May it be, la voz de Irlanda es Enya

Sigo atentamente, con interés, y con preocupación, todo lo relacionado con el famoso Brexit, la salida del Reino Unido de Europa. Ya he hablado de ello en otras ocasiones. No lo haré ahora, en todo caso cuando todo vaya a explotar, como parece que va a suceder, y como predije que ocurriría cuando hice mi primera entrada sobre este tema.

Me preocupa a todos los niveles, pero sobre todo a nivel humano. Esa idea enfermiza de que Europa es el demonio, cuando no es más que una organización política y económica. No es perfecta, pero es mejor que andar organizando guerras. ¿Sabe usted cuántas guerras ha habido en Europa en los últimos 500 años? Demasiadas, puede estar seguro. Prefiero una organización corrupta pero que mantiene en paz al continente que cualquier guerra, por pequeña que sea.

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Joan Baez: último concierto, último grito de libertad

Para este miércoles musical, me gustaría traer a este perdido blog a una cantante irrepetible y única, símbolo de la lucha social por los derechos humanos, y un alma delicada y única, que nos ha traído un mensaje de esperanza y de libertad: Joan Baez.

La cantante estadounidense viene a España, y dará tres conciertos en una gira de despedida mundial en la que se retira de los escenarios. A sus setenta y ocho años la voz se le escapa de las manos y de la garganta, en un serio aviso de que la edad no perdona ni a las almas más inmortales de la canción y el arte, y con un aviso muy claro: lo que tengas que crear, y lo que tengas que hacer en la vida, hazlo ya. Mañana las fuerzas se habrán perdido, y no habrá una segunda oportunidad.

Joan Baez in concert, Stockholm, Sweden - 02 Mar 2018
Joan Baez en una foto reciente

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Vera, por ti ganaría esta guerra yo solo

Las cosas siguen igual… Esta mañana hemos perdido a Will y a Tom. Me pregunto cuántos vamos a quedar de la compañía cuando acabe esto. El fuego alemán era más fuerte de lo esperado. Más fuerte de lo que siempre cantan esos de inteligencia, que predicen la resistencia que vamos a encontrar con sus elucubraciones, para que nosotros luego descubramos que la han subestimado en un cincuenta por ciento. Eso, por lo menos. Malditos cerdos. Podrían venir ellos aquí por un día, y nosotros irnos allá, a la comodidad de sus despachos y sus trajes con naftalina. Chocolatinas y chicas todos los días. Amigo, eso sí que es el paraíso…

Claro, ellos están allá, en Londres, saliendo a pasear con esas jóvenes británicas, con ese acento tan raro que tienen, mientras nosotros seguimos aquí, intentando abrir el frente desde que terminó el desembarco.

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Pero no todo son malas noticias. Esta noche tenemos fiesta. Los jefazos nos han montado un baile, y debo reconocer que las francesas tampoco están nada mal. Pero ahora lo único que me importa es escuchar a Vera Lynn, ni más ni menos que a Vera, que está saltando por todo el frente con su orquesta, animando los ánimos de los compañeros. Y vaya si lo consigue. Si me tiene que reventar una bala mañana, espero que sea recordando a Very Lynn, cantando “We’ll meet again“. Creo que es una forma dulce de morir. O la única forma aceptable de morir.

Solo espero terminar esta maldita guerra pronto, y volver a casa. Hay rumores de que el viejo mariscal británico, Monty, está preparando algo en Holanda. Dicen que, si sale bien, en año nuevo estaremos de nuevo en Brooklyn, y le daré un beso enorme a la estatua de la libertad. Y a Linda, la cual recibirá algo más que un afectuoso beso de mi parte.

Parece que ya llaman. ¡Va a empezar! Oigo a la orquesta. ¡Sí! ¡Es ella! ¡Es Vera!

¡Dios, qué ganas de que acabe esta maldita guerra! Quiero dejar de enterrar a mis compañeros. Y poder empezar a enterrar mis pesadillas.

Vera, te quiero. Vamos a ver qué nos depara esta noche. Casi no hablo francés. Pero nunca me ha hecho mucha falta. Espero que esta noche tampoco. Hay que dejar bien alta la bandera, y el ánimo entre el pueblo francés. Esta gente ha sufrido demasiado ya por la guerra. Algunos pueblos son solo pedazos de piedras sueltas entre el polvo y los cadáveres.

Dios, cómo odio esta guerra. Pero esta noche cantaré con Vera. Y, solo por eso, estar aquí esta noche habrá merecido la pena… ¡Ya empieza!…

Solo cenizas lanzadas por el viento al cosmos

Es miércoles musical, que llevaba tiempo sin atender esta meta.

