“Te esperaré al anochecer” gratis ahora en el blog

Estamos en época de vacaciones, en la que las lecturas ligeras suelen agradecerse para la playa, o en esos momentos en los que estamos descansando. En todo caso, las lecturas de relatos cortos son muy populares, y además son el medio de muchas personas para aficionarse por la lectura. Porque empezar por un libro de 500 páginas puede ser duro, por lo que, ¿por qué no leer relatos cortos, que vayan animando a ese nuevo lector al mundo de las letras?

Con esa finalidad he subido al blog, ahora en formato pdf, “Te esperaré al anochecer“, un relato que escribí hace un año, y que ha tenido una sorprendente lista de lectores en Lektu, a los cuales agradezco su interés. Un texto que se sigue descargando actualmente en esa página, al menos dos o tres veces por semana, que puede parecer poco, pero es constante y continuo. Teniendo en cuenta que en Lektu hay miles de libros, es todo un honor y un placer.

“Te esperaré al anochecer” es un relato corto de corte romántico y fantástico, que se me ocurrió en la época en la que Amazon hacía una publicidad casi obsesiva de su producto Alexa, ya saben, ese aparatito al que se le preguntan cosas y responde de forma obediente. Yo personalmente no creo que nunca me ponga uno de esos cacharros en casa, todas estas cosas de la tecnología moderna me repelen. Pero pensé que un relato inspirado en ese aparato en una fantasía podría ser divertida de escribir, y de leer.

Este texto está dedicado a Ana, una chica con la que nos comunicábamos por la noche encendiendo y apagando nuestros dormitorios, que se encontraban en dos edificios a unos doscientos metros, y con el que teníamos una visión en línea recta. Fue la que me regaló el libro “Un mago de Terramar” de Úrsula K. Le Guin, un libro maravilloso y lleno de vida y poder, como lo era ella. Nunca olvidaré aquel regalo. Ni a ella.

Sin más, les dejo con el relato, que pueden leer ahora también en el blog en formato pdf, y descargarlo si lo desean. El texto incorpora además un texto más corto y antiguo. Espero que les guste. Muchas gracias.

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Círculo eterno, el final que es un principio

Los círculos son figuras geométricas y matemáticas fascinantes. Siempre me han obsesionado los círculos. Como el hecho de estar encerrado en un proceso infinito que nunca acaba. Cuando estudiaba informática disfrutaba con los “loops infinitos”, procesos que nunca terminan porque sufren un fallo en el proceso, lo que hace que nunca se pueda dar una condición final válida que lo finalice.

De hecho, muchos de estos errores se dan en muchos programas de ordenadores, y muchos hackers usan este fallo de programación para romper las pilas de los procesos, hasta que se produce lo que se llama un desbordamiento de memoria (memory overflow). Lo que viene a decir “la memoria del proceso se ha desbordado, se ha salido de su área, y ha invadido otros procesos, y todo se ha ido al infierno”. Yo mismo he colgado alguna vez algún sistema central con este error, que es relativamente habitual en los lenguajes C y C++ si no se anda con cuidado.

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El universo podría retrotraerse en sí mismo y renacer infinitas veces. He escrito esto infinitas veces, y usted lo ha leído infinitas veces. Gracias por su infinita paciencia.

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El abogado del diablo, fragmentos de mi juventud

¿Deprimido por el confinamiento y la cuarentena? ¿Frustrado? ¿Rastros de ansiedad? No se preocupe; según muchos psicólogos, más de diez días de cuarentena comienzan a tener mella en muchas personas. Así vemos a una legión de terapeutas tratando casos de gente con dificultades para adaptarse a esta situación. Por no hablar de aquellos que tienen niños. Y sin entrar en los durísimos casos que muchas familias están viviendo con familiares enfermos.

Para mí el virus es nuevo. El aislamiento, la frustración, la soledad, no lo son. Y he creído interesante traer aquí un texto de mi juventud, cuando tenía algo más de treinta años. Es un texto corto, sencillo, que da una idea de lo que es vivir en un eterno momento de frustración ante la certidumbre de que estás atrapado, controlado, incluso, poseído.

