Música: despedidas y caminos de soledad

Recientemente hemos terminado de vivir un confinamiento, una cuarentena, que nos ha mantenido a muchos en casa. Pero hemos podido seguir en contacto con nuestras familias, amigos, trabajos, gracias a las telecomunicaciones, a los ordenadores, teléfonos y tablets. Y a una gigantesca infraestructura muy compleja que ha permitido dar soporte a los cientos de miles de conexiones en toda España, y en todo el planeta, que yo por ejemplo tengo familia en Argentina, y seguir las incidencias de allá es un tema de prioridad absoluta.

Antes las cosas no eran así. Antes, cuando te distanciabas, tenías el teléfono. Pero, ¿y antes? En el siglo XX mis padres y abuelos fueron testigos de muchos seres queridos y amigos que se iban a otros países, especialmente a lugares como México, Argentina, Venezuela, Brasil, y cualquier otro lugar donde se pudiera encontrar un nuevo futuro. Pero entonces no había Internet. Las despedidas eran eso: despedidas. Aparte de las cartas, no había otra forma de contactar. Luego llegaron los teléfonos y las “conferencias”, pero eran carísimas, y tardaron en ser un medio de comunicación de acceso para muchas familias con pocos recursos.

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The Cranberries, imaginación al poder

Hace mucho tiempo que no traigo a este blog un poco de música. Normalmente suele ser el miércoles, pero, ¿qué día no es bueno para la música?

Siguiendo mi línea de locura con el libro y su finalización, hoy quiero recordar a un grupo irlandés maravilloso de los noventa, The Cranberries, que tenía en Dolores O’Riordan su voz y su personalidad. Con “Zombies” lograron un éxito inusitado, en un vídeo que trata el doloroso y terrible tema del grupo terrorista IRA y la lucha en Irlanda del Norte. Una lucha que acabó con los acuerdos de Viernes Santo, y que amenaza con volver por el Brexit.

Pero en estos tiempos difíciles de coronavirus y problemas complejos, quisiera traer un tema mucho más tranquilo, que habla de la imaginación, y de cómo esta nos transporta a todo tipo de mundos insospechados. Para los amantes del arte y la literatura la imaginación es nuestro barco eterno al infinito. Y, por ello, creo que esta canción nos cuenta algo muy importante: usemos la imaginación para crear mundos increíbles, maravillosos a veces, otras veces muy duros, pero siempre apoyados por nuestros sueños.

A mediados de los noventa monté un dúo con una cantante y guitarrista, y cuya voz era sin duda muy semejante a la de Dolores O’Riordan. Enamorada de Cranberries, me transmitió su amor por este grupo. Yo le di algunas clases de inglés y de acento para que perfeccionara ese estilo tan personal de la cantante de Cranberries, muy típico de su ciudad. Lograba parecer realmente la cantante de Cranberries, era increíble lo bien que lo hacía.

Tengo un CD con alguna maqueta de estudio de grabación por ahí con algunas composiciones que hicimos juntos. A ver si un día lo busco y lo pongo aquí. Siempre le agradeceré que me transportara al mundo de Cranberries. Eso, y los buenos momentos que pasamos durante interminables ensayos y conciertos. Me encantaba cómo conducía; salir vivo de su coche era toda una experiencia.

En fin, muchos recuerdos, mejor les dejo con la música. Señoras y señores: con ustedes, The Cranberries.

Crying in my sleep, el Art Garfunkel más íntimo

En este miércoles musical vengo con un tema de Art Garfunkel. Efectivamente, uno de los dos miembros de Simon & Garfunkel, el famoso dúo neoyorquino que tan memorables piezas nos dejó en los sesenta y setenta. Muchos recordaremos “Bridge over Troubled waters”, “Cecilia”, “I am a rock”, The boxer”, y tantos otros temas increíbles.

Pero la voz pura de Art Garfunkel también grabó algunos discos en solitario, interpretando piezas con esa voz especial y dulce que siempre fue tan personal en él. Y de uno de esos discos traigo aquí una pieza muy especial: “Crying in my sleep”.

Me gustan las canciones intimistas. Las canciones que tratan de historias sencillas, de personas sencillas, que viven emociones sencillas, puras y claras. Me gustan las canciones que explican cosas de la vida cotidiana, cosas con las que muchas veces nos sentimos identificados, porque son historias que hemos podido vivir todos en algún momento de nuestras vidas.

