Ernesto Sabato, directo al alma

La frase de esta semana es de Ernesto Sabato (1911-2011), escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Estaba yo tan feliz y contento pensando que, al fin y al cabo, la literatura es un hobby y un pasatiempo, cuando leo esta frase demoledora y certera del gran literato. ¿Y qué puedo hacer ante una frase tan directa y clara? Reflexionar, por supuesto. Siempre, reflexionar.

Por supuesto, no puedo por menos que establecer que toda literatura es, por su mera condición de serlo, un viaje a lo más profundo del alma del ser humano. La literatura busca la verdad que se esconde tras esas verdades oscuras y plagadas de mentiras que llenan cada hueco de las sociedades humanas. Es como un filtro mágico que elimina toda hipocresía y toda mentira, y deja desnuda el alma de quien escribe, y por supuesto, de quien lee lo escrito. Es, por lo tanto, una comunión directa y sincera entre escritor y lector. No puede, no debe haber tamices, porque entonces la letra se degrada, se corrompe, y se destruye, y ya no es literatura.

¿Significa eso que no me tomo la literatura en serio? En cierto modo, puede que haya algo de eso. Cuando digo que, para mí, la literatura es un pasatiempo, quizás esté cometiendo un error; quizás no le esté dando la importancia que tiene el mismo acto creativo de ver cómo un libro nace, se desarrolla, y se publica. Independientemente del éxito que tenga, el acto en sí es lo que importa, y por lo que escribimos, cuando queremos transmitir ese grito que nace de nuestro interior, y que debe ser expresado en palabras, para que alguien nos dé la mano, desde el otro lado de las blancas hojas del libro.

Es, por lo tanto, la literatura en su esencia, un camino de autoconocimiento, de desarrollo personal, de estímulo continuo por conocerse a uno mismo. Es, en definitiva, un viaje a nuestros miedos, a nuestros temores, y a nuestras pesadillas. Por todo ello, las palabras del gran escritor Ernesto Sabato son más ciertas de lo que nunca podríamos imaginar, antes de haber entrado en la profundidad de los secretos de las letras.

Una lección de humildad, en definitiva, que recibo con alegría y esperando me dé unas gotas de su sabiduría, porque son las manos de los grandes las que nos acompañan en nuestro camino. Tanto en la vida, como en las letras. Gracias, Ernesto. Gracias por tus palabras, siempre sabias y ciertas.

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Ser quien eres, y no quien serás (Kafka)

La frase de la semana es de Kafka, ese extraño y oscuro personaje con el que me siento plenamente identificado. En este principio de siglo XXI, estamos constantemente planificando llegar a ser ese sueño que los demás quieren que seamos, y las redes sociales son un medio de cultivo perfecto para ello. A través de Facebook, Instagram, y otras redes sociales, nos vemos empujados a dar una imagen de perfección, con sonrisas perfectas, familias perfectas, viajes perfectos, y sueños perfectos. Todo es de algodón de azúcar, y las sonrisas aparecen por todas partes. Hijos maravillosos, parejas encantadoras, y fotos arrebatadoras.

Frente a ese mundo de perfección, donde estamos constantemente planificando nuestra próxima entrada en la red social de turno para conseguir “me gustas” y “compartir”, debemos reivindicar una manera de ver la vida que se acerque a la realidad. Y la realidad es tan sencilla como una cafetería, un grupo de amigos, unas sonrisas sinceras, y, sobre todo, nuestras imperfecciones ante ellos. Imperfecciones reales, para un mundo real.

Debemos comenzar a admitir que somos seres reales, no entradas en el Facebook, y cambiar los “me gustas” por sonrisas y besos, los “compartir” por abrazos, y las fotos perfectas por lágrimas sinceras de impotencia, cuando ese amigo nos tiende la mano por algún dolor que nos acecha.

Esa es la esencia de la vida. Reír, por supuesto. Pero debemos dejar un tiempo y un espacio al dolor. A las lágrimas. Al llanto. Quien solo ríe no tiene nada de qué reír. La vida son sonrisas, pero son también lágrimas. Quien quiera eliminar estas, dejará huecas y vacías aquellas.

Yo quiero volver a reír con amigos de verdad, no con muros de redes sociales. Quiero gente a mi lado a la que pueda tocar, a la que pueda besar, a la que pueda abrazar. Quiero seres humanos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Con sus imperfecciones y sus miedos, para que los compartamos juntos. Quiero una mirada sincera, una sonrisa, y una lágrima que nos una para siempre.

