50 aniversario del Apolo XI (II): orígenes y consecuencias

Nota: hace dos años de mi pequeño accidente, que a punto estuvo de llevárseme al otro barrio. Afortunadamente tengo la cabeza muy dura. Alguien me ha asegurado que me salvó la Virgen del Carmen (16 de julio). No sé si fue ella, pero, si lo fue, que sepa que tiene una cerveza pagada cuando quiera. Fin de la nota.

Vamos ya con la segunda parte de este especial del viaje a la Luna, en el 50 aniversario de la llegada de la NASA a nuestro satélite natural. Para quienes estén interesados, en este enlace se encuentra la primera parte.

El veinte de julio de 1969 la antigua Unión Soviética (URSS) perdió una carrera tremendamente costosa en términos materiales, de recursos, de tiempo, y también humanos, en pos de la llegada a la Luna. En un cara a cara donde se jugaba el prestigio de las dos potencias mundiales del momento, los Estados Unidos fueron los primeros en llegar a la Luna, y los rusos tuvieron que reconocerlo, admitir su derrota, y detener la que, por entonces, ya era una carrera a la Luna llena de dificultades y problemas.

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¿Qué tiene de especial esta foto? Que toda la humanidad aparece en la misma. Toda, excepto Michael Collins, el piloto del módulo de mando del Apolo XI, que es quien hizo la foto.

Porque, aunque no se conozcan muchos detalles, lo cierto es que los rusos intentaron llegar a la Luna antes que los Estados Unidos. Fracasaron por cuestiones diversas de tipo técnico, organizativo y económico, y porque los Estados Unidos contaban con un extranjero, Wernher Von Braun, un alemán que era un genio desarrollando cohetes. De hecho, sin la llegada masiva de especialistas extranjeros a Estados Unidos (incluyendo los cien del equipo de Von Braun), muchos de ellos directamente desde las bases de Peenemünde en Alemania, donde se fabricaba el cohete V-2, Estados Unidos no hubiese llegado, con toda probabilidad, a terminar su carrera a la Luna en el tiempo en el que lo hizo.

Estas son las paradojas del destino. Unos técnicos e ingenieros que trabajan para los nazis desarrollan toda una gama de ideas sobre cohetes, y la ponen en práctica, liderados por Von Braun. Los Estados Unidos se llevan a esos técnicos, que han contribuido a la muerte de miles de civiles durante la Segunda Guerra Mundial, y los ponen a trabajar cómodamente. Los Estados Unidos, concretamente la Marina y la Fuerza Aérea, intentan desarrollar sus propios cohetes, consiguiendo solo una serie de fracasos. Y hete aquí que son extranjeros que trabajaban para nazis los que llevan a Estados Unidos al éxito.

Wernher Von Braun sirviendo en Alemania, junto a un grupo de oficiales nazis, y luego con oficiales de los Estados Unidos tras la guerra.

Son esas las paradojas del destino. Pero lo cierto es que no solo Alemania fue importante en el éxito de la NASA para llegar a la Luna. También la URSS tuvo mucho que ver con la llegada a la Luna por parte del Apolo XI. ¿Por qué?

Todo empieza en octubre de 1957. Estados Unidos vive en la autocomplacencia, sintiéndose dueños del mundo. Lo tienen todo controlado. Sí, la URSS está ahí, pero son solo una pandilla de comunistas ineptos que no se enteran de nada. ¿Cómo van a intentar competir con la gran potencia en el nuevo campo de la astronáutica? Vamos, por favor…

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Renderizado del Sputnik I

Entonces los rusos ponen en órbita el famoso Sputnik I, el primer satélite artificial. Y en Estados Unidos se desata el caos. Intentan lanzar rápidamente su propio satélite, pero los intentos acaban en fracaso. Los rusos, mientras tanto, lanzan nuevos satélites, y, para complicarlo más, lanzan también al primer ser humano al espacio: Yuri Gagarin.

