Minas en el corazón: el dolor no es el final

Aviso: esta es una entrada introspectiva y personal sobre el mundo de los sentimientos y los recuerdos. Lea bajo su propia responsabilidad. Muchas gracias.

Los seres humanos tenemos una alta capacidad para sufrir. Creamos un mundo propio en nuestro interior que muchas veces parece más un campo de minas. Ese campo es el mundo de nuestros recuerdos, y cada recuerdo es una mina que pisamos cada vez que pasamos por esas vivencias del pasado.

Y, lo más increíble es que, a pesar de caer varias veces en la misma mina, en el mismo lugar, volvemos, tiempo después, a atravesar esa zona, para que la mina explote de nuevo, llevándose por delante una parte de nuestro corazón.

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El virus de la lectura abre fronteras al infinito

Estamos pasando unos tiempos muy duros, sin duda. Confinados en casa, con una situación tremendamente compleja e incierta, esta crisis sanitaria va camino de cambiar muchos aspectos de la vida de muchas personas, y de sociedades enteras.

Afortunadamente, el mundo de la cultura se ha abierto a compartir mucho de su material de manera gratuita, y vemos actos culturales online por todas partes. Y un elemento que puede acompañar a estos tiempos perfectamente es la lectura. Los libros siempre han sido amigos de la soledad, y han hecho que muchas almas desconectadas pudieran enlazar con la mente de autores y sus sueños mediante las obras literarias.

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“Te esperaré al anochecer” disponible en Lektu

Tengo que decirte que mi vida ha cambiado completamente desde que nos vimos aquella noche mágica. Sí, sé que suena a tópico, a lo de siempre. Sé que estuve casado antes, y que mi vida fue un completo tedio, más aburrido que encender la televisión esperando que algo, o alguien, te cambie la vida de algún modo.

Pero tu aparición logró eso, y mucho más. Aquel viernes mágico, riendo, hablando, mirando las estrellas con mi viejo telescopio, y jugando con las olas del mar, comprendí que la magia no es esperar que ocurra un milagro; la magia es dejarse llevar por el milagro de tu mirada azul y limpia, como el mar que besaste aquella noche.

Esta noche te esperaré otra vez. Te esperaré al anochecer. Porque quiero volver a compartir contigo las estrellas. La vida comienza para muchos cuando sale el Sol. Para mí empieza cuando se pone. Porque es entonces, y solo entonces, cuando siento que estás cerca.

Vuelve. Seamos, de nuevo, un corazón en busca de estrellas…

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Guerra en tres frentes

Nota especial: la entrada en la red literaria Lektu ha sido mejor de lo que esperaba, con casi 700 visitas y 40 descargas en una semana, y con “Somos los Hijos de la Tierra” entrando en la lista de tendencias de la red literaria cuando escribo estas líneas. Muchas gracias a todos por vuestro interés. Fin de la nota.

Nuevo fragmento de “La leyenda de Darwan IV: Idafeld”, Libro XV y último de la saga Aesir-Vanir. El fragmento anterior puede leerse en este enlace.

Tras ese viaje a un San Francisco recreado por Freyr, Helen no está dispuesta a perder ni un minuto más en encontrar una estrategia final para terminar con la amenaza que se cierne sobre su gente. Para ello tiene clara una cosa: ir a la fuente original que ha causado toda esa situación. Y esa fuente son esos misteriosos seres, los Isvaali, que nadie conoce.

Solo Sandra tuvo acceso a ellos. Y solo un hombre puede tener la respuesta al misterio de cómo interactuar con ellos. Pero antes, Helen querrá tener una conversación con su hija, resultado de un cambio en la historia del pasado, provocado por ella misma…

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El imperfecto mundo perfecto tras el cristal

Hace tiempo que lo vengo notando. Que lo vengo sintiendo. Que siento esa vibración que me avisa de que algo se ha roto. Por fin. Esa cadena de acero que me ataba a la realidad. Se ha roto. Y, en mi locura, te he vuelto a encontrar. Ese era el secreto: volverme loco era el camino seguro y directo para volverte a amar.