Volvamos a ser seres realmente sociales. Y a ser lo que somos. No lo que debemos ser.

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Esos recuerdos que viven en el corazón

Ayer vendí mi viejo ordenador portátil. El pobre ya había superado todas las pruebas de resistencia y uso posibles en mis manos, no en vano no solo uso el ordenador para escribir. También lo necesito para mi actividad profesional, como tanta gente hoy día. Además, necesito que sea relativamente potente, precisamente porque mi trabajo requiere de equipos que estén equipados con procesadores potentes y buenas tarjetas gráficas, además de bastante memoria.

Todo eso se había quedado anticuado ya para mis requerimientos. El ordenador en realidad podría haber durado un par o tres de años más, pero no da la respuesta que necesito en mi trabajo. Así que, lamentándolo mucho, ayer lo perdí de vista. ¿Me da pena? Sí. ¿Por qué? Porque el 90% de los libros que he escrito de la saga Aesir-Vanir los he creado con ese portátil. ¿Una tontería? Puede, pero se le toma cariño a las cosas.

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De Bach, y de una luz en el camino

 

Nota: esta es una reflexión personal, sin otro motivo que pensar sobre la vida y el camino que hemos de andar. 

He estado revisitando recientemente un capítulo doble de la serie “House”, en la que el famoso doctor va a un centro psiquiátrico para recibir tratamiento, debido a su adicción a la vicodina.

Aparte de que personalmente esta serie me parece fantástica, estos dos capítulos me han retrotraído a una época, hace ya demasiados años, en la que estuve visitando a una amiga que se encontraba ingresada en una unidad psiquiátrica de un importante hospital. Recuerdo intensamente aquellos días, por el caudal enorme y brutal de sensaciones que recibí de todas aquellas personas, en muy diferentes estados, y en situaciones a veces difíciles de describir. Mi propia amiga sufría una enfermedad grave, y yo, que era bastante joven, no podía llegar a procesar todo aquel manantial de sensaciones que tenía que gestionar con cada visita.

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Reflexiones sobre el mundo del pensamiento y el blogging

Nota: “blogging” es un anglicismo, pero está tan extendido que lo usaré, con su permiso, para expresar a las personas y medios que se emplean para transmitir ideas y sensaciones.

Una de las cosas que aprecio del mundo del blogging, entendiendo como tal estas páginas donde expresamos nuestros sentimientos, nuestras emociones o miedos, o donde subimos recetas de cocina, o explicamos nuestra experiencia en un viaje, o cualquier otra cosa que se nos ocurra, es que sus contenidos, casi siempre, tienden a tener una profundidad muy superior a la que podríamos encontrar en otros medios. Especialmente, en redes sociales.

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Sigo adelante, a pesar de todo

Advertencia para el lector: esta es una nota de reflexión personal, sin contenido más allá de mis pensamientos e ideas sobre el blog y sobre la vida.

Falta poco para que este blog llegue a los seiscientos artículos, y a las 30.000 visitas. También puedo constatar que el número de visitantes ha ido creciendo paulatinamente, y de hecho a finales de julio había tenido tantas visitas como todo el año 2016.

Muchos de los que vienen son turistas ocasionales, navegantes de Internet que visitan la página para una sola lectura, y ya no vuelven. Pero otros muchos, cada vez más, veo que se animan a leer otros artículos relacionados con el tema que les interesa. Otros son lectores habituales, que gustan de pasarse por aquí de vez en cuando. Todos ellos contribuyen a que la existencia de este blog merezca la pena, y me animan a seguir escribiendo. Por todo ello, y a todos ellos, solo puedo decir dos palabras: muchas gracias.

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“Nunca interrumpas a alguien que está haciendo lo que dijiste no era posible” Amelia Earhart.

Soy consciente también de que la variedad de temas puedan confundir a unos, porque tan pronto hablo de cómo escribir una novela como de física cuántica. Esta dualidad sobre temas no la he adquirido yo, por supuesto. Se la debo a alguien. Concretamente, a mi padre espiritual y mi guía como ser humano. Ese alguien es Isaac Asimov, un hombre que gustaba de tocar todo tipo de temas, y que tiene varios miles de artículos de todo tipo. Por no hablar de sus impresionantes logros como escritor de ciencia ficción.