Es en ese contexto cuando el entonces presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, da su famoso discurso, en el cual pondrán un ser humano en la Luna antes de que acabe la década. Un reto que parece imposible en aquel momento, y en el estado en el que se encuentra la tecnología astronáutica.

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Kennedy en su famoso mensaje sobre el viaje a la Luna antes del fin de la década

La idea es llegar a la Luna. Como sea. Pero llegar, y, sobre todo, llegar antes que los rusos. Es una cuestión de prestigio. De imagen. Los aspectos científicos y otros aspectos quedan en un segundo, en un tercer plano. La obsesión es llegar. Hay que ganarle la partida a los rusos.

Estos dan otro golpe en la mesa, con el envío de la primera mujer, Valentina Tereshkova, y del primer EVA (Extra Vehicular Activity), es decir, el primer paseo espacial fuera de una cápsula.

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Yuri Gagarin
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Valentina Tereshkova

Los Estados Unidos ponen un ambicioso plan en marcha, y en tres fases:

1. Proyecto Mercury: lanzar una serie de cápsulas con un solo astronauta. Vuelo suborbital seguido de vuelos orbitales.
2. Proyecto Gemini: cápsula con dos tripulantes, diseñada para pruebas en órbita, acoplamiento de cápsulas, EVA, y otras pruebas de muchas tecnologías necesarias para el posterior viaje a la Luna.
3. Proyecto Apolo: construcción del mayor cohete concebido nunca, el Saturno V, diseño liderado por Werner Von Braun, con capacidad de llevar a tres seres humanos a la Luna, y permitir posarse sobre su superficie.

Estos tres programas no se desarrollaron de forma secuencial, sino que sus pasos se cruzaron para ir pasando de una etapa a la siguiente.

Con el Apolo las cosas empezaron mal. Los tres astronautas del Apolo I murieron en la cápsula debido a un fuego interno provocado por una sobrecarga y la atmósfera de oxígeno puro. Esto llevó a un retraso importante y a numerosos cambios. Pero lo cierto es que los vuelos eran muy, muy arriesgados. Los cálculos de la época daban un 50% de probabilidades de éxito, y un 50% de fracaso.

Se jugaba con el tiempo, con el prestigio, y cuestiones como la seguridad se dejaban en un segundo plano. De hecho el Apolo XIII tuvo un fallo que ya se había detectado en vuelos anteriores, pero no se había corregido convenientemente. El mismo hecho de que los astronautas del Apolo XIII pudieran volver fue un prodigio de los ingenieros y los astronautas. Recomiendo la impresionante película “Apollo XIII” de 1995, donde se explica con gran lujo de detalles.

Mientras tanto, los rusos tenían sus propios planes. Pero cometieron varios errores, uno de ellos el diseño del cohete para ir a la Luna. Había dos escuelas de pensamiento entonces: pocos motores muy potentes, con el peligro de que si falla uno el cohete puede no llegar a órbita. Y otro diseño con varios cohetes pequeños, de tal forma que si falla uno, el resto pueden compensar. Este último fue el diseño elegido. Fue un fracaso. De hecho, la explosión del cohete es una de las más grandes nunca registradas de tipo no nuclear. Y eso hizo que el diseño se retrasara considerablemente.

Este vídeo que adjunto me sorprendió gratamente. En catorce minutos detalla con precisión los aspectos del proyecto de la URSS para ir a la Luna, y las razones del fracaso. Un material muy instructivo.

 

Se arriesgó mucho para llegar a la Luna. El presidente en aquel momento, Richard Nixon, tenía preparado ya un mensaje de condolencia, por si los astronautas fallecían. Las cosas se podían haber complicado, y de hecho Armstrong tuvo que tomar el control manual del módulo de alunizaje, ya que se dirigía a una zona muy peligrosa. Alunizaron con solo 20 segundos de combustible restante. Casi como en las películas. Pero no fue una película. La realidad suele ser mucho más cruda, y directa.

