Boston Dynamics y la llegada de Terminator

El antropomorfismo es el hábito del ser humano de dotar de capacidades humanas, sean físicas o psicológicas, a entidades que no son humanas, y que disponen de sus propias pautas de comportamiento y desarrollo. El ejemplo más habitual se da con las mascotas. Por ejemplo, la tendencia de los veganos a dar solo vegetales a los animales es algo que se podría considerar maltrato animal, ya que los perros, y los gatos, son carnívoros, y pretender que sean veganos es como pretender que un tigre haga amistad con una cebra y se vayan de fin de semana al campo.

La naturaleza es como es, pero el ser humano pretende cambiarla y adaptarla a sus creencias, y además dice que eso es estar en comunión con la naturaleza. Eso es evidentemente falso. La naturaleza es brutal y no contempla ningún tipo de moral humana, y convertir a los animales en meras réplicas del comportamiento humano es una muestra de las muchas limitaciones de la moral y el comportamiento humanos, que se considera un ser avanzado, cuando no es más que un conjunto de reglas morales y éticas que cambian con los años y los siglos, y que nada tienen que ver con el universo y su naturaleza.

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Conciertos de instituto, sueños y rock and roll

Hoy, miércoles musical, me va a permitir el lector que me ponga un tanto nostálgico y melancólico, y espero que me perdonen. El caso es que hoy me han dado una sorpresa en forma de esas fotos traidoras del pasado, que aparecen después de décadas, y despiden miles de recuerdos del pasado. Muchos recuerdos y miles de sentimientos. Pero termino esta entrada con música de calidad, así que espero que esta entrada, después de todo, tenga algún valor añadido.

Hoy traigo una foto que me ha hecho mucha ilusión ver después de tantos siglos. Se trata de una imagen que tenía mi hermano (qué diablos hace mi hermano con esta foto), y que corresponde a un concierto que dimos en el instituto donde estudiaba. En aquella época aún tocaba con mi primer bajo eléctrico, que tengo todavía guardado en su funda, y cuya calidad y sonido no eran precisamente los mejores del mundo. Pero era el primero, y para mí era un sueño poder siquiera tenerlo.

¿Cómo se llamaba ese grupo? Tuve el honor de ponerle el nombre. Ahí es donde les voy a pedir que se sienten, respiren hondo, y comprendan la edad que tenía. El grupo se llamaba SS-20. Por supuesto, la “SS” no tiene nada que ver con la infame organización nazi. No. SS-20 era el nombre de unos misiles de alcance medio soviéticos que apuntaban a distintas ciudades de Europa, entre ellas una ciudad que se encontraba muy cerca de donde yo vivía.

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Concierto en el instituto, yo soy el del colgante y el chalequito

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“Sueños de Le Brun” una composición de “La leyenda de Darwan”

Miércoles, y música. Estaba dándole vueltas a varias piezas musicales que podía incluir en esta entrada, cuando me dije a mí mismo: “¿y por qué no pongo algo propio?” No se trata de agobiar al lector con mi trabajo por supuesto, pero pienso que no hago daño a nadie si una vez cada tanto pongo alguna pieza musical personal.

Así que me he atrevido a traer a este miércoles musical esta pieza inspirada en uno de los personajes de la trilogía de “La leyenda de Darwan”. Concretamente el personaje es Yolande Le Brun, una mujer de treinta y tantos originaria de Amiens, Francia, donde llevaba una vida tranquila como profesora de inglés. Luego, bueno, su vida se complica, tal como se narra en los libros. Por cierto, Yolande tendrá un papel importante en el Libro XIII “Idafel”.

En esta pieza trato de traer los recuerdos de Yolande sobre su querida Amiens, ciudad a la que añora y a la que querría volver con toda su alma junto a su familia. Pero es imposible, por las circunstancias que se explican en la trilogía.

