Corre, y no dejes de correr nunca, pequeña

Miércoles, o sea, música. Vamos a hundirnos un poco en el mundo de lo real, al estilo Matrix.

Los ambientes degradantes, llenos de personajes perdidos, de seres fracasados, de almas arrojadas del Paraíso, han sido siempre mis lugares preferidos. Siempre me he inspirado en esos mundos para escribir, y siempre he creído que de esos ambientes nacen obras increíbles y que perdurarán para siempre. Un ejemplo de la literatura: Edgar Allan Poe. Otro del cine: Blade Runner.

Es en esos ambientes decadentes del mundo real donde siempre he encontrado la humanidad auténtica, los sentimientos reales, la amistad real, el amor real, y por supuesto, el odio y la ira más auténticos. Es en esos ambientes donde he podido saborear lo mejor y lo peor que puede aportar un ser humano a su existencia. Y en donde he aprendido a sobrevivir a la vida, y a mí mismo.

Son los otros escenarios, los del glamour, los de la alfombra roja, los de los aplausos, llenos de sonrisas blancas y perfectas, rostros inmaculados, y luces de cristal, son esos los que siempre he querido evitar, porque en ellos solo he encontrado hipocresía, frialdad, y una total falta de empatía. Seres vivos que lo están porque no saben que están muertos en vida.

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Sheryl Crow interpreta “Run baby run”

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Qué original eres, Sheryl

Es miércoles, y esta entrada, que era para la semana pasada, quedó a la espera de mejor momento.  Ahí va.

Lo cierto es que Sheryl Crow puede darnos conciertos intimistas, suaves, de aquellos que notas cómo respiras el mismo aire que los músicos, en un ambiente cercano. Y luego, de pronto, Sheryl nos trae conciertos multitudinarios, llenos de luces y de fuerza. Espectáculo puro para miles de entusiastas que disfrutan en las sombras del poder de su música. Uno sale de este tipo de conciertos multitudinarios caminando sobre las nubes, y esa noche no toca dormir, toca irse con los amigos a un pub, a terminar la velada jugando al billar, hasta ver el Sol amanecer. Qué noches aquellas en las que no pisaba mi cuarto y me iba a trabajar directamente, para escándalo de mi madre.

Bueno, que me estoy desviando. El tema que traigo, “You’re an original” (Eres muy original), nos trae la esencia más pura de Sheryl Crow, con su sonido más clásico, pura fuerza y energía. El tema tiene un elemento fundamental, que es el rift de la guitarra, acompañado por el bajo, que se va repitiendo hasta llegar a los chorus. Ese rift dota al tema de una verdadera personalidad, siendo como parece muy sencillo, pero, como siempre, lo aparentemente sencillo guarda un secreto, que es la implicación que el oyente tiene nada más comenzar los primeros compases.

Un diez para el montaje del vídeo, muy adecuado, y muy bueno para ir contemplando detalles de los músicos, bien combinados con los planos generales. Rock del puro, del de ayer, del de hoy, del de siempre. Solo los grandes músicos saben hacer grande el directo. Y Sheryl reina como nadie en el directo.

Señoras y señores, con ustedes, Sheryl Crow.

Sheryl Crow y la salvación del amor

Hoy es miércoles, así que toca música. Aunque, a decir verdad, casi nunca pongo una entrada de música los miércoles. Pero eso es lo bonito de la vida: vivir en un caos absoluto. Solo hay que ver mi mesa. O mi vida.

¿Por qué considero “Love will save the day” el mejor corte del último disco de Sheryl Crow? Es un asunto muy personal. Cada persona tiene sus gustos, pero a mí este tema me parece fantástico por varias razones.

Primero, ese sonido a antiguo, como si una aguja estuviera pasando por el disco. Sheryl Crow nos está diciendo que es clásica, y que gusta de sonidos clásicos. En segundo lugar, por ese sonido directo que ella siempre introduce en sus temas, y especialmente en este último álbum. En tercer lugar, por ese juego de voces que trabaja a varias escalas y armónicos, y que crea un ambiente profundo y sutil. Cuarto, por la variación que introduce a mitad de la canción, con esa repetición, con esos coros y esas cuerdas que transforman la composición completamente, pero de forma grácil y natural, y que terminan de forma repentina, reintroduciendo el tema de forma impresionante.

Quinto, por toda la cadencia de la canción, que se arrastra, como si estuviésemos en un largo camino sin final, caminando por una angosta senda al amanecer. Sexto, por esa voz profunda de Sheryl, que dota al tema de una gran personalidad.

Séptimo, y final, porque la letra es una maravilla incontestable sobre sentimientos rotos y encontrados. Pura poesía.