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El futuro.

Se llama Artemis. La idea es volver para 2024, pero no se preocupe, ya he explicado que eso no será factible. Sí lo será para finales de esa década o principios de la siguiente, o sea, hacia el 2028-35. La NASA hizo mucho ruido con el 2024, pero en el momento de escribir estas líneas ya lo está dejando enfriar. Los distintos presidentes que van pasando por la Casa Blanca van anunciando grandes proyectos que elevan su autoestima y de la de sus seguidores, pero sin dinero no hay fiesta, y sin fiesta no hay Luna. Ha habido toda una retahíla de promesas vanas en el pasado, recordemos el proyecto Constellation, y antes otros, que han quedado en nada.

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Imagen conceptual de la cápsula Orión llegando a la estación espacial lunar “Gateway”

Al final, como todo proyecto de ingeniería, es un tema de dinero. Y de sacar algo a cambio. En aquel momento la carrera espacial era el asunto central. Ello conllevó el desarrollo de importantes tecnologías, que disfrutamos hoy día. También había otro tema, aparte del prestigio: ahogar a la URSS económicamente, obligándola a seguirle el juego del espacio a Estados Unidos. Eso se suele comentar poco, pero es un tema muy importante sin ninguna duda.

Artemisa es la hermana de Apolo, y además diosa de la Luna, de ahí el nombre. La idea es ir para quedarse, y establecer una base lunar, con una estación lunar en órbita primero. Todo eso requiere de mucho dinero en inversiones, tecnologías, pruebas, etc. Está todo todavía en sus inicios. Además, los comentarios de ingenieros de estos proyectos son desalentadores. Parecen bravatas de tipos duro de barrio con sus motos. Y así no se conquista nada. Menos dureza, más modestia, y más trabajo. Solo así se llegará a la Luna.

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Detalle de la estación espacial Gateway

Mientras tanto, los rusos, los indios, y sobre todo los chinos, están muy implicados en ir a la Luna. De ahí el interés de Estados Unidos en potenciar la industria astronáutica. Saben que, si llegan los chinos, aquello va a ser territorio de China, reclamado por ellos. Y eso tendrá consecuencias. Eso sí, si necesitamos unas pilas o una sombrilla seguro que habrá tiendas de chinos en la Luna, no todo iba a ser malo.

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La idea final del proyecto Artemis no es solo la Luna y su explotación minera, sino que la Luna sea una base para la conquista de Marte y el cinturón de asteroides

China es un nuevo poder emergente en la Tierra, y Estados Unidos lo sabe. En las próximas tres décadas va a haber conflictos muy importantes entre estas dos potencias, cuando no tentativas de guerra. Conforme China vaya mejorando y ampliando su arsenal bélico, las cosas van a ponerse muy calientes. Y el espacio no estará excluido de este conflicto.

Obviamente, todos esperamos que no pase nada. Pero yo estoy convencido de que vamos a tener situaciones complejas que atender en el futuro. Bueno, yo no estaré, pero sí los que se queden aquí. Yo tengo mi viejo ovni preparado y listo en doble fila para volverme a mi planeta muy pronto. Otros tendrán que escribir en sus blogs sobre esos acontecimientos. Seguro que lo harán muy bien.

Dicen que las carreras por el poder y las acciones bélicas son las causas de grandes progresos de la humanidad. Es cierto, y eso puede verse en el siglo XX. Estaría bien que el siglo XXI tuviese un progreso aún mayor, pero basado en la paz y en la concordia. ¿Suena utópico? Sin duda.

Pero las utopías han de ser el verdadero futuro de la humanidad, y no la guerra. O no habrá humanidad que pueda conquistar las estrellas. Y esa es la pura, y más cruda, realidad.


 

 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “50 aniversario del Apolo XI (II): orígenes y consecuencias”

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