Todo empezó cuando llegué y crecí en este mundo. Este mundo que ha cambiado. Y me ha cambiado. Se ha hecho mayor. Ha perdido originalidad. Y frescura. Un programa llamado autotuning afina la voz de los cantantes si desafinan. Un efecto de Photoshop borra todos los fallos de esa imagen o vídeo, creando hombres y mujeres perfectos.

Las empresas sonríen con puestos de trabajo asombrosos donde todos trabajan sanos y felices. Los coches ya  no contaminan, sino que son contenedores de cinco sonrisas perfectas que viajan en su interior, y que contribuyen al bienestar del mundo. Los amigos ya no necesitan discutir entre ellos, basta con bloquearlos, mientras enseñan esas fotos perfectas de sus familias perfectas. Y los viajes son paradisiacos, a sitios increíbles, donde ocurren cosas increíbles que vemos con nuestros hijos increíbles y nuestra pareja increíble. Todo metido en una pantalla rectangular de cristal. Todo el mundo se ha concentrado en una pantalla de cristal…

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El último escritor

Para Su Alta Majestad:

Mi nombre es William Grey, ciudadano registrado con el código 147-DX-23230. Estoy aquí para una alta petición que ruego a Vuecencia me conceda, con…

Will borró el texto. Era la cuarta vez que lo empezaba. Y la cuarta ocasión en la que lo borraba. Su novia se acercó. Se sentó a su lado, y le pasó el brazo izquierdo por el cuello, mientras por el derecho le acariciaba el rostro.

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Cuando los recuerdos son cadenas de hielo y acero

Hoy voy a atreverme a hacer algo especial y muy personal. Algo que no he hecho más que en alguna ocasión. Pero hoy tengo la necesidad espiritual de traer de nuevo un texto al blog que publiqué hace un tiempo. ¿Por qué? 

Todo empezó ayer. Estaba trabajando como siempre en el ordenador, con un programa que no acababa de funcionar por algún problema oculto, diseñado para que mi cabeza explotara intentando encontrar el fallo.

De pronto, se me ocurrió poner un disco que no escuchaba hacía demasiado tiempo: “Wish you were here” del grupo británico Pink Floyd. 

Y, de pronto, me vi sumergido en una cadencia creciente de recuerdos y pensamientos. La música del disco me trajo a la memoria a viejos amigos, viejos sueños, viejos amores, y viejas aventuras de juventud que habían quedado borradas de mi memoria largo tiempo atrás. Me vi a mí mismo tarareando la canción que da nombre al disco, “wish you were here” (Ojalá estuvieses aquí). Y apareció en mi mente una figura de una joven mujer morena que perdí demasiado pronto, y que me miraba con sus ojos azules como dos estrellas en el firmamento.

Una cosa llevó a la otra, y a este relato que nació inspirada en su recuerdo, como tantos otros relatos y pensamientos. Así que, con su permiso, quiero traer de nuevo ese texto. Y disculpen mi atrevimiento. A veces solo nos queda la noche, una vieja canción, y unos cuantos recuerdos. Nacemos desnudos de cuerpo, y morimos desnudos de un alma que se rompe con el tiempo.

Es la vida, dicen. Sí. Es la vida. Pero puede ser un tormento. Por eso, nada como una vieja melodía para curar el alma de tantos recuerdos. Muchas gracias.

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Demanda de empleo: se buscan utopías

from even to earth, it doesn't stop surprinsing. #portugal #lisbon

Hola a todos y a todas.

Soy albañil. Albañil de sueños. Busco trabajo.

Me ofrezco para derribar muros y construir puentes. El 95% por ciento considerará esta demanda como utópica.

Hago una llamada a ese cinco por ciento de utopías restantes, para construir un mundo para el cien por cien de la humanidad. Para los utópicos. Y para los que no lo son, con la esperanza de que un día lo sean.

Hemos construido tantos muros, muros tan altos, muros tan fríos, que hemos olvidado cómo son los rostros de nuestros hermanos. Hemos derribado tantos puentes, que casi no queda lugar en nuestro suelo para construir un nuevo futuro.

