Mundos de ayer y de hoy

Nota: este texto es una introspección personal.

Uno de los signos más claros de que estoy en la etapa final de mi vida es el comportamiento de la gente a mi alrededor. En el tren, o en el metro, la gente se ofrece amablemente a cederme su asiento. Dos veces me ha ocurrido recientemente, y en la segunda han insistido tanto que casi me he visto obligado a aceptar.

Han pasado los años, y eso se ve y se nota, y quizás yo tenga una parte de responsabilidad, por haber vivido tantos años. Si me hubiese muerto, digamos, con cuarenta años, no habría tenido que pasar por esta situación de ver cómo me ceden el asiento. Pero no me morí con cuarenta años, y ahora estoy terminado y decrépito. Las veces que he pasado por el hospital y las tres ocasiones en las que casi dejé este mundo no ayudan, es evidente.

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Las estrellas son el camino para encontrarnos con nosotros mismos, mirarlas es mirar nuestro pasado, y nuestro futuro

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Solo cenizas lanzadas por el viento al cosmos

Es miércoles musical, que llevaba tiempo sin atender esta meta.

Si algo aprendí de la generación del 98, y de libros como “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, o “San Manuel bueno, mártir” de Miguel de Unamuno, es que la religión puede explicarme lo que quiera, y prometerme lo que quiera. Sin embargo, fue el existencialismo, más que cualquier materia científica, el que me ayudó a comprender que somos un momento en la historia del universo. Y me enseñó a aceptarlo, con todas sus consecuencias. Ese es el primer paso, que no el último, para alcanzar la sabiduría.

Porque entender nuestro sitio en el universo, y nuestra naturaleza real, es la base para luego poder comprender todo lo demás. Si empezamos por no aceptar nuestro sitio en el universo, difícilmente podremos aceptar el sitio que ocupan los demás elementos de la vida, de la naturaleza, de la galaxia, y de todo cuanto nos rodea.

A veces bromeo con mi hermana, diciéndole que, el día que me jubile, buscaré la motosierra más potente, y partiré el maldito ordenador en mil trozos, para lanzarlos a un contenedor, viendo cómo se lo lleva el camión de la basura. Llevo demasiados años delante de una pantalla.

Pero eso es solo una fantasía.

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Escritores, maremotos constantes de tensión, pasión, depresión y tormento, sueños y pesadillas de las que nacen nuestras leyendas, nuestros textos

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Razones para seguir creyendo en la democracia

Cuando escribo estas líneas falta un día para una votación en España que es peculiar en diversos aspectos. Aparte de la aparición de nuevos partidos, el hecho de que se presente con fuerza un partido de extrema derecha ha trastocado todos los planes de las estrategias llevadas a cabo por los dirigentes políticos.

Yo siempre he sido muy respetuoso con toda idea política, de derechas o de izquierdas, y exijo a los líderes políticos de todos los partidos que, igualmente, sean respetuosos con los adversarios en las votaciones. Lo exijo porque democracia es diferencia. Y, como dijo Winston Churchill:

“La democracia es la menos mala de las formas de gobierno”.

Y tenía razón. La democracia no es perfecta, y podemos ver también las palabras de un antiguo senador de Roma del siglo I a.C.:

“Prefiero la más corrupta de las democracias a la más perfecta de las dictaduras”.

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Votar es opcional en España, pero no votar es la opción que nos dice que nos hemos rendido al sistema. Y cuando el sistema sabe que nos hemos rendido, el sistema toma las decisiones que nosotros no hemos tomado

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Nadie leerá nuestros libros cuando hayamos muerto

Estaba esta mañana pensando en los detalles finales del nuevo artículo que preparo para el blog, y que incorpora un vídeo que estoy terminando, cuando de pronto suena el aviso de un correo nuevo. Recibo bastantes al día, así que uno más no es más que una cuestión de prestarle tres segundos de atención. Quién sabe; quizás sea alguien anónimo que me ha dejado su fortuna para que pueda seguir escribiendo sin cortapisas ni estrecheces. O quizás sea el FBI, que piensa arrestarme por aquellos cuadros que robé de aquel museo en Los Ángeles. Juro que no fui yo, señor juez, fue mi vecino. O quizás podría ser un recuerdo del pasado, que acude cuando menos se le espera.