Por todo eso, creo que este tema es el mejor del disco. No soy el único que lo opina. Pero, como siempre, para gustos, colores. Lo que está claro es que la pieza es una maestría de la armonía. De eso no cabe ninguna duda.

“Heartbeat away”, the Golden Sheryl Crow

El último álbum de Sheryl Crow, “Be Myself”, publicado el pasado año 2017, es una vuelta de la cantante y compositora a sus orígenes más puros. Con una música directa, con abundante cuerda, y de un estilo como solo ella puede ofrecernos, Sheryl Crow nos trae un conjunto de temas sin concesiones a la experimentación. Solo rock puro, sin aditivos, ni conservantes. Rock destilado para disfrutar solo o en compañía.

Siempre he amado el directo por encima de cualquier otro tipo de música, y, dentro del directo, siempre he amado especialmente los conciertos en lugares pequeños, donde el contacto con el público es cercano, cálido, y especial. Ese directo donde se pueden leer los ojos de quienes tienes delante, y darles todo lo que se lleva dentro, dejándote la piel para ofrecer rock en estado puro.

Sheryl Crow es capaz de eso, y de mucho más. De su último álbum he elegido este tema, que es sin duda genuino de ese espíritu. Señoras y señores, con ustedes, Sheryl Crow.

 

La independencia, y un poco de música para el puente

Bueno, pues después de que Cataluña celebrara su no sé sabe muy bien la independencia en forma de República, que puede que sí, que puede que no, que puede que un ratito, que puede que si eso ya luego lo veremos, vamos a poner un poco de música para este puente del 12 de octubre, que no sé si es día de la Hispanidad o si es bueno o es malo, pero por lo menos es festivo y puedo estar con mi perrita y pasear por la playa, que con eso y a mi edad ya estoy más que satisfecho.

Siempre he dicho que cuantas menos banderas y más libros mejor funcionará el mundo. No quiero decir que haya que eliminar todas las banderas, pero todo en exceso es demasiado, sean banderas, o sean libros. Y, en el caso de las banderas, sean del color que sean, veo demasiadas últimamente. Cuando tenemos que andar ondeando la bandera en respuesta a otros ondeando otras banderas, es que tenemos un problema. Esto es así, y es un síntoma de que algo definitivamente no funciona. Los pueblos estamos para estar unidos, para viajar juntos y progresar juntos, para que nuestras banderas nos unan, no para que nos separen. Cada uno por su senda, pero todos en la misma dirección: la del progreso, la de un mundo mejor, la de mayor prosperidad para todos. Sea en catalán, en español, en inglés, o en la lengua que usted desee.

Como algunos de los lectores saben, vivo en Cataluña, y conozco a algunos independentistas que han quedado profundamente decepcionados por lo ocurrido el pasado día 10 de octubre, cuando se suponía que se declaraba la independencia. E iba a ser así, pero Puigdemont recibió una serie de llamadas, y es evidente que cambió el discurso. Ya lo dije en una entrada anterior: no es España, sino Europa, quien marcará el rumbo de este asunto. No porque yo quiera o deje de querer, yo lo que quiero es que nos entendamos todos. Pero Europa no puede abrir la caja de Pandora con Cataluña, porque eso supone iniciar un proceso en otros puntos del continente. Por eso el President Puigdemont tuvo que frenar, y hacer algo que considero absurdo: proclamar la no independencia de Cataluña. O proclamarla pero poquito. O proclamarla en diferido. O yo qué sé qué hizo, de hecho no lo sabe nadie, incluyendo a su propia gente.

Hay mucha decepción por aquí en Cataluña entre los independentistas, lo sé porque he hablado con varios de ellos, que estuvieron durmiendo en las escuelas y portando urnas y controlando que no llegara la guardia civil. Ahora se sienten desamparados y, por supuesto, traicionados. Como decía mi madre, “para este viaje no hacían falta alforjas”.

Yo sigo con mi tesis: vamos a ver si nos entendemos todos, y volvemos a la senda del diálogo, y a cambiar una constitución que, después de 40 años, se ha quedado obsoleta en ciertos aspectos. No en todos, pero el mundo ha cambiado mucho. Yo recuerdo el día en que se votó aquella constitución. En 1978 no se podía pedir más, se salía de un régimen dictatorial y ya era mucho tener una constitución que declarase aspectos clave de un pueblo libre.