Soy albañil. Albañil de sueños. Construyo puentes. Pero necesitamos mil manos. Diez mil manos. Un millón de manos.

Por favor. Aún queda una oportunidad de alcanzar las estrellas. Todos juntos. Porque todos nacemos con la luz de las estrellas o del Sol, que es una estrella. Y somos demasiados los que morimos detrás de muros que ocultan la luz de esas estrellas.

Un poco de esfuerzo. Algunos ladrillos. Y una gran cantidad de sueños. Y romperemos los muros. Y, con los restos, construiremos un puente. Un puente que llegue a las estrellas. Que dé una oportunidad a cada alma de la Tierra.

Las utopías hacen sonreír a muchos hombres y mujeres en este planeta. El día que ellos sean también utopía, viajaremos a las estrellas.

Seremos estrellas.

Nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños

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No tenemos destino. No tenemos futuro. No tenemos caminos que recorrer. Pero tenemos sueños.

No tenemos dinero. Ni tenemos transporte. Ni tenemos zapatos. Pisamos el asfalto ardiente con la piel.

Pero tenemos sueños.

No tenemos hipotecas. No tenemos cuenta corriente. No tenemos VISA. No tenemos moto de mil caballos. Ni tenemos una pensión asegurada.

Pero tenemos sueños.

No tenemos acciones. Ni tenemos rentas. Ni tenemos inmuebles valorados en el dolor de aquellos que no pueden habitarlos, porque no se han ganado un sitio en el cielo materialista de un mundo que solo vive del dinero.

Pero tenemos sueños.

No tenemos lágrimas. Las dejamos atrás cuando forzaron nuestros cuerpos y nuestras almas. No tenemos sangre en las venas. La dejamos en las guerras que otros organizaron para llevar la victoria a sus bolsillos y sus bancos.

Pero tenemos sueños.

No tenemos futuro. Nos han robado incluso el tiempo que se halla frente a nosotros, y nuestros relojes se paran en una miseria eterna que nos ahoga y nos mata. Vivimos tras el muro del dolor, de la guerra y la mezquindad, acusados de haber nacido en el lugar donde no debíamos nacer, y tener la lengua, la cultura, y la vida que ofende a otros.

Pero tenemos sueños.

No tenemos nada que ocultar. Y no tenemos la oportunidad que otros tendrán. Pero nos tenemos el uno al otro. Y tenemos nuestras manos, para unirlas en un último esfuerzo de encontrar en nuestros corazones la paz que nos han robado y esquilmado tanto tiempo atrás.

No tenemos más que llagas, heridas, hambre y dolor. Pero tenemos sueños. Y con los sueños dejaremos atrás todas las pesadillas, y crearemos un mundo nuevo. Un mundo para nosotros. Un mundo de paz. Un mundo de libertad. Donde seamos libres. Donde la justicia no sea aleatoria. Donde el ser humano tenga una oportunidad.

Ellos lo tienen todo. Pero ellos no tienen sueños. Los sueños los tenemos nosotros. Y con sueños volaremos de nuevo. Lo haremos. Juntos. Porque nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños. Y lo sueños serán el futuro para los dos. Te juro, por mi vida, que así será. Porque te quiero. Y quiero tu libertad.

 

Mil millas, una carretera, y un sueño en nuestra piel

Septiembre, de un año que ya no puedo recordar. El viejo Ford Mustang ardiendo en el fuego de la mañana. Yo lo había perdido todo. Tú nunca habías tenido nada. Pero ahora nos teníamos el uno al otro. Y teníamos mil millas delante de nuestros ojos. Y mil millas de amor en nuestras almas para recorrer.

Nos lanzamos a descubrir el mundo. Y descubrimos que el mundo éramos nosotros. Nos llenamos de sueños de un futuro mejor. Y comprendimos que el mejor futuro es el que se vive a cada momento. Nos miramos esperando un beso al amanecer. Y comprendimos que la noche era la perfecta aliada del amor más vivo y vibrante que dos almas puedan compartir jamás. Nos dimos la oportunidad de esperar. Y entendimos que la espera es solo una forma de coartar nuestra libertad de amar.

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