La pieza está compuesta de forma casera, utilizando programas sencillos y accesibles para la composición musical, además de mi guitarra. Obviamente eso se nota en la calidad del sonido, que es la que se puede conseguir con medios baratos. Pero los medios escasos se suplen con imaginación y entusiasmo.

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Mapa de un momento narrado en el libro III “Los dientes de Fenrir”, en el que Yolande Le Brun tendrá un papel crítico

 

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Corre, y no dejes de correr nunca, pequeña

Miércoles, o sea, música. Vamos a hundirnos un poco en el mundo de lo real, al estilo Matrix.

Los ambientes degradantes, llenos de personajes perdidos, de seres fracasados, de almas arrojadas del Paraíso, han sido siempre mis lugares preferidos. Siempre me he inspirado en esos mundos para escribir, y siempre he creído que de esos ambientes nacen obras increíbles y que perdurarán para siempre. Un ejemplo de la literatura: Edgar Allan Poe. Otro del cine: Blade Runner.

Es en esos ambientes decadentes del mundo real donde siempre he encontrado la humanidad auténtica, los sentimientos reales, la amistad real, el amor real, y por supuesto, el odio y la ira más auténticos. Es en esos ambientes donde he podido saborear lo mejor y lo peor que puede aportar un ser humano a su existencia. Y en donde he aprendido a sobrevivir a la vida, y a mí mismo.

Son los otros escenarios, los del glamour, los de la alfombra roja, los de los aplausos, llenos de sonrisas blancas y perfectas, rostros inmaculados, y luces de cristal, son esos los que siempre he querido evitar, porque en ellos solo he encontrado hipocresía, frialdad, y una total falta de empatía. Seres vivos que lo están porque no saben que están muertos en vida.

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Sheryl Crow interpreta “Run baby run”

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Linda Ronstadt, cuando la voz es el origen

Miércoles, y en esta ocasión volvemos con la música. Cuando tenía diecisiete años, y una vida que era el preludio de un caos que se avecinaba, entré a formar parte de un grupo de música, centrado en el folk–rock-country americano. Éramos seis: una joven cantante con mucho talento, dos guitarras, bajo, que era mi instrumento, batería, y una chica de veinticinco años al piano, que era por supuesto muy vieja desde mi juvenil punto de vista.

En ese grupo se interpretaban canciones de diferentes artistas y grupos, y así fue cómo llegué a conocer a Linda Ronstadt, artista de cuyo repertorio interpretábamos varias piezas. Puede que el nombre de Linda Ronstadt no sea muy popular en Europa y en España, pero si le digo que tiene trece Grammys, fue nominada a otros veinte Grammys, aparte de una lista de otros premios interminable, creo que quedará claro que esta mujer es un referente de la música americana del siglo XX.

Esta artista, nacida en 1946 en Tucson, Arizona, ha inspirado a varias generaciones de músicos y cantantes posteriores, y está actualmente considerada un icono musical y artístico, y su obra se ha dispuesto para preservación junto a la de otros grandes artistas.

Naturalmente, su sonido queda ya alejado de las tecnologías y efectos especiales de hoy en día, con un sabor añejo y, como se dice ahora, “vintage”. Y menos mal, porque así podemos disfrutar de la artista en su estado puro, y no de una elaboración informática que muchos llaman música, pero que tiene menos alma que una piedra.

Linda Ronstadt siempre quedará en mi recuerdo por el impacto que me produjo conocer, e interpretar, sus canciones en directo, y por la profundidad y cualidades sobresalientes de una voz irrepetible.

Rock this country, cuando la música es poder

Dos cosas me asombran de los americanos (estadounidenses): su falta del sentido del ridículo, y su capacidad para montar shows impresionantes, para bien o para mal, pero siempre increíbles. Y lo digo con el mayor de los respetos y admiración.

En cuanto al sentido del ridículo, últimamente por motivos de trabajo vuelvo a tener contacto con estadounidenses, y todos los correos son ¡Wow! ¡Yeah! ¡Genial! ¡A tope! ¡Increíble! ‘Me encanta! ¡Alucinante!  Si no escribes alguna de estas palabras cada dos líneas creen que estás deprimido, o que no merece la pena mantener una conversación contigo.

