Lectores de sensibilidad; comentario respuesta

Recientemente, un amable lector ha hecho un comentario sobre el artículo “Lectores de sensibilidad: cuando la censura se viste de seda”, indicando que la exposición que hago de esta figura en el mundo de la literatura no se encuadra con la realidad que ellos mismos quieren mostrar a los escritores en particular, y a la sociedad en general.

Lo primero que tengo que decir es que estoy encantado de poder tener un debate sobre este tema, en el que cada uno defenderemos nuestras posturas, pero siempre en un ambiente cordial y agradable, muy alejado del ruido de muchas redes sociales, donde todo son ataques o cosas peores que ataques. Creo que WordPress y otros sistemas de blogs invitan a un discurso y diálogo siempre tranquilo y sereno, aunque las posturas y opiniones estén alejadas.

Lo segundo que tengo que decir es que agradezco enormemente al lector los enlaces que me ha pasado, y para no extenderme mucho, como los tres más o menos apuntan las mismas ideas, usaré uno de ellos para mis comentarios, no porque me parezca mejor o peor, sino porque creo que es suficiente.

El texto se llama “los sensitivy readers no censurarán tu novela“. Como digo, no quiero extenderme demasiado, ya expuse mis ideas sobre este mundo en el anterior artículo, ideas que mantengo actualmente. Aquí lo que haré será comentar el contenido de este enlace, con textos en cursiva y respuestas en vertical.

Voy por lo tanto a extraer algunas frases del texto, y con ello voy a dar mi opinión sobre el mismo, con el fin de exponer lo que son mis ideas personales, y subjetivas. Repito: personales, y subjetivas. Algunas personas podrán coincidir, otras no, pero en todo caso, simplemente quiero dejar claro que estas ideas se basan en mi experiencia personal, nada más.

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Los pueblos que ignoran sus bibliotecas están condenados a vivir en un presente eterno

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Un pequeño agradecimiento de este autor

Recientemente este blog de literatura, ciencias físicas y ciencias sociales (supongo que podríamos denominarlo así) ha superado los 200 seguidores. Quiero agradecer de todo corazón a todos aquellos que han elegido seguir esta página y mis pensamientos, y espero en la medida de lo posible corresponder con material que pueda tener una calidad e interés, que sirvan para acreditar esa confianza.

No siempre lo conseguiré, porque hablo de temas variados, y hay asuntos que interesan más a unos, y otros que interesan más a otros. Pero siempre intento dar un punto de vista personal y propio a cada tema. De hecho, los blogs son eso en muchos aspectos: opinión, puntos de vista, criterios personales.

Este blog nace y vive por y para las letras y la ciencia. Dentro de mis límites, una cosa sí encontrará el lector: sinceridad. Lo que digo es lo que pienso, y procuro pensar lo que digo, repasando los textos varias veces antes de publicarlos. Siempre intentando que tengan la forma y el fondo adecuados.

Pero mi vida, y mi pasión, es la saga Aesir-Vanir. A ella me debo, y es el trabajo de mi vida. He hecho de todo en esta vida, pero mi eje central siempre han sido las letras, y espero que siga siendo así hasta el final.

En cuanto a la saga, estará completa cuando termine el Libro XIII, supongo que a fin de año o principios de 2019, pero este blog seguirá adelante mientras pueda. Luego qué haré no lo sé, pero este blog y mis reflexiones seguirán mientras tenga fuerzas para escribir. Y con el honor de poder contar con ustedes.

Muchas gracias.

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La imagen deja claro los años que hace que me hicieron esta foto, Julio César era cabo primero

 

Ernesto Sabato, directo al alma

La frase de esta semana es de Ernesto Sabato (1911-2011), escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Estaba yo tan feliz y contento pensando que, al fin y al cabo, la literatura es un hobby y un pasatiempo, cuando leo esta frase demoledora y certera del gran literato. ¿Y qué puedo hacer ante una frase tan directa y clara? Reflexionar, por supuesto. Siempre, reflexionar.

Por supuesto, no puedo por menos que establecer que toda literatura es, por su mera condición de serlo, un viaje a lo más profundo del alma del ser humano. La literatura busca la verdad que se esconde tras esas verdades oscuras y plagadas de mentiras que llenan cada hueco de las sociedades humanas. Es como un filtro mágico que elimina toda hipocresía y toda mentira, y deja desnuda el alma de quien escribe, y por supuesto, de quien lee lo escrito. Es, por lo tanto, una comunión directa y sincera entre escritor y lector. No puede, no debe haber tamices, porque entonces la letra se degrada, se corrompe, y se destruye, y ya no es literatura.

¿Significa eso que no me tomo la literatura en serio? En cierto modo, puede que haya algo de eso. Cuando digo que, para mí, la literatura es un pasatiempo, quizás esté cometiendo un error; quizás no le esté dando la importancia que tiene el mismo acto creativo de ver cómo un libro nace, se desarrolla, y se publica. Independientemente del éxito que tenga, el acto en sí es lo que importa, y por lo que escribimos, cuando queremos transmitir ese grito que nace de nuestro interior, y que debe ser expresado en palabras, para que alguien nos dé la mano, desde el otro lado de las blancas hojas del libro.

