radio portátil, o con los auriculares, escuchábamos aquel programa donde, entre distintas piezas musicales, la gente llamaba para cualquier cosa. Para contar sus desamores, para pedir ayuda, para lanzar una voz desesperada a la noche. Una voz que buscaba respuestas en las ondas, y que encontraba en la radio un faro donde reflejar toda su vida.

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Barclay James Harvest y el muro de Berlín

Vamos con una entrada que no hable del Covid-19… Qué paradoja, intentando no hablar del Covid-19 ya lo he mencionado. Pero bueno, la vida sigue, y seguirá, y no podemos dejarnos vencer por el tedio, o el dolor, por duro que sea.

En esta entrada musical hablaré de un grupo musical muy importante para mí por razones diversas. Ya he comentado que la saga de libros que acabo de terminar, y cuya celebración he tenido que posponer como tantas otras cosas, se influenció sobre todo por la película “2001” y por el libro “La odisea” de Homero. Pero también la música tuvo un importante papel. Y una influencia muy importante fue un grupo británico llamado “Barclay James Harvest“, que tuvo su vida sobre todo entre los setenta y los noventa.

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El concierto de Berlín de la Barclay James Harvest.

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The Cranberries, imaginación al poder

Hace mucho tiempo que no traigo a este blog un poco de música. Normalmente suele ser el miércoles, pero, ¿qué día no es bueno para la música?

Siguiendo mi línea de locura con el libro y su finalización, hoy quiero recordar a un grupo irlandés maravilloso de los noventa, The Cranberries, que tenía en Dolores O’Riordan su voz y su personalidad. Con “Zombies” lograron un éxito inusitado, en un vídeo que trata el doloroso y terrible tema del grupo terrorista IRA y la lucha en Irlanda del Norte. Una lucha que acabó con los acuerdos de Viernes Santo, y que amenaza con volver por el Brexit.

Pero en estos tiempos difíciles de coronavirus y problemas complejos, quisiera traer un tema mucho más tranquilo, que habla de la imaginación, y de cómo esta nos transporta a todo tipo de mundos insospechados. Para los amantes del arte y la literatura la imaginación es nuestro barco eterno al infinito. Y, por ello, creo que esta canción nos cuenta algo muy importante: usemos la imaginación para crear mundos increíbles, maravillosos a veces, otras veces muy duros, pero siempre apoyados por nuestros sueños.

A mediados de los noventa monté un dúo con una cantante y guitarrista, y cuya voz era sin duda muy semejante a la de Dolores O’Riordan. Enamorada de Cranberries, me transmitió su amor por este grupo. Yo le di algunas clases de inglés y de acento para que perfeccionara ese estilo tan personal de la cantante de Cranberries, muy típico de su ciudad. Lograba parecer realmente la cantante de Cranberries, era increíble lo bien que lo hacía.

Tengo un CD con alguna maqueta de estudio de grabación por ahí con algunas composiciones que hicimos juntos. A ver si un día lo busco y lo pongo aquí. Siempre le agradeceré que me transportara al mundo de Cranberries. Eso, y los buenos momentos que pasamos durante interminables ensayos y conciertos. Me encantaba cómo conducía; salir vivo de su coche era toda una experiencia.

En fin, muchos recuerdos, mejor les dejo con la música. Señoras y señores: con ustedes, The Cranberries.

E.L.P. y el advenimiento del Minimoog

Los años sesenta supusieron una revolución en la música como no se había visto desde la llegada de Mozart al panorama de la composición. Pero, a finales de aquella década, los modelos y patrones para nuevos sonidos se habían agotado. Bajo, batería, guitarra, piano, y órgano (el famoso Hammond, wah wah wah…), eran ya demasiado recurrentes. Algo de trompeta, de saxo, o trombón por supuesto, en el jazz y otras corrientes. Pero el sonido en el rock no acostumbraba a tener viento metal.