Pero no; es de una web de literatura. Hace unos tres años les mandé un texto, un pequeño relato que había escrito, y que envié por si fuese de su interés publicar. Como ocurre siempre, no obtuve respuesta. Ahora, sin embargo, tras tres años, me llega un correo de ellos, diciéndome que lo van a publicar. Tres años. 

Y lo he leído. Es un texto que escribí cuando todavía estaba sumergido en los mares de Facebook, en varios grupos de literatura, y veía cada día a cientos de escritores tratando de que alguien se fijara en su último relato, en su última novela, en su última poesía. En su último grito de desesperado para que alguien escuche su palabra. Tengo algún texto con la misma temática más reciente. Pero este nació directamente por la influencia de ese caos de Facebook.

Aquello me inspiró para escribir este texto. Una simple reflexión, que he pensado en rescatar, por una vez, porque ya me libré de Facebook y de aquella locura. Ahora sigo estando loco, pero comparto conmigo a solas, y en este blog, ese mal que tanto miedo da, y que tanto nos da como escritores.

Así que ahí va, por si quiere usted leerlo. Lo rescato de nuevo. Para todos ustedes. Y para todos esos escritores y escritoras de Facebook, que probablemente sigan soñando con la libertad de las letras reconocidas por sus semejantes. Ahí va.

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Carta abierta a Alicia Rodríguez, soñadora profesional

Hace ahora un par de años más o menos que dejé Facebook y todo lo que rodea a esa red social, que personalmente creo es tóxica es muchos aspectos. Su afán por el control, por absorber cada dato de cada usuario, y manipularlo, venderlo, transformarlo, y convertirlo en herramientas para enganchar aún más a sus usuarios me llevó a salir de ese círculo de forma definitiva. También que la mayor parte de contactos, insisto, la mayor parte, eran una simple fila de nombres sin sentido y sin ningún tipo de relación. ¿Amigos? No es eso lo que yo entiendo por amigos.

Con algunas excepciones. Alguna muy importante.

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De mi deber con la literatura y las letras

La revista de literatura de ciencia ficción y fantasía “El Club de la Fábula” ha publicado una entrada sobre “Mensajero del Nastrond I: Omega”, Libro XIV de la saga Aesir-Vanir. Pero, antes de que deje de leer pensando que esto es publicidad, permítame indicarle que no es así. Si quiere seguir leyendo, verá que no voy a hablar de mi trabajo en este medio siglo soñando con las letras; voy a hablar de mi experiencia personal como resultado de ese trabajo. Y voy a hablar de la revista que El Club de la Fábula publica. Porque lo merecen. Y mucho.

Sí, vengo a hablar de “El Club de la Fábula”. Y no, no vengo a marearle con mis libros, cuyos datos están en portada para quien quiera verlos. Ya he dicho muchas veces que me es indiferente la publicidad de los libros, me es indiferente que me publiquen editoriales, y me es indiferente que en cinco años no se haya hecho una reseña de ninguno de los libros de la saga. Y no, no es una ira escondida, soy infantil pero no tanto; es algo más elaborado que una rabieta de niño enfadado y caprichoso. Ya tengo una edad para esas cosas.

De eso quiero hablar hoy. De mi deber con la literatura.

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Blogs: tus palabras, sus sentimientos

Hace ahora un año me di de alta en un blog de blogs, un lugar de promoción de blogs con mucho éxito, es muy posible que muchos de ustedes lo conozcan: bloguers.net. Al principio mis entradas tenían un éxito entre moderado y alto, y eran bastantes las entradas que llegaban a portada, gracias a las votaciones de los lectores.

Un año después, los casos de entradas de La leyenda de Darwan que llegan a portada son prácticamente una excepción, una rareza. ¿Qué ha pasado? ¿He perdido inspiración? ¿He dejado de escribir material que pueda interesar a los lectores? ¿Es una confabulación de una oscura organización secreta interplanetaria para destruir este blog?

No, nada de eso. Ha ocurrido lo que ocurre con los seres humanos. La sorpresa ha dado paso a la costumbre, y la costumbre ha dado paso a la indiferencia. Y ustedes dirán que hay otros blogs que, sin embargo, se mantienen ahí arriba. Por supuesto. Tienen un plan de promoción y contenidos, con técnicas muy sofisticadas de marketing y publicidad para mantener vivo el interés, además de una comunidad muy grande, y esto es muy importante, que la apoya.

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