Cuando los recuerdos son cadenas de hielo y acero

Hoy voy a atreverme a hacer algo especial y muy personal. Algo que no he hecho más que en alguna ocasión. Pero hoy tengo la necesidad espiritual de traer de nuevo un texto al blog que publiqué hace un tiempo. ¿Por qué? 

Todo empezó ayer. Estaba trabajando como siempre en el ordenador, con un programa que no acababa de funcionar por algún problema oculto, diseñado para que mi cabeza explotara intentando encontrar el fallo.

De pronto, se me ocurrió poner un disco que no escuchaba hacía demasiado tiempo: “Wish you were here” del grupo británico Pink Floyd. 

Y, de pronto, me vi sumergido en una cadencia creciente de recuerdos y pensamientos. La música del disco me trajo a la memoria a viejos amigos, viejos sueños, viejos amores, y viejas aventuras de juventud que habían quedado borradas de mi memoria largo tiempo atrás. Me vi a mí mismo tarareando la canción que da nombre al disco, “wish you were here” (Ojalá estuvieses aquí). Y apareció en mi mente una figura de una joven mujer morena que perdí demasiado pronto, y que me miraba con sus ojos azules como dos estrellas en el firmamento.

Una cosa llevó a la otra, y a este relato que nació inspirada en su recuerdo, como tantos otros relatos y pensamientos. Así que, con su permiso, quiero traer de nuevo ese texto. Y disculpen mi atrevimiento. A veces solo nos queda la noche, una vieja canción, y unos cuantos recuerdos. Nacemos desnudos de cuerpo, y morimos desnudos de un alma que se rompe con el tiempo.

Es la vida, dicen. Sí. Es la vida. Pero puede ser un tormento. Por eso, nada como una vieja melodía para curar el alma de tantos recuerdos. Muchas gracias.

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Demanda de empleo: se buscan utopías

from even to earth, it doesn't stop surprinsing. #portugal #lisbon

Hola a todos y a todas.

Soy albañil. Albañil de sueños. Busco trabajo.

Me ofrezco para derribar muros y construir puentes. El 95% por ciento considerará esta demanda como utópica.

Hago una llamada a ese cinco por ciento de utopías restantes, para construir un mundo para el cien por cien de la humanidad. Para los utópicos. Y para los que no lo son, con la esperanza de que un día lo sean.

Hemos construido tantos muros, muros tan altos, muros tan fríos, que hemos olvidado cómo son los rostros de nuestros hermanos. Hemos derribado tantos puentes, que casi no queda lugar en nuestro suelo para construir un nuevo futuro.

Soy albañil. Albañil de sueños. Construyo puentes. Pero necesitamos mil manos. Diez mil manos. Un millón de manos.

Por favor. Aún queda una oportunidad de alcanzar las estrellas. Todos juntos. Porque todos nacemos con la luz de las estrellas o del Sol, que es una estrella. Y somos demasiados los que morimos detrás de muros que ocultan la luz de esas estrellas.

Un poco de esfuerzo. Algunos ladrillos. Y una gran cantidad de sueños. Y romperemos los muros. Y, con los restos, construiremos un puente. Un puente que llegue a las estrellas. Que dé una oportunidad a cada alma de la Tierra.

Las utopías hacen sonreír a muchos hombres y mujeres en este planeta. El día que ellos sean también utopía, viajaremos a las estrellas.

Seremos estrellas.

Nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños

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No tenemos destino. No tenemos futuro. No tenemos caminos que recorrer. Pero tenemos sueños.

No tenemos dinero. Ni tenemos transporte. Ni tenemos zapatos. Pisamos el asfalto ardiente con la piel.

Pero tenemos sueños.

No tenemos hipotecas. No tenemos cuenta corriente. No tenemos VISA. No tenemos moto de mil caballos. Ni tenemos una pensión asegurada.

Pero tenemos sueños.

No tenemos acciones. Ni tenemos rentas. Ni tenemos inmuebles valorados en el dolor de aquellos que no pueden habitarlos, porque no se han ganado un sitio en el cielo materialista de un mundo que solo vive del dinero.