Solo hay que ver cómo son los empresarios americanos, que muchas veces parecen más estrellas del rock, ahí está el propio Elon Musk, que en realidad es un inmigrante, ¿lo sabía usted, señor Donald Trump? que ha creado miles de puestos de trabajo. Montan espectáculos llenos de luces, colores, y todo tipo de parafernalia. Si no pasan unos cuantos cazas de combate por encima durante el show aquello parece que no funciona.

En esa línea, cuando Hillary Clinton se presentó a presidenta por primera vez, compitiendo con Obama, eligió una canción de la cantante canadiense Shania Twain titulada “Rock this country” (algo así como “enróllate con tu país”), una canción destinada a entusiasmar a los oyentes por el amor a Estados Unidos. Shania Twain cedió los derechos de la canción a Hillary Clinton, aunque al parecer no sirvió de mucho. Siendo como es canadiense, sin embargo se hace claro que su estilo es cien por cien estadounidense.

Shania Twain es la única cantante femenina con  tres discos de diamante en Estados Unidos, y segunda cantante con más discos vendidos tras Celine Dion. Sin duda un éxito impresionante, en una carrera en la que prima el espectáculo visual y la fuerza sonora sobre todo.

Hoy me ha parecido interesante traer “Rock this country” y ver cómo la gente disfruta de estos espectáculos impresionantes que montan los americanos en sus shows. Se les puede criticar lo que se quiera, pero a la hora de hacer saltar a la gente de sus sillas no tienen parangón, y Shania Twain es sin duda una muestra evidente de ello.

Una música muy alejada de mi querida Sheryl Crow, pero no niego que en un directo con esta música hasta yo sería capaz de contagiarme de ese entusiasmo, e incluso hasta podría llegar a sonreír. Sin duda, un show cien por cien “country”, como la música de Shania Twain. Directo y al corazón, de eso no cabe ninguna duda.

 

Requiem: cuando Dios llama a nuestra puerta

Hay muchos directores de orquesta. Y hay muchos compositores. Pero cuando mezclas a Karl Böhm con Mozart, el resultado simplemente requiere de un nuevo concepto de lo que es musicalidad. Böhm fue un director de orquesta que supo llevar hasta el paroxismo cada nota que manaba de las partituras de Mozart, como si el gran compositor austriaco le susurrara al oído cada compás, cada tempo, cada momento de inspiración.

Esa es la grandeza de los grandes directores. Esta versión que traigo del Requiem de Mozart, y concretamente del “Confutatis” / “Lacrimosa”, denota una interpretación sublime, pero es el tempo, especialmente, el que se debe destacar. Si se oye esta pieza dirigida por otros directores, el tempo es algo más adelantado siempre. Böhm rebaja ligeramente ese tempo, y lo dota de más fuerza, de más tensión, de un poder inigualable. Hace que la grandeza de Requiem sea aún mayor.

Yo no sé si existe Dios, y no creo que nadie lo sepa a ciencia cierta. Dios es para mí un argumento al que nos afianzamos desesperadamente, para sostener nuestras vidas y nuestros miedos. Pero es cierto que, si Dios existe, creó a Mozart para que creara el Requiem, que es la música de Dios llevada al ser humano desde las puertas del tiempo y del espacio, de donde nacen los sueños de la humanidad. Y si Dios no existe, no existe ser capaz de llegar a contemplar la inmensa obra de Mozart, porque no hay ser humano que pueda abarcar cada nota, cada sentimiento, cada vibración de la música de Mozart. Y, especialmente, de su Requiem, la obra que define la música del universo.

Señoras y señores, con ustedes, un fragmento increíble del Requiem de Mozart. Suban volumen, cierren los ojos, y viajen por un momento al reino de Dios y de las estrellas. Merece la pena.