Si algo aprendí de la generación del 98, y de libros como “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, o “San Manuel bueno, mártir” de Miguel de Unamuno, es que la religión puede explicarme lo que quiera, y prometerme lo que quiera. Sin embargo, fue el existencialismo, más que cualquier materia científica, el que me ayudó a comprender que somos un momento en la historia del universo. Y me enseñó a aceptarlo, con todas sus consecuencias. Ese es el primer paso, que no el último, para alcanzar la sabiduría.

Porque entender nuestro sitio en el universo, y nuestra naturaleza real, es la base para luego poder comprender todo lo demás. Si empezamos por no aceptar nuestro sitio en el universo, difícilmente podremos aceptar el sitio que ocupan los demás elementos de la vida, de la naturaleza, de la galaxia, y de todo cuanto nos rodea.

A veces bromeo con mi hermana, diciéndole que, el día que me jubile, buscaré la motosierra más potente, y partiré el maldito ordenador en mil trozos, para lanzarlos a un contenedor, viendo cómo se lo lleva el camión de la basura. Llevo demasiados años delante de una pantalla.

Pero eso es solo una fantasía.

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Escritores, maremotos constantes de tensión, pasión, depresión y tormento, sueños y pesadillas de las que nacen nuestras leyendas, nuestros textos

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George Harrison, el beatle silencioso

No es miércoles musical, pero llevo tiempo sin abrir este blog con música, y, sin música, ¿qué sentido tiene la vida? La armonía del universo se creó con música. Y con música se cerrará el último capítulo de la vida.

Cuando el grupo musical The Beatles se separó, todos esperaban que Lennon y McCartney siguiesen adelante con sus carreras en solitario. También se esperaba grandes composiciones del increíble George Harrison, el “beatle silencioso” como se le conocía.

Lo que nadie esperaba es que su primer disco “All things must pass”, fuese a ser una obra maestra brutal, demoledora, que consiguió un reconocimiento mundial, llegar al número 1, y obtener un éxito como pocos podrían haber imaginado. Fue la consagración en solitario de un músico cuyas melodías, profundas, oscuras, directas, se clavan en el corazón y en el alma. Letras puras, que hablan del ser humano, de espiritualidad, de la grandeza del ser humano, y de cómo esa grandeza se pierde por incontables agujeros de codicia, de dolor, de guerra, de miseria.

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George Harrison y Eric Clapton durante el concierto de Bangla Desh

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María Ostiz y un sueño de libertad

En este primer miércoles musical del año me gustaría reivindicar la figura de María Ostiz, cantante española que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta. Esta mujer, con una voz muy personal y maravillosa, ganó el festival de la OTI de 1976 en Acapulco, México, con su tema “Canta cigarra”.

En muchas ocasiones trato de traer a este blog música, y músicos, que han quedado relegados en el olvido, por las razones que sean. Evidentemente hay artistas que perduran más en la memoria, pero otros parece que son propensos a ser olvidados por la marea del tiempo.

A mí personalmente esta canción me recuerda a aquellos años difíciles en Latinoamérica y en España de los setenta. Años de sueños de libertad, de esperanza, de un futuro mejor, donde pudiésemos expresarnos sin miedos, sin cortapisas, sin amenazas constantes. Como todo sueño, no fue perfecto. Como todo sueño, despertamos a la realidad. Pero lo importante es que era otra realidad. Y era mejor que lo que dejábamos atrás. Sin ninguna duda.

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Sheryl, desde la noche eterna hasta la luz infinita

¿Había hablado alguna vez de Sheryl Crow en estos miércoles musicales? Claro que sí. Y lo que me queda. Al fin y al cabo, Sheryl es la música que me acompaña en los mejores momentos de mi vida, que no son muchos, y en los peores, que son más frecuentes, pero lo son menos cuando conecto el iPod y ella empieza a sonar por los auriculares.

Si en otras ocasiones he descubierto a la Sheryl dura, la guerrera, la fortaleza, la que demuestra el poder, hoy traigo a la Sheryl dulce, serena, blanca, eterna. Es tal su poder de poder convocar la tormenta en una canción, y luego la calma y la brisa fresca en otra, que no me explico cómo puede conseguirlo. Supongo que los dioses a veces no tienen escrúpulos en dotar a un ser humano de sus poderes y su templanza.

Pero lo consigue. Consigue pasar desde la noche eterna hasta la luz infinita con una sola mirada. Y solo los grandes artistas son capaces de lidiar con los demonios de la noche un día, y con los ángeles de la mañana después.

Esa es Sheryl Crow. La luz de la música hecha voz. Y no diré más, porque no hay palabras para describirla. Dejemos que sea ella la que hable del amor. Porque ella es, ante todo amor.

Señoras y señores, con ustedes: Sheryl Crow.