El camino a la Luna: aspectos de ingeniería para el año 2024

Empezaré esta disertación con una idea muy sencilla:

Imagine que trabaja en un observatorio, con un nuevo y potente telescopio. Y está llevando a cabo una investigación sobre el Sol. Su telescopio es el mejor instrumento para ello, especialmente diseñado para esa tarea. ¿Cuándo podrá empezar la investigación cada día? Como mínimo, cuando salga el Sol. Parece absurdo. ¿Verdad?

No lo es. Muchas veces, en la vida, al hablar de proyectos de ingeniería, muchos pretenden que el Sol salga antes de tiempo. Lo he vivido muchas, muchas veces yo personalmente.

Siguiendo con el símil, si cada día necesito que salga el Sol para empezar a observarlo con ese telescopio, con el fin de preparar un estudio, tendré que esperar a que salga el Sol. No puedo adelantar la hora de la salida del Sol, por mucho que me empeñe, por mucho dinero que ponga encima de la mesa. Por mucho que me amenacen. Por mucho que me digan que me darán una promoción si empiezo a observar el Sol a medianoche.

En el mundo de la investigación y la ingeniería, muchos inversores actualmente pretenden obligar a los investigadores e ingenieros a que salga el Sol a medianoche. Y luego pasa lo que pasa: investigaciones absurdas, conclusiones sin sentido, dinero tirado a la basura porque se quieren llevar a cabo trabajos en tiempos inferiores al mínimo físicamente posible…

Esto es lo que ocurre hoy en día. Y un ejemplo es el viaje a la Luna que pretende llevar a cabo la NASA para el año 2024. Una vez más, quieren que salga el Sol a medianoche.

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Imagen artística del viaje a la Luna para 2024. Y es artística porque nunca se dará en 2024.

Vamos a la Luna. Sin maletas. Y sin nave.

El caso es que esta semana, la NASA ha publicado un nuevo vídeo fantástico sobre el viaje que van a llevar a cabo con seres humanos para 2024. Yo, por supuesto, como buen profesional especializado en estropear fiestas, puse un comentario, tanto en Youtube como en Twitter, de que no era factible esa fecha. La reacción no se hizo esperar.

Atención: no digo que no vaya a conseguirse; simplemente digo que 2024 es una fecha imposible para llevar a seres humanos a la Luna.

En Twitter alguien me ha contestado algo parecido a que “me iba a comer mis palabras dentro de cinco años”. Yo, de la forma más amable posible (estoy irreconocible, yo siendo amable, qué me está pasando), le he insistido: imposible llegar para 2024.

Ojalá fuese cierta esa fecha. Pero le he contestado, muy brevemente, las razones por las que creo que todo lo que rodea al hashtag #moon2024 es simplemente humo. Humo patrocinado por La Casa Blanca, y por supuesto, por el señor Donald Trump.

Porque yo puedo ser un don nadie, es cierto. Mi poder como “influencer” es tan bajo que hasta mi perrita se ríe de mí cuando le digo que me devuelva la zapatilla que me ha robado (algo que ocurre a menudo, y que se arregla con una galleta). Pero eso no implica que no pueda tener una opinión sobre este asunto. La tengo, y me limito a exponerla, aunque sea predicar en el desierto. Sin querer ofender a nadie, por supuesto. Mucho menos a los profesionales detrás del proyecto, a los que admiro y respeto.

Por todo ello, he considerado que merecía la pena tocar nuevos elementos de este asunto. Porque parece que yo estuviese en contra, y es lo contrario. Estoy entusiasmado, como buen amante de la ciencia y la astronáutica, con volver a la Luna, y luego a Marte. La Luna es un paso intermedio.

Entrando en detalles.

Vamos a ello. Esto es lo que ocurre actualmente con el proyecto “Artemis”, desarrollado por la NASA para llevar a seres humanos a la Luna en 2024. ¿Por qué ese repentino interés en volver a la Luna?

La razón tiene que ver con China. Los chinos han posado una sonda en la cara oculta de la Luna, y han avisado de que están trabajando para llevar astronautas al satélite de la Tierra en un tiempo. La idea no es solo ir, sino ir y permanecer allí. Esto significa que, independientemente de esas leyes que dicen que el espacio es de todos, China reclamará para sí el territorio lunar si coloca bases lunares en su superficie. Y los Estados Unidos saben que eso significa problemas.