Todo eso estuvo bien dentro de lo que se podía hacer. Claro que no era perfecta, claro que hubo que hacer concesiones. Ya hubo dos golpes de estado, uno de ellos era muy poderoso y organizado que no llegó a activarse, la “Operación Galaxia”. El otro fue más incluso más patético, el de Tejero. Ambos eran signos de que las cosas se podían torcer en cualquier momento. Por eso, insisto: se hizo lo que se pudo. Ahora toca mejorar, porque nada es eterno, y todo puede y debe mejorarse. Con democracia, con parlamento, con acuerdos, y con ganas de crear un país mejor para todos, y donde todo el mundo quepa y tenga su sitio.

Una última cosa: mucha gente dice que las autonomías son el motivo de todos estos problemas, el origen de todos los males. No, sinceramente creo que no es exactamente así. Lo que creo es que es la gestión que se ha hecho de las autonomías lo que ha fallado. Las autonomías son un remedo de un estado federal, y fíjese usted, algunos de los países más importantes del mundo son federales. Eso no quiere necesariamente decir que España deba ser un estado federal, pero sí quiere decir que un estado federal tiene unos mecanismos de organización por territorios que son funcionales y operativos. El ejemplo clásico es Estados Unidos, pero podemos poner otros, como Alemania o Suiza.

Sea como sea, el tipo de organización política que nos pongamos debe ser siempre el de tener objetivos muy claros: vivir con concordia, con acuerdos, con diálogo. Vamos a construir un país que funcione, que sea moderno, culto, educado, formado, con industrias modernas y sofisticadas, con investigadores que puedan hacer su trabajo en condiciones, y con un desarrollo artístico y cultural de gran nivel, porque tenemos artistas de renombre, y los hemos tenido siempre. Un poco de voluntad, de entusiasmo, de ganas de arrimar el hombro todos juntos, con nuestras diferencias, que siempre existirán, pero unidos en el deseo de construir un mañana mejor para todos.

¿Sueños? ¿Fantasías? No. Eso no son sueños. Eso son deberes que debemos ponernos todos ya. Para evitar seguir en estas eternas peleas que no llevan a ningún lado.

Y vamos con la música. En esta ocasión, algo de Sheryl Crow, la banda sonora original de “Cars”, de Pixar, que ella interpreta exquisitamente. Ya sabe el lector que estoy enamorado de ella. Cómo no estarlo siendo la artista que es.

Feliz 12 de octubre, y celébrelo como quiera, o no lo celebre. Pero en paz y con alegría, que de eso trata la vida. Un abrazo.

De cuando la música era analógica. Y vibraba

Que soy viejo lo puede verificar cualquiera, incluyendo las piedras de la pirámide de Keops, que me vieron dar mis primeros pasos cuando los obreros egipcios hacían su parada para descansar antes de seguir colocando piedras (con ayuda de los extraterrestres por supuesto).

Por eso, como la desaparecida página que tenía en Facebook ha muerto, debido a exigencias de la propia Facebook a los que no les gusto (ni me gustan), pienso que puedo trasladar aquí algunas de mis recomendaciones musicales. Y esa recomendación primera es, cómo no, Sheryl Crow.

Esta cantante estadounidense es también de la vieja escuela, y una de las artistas más auténticas que quedan. ¿Qué quiero decir por auténtica? Bien, es muy sencillo, en realidad: su música es pura, es directa, y es auténtica. Nada de electrónica, más allá de algún teclado. Nada de ordenadores. Nada de efectos especiales. Nada de trucos. Solo música. Guitarras, bajos, baterías, y teclados con amplificadores de válvulas (efectivamente, se siguen construyendo gracias al sonido que dan). Guitarras Fender y Gibson, y amplis Marshall. Todo auténtico. Y solo ella, y su banda. Nada más. Y nada menos.

En unos tiempos donde la música suena a producto envasado, Sheryl Crow sigue tocando en directo con sus compañeros, armada de su guitarra, su bajo, su teclado, y su voz, y dándolo todo. Ante 50.000 espectadores, o ante una pequeña sesión con no más de 50, Sheryl Crow es música. Venerable, completa, y auténtica música. Lo que suena es lo que es. Puede tocar rock, pop, folk, country, y lo que se le ponga. No se corta con nada, y lo domina todo.

Son muchos, muchísimos, los músicos actuales que no se atreven al directo, y si lo hacen, es para llevar un sistema de ordenadores tan sofisticado que mientras tocan podrían resolver varios problemas matemáticos complejos, calcular los tres primeros millones de cifras de pi, y obtener las órbitas de doscientas sondas espaciales.

No. Sheryl es solo ella, y nada más. Y de esto queda ya muy poco. Sheryl es la razón por la que sigo escuchando música del siglo XXI. Y espero seguir con ella unos cuantos siglos más. Por lo menos. Gracias, Sheryl, por tu música. Y por ser tan auténtica.