Es un texto de mi juventud en clave de humor, pero que fue resultado de la frustración de ver cómo la humanidad cae siempre, una y otra vez, en los mismos errores, y en los mismos horrores. Y, como siempre digo, la literatura no muestra ficciones inventadas, sino ficciones que nacen de la realidad de sus autores. Y que son convertidas en escenarios, personajes, y guiones. Hasta el texto de ficción más descabellado nace de una pesadilla real y vivida por el autor. Puede que no lo sepa, porque está en su subconsciente. Pero nada se crea de la nada. Todo tiene un origen. Hasta el cielo y el infierno tuvieron su forma real una vez.

Eso se refleja en este texto, al que di en llamar “El abogado del diablo”. Espero que les guste. Muchas gracias.

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Cómo conseguí que aquel editor publicara mi libro

Fracaso tras fracaso. Mi mísera vida vale menos que el papel que mancho cada noche intentando escribir una nueva novela. El amanecer me encuentra con un montón de papeles rotos y tirados por toda la habitación, varias cervezas vacías, y mi cabeza apoyada sobre el vómito de mi ira y de mi frustración.

Pero hoy será distinto. Hoy voy a demostrarle a ese editor que estoy hecho de otra madera. Voy a borrar esa estúpida sonrisa de su estúpido rostro, y voy a demostrarle que soy el mejor escritor que ha pasado por esa editorial de mala muerte, que huele a moho y a desperdicios. Y, cuando haya acabado, voy a ser reconocido como lo que soy: el mejor escritor de los últimos ciento cincuenta años. Y ese editor se tendrá que arrastrar ante mí como el cerdo que es.

Esta es mi historia de éxito; la historia de una decisión que me llevó a lo más alto de las letras, y de la gloria…

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“Te esperaré al anochecer” disponible en Lektu

Tengo que decirte que mi vida ha cambiado completamente desde que nos vimos aquella noche mágica. Sí, sé que suena a tópico, a lo de siempre. Sé que estuve casado antes, y que mi vida fue un completo tedio, más aburrido que encender la televisión esperando que algo, o alguien, te cambie la vida de algún modo.

Pero tu aparición logró eso, y mucho más. Aquel viernes mágico, riendo, hablando, mirando las estrellas con mi viejo telescopio, y jugando con las olas del mar, comprendí que la magia no es esperar que ocurra un milagro; la magia es dejarse llevar por el milagro de tu mirada azul y limpia, como el mar que besaste aquella noche.

Esta noche te esperaré otra vez. Te esperaré al anochecer. Porque quiero volver a compartir contigo las estrellas. La vida comienza para muchos cuando sale el Sol. Para mí empieza cuando se pone. Porque es entonces, y solo entonces, cuando siento que estás cerca.

Vuelve. Seamos, de nuevo, un corazón en busca de estrellas…

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El último escritor

Para Su Alta Majestad:

Mi nombre es William Grey, ciudadano registrado con el código 147-DX-23230. Estoy aquí para una alta petición que ruego a Vuecencia me conceda, con…

Will borró el texto. Era la cuarta vez que lo empezaba. Y la cuarta ocasión en la que lo borraba. Su novia se acercó. Se sentó a su lado, y le pasó el brazo izquierdo por el cuello, mientras por el derecho le acariciaba el rostro.

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La Máquina de Inspiración Divina

Llegué a casa a no sé qué hora de la noche, después de otra jornada de lo que yo denomino del tipo “blanca-nada”. Blanca por el color de la ginebra de aquel tugurio, y nada por lo que había obtenido gracias a ella. Esas noches en las que hasta la Luna decide bajar de su palacio un momento para burlarse de la suerte de uno. En estos casos solo queda agachar la cabeza, virar ciento ochenta grados, y poner proa al segundo tugurio más importante de mi vida tras aquel bar: mi viejo apartamento. Aquella hora a la que llegué era  tan nocturna que todavía no se había inventado una posición en la aguja del reloj para representarla.