Hoy traigo uno de esos temas aquí, porque creo que merece la pena recordar viejos temas del pasado. Temas de calidad cálidos y reales, de un tiempo en el que la música tenía menos electrónica y efectos especiales, y más sentimientos. Canciones que han quedado para siempre en la memoria de aquellos que vivimos aquellos años impresionantes, con grupos y conciertos que fueron una era dorada de la música.

Por cierto, hago un pequeño paréntesis para agradecerles a todos ustedes el apoyo a esta página. Hemos superado ya de largo todas las visitas del pasado año 2018, pero además el contador de visitas se ha vuelto loco. Se visita de todo, pero muy especialmente los textos de filosofía y humanidades, también fragmentos de las obras y descargas de los libros gratuitos. Eso es algo maravilloso que les agradezco de todo corazón. A todos ustedes, muchas gracias.

May it be, la voz de Irlanda es Enya

Sigo atentamente, con interés, y con preocupación, todo lo relacionado con el famoso Brexit, la salida del Reino Unido de Europa. Ya he hablado de ello en otras ocasiones. No lo haré ahora, en todo caso cuando todo vaya a explotar, como parece que va a suceder, y como predije que ocurriría cuando hice mi primera entrada sobre este tema.

Me preocupa a todos los niveles, pero sobre todo a nivel humano. Esa idea enfermiza de que Europa es el demonio, cuando no es más que una organización política y económica. No es perfecta, pero es mejor que andar organizando guerras. ¿Sabe usted cuántas guerras ha habido en Europa en los últimos 500 años? Demasiadas, puede estar seguro. Prefiero una organización corrupta pero que mantiene en paz al continente que cualquier guerra, por pequeña que sea.

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Joan Baez: último concierto, último grito de libertad

Para este miércoles musical, me gustaría traer a este perdido blog a una cantante irrepetible y única, símbolo de la lucha social por los derechos humanos, y un alma delicada y única, que nos ha traído un mensaje de esperanza y de libertad: Joan Baez.

La cantante estadounidense viene a España, y dará tres conciertos en una gira de despedida mundial en la que se retira de los escenarios. A sus setenta y ocho años la voz se le escapa de las manos y de la garganta, en un serio aviso de que la edad no perdona ni a las almas más inmortales de la canción y el arte, y con un aviso muy claro: lo que tengas que crear, y lo que tengas que hacer en la vida, hazlo ya. Mañana las fuerzas se habrán perdido, y no habrá una segunda oportunidad.

Joan Baez in concert, Stockholm, Sweden - 02 Mar 2018
Joan Baez en una foto reciente

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Solo cenizas lanzadas por el viento al cosmos

Es miércoles musical, que llevaba tiempo sin atender esta meta.

Si algo aprendí de la generación del 98, y de libros como “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, o “San Manuel bueno, mártir” de Miguel de Unamuno, es que la religión puede explicarme lo que quiera, y prometerme lo que quiera. Sin embargo, fue el existencialismo, más que cualquier materia científica, el que me ayudó a comprender que somos un momento en la historia del universo. Y me enseñó a aceptarlo, con todas sus consecuencias. Ese es el primer paso, que no el último, para alcanzar la sabiduría.

Porque entender nuestro sitio en el universo, y nuestra naturaleza real, es la base para luego poder comprender todo lo demás. Si empezamos por no aceptar nuestro sitio en el universo, difícilmente podremos aceptar el sitio que ocupan los demás elementos de la vida, de la naturaleza, de la galaxia, y de todo cuanto nos rodea.

A veces bromeo con mi hermana, diciéndole que, el día que me jubile, buscaré la motosierra más potente, y partiré el maldito ordenador en mil trozos, para lanzarlos a un contenedor, viendo cómo se lo lleva el camión de la basura. Llevo demasiados años delante de una pantalla.

Pero eso es solo una fantasía.

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Escritores, maremotos constantes de tensión, pasión, depresión y tormento, sueños y pesadillas de las que nacen nuestras leyendas, nuestros textos

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George Harrison, el beatle silencioso

No es miércoles musical, pero llevo tiempo sin abrir este blog con música, y, sin música, ¿qué sentido tiene la vida? La armonía del universo se creó con música. Y con música se cerrará el último capítulo de la vida.

Cuando el grupo musical The Beatles se separó, todos esperaban que Lennon y McCartney siguiesen adelante con sus carreras en solitario. También se esperaba grandes composiciones del increíble George Harrison, el “beatle silencioso” como se le conocía.