Sin embargo, en aquellos años aparecía una nueva dimensión del sonido, propulsada por la llegada de la electrónica. La analógica por supuesto. Lo digital aún quedaba lejos. Con esa tecnología se construyeron los primeros sintetizadores, instrumentos programables con cables conectados a placas para crear sonidos increíbles, profundos y espesos.

Pero esos teclados eran carísimos y pesados. Solo unos pocos podían permitírselo. Así que, visto el panorama, a alguien se le ocurrió una brillante idea: crear un teclado sintetizador bueno, bonito, barato, y portátil, capaz de ir a conciertos. ¿Estás loco amigo? le dijeron. A ese hombre, un tal Robert Moog, no le preocupaban las críticas. Se puso manos a la obra, y creó el Minimoog. El primer sintetizador con un precio accesible.

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El Minimoog original, una maravilla de los setenta.

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“Sueños de Le Brun” una composición de “La leyenda de Darwan”

Miércoles, y música. Estaba dándole vueltas a varias piezas musicales que podía incluir en esta entrada, cuando me dije a mí mismo: “¿y por qué no pongo algo propio?” No se trata de agobiar al lector con mi trabajo por supuesto, pero pienso que no hago daño a nadie si una vez cada tanto pongo alguna pieza musical personal.

Así que me he atrevido a traer a este miércoles musical esta pieza inspirada en uno de los personajes de la trilogía de “La leyenda de Darwan”. Concretamente el personaje es Yolande Le Brun, una mujer de treinta y tantos originaria de Amiens, Francia, donde llevaba una vida tranquila como profesora de inglés. Luego, bueno, su vida se complica, tal como se narra en los libros. Por cierto, Yolande tendrá un papel importante en el Libro XIII “Idafel”.

En esta pieza trato de traer los recuerdos de Yolande sobre su querida Amiens, ciudad a la que añora y a la que querría volver con toda su alma junto a su familia. Pero es imposible, por las circunstancias que se explican en la trilogía.

La pieza está compuesta de forma casera, utilizando programas sencillos y accesibles para la composición musical, además de mi guitarra. Obviamente eso se nota en la calidad del sonido, que es la que se puede conseguir con medios baratos. Pero los medios escasos se suplen con imaginación y entusiasmo.

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Mapa de un momento narrado en el libro III “Los dientes de Fenrir”, en el que Yolande Le Brun tendrá un papel crítico

 

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Dos ciegos que juegan a hacerse daño

Hoy miércoles toca música, y traigo un tema que me encanta de Joaquin Sabina, “Amor se llama el juego”, porque creo que su letra y su mensaje definen a la perfección lo que yo entiendo como el amor de pareja. Ese amor que lo envuelve todo en la vida, hasta que, un día, descubres que ya no envuelve nada, y que es solo una cáscara vacía.

El amor es un tema tremendamente complejo, y el de pareja lo suficientemente denso como para que haya renunciado a entenderlo. Puedo atreverme con la física cuántica o la energía oscura. En lo que refiere al amor, hace siglos que preferí dejar el tema de lado. Claro que mi opinión es solo eso: una opinión.

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Quien pudiera guardar la vida en una botella

Empezamos la primera entrada del año 2018 con un poco de música, y también con nostalgia, en este frío día de enero en mi pueblo (marcan 22 grados en este momento).

Esta canción de mi juventud está interpretada por Jim Croce, se titula “Time in a bottle” (el tiempo en una botella) y nos trae una maravillosa idea que supongo todos hemos tenido, de poder guardar esos maravillosos momentos de la vida, los pocos que muchas veces suceden, en una botella, para luego disfrutarlos en cualquier momento.

La vida son momentos, y los buenos merece la pena recordarlos con ilusión y cariño. Tampoco debemos aferrarnos a los recuerdos, porque los recuerdos que nos llevan al pasado, olvidando el presente, e ignorando el futuro, son cadenas que nos atan a la melancolía, y al sufrimiento.

La canción está en inglés, pero con subtítulos en español para que quien no conozca la lengua de Shakespeare pueda disfrutar plenamente de su mensaje, que merece la pena, sin ninguna duda. Un abrazo, y gracias por estar ahí.