Por eso Donald Trump ha despertado de su letargo en temas de astronáutica, y de repente está cantando a los cuatro vientos que hay que ir a la Luna. También ha organizado un cuarto ejército, el “ejército del espacio”. Este hombre vio “Starship troopers” el otro día y de repente ha querido emular los logros de la película.

De estos temas he hablado en alguna ocasión, y lo haré con más detalle en próximas entradas. Aquí, en esta entrada, quiero afirmar algo que ya he comentado en Twitter y Youtube. Mi afirmación es:

No habrá nadie en la Luna en 2024.

Entonces, ¿por qué toda esa publicidad de la NASA? ¿Por qué ese entusiasmo? Porque, para una vez que el gobierno de Estados Unidos abre la billetera para soltar billetes para la NASA, mejor seguirles la corriente, especialmente a Donald Trump, sonreírle, decirle que sí a todo (importante cuando se trata con megalómanos), y poner la mano con la mejor sonrisa, viendo cómo van cayendo los billetes uno tras otro.

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Imagen conceptual del módulo lunar de la empresa Lockheed Martin, una de las candidatas favoritas a construirlo.

Pero seamos serios. Seamos responsables. Seamos honestos. El espacio no es una broma. El viaje a la Luna no es un paseo por el campo. La construcción de los medios para viajar a la Luna no son un pasatiempo de un grupo de escolares en clases de trabajos manuales. Estamos hablando de llevar seres humanos a la Luna, y construir una base lunar. Solo tenemos que recordar la locura que significó en los años sesenta llevar a doce hombres a la Luna, con un riesgo del 50% de fracasar.

Ahora, Donald Trump usa los mismos trucos que Elon Musk. Palabras, aplausos, y luces de colores. Pero todo esto no llevará al ser humano de nuevo a la Luna para 2024. Tampoco el dinero. Ponga usted la cantidad de dinero que quiera sobre la mesa. ¿Mil millones de dólares? ¿Diez mil millones? ¿Más?

No importa. No es una cuestión de dinero. La historia ha demostrado que, en proyectos de investigación y de ingeniería, algunos han querido conseguir grandes logros en tiempos cortos, simplemente contratando a mentes brillantes, y dándoles presupuestos astronómicos. Pero estas mentes brillantes no son dioses. Son seres humanos, y, por muchos medios que tengan, necesitarán de un tiempo adecuado con el fin de poder llevar a cabo cualquier tarea compleja.

Y el viaje al espacio, y asentar al ser humano en la Luna, es la tarea más compleja jamás abordada. No hablo solo de ir, sino de crear un asentamiento. No puede dejarse nada al azar. El cohete SLS, que se requiere para ir a la Luna, todavía no ha despegado. Podría usarse el cohete Falcon Heavy de SpaceX, pero la NASA necesita desarrollar su propio cohete, porque es todavía más potente que el Falcon Heavy, y es necesario para transportar las ingentes cantidades de material para establecer una base mínima operativa en la Luna. SpaceX está diseñando un cohete todavía más potente, que se supone irá a Marte, pero está en fases muy tempranas de desarrollo.

Debemos recordar por qué se va allá, a la Luna. Ya he comentado la primera razón: van los chinos, y eso implica que hay que ir. Pero hay una segunda razón: no es por el agua que hay en la Luna. Esa es importante para poder beber, tomar el oxígeno para poder respirar, y el hidrógeno como combustible.

Pero el elemento principal, y la obsesión de Estados Unidos, y de China, es la enorme cantidad de helio que hay en la Luna. ¿Por qué este interés en el helio? Es muy sencillo: son dos razones. La primera es que el helio en la Tierra se usa para tareas muy diversas e importantes, y la cantidad disponible es muy pequeña.

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Imagen conceptual del cohete SLS, que todavía no ha despegado. Se esperaba que volara en 2017, luego en 2018, y ahora se espera para 2020, eso sí, sin tripulación. Meter mil millones de dólares adicionales no hará que el sistema sea seguro y fiable antes.