Pero tenemos sueños.

No tenemos lágrimas. Las dejamos atrás cuando forzaron nuestros cuerpos y nuestras almas. No tenemos sangre en las venas. La dejamos en las guerras que otros organizaron para llevar la victoria a sus bolsillos y sus bancos.

Pero tenemos sueños.

No tenemos futuro. Nos han robado incluso el tiempo que se halla frente a nosotros, y nuestros relojes se paran en una miseria eterna que nos ahoga y nos mata. Vivimos tras el muro del dolor, de la guerra y la mezquindad, acusados de haber nacido en el lugar donde no debíamos nacer, y tener la lengua, la cultura, y la vida que ofende a otros.

Pero tenemos sueños.

No tenemos nada que ocultar. Y no tenemos la oportunidad que otros tendrán. Pero nos tenemos el uno al otro. Y tenemos nuestras manos, para unirlas en un último esfuerzo de encontrar en nuestros corazones la paz que nos han robado y esquilmado tanto tiempo atrás.

No tenemos más que llagas, heridas, hambre y dolor. Pero tenemos sueños. Y con los sueños dejaremos atrás todas las pesadillas, y crearemos un mundo nuevo. Un mundo para nosotros. Un mundo de paz. Un mundo de libertad. Donde seamos libres. Donde la justicia no sea aleatoria. Donde el ser humano tenga una oportunidad.

Ellos lo tienen todo. Pero ellos no tienen sueños. Los sueños los tenemos nosotros. Y con sueños volaremos de nuevo. Lo haremos. Juntos. Porque nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños. Y lo sueños serán el futuro para los dos. Te juro, por mi vida, que así será. Porque te quiero. Y quiero tu libertad.

 

Mil millas, una carretera, y un sueño en nuestra piel

Septiembre, de un año que ya no puedo recordar. El viejo Ford Mustang ardiendo en el fuego de la mañana. Yo lo había perdido todo. Tú nunca habías tenido nada. Pero ahora nos teníamos el uno al otro. Y teníamos mil millas delante de nuestros ojos. Y mil millas de amor en nuestras almas para recorrer.

Nos lanzamos a descubrir el mundo. Y descubrimos que el mundo éramos nosotros. Nos llenamos de sueños de un futuro mejor. Y comprendimos que el mejor futuro es el que se vive a cada momento. Nos miramos esperando un beso al amanecer. Y comprendimos que la noche era la perfecta aliada del amor más vivo y vibrante que dos almas puedan compartir jamás. Nos dimos la oportunidad de esperar. Y entendimos que la espera es solo una forma de coartar nuestra libertad de amar.

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Dos extraños y un destino

Para este martes musical, porque no todos los miércoles han de serlo, traigo una historia de libertad. Hace unos días mi hermana, que es la más dura crítica de mis libros, y, en realidad, la única crítica de mis libros, me decía que no se creía la relación que se establece entre Sandra y Martin en “Mensajero del Nastrond”. No es real que dos personas contacten, y en tan poco tiempo mantengan un nivel de confianza como el que muestran en el libro, el uno sobre el otro.

Me gustó esta observación que hizo del libro, porque me permite dos cosas: amenazarla con cesar el traerle croissants a su casa cuando voy a verla de visita, algo que ya de por sí la aterroriza, y, lo que es más importante, me permite reflexionar sobre ese asunto tan traído y llevado de las relaciones humanas. ¿Puede haber algo más complicado que dos extraños que se necesitan, en circunstancias difíciles?

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Puente Alsina. Valentín Alsina, al sur de Buenos Aires, fue mi destino en aquel viaje

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Soy una hoja de papel

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Bien? Me alegro. Soy una hoja de papel. De papel del bueno, no crean.