Yo no le llego ni a la suela del zapato, pero eso no significa que no me esmere en seguir su camino, su senda, sus enseñanzas, su estilo. Creando mi modelo, por supuesto, pero inspirándome siempre en mi gran maestro, en el hombre que hizo que dejara un mundo perdido en la nada, y me llevara por el camino del aprendizaje, y del conocimiento.

Porque yo era, como se dice popularmente, un “bala perdida” de joven. Sin destino, sin metas, fui al ejército como voluntario, firmé unos papeles para una unidad especial en la que me dijeron que me convertiría en un héroe y que viviría grandes aventuras, y yo me lo creí, porque no tenía criterio para reflexionar ni para pensar. Aquello me llevó a sucesos que marcaron mi vida, y salí de allí, también como se dice popularmente, “escaldado” y salvándome de tener problemas muy graves “por los pelos”.

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Este blog, y estos libros que he escrito, y esta saga que espero terminar, son mi vida. Sí, tengo un trabajo, incluso un proyecto personal dentro de mi terreno, la informática, que es de lo que vivo. Pero este blog, estos escritos, estos libros, y estos lectores, son mi vida. A ellos me debo, y ellos son el motivo último de mi existencia. Por eso, porque están ahí esos lectores, yo me siento realizado, como escritor, y como persona.

He estado a punto de perder la vida tres veces, por circunstancias completamente distintas en cada caso. Sin embargo, parece que en ninguno de esos casos era mi hora. Algunos me dicen que es por decisión divina, que yo me iré cuando me toque. Yo no tengo esa fe, pero tampoco me voy a quejar de seguir en este mundo. Espero poder terminar los cuatro libros que me quedan, y dejar la saga completada y terminada. Ese es mi sueño, que espero poder completar.

Otro elemento fundamental de mi vida es la aviación. No soy piloto, pero sí vuelo en simuladores de vuelo avanzados, y he tenido el honor de poder enseñar a algunos pilotos a aprender a amar la aviación. Pero ese tiempo pasó, y ahora la aviación sigue siendo mi pasión, pero de un modo más tranquilo y personal. Eso sí, una vez pude probar las mieles de lo que es volar en un reactor, pero eso es algo que explicaré otro día si a alguien le puede interesar. No es algo de lo que me guste hablar, no por el hecho en sí, sino por las circunstancias que rodeaban aquellos tiempos difíciles, en los que dejé una parte importante de mi vida, y perdí lo que daba sentido a esa vida. En aquellos tiempos me pusieron un mote curioso, que luego usé durante unos años, pero que prefiero no recordar ahora.

Por lo demás, se acercan las navidades, y tengo una pequeña broma pensada para el 28 de diciembre, precisamente relacionada con la aviación. Algo inocente y divertido, y que esconderá una crítica a ciertas ideas de ciertas personas que quieren ver conspiraciones en todas partes. Algo relacionado con los “chemtrails”. Espero que sirva para sacar una sonrisa al lector.

Y por cierto, aunque les felicitaré la navidad como se merecen, ya de entrada espero que este 2018 sea un gran año para todos. Para mí lo ha sido este 2017. Sobre todo porque sigo vivo. Y cuando la vida es lo que te queda por perder, uno aprende a valorarla como se merece.

Viva. Vivamos. Seamos conscientes de que estamos vivos. Y vivamos esa vida plenamente. Ese es el motivo que debe movernos hoy, mañana, en 2018, y durante toda nuestra vida. Luego podemos buscar otros argumentos. Pero no olvidemos ese primero. Merece la pena. Se lo aseguro.

Muchas gracias a todos, y un abrazo.

 

Mi país es el infinito

Mi país es el infinito. Y mi momento es ahora. No porto banderas ni estandartes. No creo en dioses que ocultan el miedo del ser humano al futuro y a su confianza en sí mismo.

Mi único compromiso es con la verdad y el conocimiento. Mi único enemigo, la ignorancia y la arrogancia. Y mi camino es un océano infinito donde no existen las fronteras.  Puedo caminar junto a miles, o puedo caminar solo. Pero nadie adoctrinará mis pensamientos, ni mis ideas.

Cuando marches, no andes el camino; sé tú mismo el camino. Abre nuevas rutas por ti mismo, y verás cosas que nadie ha visto. Ese es mi sueño. Esa es mi meta.

Mi frontera es simple: romper fronteras.

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