La segunda es que el helio servirá como combustible en los reactores de fusión, primero el isótopo del helio 3, pero luego, cuando los reactores pasen a una segunda generación, será el helio 4, muy abundante, el que podrá explotarse comercialmente. Y aparecerán las primeras industrias mineras lunares, que sin duda dispondrán de un poder inmenso, al controlar las nuevas formas de obtener energía de la Tierra. El helio 4 es el isótopo más abundante, formado por cuatro nucleones (dos neutrones y dos protones) con dos electrones orbitales. Su uso generalizado acabará de forma definitiva con el petróleo, excepto para cuestiones muy concretas.

Los reactores de fusión son el futuro, y es cierto que su puesta en marcha se ha ido retrasando. Precisamente los chinos han dado pasos importantes en estas tecnologías, y, de nuevo, Estados Unidos, también Europa y Japón, trabajan duro para poder tener un primer reactor operativo comercial. Se trata de algo aparentemente sencillo: que el uso de energía generada sea, al menos, un dos, tres por ciento superior al consumido. Entonces el reactor será operativo.

Pero, con el tiempo, se podrán conseguir porcentajes superiores al cuarenta, incluso al cincuenta por ciento, creando un sistema tremendamente eficiente, y una cantidad de energía muy superior a la nunca vista en el planeta, y por supuesto muy superior a los reactores de fisión de uranio y plutonio, sin los efectos tóxicos y contaminantes derivados del uso de estos elementos.

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Esta imagen de la NASA de 2017, anterior a que Trump metiese el pie en el proyecto, pronosticaba al menos el año 2026 para ir a la Luna. Y han pasado dos años. Entonces ellos ya sabían que no se podría llegar en 2024. Según este esquema, la llegada mínima ahora sería 2028. Y eso si todo sale bien. ¿Quién está jugando con fuego?

El vídeo inferior de la NASA resume bien las ideas. Tras unas palabras llenas de buena voluntad se esconde la verdad: la explotación de los recursos naturales de la Luna, y, posteriormente, de Marte. ¿Alguien se extraña? ¿O le parece absurdo? Es la historia de la humanidad. La obtención de recursos es una constante en el desarrollo de nuestra civilización. Pero los recursos son limitados. Y hay que salir afuera. Y no será un paseo pacífico. Ni amistoso.

Esos recursos serán disputados, y las guerras comienzan precisamente por la obtención de recursos, y los territorios donde se encuentran esos recursos. ¿Batallas en la Luna? Cuente con ello. Habrá batallas comerciales, que podrán degenerar en batallas militares en muchos casos. De nuevo, solo hay que echar un vistazo a los libros de historia. ¿Alguien cree que ahora va a ser diferente, por el hecho de ser en la Luna, o en Marte?

 

Pero vamos con los hechos:

Cohete SLS: es el cohete para ir a la Luna. ¿Dónde está? Se está construyendo el primero, que será lanzado, sin tripulantes, en 2020. Este cohete es tremendamente grande y complejo, el mayor nunca construido. El Saturno V, que llevó a los astronautas a la Luna, estuvo en desarrollo desde 1960. Se invirtieron fabulosas cifras en su construcción, y tuvo problemas diversos, que fueron solucionados sin pérdida de vidas afortunadamente. Recordemos los hechos del Apollo XII (SCE to AUX) del que hablaré otro día, y el famoso caso del Apollo XIII que se representó en el cine. O el caso del Apollo X, que estuvo a punto de estrellarse contra la Luna por un error de pilotaje.

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Solo se ha hecho una prueba con la cápsula Orión, fue en 2014, sin tripulación, y sin emplear el cohete SLS.

Cápsula Orión: murieron tres astronautas en el Apollo I. Esto lo digo para esos que dicen que el ser humano no llegó a la Luna. ¿Fueron simuladas las muertes también? ¿Las viudas fueron actrices contratadas? Seamos serios. Se perdieron tres vidas. Fue un desastre. Y una advertencia: el espacio es muy peligroso. Ahora, la nueva cápsula Orión solo se ha probado una vez, y sin astronautas. Es decir, es prácticamente nueva. Con cien mil elementos que deben ser probados y que no pueden fallar. Y tendrán que ser testeados en el espacio todos y cada uno de ellos.