Nací en un bello bosque, dentro de un majestuoso árbol que cubría un lado de una colina. Un día cortaron el árbol, que era mi sustento, y me dieron un nuevo trabajo como hoja de papel. Procesaron químicamente mi cuerpo, y pronto pasé a la imprenta, donde era la hoja ochenta y nueve, de un libro de cuentos infantil, de una joven escritora maravillosa. En mi página, los piratas se hacían con el tesoro, mientras el malvado pirata Carmesí reía malévolamente. ¡Qué suerte ser esa página!

El libro salió a la venta, y yo estaba entusiasmada con mi trabajo. ¡Nada más y nada menos que ser parte de un libro! Pero el libro se mantuvo tres semanas en la librería. Algunos nos hojearon, a mí y a mis hermanas, pero luego nos dejaron de nuevo en la repisa.

Pronto vino un hombre, con un aspecto siniestro, y nos llevó a un lugar todavía más siniestro. Era la trituradora de papel. Me trituraron, y me convirtieron en polvo. Creí que mi vida estaba acabada.

Pero no fue así; me reciclaron, y volví a ser hoja de nuevo. Me imprimieron, esta vez en un libro de amores y sentimientos. Yo era la hoja donde ella descubre que él tiene una amante, y llora desconsoladamente. De nuevo tenía un papel en la vida. Su autor, un hombre de cierta edad, explicaba sus relatos amorosos con gran maestría, llegando al corazón de seres sensibles. El libro llegó a la misma librería, y de nuevo estaba feliz, mientras la gente me ojeaba. Pero nadie se decidía a llevarnos. Siempre volvíamos a la repisa.

Tras unos días, de nuevo apareció aquel malvado ser, y se repitió la historia. De nuevo me procesaron, y me llevaron a la imprenta. Ahora era la hoja donde un mago muy poderoso lanzaba un hechizo para salvar su mundo de las garras de alguna profecía. Me sentí orgullosa de ser la hoja de tan importante momento, y de nuevo volví a la librería.

Han pasado los días, y la gente nos mira, a mí y a mis hermanas, pero nos deja de nuevo en la repisa. Ahora solo espero la llegada de ese ser oscuro, que… ¡Esperad! ¡Alguien nos está comprando, a mí y a mis hermanas! ¡Nos llevan en un bolso a un nuevo mundo! ¡Por fin vamos a ser leídas!

Han pasado dos años. Nadie nos ha leído. ¿Por qué? Solo sé que quien nos trajo dijo algo similar a “este hace juego con la pared de la sala”, y nada más. ¿Qué significará eso? ¡Eh! ¡Hola! ¡Estamos aquí! ¡Somos una maravillosa aventura de fantasía! ¡Léenos, por favor! ¡Léenos! Da un poco de sentido a nuestras vidas. Por favor. Lee nuestras páginas, antes de que aparezca de nuevo el malvado hombre, y muramos de nuevo, para volver a la vida…

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Inyecciones de vida, qué importantes son

La vida es dura, la vida es cruel, la vida es todo lo mala que uno quiera. Hoy hablaba con una mujer, cuya vida atormentada pasaba por negar cualquier posibilidad de encontrarle sentido a la vida. Todo era negativo, y todo lo que se le dijese solo iba a remarcar su idea de que la vida no merece la pena.

Esa mujer, naturalmente, no odia la vida. Se odia a sí misma. Y, en ese odio, confunde lo que es el recorrido por este mundo con su experiencia y con lo que ha visto: odio, violaciones, mutilaciones, guerra, hambre, dolor, sufrimiento.

Sí, sé de lo que habla. Hace ya años, cuando recogí a una chica que acababa de ser violada, con una vida destrozada, y cuya identidad se había perdido por la cloaca, y cuando comprobé que sus amigos la abandonaban y dejaban de lado, aquella chica quería morirse. Era algo lógico. Al parecer, era la responsable de que hubiese sido violada, por haberse ido en el coche de un amigo que la había prometido llevarla a casa. “No lo conocías bien, ¿por qué te fuiste con él? ¿Por qué no tienes cuidado? ¿Por qué no estabas en casa? Te mereces haber sido violada”.

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