Saqué la máquina de escribir portátil de mi viejo Volkswagen, abrí la puerta de casa, y tiré la máquina al sofá, mientras balbucía algunas palabras muy poco cristianas, y me servía un nuevo gin-tonic, continuación de esa saga de gin-tonics que había tomado en el peor tugurio de la ciudad, intentando olvidar aquellos ojos de fuego que aún me miraban con falsa ternura.

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Soy una hoja de papel

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Bien? Me alegro. Soy una hoja de papel. De papel del bueno, no crean.

Nací en un bello bosque, dentro de un majestuoso árbol que cubría un lado de una colina. Un día cortaron el árbol, que era mi sustento, y me dieron un nuevo trabajo como hoja de papel. Procesaron químicamente mi cuerpo, y pronto pasé a la imprenta, donde era la hoja ochenta y nueve, de un libro de cuentos infantil, de una joven escritora maravillosa. En mi página, los piratas se hacían con el tesoro, mientras el malvado pirata Carmesí reía malévolamente. ¡Qué suerte ser esa página!

El libro salió a la venta, y yo estaba entusiasmada con mi trabajo. ¡Nada más y nada menos que ser parte de un libro! Pero el libro se mantuvo tres semanas en la librería. Algunos nos hojearon, a mí y a mis hermanas, pero luego nos dejaron de nuevo en la repisa.

Pronto vino un hombre, con un aspecto siniestro, y nos llevó a un lugar todavía más siniestro. Era la trituradora de papel. Me trituraron, y me convirtieron en polvo. Creí que mi vida estaba acabada.

Pero no fue así; me reciclaron, y volví a ser hoja de nuevo. Me imprimieron, esta vez en un libro de amores y sentimientos. Yo era la hoja donde ella descubre que él tiene una amante, y llora desconsoladamente. De nuevo tenía un papel en la vida. Su autor, un hombre de cierta edad, explicaba sus relatos amorosos con gran maestría, llegando al corazón de seres sensibles. El libro llegó a la misma librería, y de nuevo estaba feliz, mientras la gente me ojeaba. Pero nadie se decidía a llevarnos. Siempre volvíamos a la repisa.

Tras unos días, de nuevo apareció aquel malvado ser, y se repitió la historia. De nuevo me procesaron, y me llevaron a la imprenta. Ahora era la hoja donde un mago muy poderoso lanzaba un hechizo para salvar su mundo de las garras de alguna profecía. Me sentí orgullosa de ser la hoja de tan importante momento, y de nuevo volví a la librería.

Han pasado los días, y la gente nos mira, a mí y a mis hermanas, pero nos deja de nuevo en la repisa. Ahora solo espero la llegada de ese ser oscuro, que… ¡Esperad! ¡Alguien nos está comprando, a mí y a mis hermanas! ¡Nos llevan en un bolso a un nuevo mundo! ¡Por fin vamos a ser leídas!

Han pasado dos años. Nadie nos ha leído. ¿Por qué? Solo sé que quien nos trajo dijo algo similar a “este hace juego con la pared de la sala”, y nada más. ¿Qué significará eso? ¡Eh! ¡Hola! ¡Estamos aquí! ¡Somos una maravillosa aventura de fantasía! ¡Léenos, por favor! ¡Léenos! Da un poco de sentido a nuestras vidas. Por favor. Lee nuestras páginas, antes de que aparezca de nuevo el malvado hombre, y muramos de nuevo, para volver a la vida…

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Somos los Hijos de la Tierra

Lara volvió de clase, para encontrarse con su madre. Por última vez. No entendía nada. No entendía por qué.

A los doce años, su intelecto había destacado en matemáticas, y en otras ciencias, con notas que sorprendieron a propios y extraños. Su mente lúcida y clara era un ejemplo de deducción y lógica. Y, precisamente por eso, no podía entender. No quería entender.

Entró en casa, y vio a su madre descansando. Parecía dormida, pero no lo estaba. La madre sonrió, y sin abrir los ojos, comentó:

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