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Módulo lunar: ¿disculpe? Ni está, ni se le espera de momento. Se ha presentado un trasto por parte de Blue Origin, pero no transporta humanos. La “araña” como se la conoce popularmente, es la parte de la nave que se posa en la Luna. ¿Dónde está “la araña”, es decir, el módulo de descenso/ascenso? Compruébelo usted en la página oficial del proyecto Artemis de la NASA. Ni rastro. Lo que hay es una petición de la NASA a las industrias del país para que desarrollen “la araña”, como puede verse en este enlace. Son once compañías en total, que tendrán que competir entre ellas. De esas once quedarán dos o tres, y de esas dos o tres se elegirá la ganadora. Esto solo puede llevar fácilmente un par de años, entre desarrollos, prototipos, pruebas, aceptación, etc.

Atención: estoy diciendo: presupuesto para desarrollar, es decir, un concurso. Luego, como digo, hay que elegir el ganador, y comenzar el desarrollo. Digo comenzar porque lo que se presentan son básicamente conceptos, maquetas, prototipos, que luego hay que desarrollar. Ponga usted dos, tres años mínimo para el desarrollo de algo tan complejo y delicado como un módulo lunar. Ya tenemos 2+2=4. Cuatro años para tener un módulo lunar más o menos finalizado, que luego ha de ir al espacio con seres humanos.

Y me estoy dejando todo el resto: software, sistemas de seguridad y sus pruebas correspondientes, planes alternativos y sus pruebas, etc.

¿Todo ello para ir en 2024? Por favor, seamos serios…

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Imagen “artística” de un posible diseño del módulo lunar. De aquí a un módulo operativo queda toda la investigación, el diseño, la ingeniería, las pruebas en vacío, las pruebas con humanos, pruebas de estrés de materiales, ajustes de sistemas de guiado y control, ajustes de… ¿sigo?

 

Algo importante que quiero añadir: cuando digo todo esto, no es porque yo haya tenido un momento de clarividencia, donde he visto La Luz y escuchado un coro de ángeles cantando el aleluya. Sencillamente, cualquier ingeniero de primero de carrera conoce estos hechos, estos datos, esta secuencia de acciones. Pero la política es capaz de transformarlo todo en aplausos, abrazos, y fantasía. La ciencia ficción describe futuros posibles. Los políticos describen futuros ajustados a sus intereses. Y este caso es uno de ellos.

Lo que me preocupa de todo esto, especialmente, es que se empeñen, por temas políticos, de imagen, y de geoestrategia, en ir en 2024, apretando fechas, y poniendo en peligro vidas humanas. En este vídeo puede verse el entusiasmo y los aplausos. Y el dinero, que produce sonrisas en todos ellos. Yo también sonreiría: trabajo hasta 2024. Trabajo, sí. Pero, ¿resultados? Eso tardará algo más.

 

Un resumen en positivo.

No quiero terminar con un tono negativo. Al contrario, quiero ser muy positivo en la investigación que lleve a la humanidad a nuevas fronteras. Solo digo que ese modelo de exploración basado en promesas está bien, pero tienen que ser realistas. ¿Estaré equivocado? ¿Habrá seres humanos en la Luna en 2024? Yo, sinceramente, espero estar equivocado. Como amante de la ciencia, de la exploración, del espacio, nada me gustaría más. Pero insisto: lo veo imposible. No difícil. Sino imposible. A no ser que tengan algo guardado en la manga, lo cual veo muy poco factible. Sigo las noticias de astronáutica día a día, y todo esto de la Luna y de Trump es un montaje y un show mediático fantástico. Pero poco más.

Habrá que ver qué ocurre. Sí es cierto que se van a dar pasos importantes. Y, si no se llega en 2024, pero se llega en 2028, o en 2030, no importará. Lo importante es llegar, sentar las bases de una base lunar, nunca mejor dicho, y comenzar los trabajos para el siguiente reto. Porque, no lo olvidemos: el reto actual no es la Luna. Eso ya se hizo. El reto actual es Marte. Y ahí es donde se va a jugar una partida crucial para la humanidad. Eso lo veremos en una próxima entrada. Muchas gracias.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

3 comentarios en “El camino a la Luna: aspectos de ingeniería para el año 2024”

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