El camino a la Luna: aspectos de ingeniería para el año 2024

Empezaré esta disertación con una idea muy sencilla:

Imagine que trabaja en un observatorio, con un nuevo y potente telescopio. Y está llevando a cabo una investigación sobre el Sol. Su telescopio es el mejor instrumento para ello, especialmente diseñado para esa tarea. ¿Cuándo podrá empezar la investigación cada día? Como mínimo, cuando salga el Sol. Parece absurdo. ¿Verdad?

No lo es. Muchas veces, en la vida, al hablar de proyectos de ingeniería, muchos pretenden que el Sol salga antes de tiempo. Lo he vivido muchas, muchas veces yo personalmente.

Siguiendo con el símil, si cada día necesito que salga el Sol para empezar a observarlo con ese telescopio, con el fin de preparar un estudio, tendré que esperar a que salga el Sol. No puedo adelantar la hora de la salida del Sol, por mucho que me empeñe, por mucho dinero que ponga encima de la mesa. Por mucho que me amenacen. Por mucho que me digan que me darán una promoción si empiezo a observar el Sol a medianoche.

En el mundo de la investigación y la ingeniería, muchos inversores actualmente pretenden obligar a los investigadores e ingenieros a que salga el Sol a medianoche. Y luego pasa lo que pasa: investigaciones absurdas, conclusiones sin sentido, dinero tirado a la basura porque se quieren llevar a cabo trabajos en tiempos inferiores al mínimo físicamente posible…

Esto es lo que ocurre hoy en día. Y un ejemplo es el viaje a la Luna que pretende llevar a cabo la NASA para el año 2024. Una vez más, quieren que salga el Sol a medianoche.

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Imagen artística del viaje a la Luna para 2024. Y es artística porque nunca se dará en 2024.

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La sonda Schiaparelli se ha perdido; conclusiones

La sonda Schiaparelli de la Agencia Espacial Europa (ESA en sus siglas en inglés) se ha perdido cuando realizaba el descenso automático en Marte. Recordemos que no se puede controlar el descenso de forma manual desde la Tierra porque las órdenes tardan varios segundos en llegar, unos 180 (3 minutos) en el mejor de los casos. ¿Qué podemos aprender de este fracaso? Mucho, sin duda.

Otras sondas enviadas a Marte también han corrido la misma suerte. Sin embargo, afortunadamente otras han cumplido con éxito su misión. Pero aterrizar en Marte (amartizar en realidad no es correcto según la R.A.E.) es un proceso altamente complejo y que requiere obtener una gran experiencia. No voy a entrar en los detalles técnicos, aunque sin duda espero escribir una entrada sobre el tema en este blog, pero sí diré ahora que queda mucho trabajo por delante.

Lo que me preocupa de todo esto no son los fracasos. Viajar a Marte es una tarea costosa, y que entraña grandes dificultades. Lo que me preocupa es ese entusiasmo y esa fiebre que de pronto parece haberle entrado a todo el mundo por llevar seres humanos a Marte. Ya hablé del caso que me parece más controvertido, el de Elon Musk, presidente de SpaceX, que dice que no solo va a llevar a cien seres humanos en el primer viaje, sino que hay que estar dispuesto a morir si se participa en su proyecto. ¿Qué es esto, ciencia, investigación, o una película de superhéroes dispuestos a morir por la humanidad?

Seamos serios por favor. Los desarrollos en ingeniería y la experiencia necesarias para llevar seres humanos a Marte solo se conseguirán mediante programas espaciales que, de forma segura y progresiva, vayan quemando etapas para conseguir el propósito buscado: que haya humanos en Marte, y por supuesto, que puedan volver. Es exactamente esa filosofía la que llevó a seres humanos a la Luna. Una Luna por cierto olvidada, por cuanto establecer personal y una base allá sería un paso previo. Se han perdido 40 años dejando a la Luna de lado, ahora es el momento de volver.

Este fracaso permitirá a la ESA obtener mucha información y experiencia, y, como todos los fracasos, es amargo, pero es una fuente de conocimiento. Hay que dar nuevos pasos, crear mejores sistemas, y desarrollar mejores tecnologías. Y eso es lo que debe hacerse para la conquista del espacio, si queremos que sea de una forma controlada, ordenada, y por supuesto, segura para los futuros seres humanos que viajen al planeta rojo. La NASA y su proyecto Orión es un ejemplo de cómo deben hacerse las cosas. Ellos ya lo han dicho: la seguridad de sus astronautas es lo primero. No entendería otra postura ni otra estrategia para el espacio.

Una pena lo ocurrido con la sonda Schiaparelli. Y una lección: cualquier fallo en el espacio es mortal. Seamos cautos, y caminemos hacia el futuro. Pero hagámoslo con sentido de la realidad, y dejando las ambiciones y las palabras huecas a un lado. Le hacen un flaco favor a la humanidad.

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Gran éxito de la sonda LISA Pathfinder

Sigo desde sus orígenes el proyecto LISA Pathfinder, ya que me parece un experimento que se sale de lo estándar por tener varios elementos que requieren tamaña precisión, que parece asombroso que puedan darse con éxito.

Pero así es, y con una precisión todavía mayor de la esperada. LISA es un proyecto para colocar tres sondas en tres de los lagrangianos del sistema Tierra-Sol. Los lagrangianos son cinco puntos que se dan entre dos cuerpos en equilibrio gravitatorio, en donde la fuerza de la gravedad permite un equilibrio de la caída libre de grandísima precisión. Esto quiere decir que, en esos puntos, un cuerpo se halla perfectamente suspendido, sin perturbaciones, excepto las que provoquen las ondas gravitatorias.

¿Por qué es importante este equilibrio? Porque permitirá que las tres sondas, separadas por aproximadamente un millón de kilómetros, puedan detectar ondas gravitatorias.

Sí, ya se han detectado en la Tierra, pero LISA va a ser capaz de detectarlas con mucha mayor precisión, y por lo tanto estudiarlas con un nivel de detalle sin precedentes. ¿Qué nivel? Teniendo en cuenta que esta sonda actual, que es un test, ya trabaja a nivel de femtómetros, podemos hacernos una idea de la impresionante precisión del instrumento. Algo que está sin duda en la frontera de la física, y un éxito sin igual en la historia de la ciencia.

Queda mucho camino por recorrer, pero es evidente que el sistema funciona. Ahora se abre una puerta inmensa al conocimiento de las ondas gravitatorias. Quién sabe qué maravillas nos esperan ahí fuera. Más información pillando en la imagen.

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Las tres sondas del proyecto LISA en su configuración final, con los láser e interferómetros en marcha