Es, por lo tanto, la literatura en su esencia, un camino de autoconocimiento, de desarrollo personal, de estímulo continuo por conocerse a uno mismo. Es, en definitiva, un viaje a nuestros miedos, a nuestros temores, y a nuestras pesadillas. Por todo ello, las palabras del gran escritor Ernesto Sabato son más ciertas de lo que nunca podríamos imaginar, antes de haber entrado en la profundidad de los secretos de las letras.

Una lección de humildad, en definitiva, que recibo con alegría y esperando me dé unas gotas de su sabiduría, porque son las manos de los grandes las que nos acompañan en nuestro camino. Tanto en la vida, como en las letras. Gracias, Ernesto. Gracias por tus palabras, siempre sabias y ciertas.

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Ser quien eres, y no quien serás (Kafka)

La frase de la semana es de Kafka, ese extraño y oscuro personaje con el que me siento plenamente identificado. En este principio de siglo XXI, estamos constantemente planificando llegar a ser ese sueño que los demás quieren que seamos, y las redes sociales son un medio de cultivo perfecto para ello. A través de Facebook, Instagram, y otras redes sociales, nos vemos empujados a dar una imagen de perfección, con sonrisas perfectas, familias perfectas, viajes perfectos, y sueños perfectos. Todo es de algodón de azúcar, y las sonrisas aparecen por todas partes. Hijos maravillosos, parejas encantadoras, y fotos arrebatadoras.

Frente a ese mundo de perfección, donde estamos constantemente planificando nuestra próxima entrada en la red social de turno para conseguir “me gustas” y “compartir”, debemos reivindicar una manera de ver la vida que se acerque a la realidad. Y la realidad es tan sencilla como una cafetería, un grupo de amigos, unas sonrisas sinceras, y, sobre todo, nuestras imperfecciones ante ellos. Imperfecciones reales, para un mundo real.

Debemos comenzar a admitir que somos seres reales, no entradas en el Facebook, y cambiar los “me gustas” por sonrisas y besos, los “compartir” por abrazos, y las fotos perfectas por lágrimas sinceras de impotencia, cuando ese amigo nos tiende la mano por algún dolor que nos acecha.

Esa es la esencia de la vida. Reír, por supuesto. Pero debemos dejar un tiempo y un espacio al dolor. A las lágrimas. Al llanto. Quien solo ríe no tiene nada de qué reír. La vida son sonrisas, pero son también lágrimas. Quien quiera eliminar estas, dejará huecas y vacías aquellas.

Yo quiero volver a reír con amigos de verdad, no con muros de redes sociales. Quiero gente a mi lado a la que pueda tocar, a la que pueda besar, a la que pueda abrazar. Quiero seres humanos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Con sus imperfecciones y sus miedos, para que los compartamos juntos. Quiero una mirada sincera, una sonrisa, y una lágrima que nos una para siempre.

Volvamos a ser seres realmente sociales. Y a ser lo que somos. No lo que debemos ser.

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Esos recuerdos que viven en el corazón

Ayer vendí mi viejo ordenador portátil. El pobre ya había superado todas las pruebas de resistencia y uso posibles en mis manos, no en vano no solo uso el ordenador para escribir. También lo necesito para mi actividad profesional, como tanta gente hoy día. Además, necesito que sea relativamente potente, precisamente porque mi trabajo requiere de equipos que estén equipados con procesadores potentes y buenas tarjetas gráficas, además de bastante memoria.

Todo eso se había quedado anticuado ya para mis requerimientos. El ordenador en realidad podría haber durado un par o tres de años más, pero no da la respuesta que necesito en mi trabajo. Así que, lamentándolo mucho, ayer lo perdí de vista. ¿Me da pena? Sí. ¿Por qué? Porque el 90% de los libros que he escrito de la saga Aesir-Vanir los he creado con ese portátil. ¿Una tontería? Puede, pero se le toma cariño a las cosas.

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De Bach, y de una luz en el camino

 

Nota: esta es una reflexión personal, sin otro motivo que pensar sobre la vida y el camino que hemos de andar. 

He estado revisitando recientemente un capítulo doble de la serie “House”, en la que el famoso doctor va a un centro psiquiátrico para recibir tratamiento, debido a su adicción a la vicodina.

Aparte de que personalmente esta serie me parece fantástica, estos dos capítulos me han retrotraído a una época, hace ya demasiados años, en la que estuve visitando a una amiga que se encontraba ingresada en una unidad psiquiátrica de un importante hospital. Recuerdo intensamente aquellos días, por el caudal enorme y brutal de sensaciones que recibí de todas aquellas personas, en muy diferentes estados, y en situaciones a veces difíciles de describir. Mi propia amiga sufría una enfermedad grave, y yo, que era bastante joven, no podía llegar a procesar todo aquel manantial de sensaciones que tenía que gestionar con cada visita.

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Reflexiones sobre el mundo del pensamiento y el blogging

Nota: “blogging” es un anglicismo, pero está tan extendido que lo usaré, con su permiso, para expresar a las personas y medios que se emplean para transmitir ideas y sensaciones.

Una de las cosas que aprecio del mundo del blogging, entendiendo como tal estas páginas donde expresamos nuestros sentimientos, nuestras emociones o miedos, o donde subimos recetas de cocina, o explicamos nuestra experiencia en un viaje, o cualquier otra cosa que se nos ocurra, es que sus contenidos, casi siempre, tienden a tener una profundidad muy superior a la que podríamos encontrar en otros medios. Especialmente, en redes sociales.

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