Lo que nadie esperaba es que su primer disco “All things must pass”, fuese a ser una obra maestra brutal, demoledora, que consiguió un reconocimiento mundial, llegar al número 1, y obtener un éxito como pocos podrían haber imaginado. Fue la consagración en solitario de un músico cuyas melodías, profundas, oscuras, directas, se clavan en el corazón y en el alma. Letras puras, que hablan del ser humano, de espiritualidad, de la grandeza del ser humano, y de cómo esa grandeza se pierde por incontables agujeros de codicia, de dolor, de guerra, de miseria.

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George Harrison y Eric Clapton durante el concierto de Bangla Desh

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María Ostiz y un sueño de libertad

En este primer miércoles musical del año me gustaría reivindicar la figura de María Ostiz, cantante española que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta. Esta mujer, con una voz muy personal y maravillosa, ganó el festival de la OTI de 1976 en Acapulco, México, con su tema “Canta cigarra”.

En muchas ocasiones trato de traer a este blog música, y músicos, que han quedado relegados en el olvido, por las razones que sean. Evidentemente hay artistas que perduran más en la memoria, pero otros parece que son propensos a ser olvidados por la marea del tiempo.

A mí personalmente esta canción me recuerda a aquellos años difíciles en Latinoamérica y en España de los setenta. Años de sueños de libertad, de esperanza, de un futuro mejor, donde pudiésemos expresarnos sin miedos, sin cortapisas, sin amenazas constantes. Como todo sueño, no fue perfecto. Como todo sueño, despertamos a la realidad. Pero lo importante es que era otra realidad. Y era mejor que lo que dejábamos atrás. Sin ninguna duda.

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Sheryl, desde la noche eterna hasta la luz infinita

¿Había hablado alguna vez de Sheryl Crow en estos miércoles musicales? Claro que sí. Y lo que me queda. Al fin y al cabo, Sheryl es la música que me acompaña en los mejores momentos de mi vida, que no son muchos, y en los peores, que son más frecuentes, pero lo son menos cuando conecto el iPod y ella empieza a sonar por los auriculares.

Si en otras ocasiones he descubierto a la Sheryl dura, la guerrera, la fortaleza, la que demuestra el poder, hoy traigo a la Sheryl dulce, serena, blanca, eterna. Es tal su poder de poder convocar la tormenta en una canción, y luego la calma y la brisa fresca en otra, que no me explico cómo puede conseguirlo. Supongo que los dioses a veces no tienen escrúpulos en dotar a un ser humano de sus poderes y su templanza.

Pero lo consigue. Consigue pasar desde la noche eterna hasta la luz infinita con una sola mirada. Y solo los grandes artistas son capaces de lidiar con los demonios de la noche un día, y con los ángeles de la mañana después.

Esa es Sheryl Crow. La luz de la música hecha voz. Y no diré más, porque no hay palabras para describirla. Dejemos que sea ella la que hable del amor. Porque ella es, ante todo amor.

Señoras y señores, con ustedes: Sheryl Crow.

Nacidos para perder, cuando todo lo que queda es nada

Una de las canciones con la que me siento más identificado en la discografía de Joaquín Sabina es “Nacidos para perder”. Es una maravillosa composición literaria honesta, profunda, y directa, que nos lleva a recordar esos tiempos donde todo lo que teníamos eran sueños de juventud, demasiada inocencia, y ganas de soñar en sueños que nunca se harían realidad.

Ahí estaba yo, en clase de latín, con mi guitarra, cantando en latín unos versos de Ovidio. ¿Qué diablos hacía yo cantando a Ovidio en clase de latín? Había musicado unos poemas del famoso poeta romano, y se lo comenté al profesor de latín, que entonces trabajaba en su doctorado. El hombre no solo se sorprendió, sino que me pidió que de inmediato le hiciese una demostración. Y así fue; allá, en medio de la clase, saqué mi guitarra, y me puse a cantar en latín.

Ni qué decir tiene que el profesor estaba encantado de que alguien musicara esos versos latinos después de dos mil años escritos en las arenas de la historia, y los compañeros estaban encantados de no tener que soportar al profesor y sus explicaciones sobre la tercera declinación. Así pasamos aquella hora, con música en latín, unos versos antiguos, y un poco de diversión. Creo que Ovidio se asomó un momento por la puerta, para salir huyendo de nuevo hacia su descanso eterno.

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Ovidio escuchando aterrado uno de sus poemas musicados

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